Febrero de 2006
Este análisis del Herald diluye un poco el problema existente entre el Vaticano y un sector de la Iglesia argentina atribuyendo todo el conflicto de los nombramientos antiprogresistas a una verdadera lucha que se da entre el sector argentino conservador que se encuentra en Vaticano y Bergoglio,un jesuita históricamente cercano al peronismo de derecha pero a la vez una alternativa centrista en el ultimo Conclave a la línea de Juan Pablo I que terminó por imponerse catapultando a Ratzinger al trono de Pedro El análisis de alguna forma pone los puntos de forma mas clara.
Menem no tiene fuerza como para imponer una línea política en el Vaticano, los diarios que han destapado la conspiración menemista, vía la Orden de Malta de Caselli, son los diarios de la cadena oficial de noticias con copyright de la Presidencia, finalmente Bergoglio cargaba con el peso de ser jesuita y por lo tanto sospechado de progresismo.
En verdad el ataque contra Bergoglio no lo encabezo Menem sino Horacio Vertbitsky con su libro La Isla sobre los inevitables desaparecidos y el asunto rápidamente pareció una eficaz operación de prensa del múltiple agente Horatio.
A Estados Unidos,mucho mas fuerte que Menem dentro del Vaticano a la hora de
las certezas y concreciones le interesaba un pontífice con escasos puentes
con el mundo islámico, salvo los diplomáticos y culturales,pero una decidida
posición favorable al recentraje occidental sobre si mismo, dejando de lado
relativismos multiculturales que tienen otros ámbitos laicos de desarrollo.
Un pool que acompañe la alianza entre cristianos y judíos para apoyar la
política exterior americana en todo el arco medioriental es como hipótesis
mucho mas interesante que una extraña conspiración argentino- menemista para
condicionar las maniobras del Vaticano. Nuevamente el país se cree lo que
vende y se piensa una potencia católica cuando en verdad se trata del país
eurolatinoamericano mas interesante para la Iglesia de Roma y nada mas.
Sin reelección para Bush y con múltiples políticas exteriores enfrentadas en
los propios Estados Unidos pero con medio masivos de comunicación preparados
para la guerra y nos referimos a la interacción de mensajes que propone
Hollywood y no al Washington Post, el objetivo militar al cual se suma la
independencia energética del petróleo son los objetivos estratégicos que
deberá cumplir esta administración americana para luego dejar el paso a un
gobierno menos muscular.
La guerra con Irán no es una fantasía,los planes de batalla se conocen
-implican al menos 20 blancos y la intervención de la flota de submarinos
israelíes- pero hay algo mucho mas determinante, el conflicto global con los
estados árabes islámicos fundamentalistas en toda Europa se va perfilando
cada vez mas como una realidad y la posición argentina en el Consejo de
Seguridad sobre Irán, luego le sucederá en abril China, claramente pro-iraní
-será crucial.Los atentados simbólicos que incluyen a la Argentina y por
error a Chile, tradicionalmente pro-árabe con su club de fútbol Palestina
comenzaron ayer. La posibilidad de una tercera bomba es algo que una
política razonable de protección del territorio argentino no puede ser
totalmente excluida.
Nuevamente estamos en el campo de batalla y como siempre en la vida hay que
simplemente prepararse para lo peor.
El viraje de la diplomacia argentina o mejor dicho de un gobierno aliado con
gente tan obscena como Bonafini - personaje decididamente antioccidental y
propagandista inescrupulosa del terrorismo internacional - cierra
perfectamente con la Cumbre Antiimperialista de Mar del Plata maradoniana
pero mucho menos con una Argentina que conjugó progresismo y
antiimperialismo retórico hasta noviembre para pasar en una nueva jugada
táctica y solamente táctica de la Presidencia a apoyar las posiciones
americanas en el sistema de seguridad internacional.
Curiosamente la
Argentina sigue ventriculizando por las papeleras y hace solo muy poco
tiempo se enfrentaba contradictoriamente a Greenpeace por la exportación de
un reactor nuclear a Australia construido por el sistema nuclear argentino
para usos pacíficos.
El terrorismo del fundamentalismo islámico no es exactamente Guiseppe
Garibaldi y tal vez nuevamente lo encontremos en una peligrosa intersección
de nuestros intereses que para peor no parecen estar genuinamente en ninguna
parte. No hay plan estratégico en nuestra vinculación con el mundo.
Edgardo Arrivillaga.
En un mundo donde las recientes noticias religiosas han ido de la furia islámica desatada por las caricaturas del profeta Mahoma a las reflexiones del Papa Benedicto XV sobre el sentido del amor, los recientes nombramientos episcopales argentinos podrían palidecer en la insignificancia pero han creado suficiente conmoción aquí. Por simplista que fuere una interpretación política de estas medidas, de política bien podría ser de lo que trata todo esto. Parece sospechoso que esta historia (supuesta decepción de la Conferencia Episcopal por el hecho de que Roma nombrara conservadores a cargo de las diócesis de Resistencia, Rosario y Zárate en la última docena de semanas) sea primero revelado en matutinos tan pro-gubernamentales como Clarín y Página 12: casi como si el gobierno tratara de imponer sus propias opciones o aun buscar pelea con la Iglesia.
Sin embargo una interpretación mundana o cínica de este tema no tiene por
qué ser local. Los expertos de este país tienden a atribuir el avance
conservador a una conspiración en torno de Esteban Caselli (ex embajador
argentino al Vaticano durante la presidencia de Carlos Menem) y de ahí en
torno de Menem mismo, también arrastrando figuras tales como el secretario
de Estado del Vaticano, cardenal Angelo Sodano, su asistente argentino
arzobispo Leonardo Sandri, e incluso el nuncio papal en la Argentina,
monseñor Adriano Bernardini. Parece haber poca duda de la existencia de una
agenda conservadora: así, los nombres localmente elegidos para la
arquidiócesis de Rosario y soslayados por Roma incluían obispos tales como
Jorge Cassaretto (titular de Cáritas) y Rubén Frassia (durante mucho tiempo
párroco de San Cayetano), ambos bien conocidos más allá del mundo
eclesiástico como voceros del evangelio social, fuera del obispo
candidateado de Lomas de Zamora. Pero aunque hubiera una conspiración
vaticana, su blanco podría no ser tanto el gobierno sino el cardenal primado
Jorge Bergoglio de Buenos Aires (en Roma toda la semana pasada), a quien
muchos en el Vaticano quieren cortarle las alas después de supuestamente
haber sido el segundo candidato más votado en las elecciones papales del año
pasado, presuntamente con 40 cardenales que lo respaldaban. Por último pero
no menos importante, los informes de prensa de este tema todavía deben
mencionar que Bergoglio es un jesuita: una orden a la que extrañamente se le
ha negado el derecho a encabezar la Iglesia durante cuatro siglos, pese a su
lealtad histórica al papado.
Ocho diócesis más quedan por nombrarse este año (incluida Santiago del
Estero, vacante en circunstancias escandalosas). Quizás deberíamos ver qué
sucede con ellas antes de extraer cualquier conclusión final.
