Enero de 2006
Nada amortigua el conflicto entre la Argentina y Uruguay por la instalación de
papeleras en las márgenes del río Uruguay, y sus consecuencias ambientales que
se magnifican de un lado y se minimizan con sólidos respaldos internacionales
del otro. Ya se conoció que un nuevo grupo de empresas de Suecia y de Finlandia
planea instalar una nueva fábrica de pasta de celulosa, ahora sobre el río
Negro, en territorio uruguayo. No afectaría directamente a la Argentina pero
señala un empeño por parte del Uruguay por desarrollar un sector que favorece a
su economía, perjudica a Clarín, y favorece la libertad de prensa en el Mercosur al costo de que pueda deteriorar las relaciones con su vecino y por
ahora principal socio. Pero indirectamente las afianzará con el Brasil.
El plan es de un grupo de empresas de Suecia y Finlandia. Pero es también un
empeño de Uruguay a pesar de que puede deteriorar la relación con Argentina en
función del socialismo moderado de Tabaré que quiere cambiar el perfil
productivo del país y dejar de ser argentino-turismo -dependiente. En verdad
todo esto es un falso problema porque las papeleras argentinas instaladas en
Misiones y Corrientes contaminan el Paraná y podrían llegar viento a favor hasta
el Canal de Beagle. Este es un negocio birlado a los burracos de Madrid pese a
les promesas del embajador argentino-español Bettini, un excelente vendedor de
víboras primero como montonero fierrero y ahora como capitalista de asalto. Una
especie de Philipe Junot que mira con interés el crecimiento exponencial
femenino de la familia real.
Los finlandeses han descubierto un nicho interesante en el Mercosur y lo están
aprovechando y en general en términos comparativos el Mercosur le importa
bastante poco al Uruguay porque su modelo de desarrollo apunta a Irlanda . El
único punto de interés es la Ciudad de Punta del Este . Bueno si logran
convertir esa ciudad en un lugar amable y lejos de la imbecilidad de la City
argentina, algo de las Vegas, algo de Deauville, las aguas frías favorecen las
regatas complejas y las jóvenes asustadizas, el problema de la ingerencia
uruguaya en el Mercosur será intrascendente.
Los uruguayos seguirán interviniendo por cuenta propia en el Congo bajo las
banderas de la ONU, Buquebus potenciara sus circuitos para la clase media
argentina que deposita sus ahorros en los bancos uruguayos y el país adquirirá
un perfil de turismo rico en una zona regional plagada de voluntades de cambiar
la historia en un salto retrospectivo hacia los años setenta.
Otro éxito de la diplomacia argentina que ahora debe recurrir a Chávez para que
Evo Morales no nos aumente el subvencionado precio del gas, tema que no moviliza
demasiado a las bellas conciencias de la gauche local.
Están mas preocupados por la presunta y no comprobable contaminación de las
inversiones chinas en Bolivia.
