UNA VISIÓN NACIONALISTA DE LA CRISIS ARGENTINA

 

Febrero de 2006

por Carlos Manuel Acuña

 

El nacionalismo conservador no sólo tiene buenas plumas. Apunta a tener una visión conceptual y agonal de las crisis como si fueran precisos mecanismos de relojería. Esto es lógico porque es un pensamiento que se nutre de la época de los Estados -Nación, donde situaciones de amigo, enemigo y oponente eran mas claras y definidas. Hoy los contornos son borrosos. Las conspiraciones no parecen serlo. El espontaneísmo se diluye en un juego de espejos donde predomina lo mediático. A veces -incluso -sustituye exitosamente a la realidad. Vivimos en una era efímera. La era de Baudrillard, donde la ficción clona las fantasías de la realidad y a veces las supera. Este trabajo de Acuña puntualiza aspectos sustanciales de la realidad que vivimos aunque su cronología busque una conexidad de por lo menos treinta años. La Presidencia con su juego de historicismo unilateral justifica estos análisis compactos. Y repetimos, agonales en su intención.

 

Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires

 

Apreciación político-estratégica de la situación

 

Iberoamérica

(Verano de 2005/2006)

1. La Situación General
Ibero América somatiza actualmente los dramáticos y superpuestos efectos locales de:
· la guerra fría en el Hemisferio Sur y de su breve posguerra, y
· sus propias y evidentes dificultades de adaptación social para el ingreso a la actual etapa de la civilización, la del “Conocimiento”.

El mundo “desarrollado-globalizado” ha ingresado aceleradamente a posindustrialización y ha realizado sin demora los cambios estructurales que le permiten un desarrollo sostenido. (La excepción es un sector importante de la Europa “relativizada” y nuestra región).
 

La nueva etapa se traduce en:
una nueva forma de producir (en la “posindustrialización”) y en una nueva forma de hacer la guerra (las de la “tercera especie” o de la “cuarta generación”, diversificadas regionalmente en Ibero América, como “guerras civiles” y abarcadas por la guerra mundial “antiterrorista.”)

Desde el 11S01 toma formas “un nuevo orden mundial”.

Queda reflejado:
en un reordenamiento político internacional, en pleno proceso. Y, en

un nuevo mapa estratégico planetario, aun confuso, difuso e inédito.

2. La Posguerra Fría en Ibero América. (1989/91-2001).
Si tuviésemos que señalar la caracterización del efecto producido por el abrupto cese del conflicto hemisférico E-O, sobre nuestras dirigencias, podríamos definirla como de tremenda confusión.

Esta confusión trajo como consecuencias inmediatas en la región:
la aceleración del deterioro socio-cultural histórico,
la parálisis política,
la anomia social y la crisis económica-financiera,
la progresiva licuación estatal-institucional y
la continuidad de la “guerra revolucionaria” en Ibero América, con otras formas y otras tácticas, explotando el caldo de cultivo de la dramática situación imperante.

Alcanzamos, inesperadamente, un estadio decadente, ambiguo e incierto, al enfrentar el tercer milenio.

Nuestros intelectuales, desde los ’60, se inclinaron hacia las diversas izquierdas, como reflejo de los acontecimientos académicos y políticos europeos, en cuyas fuentes aun abrevan.

Orientaron la formación de nuestra juventud hacia una exitosa anarquía conceptual y a un “nihilismo” absolutamente ajeno a la energía y juventud de nuestros pueblos, aun “adolescentes”.

A todo esto se sumó la acción del Trilateralismo impulsado por el gobierno Carter y el apoyo de la Internacional Socialista, dirigido a determinados partidos políticos que volvían al ejercicio electoral en el estado de derecho, al recuperarse los regímenes constitucionales en los ‘80, luego del interregno de las intervenciones militares provocadas por la agresión revolucionaria-terrorista, conducida por el Partido Comunista Cubano, bajo la dirección de Moscú.

De esta manera, entre otros factores, la victoria en combate de los Estados-Nacionales Ibero Americanos sobre las ilegales bandas armadas, se trastrocó en un paradójico éxito estratégico-político del terrorista .

La explotación política del trastrocamiento de la derrota en combate en éxito estratégico, aun continúa su acción sobre la opinión pública de una sociedad mayoritariamente sobreviviente, a través de importantes medios de comunicación y de la gestión transculturizadora de la pseudo-educación, en todos sus niveles.

Las posguerras son siempre catalizadoras de transculturación y ese trastrocamiento del éxito de la Nación en el terreno, en una sorpresiva derrota estratégico-política, nos transfirió y transfiere aun, valores ajenos a nuestras tradiciones identificatorias. Nuestra idea de pertenencia está en duda y en grandes sectores sociales urbanos, destruida. Las consecuencias, de este hecho cultural-político, se traducen en la ausencia de ética en la Política y en desconfianza y falta de credibilidad de los gobiernos, ante su propia comunidad, o frente al extraño.

