Balances y perspectivas para el sector en el 2006.
Enero de 2006
Los analistas advierten que el paradigma energético argentino está cambiando
aceleradamente y esta tendencia se afirma en el futuro inmediato. Frente a un
escenario de inevitable caída de reservas de petróleo y gas natural, el sector
requerirá fuertes inversiones para seguir siendo sustentable.
La Redacción
La industria petrolera se prepara para un difícil y controvertido 2006. La caída
en el horizonte de reservas de petróleo y gas, la escasa o prácticamente nula
actividad exploratoria, la falta de inversiones para el hallazgo de nuevos
reservorios de hidrocarburos conforman un escenario complejo y poco alentador.
Desde 1998, la producción de petróleo en la Argentina baja en forma
ininterrumpida con una tendencia que pareciera continuar inexorablemente hasta
el año 2010. El año pasado tuvo una nueva caída del 6%. Ello reduce los saldos
exportables, lo que de alguna forma amenaza la fuente de recursos que significa
para el Estado.
Los últimos datos de Export-Ar revelan que las ventas externas totales se
incrementaron 50% desde la crisis de fines de 2001, llegando a los 40.300
millones de dólares. De este total, el 32% corresponde a manufacturas de origen
agropecuario, el 31% a manufacturas de origen industrial, el 20% a energía,
principalmente petróleo y derivados y el 17% a productos primarios.
El mayor riesgo es que, si se mantiene el ritmo de crecimiento de la economía
mundial, la restricción de la Argentina pasará por la oferta. Con una tasa de
crecimiento económico del 3% anual, el sector energético argentino requerirá
alrededor de 2.000 millones de dólares de inversiones anuales para seguir siendo
sustentable.
El principal desafío por delante, según los empresarios, es recrear las
condiciones favorables que permitan materializar esas inversiones que la
industria energética demandará para los próximos años.
Visiblemente, en el último año el reclamo empresarial ha ido de mayor a menor
grado de confrontación. Agotado el modelo de los ´90, el sector privado busca un
mayor acercamiento con el Gobierno para sentarse a negociar en mejores
condiciones.
Un dato clave: si la Argentina dejara de exportar petróleo, las reservas
comprobadas de crudo alcanzarían para más de 13 años, mientras que con el nivel
actual de consumo interno y ventas externas el horizonte se reduce a 8 años.
Sin embargo, limitar o prohibir las ventas al exterior sería una medida fuertemente intervencionista que cambiaría los contratos de concesión firmados entre 1992 y 1993, los que aseguran la libre disponibilidad de los hidrocarburos para el concesionario.
En la Argentina existen 24 cuencas sedimentarias y las cinco productivas son tan solo el 22% de la superficie total, en tanto las no productivas, que abarcan el 78% restante, son subexploradas, y varias de ellas, inexploradas. El porcentaje real explorado sobre el total del país está entre un 7% y un 8%. Según datos suministrados por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas, las reservas comprobadas de petróleo (gráfico 1) en 1992 eran de 320,75 millones de metros cúbicos, entre 1993 y 2004 se incorporaron por 572,3 millones de metros cúbicos (m3) y se produjeron 523,05 millones de m3. A fines de 2004 quedó un remanente de reservas de unos 370,0 millones de m3.

Entre 1991 y 2004 la producción de gas natural pasó de unos 23,8 mil millones m3
a casi 52,4 mil millones m3 (gráfico 2), lo que significa un aumento del orden
del 120,1%. Cabe destacar que la inusual demanda de los dos últimos años estuvo
influenciada por el consumo industrial y el gran crecimiento del GNC impulsado
por la diferencia de precio con las motonaftas.

La privatización del downstream del gas natural también trajo como consecuencia el creciente interés de los productores en explorar y desarrollar reservas de gas que antes carecían de atractivo comercial. Es así como las reservas comprobadas se incrementaron entre 1992 y 2000 en alrededor de 44% (gráfico 2) que aseguraba la provisión de gas al nivel de consumo actual por unos 17,2 años. Según los datos del año 2004 las reservas cayeron un 30,5% respecto al 2000, caída que se atribuye en gran parte al congelamiento de los precios del gas en boca de pozo y a la consiguiente falta de inversiones en exploración.
