Diciembre de 2005
Por Pilar Rahola : Diari Avui. Barcelona.
La cuestión simbólica no es, obviamente, demasiado importante, sobretodo si
hablamos de despotismo, demagogia populista, recorte de derechos fundamentales y
un largo etcétera de abusos que conforman, hoy, la pesadilla venezolana. Pero, a
pesar de ello, no puedo evitar expresar el dolor que siento cuando veo escupir
el nombre de Bolívar desde una boca tan inapropiada, usando, abusando y
contaminando la noble herencia del padre de la independencia sudamericana. ¿Qué
tendrá que ver aquel libertador culto, ilustre masón, amigo personal de Humboldt
y uno de los hombres más importantes del siglo XIX, con el personaje chulesco,
golpista, inculto y aprendiz de sátrapa que ahora gobierna Venezuela? La
revolución bolivariana chapista es, sin duda, un malvado reto a la democracia y
a los principios de la libertad, pero en el terreno simbólico es, además, un
insulto a Simon Bolívar. Con esta apropiación ilícita del patrimonio
bolivariano, Hugo Chávez recuerda cuáles son los dos pilares que definen su
mandato: la falta absoluta de escrúpulos –incluso con la memoria-, y el uso de
la manipulación como método de gobierno. Manipulación informativa, sentimental,
simbólica.
Ahora acaban de producirse elecciones en Venezuela y nuevamente aquel país
sudamericano, tan relevante en toda la región, ha lanzado al mundo un explícito
SOS, con la inmensa mayoría de los votantes rechazando un simulacro electoral
que convertía a los ciudadanos del país en secuestrados en su propia casa. El
control político explícito del voto, la presión laboral, social y policial sobre
la oposición, la falta rotunda de garantías democráticas y, globalmente, el
escándalo de un régimen que usa la democracia como usufructo particular, como
hacienda privada de los chavistas en el poder, estos han sido los parámetros de
unas elecciones de vergüenza.
El resultado, con más del 70% de abstención, ha superado las expectativas de la
propia oposición, situando sobre la mesa la asfixia con que vive la sociedad
venezolana. Sin embargo, este SOS lanzado con silenciosa valentía, ¿será
recogido por un mundo que se encanta con la retórica antiyanqui de Chávez, que
no se molesta en preocuparse del efecto desestabilizador que tiene para todo
Latinoamericana –y muy especialmente para Colombia-, y que se desentiende del
uso privado, oportunista y malévolo que hace Chávez de su potencial petrolero?
La pregunta es especialmente pertinente estos días en los que el ministro José
Bono se ha hecho la foto con el aprendiz de dictador, ha avalado la vergüenza de
una venta de armas que solo puede servir para aumentar el peligro potencial del
régimen, y se ha despreocupado de la enorme responsabilidad que España adquiere
con este acto.
España ha vendido las armas al chavismo sin preguntas impertinentes, mirando al
otro lado de los abusos y las conculcaciones de los derechos democráticos, sin
mostrar ningún apuro por el apoyo que Chávez da al carcamal cubano y, en
definitiva, comportándose como una multinacional sin alma, amiga del primer
dictador de pacotilla que tiene dinero para comprarnos las vergüenzas. De las
muchas barbaridades que decoran la política exterior española –especialmente
rutilante respecto al grueso de sus errores-, esta venta es una de las
centrales, y sitúa España en un círculo de amistades peligrosas que solo pueden
llevar el país al abismo. Cada día somos más enemigos de los malvados yanquis,
alimentando así con alegría moruna el deporte nacional del antiamericanismo que
tantas simpatías genera en la izquierda oficial. En coherencia, cada día somos
más amigos de los regimenes que están fuera del derecho, la razón y el sentido
común. Abandonando a los pueblos a su suerte…
Me dirán que la política exterior de los países no acostumbra a tener
principios, sino estrictamente intereses. Me dirán también que Chávez tiene todo
el capital del mundo para comprar voluntades, y que la España de Zapatero está
necesitada de venderse al mejor postor. Entonces, si es así, si no hay otras
entrañas que el dinero, si la geopolítica solo sabe conjugar el verbo mercadear,
entonces que el simpático y entrañable ZP no se llene la boca de buenísimo
retórico, que no haga de Mafalda improvisada en las tribunas de la beatífica
ONU, que no nos hable del derecho y la paz, porqué nadie puede dar la mano a
Dios y bailar con el diablo. Y Zapatero se hunde moralmente cuando, hablando de
moral política, se va a la cama con un presidente inmoral.
¡Aló Presidente! se llama el programa de humor que Chávez tiene en su canal
privado, desde donde fustiga a todo el mundo, se vende como un líder
revolucionario contra el imperialismo, protagoniza todo tipo de excesos verbales
y, en definitiva, encarna a la perfección a su propio personaje, bravucón de
barrio, populista y déspota. Si no fuera porqué da miedo, daría bastante risa.
Pero no es cosa de broma, y porqué no lo es, el pueblo de Venezuela ha lanzado
un SOS claro, desesperado y trascendente. Han gritado desde el silencio. Pero es
un grito vació en medio de una Europa que ha escogido estar sorda.
