Febrero de 2006
por Bernardo Cequera
Hugo Chavez acaba de firmar un acuerdo con la cadena árabe AlJazeera y el
asunto no interesa solamente a los venezolanos. Ocurre que la cadena árabe
es infinitamente superior al canal oficial de Chávez, consorciado con Canal
7 de la Argentina y curiosamente censurado en Cuba por razones de orden
público hecho que no entraba en los cálculos ni de Ana Skalon ni de su
marido Miguel Bonasso.
La cadena árabe juega a la televisión del mercado abierto y su matriz es
incuestionablemente británica. Tan británica como los elementos de
prospección de BP. Y como todos los productos se inspira mas en los
contenidos de la BBC que en la propaganda menos sutil que utilizó Europa
Libre para abatir el muro de Berlín. Entonces ? Entonces esto quiere decir
que Al Jazeera es mucho mas eficaz y trae el discurso árabe al epicentro del
continente sudamericano en momentos en que se tejen especulaciones sobre una
nueva guerra con Irán y que los acuerdos de Brasil con Asia se
intensifican.También la preocupación americana por la penetración china en
Sudamérica.
Como en una juego de muñecas rusas el discurso árabe llega de forma directa
pero con la compostura y la patina de objetividad que los británicos suelen
dar a la información
En términos puramente intelectuales el discurso árabe siempre ha sido débil
en la región. Esto se debió históricamente a que los aliados de la llamada
causa árabe en América Latina eran nostálgicos fascistas admiradores de la
Legión árabe, del Muftí de Jerusalén o de los hindúes que revistaban en el
ejercito alemán en los días previos a la caída. Ahora el discurso
medioriental en Latinoamérica habla ingles y español y tiene el deseo de
expandirse regionalmente. Es el equivalente de una mini-OPEP pero en el
campo de las comunicaciones.
En esta clonación de CNN, poco vista en los Estados Unidos y dirigida
esencialmente a los latinos del sur, aparece un contradiscurso político,
cultural que puede producir un inevitable efecto derrame desde el Caribe
hasta la punta aislada del Cono Sur.
Cuando la geopolítica llega a las emisiones el efecto es cáustico,
afirmativo, desestabilizador y pluralmente inquietante a la vez. Pero como
nació realmente la cadena árabe y cuales eran sus objetivos ?
Al Jazeera ("La Isla" en español) nació como un matrimonio mediático anglo-saudí, una joint venture entre la BBC y el programa satelital saudí Orbit. Esta unión duró poco, pues la BBC tuvo el atrevimiento de transmitir un reportaje donde aparecían imágenes de las ejecuciones que tienen lugar en Arabia Saudí, donde existe la pena de muerte. Como un relámpago cayó el afilado alfanje del príncipe Khalid Addullah al Saud, dueño de Orbit TV, sobre la coyunda mediática entre oriente y occidente. En ese año, 1996, el Emir de Qatar, Hamad bin Khalifa al - Tani compró la mayoría de las acciones de la emisora, recogió a los hijos abandonados de este divorcio: periodistas y moderadores que habían quedado desempleados, todos profesionales con experiencia, formados en la BBC e instaló la emisora en Duha. El emir qatarí les otorgó un presupuesto promedio anual de 30 millones de dólares durante 5 años como capital inicial y los planes futuros contemplaban colocar acciones en la bolsa. Pero el progresista Emir le dio a la empresa algo más, tan importante como el dinero mismo: libertad redaccional. Para un canal de noticias, esa libertad significó el primer paso hacia el éxito en el "rating”. Y el que lo dude que mire la posición de Al Jazeera en el rating mundial. Pero esta libertad redaccional implicó sobre todo, un hecho cualitativo, conmocionó a una región donde predominan las monarquías absolutistas y otros regímenes personalistas. Aún hoy, con frecuencia, los gobiernos de la región elevan quejas diplomáticas ante el gobierno en Duha por la “mala conducta” de Al Jazeera. Sin embargo, el hombre fuerte de Qatar no se deja impresionar por los gruñidos de sus vecinos y sigue sin intervenir en la política redaccional de la niña de sus ojos. Así, crece día a día el prestigio de Al Jazeera y el del propio Emir. Ello muestra sólo un pequeño arabesco de la refinada política del mecenas. Pero ésa es otra historia.
En honor a la verdad habría que decir que la emisora no informa críticamente
sobre la sociedad qatarí y ello quizás sea el precio que paga "Al Jazeera"
para poder seguir trasmitiendo. Sin duda, Qatar tiene aspectos que criticar.
Pero… en Qatar no reina el caos ni la polarización política y social, el
desempleo no llega al 3%, Qatar tienen uno de los ingresos per cápita más
alto del mundo, similar a los países de Europa occidental, los qataris no
viven enguerrillados unos contra otros y nadie teme que una potencia
extranjera invada el país, lo mate un delincuente o ya difunto la policía le
“siembre” un par de pistolas. Por otra parte, funciona la infraestructura,
la educación y la salud son excelentes y gratuitas. Y sin embargo, muchos
qataris pueden darse el lujo de enviar sus hijos a estudiar “afuera” por
cuenta propia o becados por el Estado. Además de una larga lista de otros
beneficios sociales. Por supuesto, ante esta situación social el compromiso
de los redactores con su financista no resulta muy agobiante desde el punto
de vista ético. Y la verdad es que los muchachos de Telesur no tienen tanta
suerte como sus colegas de Al Jazeera.
