
BACHELET, UNA SALUDABLE ANTIDIETA PARA CRISTINA
Enero de 2006
Por María Zaldívar(1)
Algunos opinólogos de esos que cobran pequeñas fortunas por describir lo obvio,
maestros en el arte de inventar excusas para explicar por qué no pasó lo que
ellos auguraban con una suficiencia intimidante, están preocupados por la
ideología de la recientemente elegida Presidente de Chile. Y no sólo ellos; con
esa debilidad burguesa por estandarizar los hechos, ordenarlos por rubro,
cantidad o semejanzas, muchos están pensando que Bachelet viene a sumarse al
viraje a la izquierda que protagoniza América Latina en los albores del siglo
XXI, tanto como para poner el toque de melancolía subdesarrollada que le estaba
faltando a la globalización y el achicamiento del mundo en la era de la economía
del conocimiento.
Pues mi terror es otro. Para seguir con las estadísticas, visto que el casi
analfabeto presidente Lula, emergido del partido más marginal del espacio
político brasileño está más cerca de parecer un egresado de MIT que un
representante obrero; que Tabaré Vázquez con su corazoncito comunista a cuestas
arrima a un acuerdo de comercio bilateral con los Estados Unidos y se planta
frente a la chusma del país vecino con un mensaje tan severo como el de Bush
contra el terrorismo, la verdad, no me asusta particularmente el pasado
ideológico de Bachelet, ciertamente nefasto.
Es más que probable que esta señora se demuestre a la altura de los chilenos y
que no deshaga ni destruya, que no sea una resentida y que no ponga su acceso al
poder a disposición de sus carencias personales ni de sus facturas pendientes.
Confío en que Bachelet nos sorprenda como nos sorprendieron Lula y Tabaré
Vázquez. Confío y deseo que así ocurra.
Lo que realmente me desestabiliza es el paralelo que empezarán a hacer entre
ella y Cristina Kirchner los cráneos del marketing político argentino (léase
Pepe Albistur, los mellizos Fernández y Fernández, el primer kirchnerista de la
gobernación bonaerense, anque los Pichetto del caso). Pontificarán sobre el
aluvión femenino a la primera línea de fuego de la gran política. Estemos
preparados para la moda. Y si de moda se trata (y me permito insistir en que no
he dicho gusto, he dicho simplemente “moda”) nadie sabe más que Cristina.
Entonces, lo voy a decir en inglés porque en castellano me da cosa escribirlo;
en castellano supera el mal gusto que se ha vuelto política oficial, libreto y
parlamento de los actuales inquilinos de la Rosada y sus adláteres. Las
recientes y copiosas lluvias harán florecer los “apple polished” que van a
encontrar el paralelo entre la senadora Fernández de Kirchner y Michelle
Bachelet y será esa la génesis de la campaña que tendrá eje en las cualidades
femeninas y la política; el valor agregado de la ecuación garra más intuición
para la administración de la cosa pública; la sensibilidad maternal, el misterio
de quien crea y porta vida en sus entrañas y toda esa cháchara de raíz
venezolana como los novelones melodramáticos que consume el vulgo).
Y se escribirán ríos, que digo ríos, océanos de tinta rebajada en lagrimones
apelando a la sensiblería tan a flor de piel en el individuo escasamente
instruido, candidato predilecto de estos impostores de la política para hacerles
creer cualquier cosa.
Bueno, a ellos, a quienes el peronismo -mutación de ropaje incluida según
ocasión y circunstancias- los empaqueta en cuotas o en efectivo pero siempre
envueltos en papel moneda y al resto, algo más despabilados pero cansados de
tanta bicicleta fija, nos taladrarán con la imagen (por no decir la sombra) de
la Bachelet telúrica. Pero el drama está en que, lejos de que lo creamos
nosotros, el público, se lo crea Cristina. Ella, con más blasones postizos que
propios, que amasaba una considerable fortuna inmobiliaria mientras la
trasandina defendía la revolución comunista de Salvador Allende, ya se las
ingeniará para trocar en épico su pasado burgués.
Mientras tanto, la raquítica oposición, que dormita en un rincón cuando no
chancletea a la zaga de los paupérrimos acontecimientos que fuerza el
kirchnerismo, se pondrá a pensar en algo cuando la puesta en escena de esta obra
“cantada” esté en marcha. No extrañe que los heroicos defensores de las
instituciones republicanas reaccionen recién cuando el croupier grite sobre sus
oídos ese parlamento mortalmente familiar en la historia de sus escasos logros
cívicos: “Señores:¡No va más!”.
16 de enero, 2006.-
(1) Lic. en Ciencias Políticas (UCA)
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