Caído el paradigma soviético (’89/’91) y desprestigiado el comunismo, la confundida dirigencia “light” iberoamericana empieza a autodenominarse “progresista”. Abandona las banderas socio-económicas revolucionarias, aniquiladas por la resolución de la guerra fría y levanta banderas culturales de reemplazo, que exhiben con éxito en las grandes megalópolis del continente. Intentan y logran “modernizar” algunos de sus valores, mientras niegan el ingreso social a la civilización del “conocimiento”, que exige una actitud competitiva.

Así, por esa vía, esta impronta dirigencial ha derramado sobre las sociedades sumergidas la corrupción estructural y funcional y, en consecuencia, los electorados van perdiendo la fe, la esperanza, el crédito, la economía y los mercados, entre otras cosas.

Nuestras grandes concentraciones urbanas yacen bajo las directrices políticas y estratégicas del “Foro de San Pablo” y los ciudadanos, masivamente, lo ignoran. La población urbana ha votado, asiduamente desde los ’80, bajo la indirecta conducción de una comunicación social perversa y mercantilizada.

Es esta “dirigencia progre o light” que supimos conseguir, la que irresponsable y demagógicamente no exige esfuerzos, orden, dignidad ni cumplimiento de norma alguna al pueblo que victimiza y es la dirigencia que acomoda a la perfección a una cultura débil, relativizada y contractiva, desarrollada por la sociedad consumista que no asume riesgos, proyecta culpas hacia afuera y especula, hasta con los bienes de sus propios padres.

La indisciplina social, la inmoralidad pública y privada, la inseguridad, la caída vertical de la educación y de la salud pública, la licuación institucional, no son aun lacras suficientes para lograr una reacción razonable del mandante o para contener el caos social, con el relevo de las dirigencias extraviadas. El grito de un momento, aquel “¡que se vayan todos!”, quedó acallado por la promesa populista.

La conmoción afectiva provocada por los secuestros y asesinatos y la ideología promotora del caos, no se han trasladado a la razonabilidad electoral. Este activo sector social-urbano “posmoderno”, que “no se quiere a sí mismo”, “tiene el alma disecada”. Nos conduce a una progresiva y enmascarada autodestrucción.

La pasividad comunitaria, inconsciente e irresponsable, tiene su correlato inexorable en el alto nivel alcanzado por el crimen, el escándalo y la vulgaridad. La pérdida del lenguaje, del respeto y de la familia, constituyen barómetros sociopolíticos de la circunstancia situacional iberoamericana.

Ha surgido, en la posguerra fría, un “progresismo” criollo, trasgresor, laico y políticamente nulo, consecuencia del “entrismo setentista” en los partidos tradicionales, actualmente en disolución. El “estado de asamblea”, es permanente.

Con una ideología ambigua y un discurso democratista vacío y voluntarista, los revolucionarios “soft” han reemplazado al fusil (que quieren expresamente incorporar a los museos de la memoria hemipléjica) por la urna “condicionada”, eliminando con el “discurso abstracto” a la acción arquitectónica de la Gran Política, para alcanzar un futuro esperanzado.

La acción comunicacional y publicitaria, perversa y retrógrada, elimina a la esperanza, al progreso y a la sinergia comunitaria. La despolitización de la juventud, la ausencia de representatividad y participación política y su reemplazo violento y agresivo por la protesta organizada, permanente y subvencionada, son las notas alarmantes de la cotidianeidad violenta y constituyen la validación del juicio expresado.

La incomprensión del momento histórico-circunstancial que transitamos, transforma en autistas irresponsables a muchos de nuestros dirigentes, que festejan y se concentran en las luces de bengalas que denuncian que el casco está quebrado. Sin embargo, el baile en cubierta sigue. No hay reacción y no hay reformas estructurales.

La causa central de la crisis generalizada que nos agobia, es cultural y política.
Sus múltiples efectos, son sociales y económicos.
Las víctimas principales son: el estado-institucional y el desarrollo socio-político.

3. Las Dificultades Regionales para el Ingreso a la Civilización del Conocimiento
Los “cambios cualitativos” producidos por el pasaje progresivo y acelerado desde la civilización industrial a la posindustrial, exigen algunas condiciones insoslayables, a cumplir puntualmente, para evolucionar favorablemente.

En Ibero América solo Chile pareciera haberlas entendido. Son las siguientes:
Recuperación de la identidad. (La cultura – la ética).
Recuperación de las Instituciones. (El estado, en todos sus niveles).
Recapacitación de la masa laboral activa. (La dignidad y el trabajo y la innovación).
Recuperación de la Educación, en todos sus niveles. (Formación espiritual).
Recuperación de la Instrucción. (Destrezas productivas competitivas posindustriales)
Dirección y presencia de la Virtud, en los todos medios de comunicación. (Opinión pública)

Mientras se socorre, en lo inmediato, a los sumergidos sociales, se deben seleccionar los líderes locales para alcanzar los objetivos futuros, con un relevo generacional.