Su apelativo, “La Isla”, define exactamente su situación en la geografía
mediática árabe: Al Jazeera es efectivamente una isla de independencia
redaccional en un mar de emisoras controladas por los gobiernos.
En las diferentes redacciones de Al Jazeera trabajan periodistas venidos de
diferentes naciones, que además profesan distintas religiones, sacados de lo
mejor del periodismo árabe, la pluralidad reina en la emisora. Al Jazeera
resulta una paradoja de nuestros tiempos: un régimen monárquico, cuyos
súbditos viven mejor que los ciudadanos de casi cualquier democracia,
alberga en su territorio y financia una TV que practica y predica la
tolerancia, la libertad y la modernización de las sociedades.
Pero la pluralidad no se ha quedado dentro de las paredes de la emisora, Al
Jazeera ha trasmitido entrevistas de casi todos los implicados en el
conflicto que se desarrolla en su región, entre otros, Sadam Hussein y
Condoleezza Rice, Osama Bin Laden y Donald Rumsfeld. ¿Por qué los líderes
políticos de uno y otro bando conceden sin recelo entrevistas a Al Jazeera?
Primero, porque saben que serán oídos en todo el mundo musulmán; y segundo,
no dudan que la entrevista será presentada con seriedad profesional, sin
vulgares manipulaciones. Y en este punto habría que decir que la buena
reputación de la emisora es una bendición para los millones de televidentes
que pueden ver y oír a todos los responsables del conflicto que toca
profundamente sus corazones, sacar sus propias conclusiones y juzgarlos con
conocimiento de causa. Y sin duda, esta capacidad de juicio es de sumo
interés público. ¿O no?
Además, Al Jazeera ha contribuido a aumentar la calidad de la TV estatal
árabe, se ha convertido en un punto de referencia para la región y para el
mundo. Así, en la carrera por el rating las emisoras gubernamentales de la
región tratan de presentarse tan confiables, objetivas y profesionales como
ella. Sin embargo, el peso del control estatal, hace difícil la tarea.
Mientras los comisarios políticos se rompen la cabeza para disfrazar y
vender la propaganda gubernamental como información objetiva; los
periodistas de Al Jazeera informan libre y profesionalmente y así la
inmaculada reputación de la emisora se afianza desde Yemen hasta Casa
Blanca, desde Arabia Saudí hasta las montañas de Cachemira y el Hindu Kus, y
desde allí por la zona del Cáucaso y el Pequeño Cáucaso hasta Bosnia; para
llegar hasta el barrio berlinés de Kreuzberg y más allá, a la mayoría de los
hogares musulmanes en casi todo el mundo.
Sólo en Arabia cuenta con 35 millones de televidentes. En Palestina,
mientras los palestinos pudientes, una ínfima minoría, compran
espectaculares antenas parabólicas; la gran mayoría, los palestinos pobres,
la construye con tapas de ollas forradas de papel de aluminio. Pero todos
instalan en el techo de sus casas los platos receptores para recibir la
imagen de Al Jazeera: su televisora, la que ha mostrado diaria y fielmente
la historia del palestino de a pié, y con ello, la indiferencia de un mundo
sordo.
Para unos, detrás de Al Jazeera está el MOSSAD y la CIA; para otros, Osama
bin Laden y Hamás La libertad con que Al Jazeera informa le ha granjeado no
sólo admiradores. Por ejemplo, en algunas oportunidades las autoridades de
Jordania, Kuwait y Palestina han cerrado las corresponsalías de Al Jazeera;
los gobiernos como el de Bahrayn y Arabia Saudí han prohibido temporalmente
la entrada de los reporteros a su territorio. Incluso, una vez en Libia se
“interrumpió casualmente” el servicio de electricidad en todo el país
durante la entrevista de un opositor libio en la polémica emisora. En otra
ocasión, una bomba "inteligente" americana, "equivocadamente" destruyó las
oficinas de Al Jazzera en Kabul, la única televisora que transmitía desde la
capital afgana y mostraba la otra cara de la operación "Enduring Freedom".
Para muestra un botón, como se puede ver en estos ejemplos: pocas veces la
información objetiva coincide con las intereses de los gobiernos. ¿Y cómo
podría ser de otra forma?: los gobiernos se esfuerzan mantenerse en el poder
y muchas veces la noticia objetiva pone en evidencia sus fallos, sus
inconsecuencias, sus corrupciones; devela la verdad. El que se atreva a
afirmar que hay un gobierno en este mundo al que no haya que vigilar, un
gobierno perfecto que todo lo sabe y todo lo hace bien, integrado por
ideólogos, políticos y burócratas probos y eficientes, es un cínico corrupto
o un tonto; o para decirlo moderadamente: desconoce la naturaleza humana y
los mecanismos que han regido al mundo bajo todos los sistemas políticos,
sin excepción.
