Febrero de 2006
Un escueto comunicado de Zenit, la agencia católica de noticias apunta al
sincretismo entre anglicanos y católicos y nos hace recordar
inevitablemente las palabras de Mateo y la poesía de Schiller.
Dios es Dios de vivos, no de muertos. En síntesis Dios es una elección
política al
margen de todo pensamiento sobrenatural.
No interesa tanto en verdad en términos mundanos -salvo para los
especialistas-, esa cosa lejana y mágica que ocurrió en Palestina hace 2000
años y que tuvo alcance cósmico
universal.
Interesa lo que ocurre aquí y ahora. En Europa y fuera de ella. Y
es probablemente la primera iniciativa de Benedicto-Ratzinger que apunta a
los temores contemporáneos y es revolucionaria.
El tema de la recristianización de Europa pasa en principio por la unión de
las religiones europeas que son las religiones de Occidente incluyendo a
anglicanos, luteranos y calvinistas que enfrentan un desafió común
que viene del Oriente.
Durante mas de veinte años este dialogo entre anglicanos y católicos se ha
perfilado como algo esencial, Mas aun si tenemos en cuenta que el jefe de
la Iglesia anglicana es simplemente la Corona britanica y que el príncipe
Felipe -nacido en Chipre-es ortodoxo y esto lo lleva a tender
puentes con Grecia, Rusia y el mundo cercano a la vieja
Constantinopla que aún subsiste en los Balcanes.
Probablemente esta reconciliación llega después de Bin Laden y su desafíoglobal en el momento justo y a el se la debemos agradecer.
Los orientales no son libres porque no saben que lo son.
Exactamente como ciertos pueblos africanos y latinoamericanos que viven con
las conciencias enyesadas y la moral detenida en un pragmatismo suicida.
Los europeos, gracias a los setenta años de comunismo simplemente lo habían
olvidado.
Pero la separación seca, austera, frugal y rígida entre los dos cosmos y los
dos mundos
esta exactamente allí y no en los argumentos del pasado.
Este acercamiento nos aleja de lo muerto y nos proyecta al futuro. Es
una buena noticia para la gente que no se conforma con la pasividad.
Circunstancialmente una reduccionista nota de Osvaldo Bayer en Pagina 12 y
otra de Juan Gelman-un extraño caso de nazi judío y sudamericano aunque el
no lo sepa - avanza en el mismo sentido mezclando un poco las cartas. Tratan
de defender elípticamente la cólera de los
musulmanes desde una perspectiva antiimperialista como si el imperialismo
tuviera algo que ver en todo esto.
Bayer sabe perfectamente que la palabra
esclavo es una invención oriental. No ignora que los
piratas berberiscos asolaban las costas europeas a la búsqueda de esclavos y
trata de llevar agua para su molino que es el pensamiento
estructuralista del laicismo de Jacques Attali.
Un Occidente satisfecho. Refugiado en sus propios valores y con una escala
de
creencias hecha como una ensalada pedida en buen restaurante. Es decir un
pensamiento dietetico. Cambiante como un irresponsable libro de autoayuda
escrito por un suicida de tiempos largos.
El problema es que la Europa euro árabe en términos laborales y
productivistas debe definir sus objetivos con las ex
colonias y sus inmigrantes pero primero debe definir lo que ella misma es.
El laicismo puro y duro es un privilegio de los buenos momentos que propone
toda
decadencia. En situaciones de guerra o de crisis axiológica con su componente, militar activado con peligrosas linternas rojas es simplemente un estorbo.
Nada tiene que ver todo este revuelo musulmán con el antiimperialismo sino
con
la cultura y la religión. Los islámicos integralistas miran hacia lo que
ocurrió en Palestina hace dos mil años y lo que ocurrió posteriormente en
la Meca. Los europeos comienzan a ver simplemente la realidad. Y la religión sencillamente tiene que ver con la historia total de nuestra cultura.
Por eso la división religiosa de Occidente es un anacronismo y esta
declaración de católicos y anglicanos lleva el germen que
puede ser el comienzo de algo.