La recuperación de las virtudes fundacionales de nuestra nacionalidad, la recta conducta y el esfuerzo, deben acompañar a la asistencia humanitaria, a la educación y a la instrucción del conjunto social, sin excepción. La virtud debe reemplazar al egoísmo.

La acción es difícil y plagada de conflictos. Debemos confiar en los argentinos, pues en el pasado ya han demostrado capacidad de reacción ante la adversidad. Entendemos que muy probablemente hayamos alcanzado o estemos muy cerca de “el punto culminante de reversión”, señalado por Luttwak.

El progreso sustentable solo será posible si recuperamos un cimiento cultural sólido. Se lograrán así las instituciones necesarias para avanzar sostenidamente. Habremos comprendido cuál es la nueva forma de asegurar a nuestros ideales e intereses y de producir con la última generación de medios. Contamos con las personas y los insumos para hacerlo. Carecemos de la organización solidaria de los talentosos y de la aceptación de la ejemplaridad de los virtuosos.

4. La Nueva Forma de Hacer la Guerra.
Mientras se inicia la ardua tarea de recuperación social, cultural y educativa-instructiva, es necesario lograr una cobertura de seguridad, frente al riesgo estratégico presente.

La situación estratégica iberoamericana está en proceso de continuo agravamiento. Se encuadra y origina en regímenes políticos débiles. Estados desarticulados. Instituciones malversadas. Antiguos conflictos irresueltos. Nuevos riesgos ignorados irresponsablemente o sostenidos en complicidad. Dictadores despechados y fracasados que aspiran volver al pasado y pasar a la historia. Y bien sabemos que en Política, nos hay retorno.

El narcoterrorismo, asociado con macroterrorismo, con el crimen organizado y la revolución doméstica fracasada, ha hecho metástasis. El insumo energético no recuperable le permite hoy su relanzamiento, lo impulsa y acelera. El indigenismo radical, el nacional-populismo, las doctrinas de la liberación, la protesta subsidiada y otras acciones anarco-discursivas, constituyen los caminos por los que avanza la “nueva revolución socialista”.

El mayor riesgo estratégico iberoamericano, es la supervivencia de los estados.


El objetivo operacional principal del “enemigo sin rostro”, es la creación de los “espacios sin ley”.


Las tropas de choque desplegadas se organizan con los grupos marginales, subsidiados y sostenidos por dirigencias políticas extraviadas.


El delito común ha pasado a ser un instrumento estratégico.

Todos los aspectos citados conforman el espacio (caldo de cultivo) de la nueva guerra y los agresores no estatales de la “nueva guerra asimétrica” han ingresado, en el tiempo, a las “preliminares de la batalla” de lo que ellos llaman “guerra social”.

La inédita naturaleza de la guerra continental en acto, técnicamente definida como “Guerra de la Tercera Especie” o “de la Cuarta Generación”, se desarrolla en el marco de la “Guerra Mundial Antiterrorista”, la segunda guerra mundial que se plantea en ambiente químico – biológico - nuclear y la primera en la que no opera ningún tipo de disuasión. Ello nos coloca en una situación impredecible y exige apelar a un máximo grado de creatividad, para asumir los tabúes de la innovación preventiva.

Las operaciones se han evadido de los teatros de operaciones militares. Han ingresado a los espacios sociales. Las bajas son civiles y superan a las estadísticas tradicionales de las guerras convencionales. Occidente debe lograr su unidad actualmente quebrada y emplear, inteligentemente y sobre esa base, su “soft-power” y su “hard power”, como condición de éxito, frente al desafío que le obliga a salir de sus mitos.

En términos políticos, Ibero América es un reflejo de Europa. El nihilismo, el hedonismo y la evasión discursiva que irradia un sector de Europa en la posguerra fría, ha sido fatal para los jóvenes pueblos iberoamericanos subdesarrollados. En ellos está localizado el 50% del catolicismo mundial, están las reservas creadas por una fe amasada por los conquistadores españoles desde fines de la Edad Media, previa a las reformas. Hoy carece de rumbo, de inserción y de dirigencias lúcidas.

Bouthoul señaló, con todo acierto, que no ha habido transición de civilizaciones sin guerras. Estamos en presencia de las que corresponden a la presente etapa de la evolución humana, a través de un proceso acelerado de cambios cualitativos. Nos abarca y determina una nueva y difícil guerra mundial, que adopta formas específicas entre nosotros. Hasta el momento no tienen consideración ni registro por parte del Estado ni por las dirigencias políticas, que hayan sido puestas en conocimiento del soberano.

Comprender su esencia y responder con eficiencia conceptual a los desafíos que presenta su resolución es la difícil, pero no imposible tarea que se nos impone. Con el auxilio de Dios, ayudaremos a lograrla.
 

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