HONG KONG, DOHA ROUND: UNA LUCECITA PRECARIA AL FINAL DEL CAMINO

 

Diciembre de 2005

Por Luis Antonio Candurra


En un vuelco sorpresivo, que pulverizó los pronósticos de fracaso total que prevalecieron hasta los últimos días, la reunión de cancilleres que culminó en Hong Kong de la Organización Mundial de Comercio – OMC -, avanzó un tímido y condicionado paso en este turno de la vuelta de negociaciones multilaterales de la llamada Ronda Doha: el domingo 18 de diciembre forjó un compromiso de los países más ricos para poner fin a los subsidios a la exportación de productos agrícolas para fines de 2013.

Esta meta temporal coincide con la finalización de la vigencia del actual presupuesto de la UE, también regateado moneda a moneda por sus pesos pesados Alemania, Francia y Reino Unido durante los últimos días.

Este acuerdo, al que se llegó en la última madrugada, dominical para colmo, y usualmente reservada para los banquetes y cocktails del día de despedida de los representantes de los 149 países miembros de la OMC, seis días (y gran parte de sus noches) que protagonizaron los representantes de los 149 miembros de la OMC.

 

Lo que falta

Aunque todavía debe ser ratificado por los Estados Miembros, es mucho más de lo que se anticipó durante los últimos meses e incluso los mismos días del cónclave.

En cuanto a las negociaciones sobre productos agrícolas, el borrador de la Declaración Ministerial de Hong Kong expresó:

- “Acordamos asegurar la eliminación paralela de todas las formas de subsidios a la exportación y sus disciplinas con efecto equivalente, que serán completadas antes del fin de 2013. Esto se alcanzará de un modo progresivo y paralelo, que será especificado en sus modalidades, de modo que una parte sustancial sea realizada hace el fin de la primera mitad del período de implementación. La fecha de eliminación de todas las formas de subsidio a las exportaciones, junto con la progresividad y el paralelismo acordado, será confirmada solo después que se complete la definición de las modalidades.

- “Acordamos intensificar el trabajo sobre todas las cuestiones aún no resueltas o acordadas para completar los objetivos de Doha; en particular, estamos resueltos a establecer las modalidades antes del 30 de abril de 2006 y de someter a consideración un borrador comprehensivo de cronograma basado en esas modalidades antes del 31 de julio de 2006.”

El principal obstáculo pre Hong Kong era la negativa –con diferentes matices – de la Unión Europea – UE -, liderada por la oposición cerrada de Francia a considerar siquiera una modificación parcial en el mediano plazo de la Política Agrícola Común – PAC -, que consume el 40 % del presupuesto de Bruselas.

¿Quién paga esta fiesta? Obviamente los contribuyentes europeos que, además, lo hacen dos veces: cuando pagan sus impuestos (ya que de los presupuestos de las naciones miembros de la UE es de donde se escurren los fondos que terminan robusteciendo y consolidando las posiciones de los tecnócratas bruselinos) y luego, o como consumidores, deben desembolsar de sus billeteras, chequeras y tarjetas plásticas para pagar la alimentación más cara del mundo, sólo superada por Japón. En el Imperio del Sol Naciente los nipones que pueden cancelan con placer y tradicionalismo sto us$ 17 por cada manzana estándar de esta categoría más valorada en ese archipiélago, donde los ejemplares premiun de esta preciada variedad fruta, trepan a los us$ 100. Eso sí, con dragones grabados en sus cáscaras.

 

La UE JUEGA a ser Hood Robin

Lo más contradictorio y, por lo tanto el flanco atacable, es que sólo el 5 % población europea se dedica a las tareas agrícolas. Y que la porción abrumadora de los subsidios franceses no beneficia a los minifundistas que podrían orillar las debilidades de una explotación de subsistencia, sino a los mayores del país: el Príncipe Alberto de Mónaco, con sus terrenos entre los más vastos de Francia, recibe casi 400 millones de euros anuales de subsidios. Y no es el único que vuela a esa altura de crucero.

El rígido brazo de Bruselas fue torcido, a la hora 25, por los Estados Unidos, el Brasil y la India (directamente afectada por el vencimiento de un acuerdo sobre el algodón que vence a fines de 2006). Nadie se anima aún a llamar un éxito definitivo a una decisión que favorecerá el ingreso a los mercados mundiales de los países menos desarrollados exportadores de productos del agro. En este grupo, la Argentina, junto con el Brasil, que poseen las mayores ventajas competitivas en la producción de alimentos, deberían estar entre los principales beneficiarios potenciales. Siempre que el Kgobierno proteccionista y populista los derechos de exportación (retenciones), que hagan llegar a los productores de las fértiles pampas chata (y muchas economías de las denominadas regionales), el precio total del precio internacional, cuyo ascenso en los valores de una demanda voraz sobre los alimentos puede sostenerse en el mediano plazo, sobre todo impulsada por el ímpetu del prodigioso y sostenido crecimiento que está n marcha, principalmente en el Sudeste Asiático.

El patrón de Itamaraty, Celso Amorim, atribuyó este éxito parcial al G-20, un foro informal de 21 países en vías de desarrollo constituido el 9 de diciembre de 2003 en la reunión de Cancún, en la que está presente la Argentina, junto a Bolivia, Brasil, Chile, China, Cuba, Egipto, Guatemala, India, Indonesia, México, Nigeria, Pakistán, Paraguay, Filipinas, Sudáfrica, Tanzania, Tailandia, Uruguay, Venezuela y Zimbabwe.

Como coincidencia o curiosidad, hay otro foro informal que también es conocido como “G-20”, que se constituyó en Berlín el 15 y 16 de diciembre de 1999. Su objetivo es promover el diálogo entre los países centrales y los emergentes, y está constituido por los ministros de Finanzas y los titulares de los bancos centrales de sus miembros y, notables miembros de oficio que participan en las discusiones: el director-gerente del Fondo Monetario Internacional – FMI – y el presidente del Banco Mundial – BM-, más los titulares del Comité Internacional Monetario y Financiero del FMI y del Comité de Desarrollo del BN.

Los países miembros de este G-20 son: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, Corea del Sur, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, los Estados Unidos y la Unión Europea, representada por el presidente del Consejo Europeo y el titular del Banco Central Europeo.

Los países nucleados en el que, con precisión, debería denominarse G-21 se caracterizan, precisamente, por un fuerte predominio de la producción y la exportación de agroalimentos: estas naciones reúnen al 63 % de los trabajadores agrícolas del planeta, y son responsables del 20 % de la producción y el 26 % de la exportación agropecuaria mundial.

G-20 o G-21, los países que son los mayor exportadores agropecuarios, en cuya primera fila figura la Argentina, están logrando entrever, como el Cardenal Samoré en 1978, al representar al Pontífice Juan Pablo II en la mediación papal con motivo del enfrentamiento Argentina-Chile “una lucecita al final del camino”, que no existía siquiera el sábado anterior a la firma de la Declaración Ministerial.

Lo que demuestra, una vez, que los objetivos estratégicos nacionales se logran interactuando proactivamente en los foros mundiales y manteniendo e intensificando los contactos diplomáticos de negociación con todas las naciones y bloques del planeta. Y nunca encerrándonos a “vivir con lo nuestro”.

 

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