La inquisición en estos tiempos que menciona un poco demagógicamente Bayer y
que denuncia sin demasiado fundamento Gelman un
intelectual que nos recuerda la época en que el Irgum planteaba su alianza
con Adolfo Hitler para derrotar a los británicos -Gelman parece haber
olvidado los problemas de Betar, Javotynsky y Beguin y en eso su
funcionalidad a la causa palestina en su versión mas extrema es
contradictoria con sus intereses genuinos- ha quedado focalizada en el
pasado y si Bayer quiere ver una inquisición eficaz debe simplemente tomar
un boleto aéreo hacia el Reino Saudi. Allí la encontrará y sin duda será
poco placentero.
No se equivoca Ratzinger cuando condena la blasfemia contra Mahoma y yerra
de lejos Gunter Grass cuando sostiene que es un problema de libertad de
prensa.
Los daneses que se rieron de Mahoma están fuera del planeta tierra. Olvidan
la guerra en Irak, el desenlace de Afganistán, irresuelto, convertido en un
simple trampolín de droga hacia Europa y el serio problema que afronta el
mundo con el nacionalismo teocrático iraní que no se detiene en lo nuclear-
Irán es la visión ascetica de la religión de las montañas de Kandahar contra
los desviacionismos y corrupciones del mediterraneo y por ende contra la
propia Europa.
También soslayan pero esto es típico de los intelectuales un poco aislados
que Dinamarca envió hombres a Irak. Por una simple cuestión de política de
estado o continental o de buen criterio deberían haber evitado el scoop
periodístico.
Ocurre que las blasfemias deben ser evitadas en todas partes. Es también una
forma practica de curarnos en salud.
«María: Gracia y Esperanza en Cristo» es el título de la declaración
conjunta que han emitido la Iglesia católica y la Comunión anglicana sobre
el papel de la Virgen María en la doctrina cristiana. El documento, fruto de
más de cinco años de trabajo teológico en común de diversos expertos
anglicanos y católicos, será presentado el 16 de mayo en Seattle, y el 19 en
Londres.
La noticia fue anunciada esta semana por los responsables de la Comunión
anglicana, y confirmada por miembros del Consejo Pontificio para la unidad
de los cristianos, quienes han saludado su presentación como un «paso hacia
la reconciliación».
El documento, el cuarto en los últimos veinte años, ha sido trabajado por la
Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC), organismo creado en 1970,
tras el Concilio Vaticano II, con la intención de potenciar los lazos de
unión entre ambas confesiones cristianas, separadas desde el siglo XVI. Con
anterioridad, la citada comisión había publicado declaraciones sobre
«Salvación e Iglesia» (1987), «La Iglesia como comunión» (1991), «Vida en
Cristo» (1994) y «El don de la autoridad» (1999) En los últimos años, y
tras la aprobación de las ordenaciones de sacerdotes y obispos gays por
parte de las autoridades anglicanas, las relaciones con el mundo católico
habían sufrido un severo retroceso.
Según la Comunión anglicana, el texto «representa la primera declaración
importante acordada por un diálogo internacional formal entre dos comuniones
cristianas mundiales respecto a este crucial aspecto de la fe y devoción
cristiana». Aunque no se trata de una declaración doctrinal de ambas
confesiones, el documento sí fija las intenciones de católicos y anglicanos
por encontrar una «línea común» tanto en la visión de la Inmaculada como en
el resto de los dogmas católicos. Las amenazas de cisma en la Comunión
anglicana tras la consagración de obispos homosexuales han podido acelerar
este proceso de encuentro con la comunidad católica, que ha sido posible
gracias a la participación, entre otros, del arzobispo católico de Seattle,
Alexander Brunett, y el arzobispo anglicano de Australia, Peter Carnley, el
primero candidato a ocupar un cargo importante en la Secretaría de Estado en
la próxima renovación administrativa vaticana.
Por su parte, el obispo Brian Farrell, secretario del Consejo Pontificio
para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, declaró tener «mucha
esperanza» en la declaración conjunta, pues «permite descubrir todas las
cosas que tenemos en común sobre María, incluso con los reformadores
anglicanos del siglo XVI y XVII, que eran vistos como «antimarianos», pero
que no lo eran».
En declaraciones a Zenit, Farrell añadió que el documento también afronta la
problemática de los dogmas católicos. «Creemos que la declaración va a ser
interesante, no sólo para el diálogo católico-anglicano, sino también con
todas las comunidades surgidas de la Reforma», apuntó.
