PASANDO REVISTA

Enero de 2006

por María Zaldívar (*)

 

A ver. Mucha gente suele sentir a fin de año una suerte de invitación al balance de lo hecho y lo pendiente de hacer. Me inclino a sospechar que ni Néstor ni Cristina comparten simpatías con ese tic tan típicamente burgués, probablemente por el cariz religioso que implica el examen de conciencia que podría confundirse, incluso, hasta con un estado de reflexión. No fuera cosa que algún distraído lo interpretara como un gesto de debilidad.

Por eso, en un esfuerzo casi metabólico, trataré de reconstruir los últimos 365 días de la administración Kirchner a través de sus hechos más relevantes. Semejante racconto incluye un variopinto de medidas que van desde la sanción, la des-sanción y finalmente la super-sanción del Mayor Mercado por los dichos públicos de su mujer, a la culminación del proceso iniciado inmediatamente luego del arribo al poder, que consistió en la despedida de ciertos miembros de la Corte Suprema de Justicia, a los empujones y por la puerta de servicio y el consecuente nombramiento de sus reemplazos, republicanamente elegidos entre los amigos del Presidente.

A ambas medidas es imprescindible agregar la mudanza de Cristina Fernández o el logro patriótico de obtener para la Primera Dama la senaduría por un distrito tan ajeno a su radio de acción política como la capital para Rafael Bielsa. Ambas candidaturas, conseguidas con forceps, lucieron en ellos como recado a la vaca. Pero fue decisión del presidente y las decisiones del presidente no se discuten, se materializan porque, seamos sinceros, si la publicidad política impuso el slogan de “Menem lo hizo”, la historia está registrando que lo que pasa es porque Kirchner lo quiso. Digo, para que dentro de algún tiempo no intenten cambiarnos el libreto, costumbre arraigada en la dirigencia argentina que consiste en contar el pasado reciente en versión tan libre que hasta los actores de reparto desconocen la obra. Algo parecido al “Yo hubiera querido crecer en esa casa”, que le decía un amigo de mi infancia a su madre cuando la escuchaba relatar pasajes de su vida familiar que describían un ambiente distendido que definitivamente no había existido.

Otra. El procesamiento de un puñado -siempre el mismo- de oficiales subalternos de la Armada que parecen llevar sobre sus espaldas la responsabilidad completa de la lucha antiterrorista encarada por el Estado Nacional en defensa de las personas y las instituciones argentinas cuando fueron jaqueadas por el terrorismo nacional entrenado en La Habana. Estos 4 o 5 Rambo telúricos que, a juzgar por testigos emergentes, de mañana secuestraban gente, de tarde la torturaban y de noche la tiraban al río, que no cumplieron órdenes ni tuvieron jefes, hoy están detenidos por hechos de los que no participaron según señala la propia crónica histórica de la época, convenientemente resistida por los jueces actuales.

Y aunque el gobierno lo intentara, de su lista de activos 2005 no habría que omitir los roces con: la Iglesia Católica toda vez que se negó a respaldar los tratados internacionales firmados por la Argentina que reconocen la existencia de vida humana a partir del momento de la concepción, principio liminar de la fe cristiana; con el presidente Lula por desaires varios; con el Vaticano al intentar desconocer a Monseñor Basseotto el cargo que el propio estado argentino le había conferido y tras cartón, por no asistir a las exequias del Papa más trascendente del siglo XX; con Francia por altercados con empresas de capital francés a cargo de servicios públicos y por desprolijidades de carácter diplomático en el reemplazo súbito del embajador argentino; con Chile, en la intención oficial de incumplir con las exportaciones argentinas de gas comprometidas por contrato; con Uruguay con la pretendida ingerencia respecto de la instalación de nuevos negocios en el país vecino, las papeleras, para ser exactos; con George Bush por el destrato que padeció en oportunidad de la IV Cumbre de las Américas cuando la Argentina oficiaba de anfitriona y como tal avaló un acto paralelo de repudio a su visita; con el vicepresidente Daniel Scioli, por el maltrato al hombre y a la investidura; con el diario La Nación y las reiteradas diatribas contra las opiniones de un diario con prestigio internacional y tradición centenaria; con Alfredo Coto cuando personalizó en su figura, con nombre y apellido, la ira presidencial por el incremento del índice de inflación, con Fernando De la Rúa y el mal gusto disfrazado de humor en un sketch televisivo que intentó ridiculizar a un ex presidente pero que sólo logró que se rebajase el actual y hasta con Cuba en un abortado entredicho cuando la Cancillería argentina pretendió defender la libertad sin rozar al dictador cubano.