En la última década no hubo descubrimientos importantes de hidrocarburos en la Argentina. Este no un dato menor ya que demuestra que las grietas estructurales que presenta hoy la industria se remontan a mediados de la década del ´90, cuando la producción de crudo estaba en alza y no precisamente por nuevas inversiones en exploración sino más bien por la optimización de la producción de los pozos ya existentes. Fue la utilización de tecnología y la mejora en el factor de recuperación lo que atemperó la caída de reservas. Hay quienes creen que la constitución geológica no permite prever hallazgos nuevos de grandes reservorios en el país.
Para 2007, los expertos ya hablan de importación y eso implica un riesgo enorme
con un crudo que este año promedió los U$S 60 el barril. En ello se sustenta el
consenso que existe en el sector en cuanto a la necesidad de incentivar la
exploración de hidrocarburos en el territorio nacional en forma agresiva.
La ecuación energética de la Argentina es altamente dependiente del petróleo y el gas natural, que representan casi el 90% de la oferta total de energía primaria del país. Esta relación se ha mantenido desde los últimos 35 años prácticamente constante y lo que ha variado es su composición, ya que el gas natural progresó desde el 20% en 1970 hasta el actual 47%. La hidroelectricidad (4,3%), la energía nuclear (1,4%) y la biomasa y fuentes renovables completan este panorama.
Del lado de la exploración de petróleo y gas, los reclamos de la industria
apuntan a los siguientes aspectos: unificar normas y procedimientos con relación
a licitaciones, control de contratos y regulaciones ambientales; crear un Banco
de Datos único y público; impulsar una política agresiva desde el Estado en
promoción de la exploración; promover la investigación por medio de la geología
de superficie; estimular una mentalidad exploratoria.
Por el lado de la demanda, los consumos de gas natural crecen en forma
ininterrumpida, a un ritmo cercano al 5% anual acumulado. En julio y agosto de
2005 se produjeron picos de consumo de 119 millones de m3/día, y si a ello le
sumamos la demanda de exportación que se evacúa por el sistema público de
transporte del orden de 8 millones de m3/día, tenemos una demanda total sobre el
sistema de transporte de 127 millones de m3/día en el pico máximo anual.
Esta demanda ya supera la capacidad de transporte actual, aun con las
ampliaciones realizadas este año, de 124 millones de m3/día. Como consecuencia
de ello, las restricciones al abastecimiento van creciendo en el tiempo. Este
año entre junio y septiembre se aplicaron restricciones superiores a los 15
millones de m3/día en promedio, y la tendencia en los próximos años continúa
siendo creciente.
El sector eléctrico también presenta una situación crítica, ya que la potencia
firme del sistema es de 16.193 MW, y la demanda máxima ha llegado recientemente
a los 16.200 MW. Esto quiere decir que el sistema trabaja sin reserva y las
probabilidades de falla en la generación son altas. La demanda de energía
eléctrica crece también a un ritmo del 6% anual acumulado, y la falta de gas
natural obliga a consumir cantidades crecientes de fuel oil importado.
Un estudio del Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi” proyectó los
requerimientos de energía primaria al año 2010, simulando un crecimiento de la
economía del 7% este año, 6% el próximo, 4% en el 2007 y 3,5% entre 2008 y 2010.
Se empleó una elasticidad Energía/PBI igual a la unidad y se planteó como
hipótesis que se mantenía la estructura del Balance Energético del año 2004.
Los resultados son los siguientes: a) se requiere incorporar 3.200 MW
hidroeléctricos (para tener una dimensión significa construir otra Central como
Yacyretá); b) terminar Atucha II; c) incorporar 418 Gm3 (más reservas que las
que actualmente contiene Loma La Lata) en reservas de gas natural, para alcanzar
una producción en el 2010 de 72 Gm3, manteniendo una relación R/P de 10 años; d)
Incorporar 472 Mm3 en reservas de petróleo, para alcanzar una producción en 2010
de 72 Gm3; e) Incorporar 4.000 MW de potencia térmica.
