Diciembre de 2005
Por Tony Tavella
Mientras los gigantes del siglo XXI – la China y la India - avanzan
velozmente con los servicios, la investigación, el desarrollo y el diseño sobre
las fronteras científica y tecnológica – sin dejar por eso de seguir
expandiéndose como las fábricas planetarias del siglo -, los Estados Unidos de
América muestran claras señales de que su actual liderazgo en competitividad y
productividad en los sectores de punta también puede ser desafiado en las
próximas décadas.
Esta no es una preocupación de los ámbitos académicos y educativos: Todos los
estudios oficiales de seguridad nacional realizados en los últimos tres años
ubican en el mismo nivel de peligro la pérdida del liderazgo en ciencia y
tecnología con el de un ataque terrorista con armas de destrucción masiva
(nucleares, químicas, biológicas) en su mismo territorio.
Lo misma piensa Craig Barret, el fundador y actual presidente del directorio de
Intel, quien en una columna en Business Week urgió a las corporaciones a
comprometerse profundamente con la educación norteamericana.
En el país-eje del vertiginoso impulso de la globalización, mientras continúa
creciendo su demanda por recursos humanos altamente calificados, cada vez menos
jóvenes norteamericanos están ingresando – y graduándose – en programas de grado
en ciencias, matemáticas e ingeniería.
En USA, en las últimas tres décadas, solamente un tercio de las
especializaciones de los egresados (bachelors) de los colleges correspondían a
sectores de la ciencia y de la ingeniería. En 2001, tres naciones asiáticas
habían duplicado – o casi – esa vital relación: en Japón es del 66 %, en China
el 59 % y en Corea del Sur el 46 %.
El creciente abismo es más claro si se enfocan específicamente los estudios de
ingeniería. Mientras que en China los ingenieros representan el 65 % de todos
los graduados en ciencias e ingenierías, en Corea del Sur el 58 % y en Japón el
29 %, en Estados Unidos los ingenieros constituyen menos del 5 % del total de
los egresados en esas áreas.
El déficit también se está profundizando en la misma base del sistema educativo.
En las comparaciones de rendimiento en matemáticas y ciencia de los egresados de
las high schools, los estadounidenses están siendo superados crecientemente por
la eficiencia de los sistemas educativos de otras naciones.
Es más. Un estudio publicado este año por la ONG Achieve muestra que los
contenidos en matemáticas de los exámenes finales después de los primeros doce
años de educación formal en las high schools estatales, en el mejor de los casos
igualan a sus equivalentes para el octavo grado en otros países.
Lo que se está erosionando en los Estados Unidos es, entonces, nada menos que la
base en ciencia y en técnica que la sociedad del conocimiento requiere tanto
para el crecimiento económico como para la seguridad nacional.