Hasta acá, “tentar” a Borocotó para que migrara a las filas kirchnerianas es menos papelón que la conferencia de prensa que dio junto a uno de los mellizos (nunca distingo cuál es cuál) y la cancelación anticipada de la deuda con el Fondo Monetario Internacional luce apenas una torpeza estrictamente económica de las que, al fin y al cabo, los argentinos llevamos un grueso historial. No por eso resulta menos gravosa, tal vez al contrario; demuestra que no aprendemos ni de nuestros errores. Pero un hecho puntual no es más que eso. “Lo importante es la tendencia” solía repetir Alvaro Alsogaray y ahí es por donde podemos ingresar en la incertidumbre, si somos optimistas, o en el pánico, si somos estrictamente realistas.

Pagarle al Fondo con pretensiones de obtener autonomía y seguir sosteniendo el default como principal argumento ante los tribunales internacionales en los que el estado nacional se encuentra demandado demuestra, primero, una grosera subestimación de los demás y luego una grosera ignorancia de los códigos que rigen las relaciones entre países; hay normas no escritas pero muy estrictas que imponen los límites de lo que se puede y de lo que no.

Es cierto que esas normas y aún las escritas y refrendadas voluntariamente pueden violarse (huelgan los ejemplos recientes) pero lo que resulta imposible es soslayar las consecuencias; pretenderlo es inmadurez y endilgárselas a otro es mala fe.

Armar un burdo operativo con Miguel Bonasso de mascarón de proa para negarle su banca a un ciudadano respaldado por 400.000 votos y lograr que el cuerpo casi en pleno lo apoyara “violín en bolsa” como quien dice, también es parte de “la tendencia”. Más que un éxito del oficialismo, este episodio desnuda la ausencia de espadas de primera línea del otro lado. Que conspicuos demócratas y conservadores hayan escuchado sin chistar las barbaridades que se dijeron en el recinto, señala que el macrismo, con suerte, ha logrado desembarcar en el congreso con un menjunje de fujimoris y empleados públicos vitalicios o casi, de los que Federico Pinedo es un ejemplo emblemático. Horroroso.

En el cambalache rápidamente descripto, que Sttrasera, juez nacional del Proceso militar y luego miembro del Tribunal especial que juzgó a las Juntas militares no bien asumido Raúl Alfonsín, encare hoy la defensa de Aníbal Ibarra no es más que otro detalle estético que los describe a él, a su defendido y a los que lo apañan. Porque a su vez, que Ibarra siga siendo un “pollo” de la administración central resulta otro capítulo de la “nueva política” impulsada por los jóvenes y los maduros K, una broma de dudoso gusto que ha perdido todo efecto y que no causa gracia alguna.

La Argentina inicia el año con fuertes rumores sobre la salud del presidente que intranquilizan a algunos y parecen otorgar legitimidad a la hipótesis de que allí anidaría la explicación a los desmesurados y extemporáneos embates sobre el vicepresidente, desnudando la intención de la “mini-carpa K” de desplazar a Scioli de la línea de sucesión. De hecho, sus seguidores confían en la destreza adquirida y recuerdan que, si para algo está entrenado Daniel Scioli, es para soportar el oleaje.

Ojalá el año que pasó sea el de los excesos y que todo esto resulte un trascendido sin fundamentos. Por las dudas, una buena noticia: como abril es la fecha límite que se menciona, no tendremos que esperar hasta el próximo balance para enterarnos de la verdad. Sea cual sea.


(*) Lic. en Ciencias Políticas (UCA)
 

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