Transitar este camino sin duda no será fácil.
En el caso de la exploración, el Gobierno lanzó en mayo un proyecto de ley con
desgravaciones impositivas para los que se asocien con Enarsa, la empresa
estatal de energía. La ley aún no se trató en el Congreso y las empresas dudan
de la conveniencia de asociarse con una empresa que solo pone los derechos sobre
las áreas. La aprobación de esta ley destrabaría acuerdos pendientes entre
Enarsa con Repsol YPF y PDVSA para proyectos en el off shore.
En el corto plazo, los analistas advierten que el desarrollo basado en el
incremento continuo de consumo del gas natural ya no es sustentable, por lo
tanto el paradigma energético argentino está cambiando aceleradamente y esta
tendencia se afirma en el futuro inmediato.
“El recurso será cada vez más escaso y más caro, en una situación de gran
dependencia del gas natural y del petróleo bajo un contexto internacional
amenazador”, sostienen.
Resulta, entonces, prioritario un acuerdo bilateral con Bolivia para importar
gas natural con contratos de largo plazo. Las últimas estadísticas indican que
las inversiones petroleras en ese país se situaron este año en 175 millones de
dólares, la cifra más baja desde 1998 cuando sumaron 605 millones de dólares.
Ahora se suma el anuncio del presidente electo de Bolivia, Evo Morales, de
nacionalizar la propiedad de los pozos de gas por decreto. Esto ha generado gran
incertidumbre no sólo en las multinacionales petroleras, que amenazan con dejar
de invertir bajo estas condiciones, sino también en el gobierno argentino que
apuesta una ficha clave en la importación de gas natural de este país vecino,
cuyo precio es la gran incógnita. El problema se complica porque el gobierno
argentino es el suministrador oculto del gas a Chile y el gobierno nacionalista
de Evo Morales esta dispuesto a jugar la carta energética para forzar la salida
del enclaustramiento mediterráneo boliviano y responder a la presión de las
masas que lo apoyan con la misma energía con que algunos argentinos encararon la
reconquista de las Malvinas en 1982.
Jugar a la diplomacia piketeril puede ser costoso para el gobierno argentino y
ahora que dará en una zona de sombras -no mans land -en donde no se encuentra ni
con el Alca ni con el MERCOSUR. Ni con la revolución prusiano chavista pero
tampoco con las tendencias socialdemócratas que afloran pausadamente tanto en
Chile como en Uruguay.
En síntesis en la Argentina .
Es decir un lugar en ninguna parte que solo espera la lógica del toque de queda
que viene por vía de los hidrocarburos con la dura lógica de una bomba de tiempo
de tic tac ominoso.
Síntesis: si el 2005 lo alarmó, quedese tranquilo, el 2006 será mucho peor.
La caída de las reservas vinculada al crecimiento de la producción obliga a buscar los recursos fuera de nuestras fronteras. Es allí donde aparece Bolivia y los yacimientos que dispone en su territorio como proveedor natural. Frente al problema del gas, el Gobierno tomó la decisión de ampliar los gasoductos centrales de modo que es posible que el próximo invierno se llene la capacidad adicional con recortes a las exportaciones a Chile.
No obstante, el presidente Néstor Kirchner confía más en que se destrabe la
situación política en Bolivia y ese país pueda vendernos más gas natural.
El abastecimiento de gas natural desde Bolivia se ha constituido en una
prioridad estratégica para la Argentina. Con la llegada al poder de Evo Morales
vuelve sobre el tapete el proyecto de construir el Gasoducto del Nordeste
Argentino (GNA) impulsado por Techint y Repsol YPF.
Se trata de una inversión de 1.300 millones de dólares que le daría mayor
oxígeno a la Argentina y alejaría el fantasma del desabastecimiento energético.
Bolivia, por su parte, aumentaría en 20 millones de metros cúbicos diarios su
flujo de venta.
