Febrero de 2006
Por Gabriela Pousa *
"Por más voluntad que se ponga, nada cierra."
Decía Disraeli que ningún gobierno puede estar seguro por largo tiempo sin
una real oposición y, a esta altura de las circunstancias -cuando pasaron
casi tres años de administración K-, no terminan de aflorar síntomas
derealidad en los bloques que se suponen opuestos a la política oficial.
No esprecisamente cargando una bandera nacional y dando un abrazo simbólico
al Palacio de Justicia como los argentinos quieren ver a Mauricio Macri o
Elisa Carrió. Sin embargo es así, únicamente, como se los vio.
Desde ya que un absurdo no es un obstáculo en materia política, razón por la
cuál es de esperar que se los vea con mejor ahínco a la hora de debatir
en el Congreso la reforma al Consejo de la Magistratura que pretende
corroborar el atropello institucional que viene cometiendo el actual
gobierno.
En lo que respecta al gabinete nacional, información hay poca. No por los
rumores de censura sino más bien por la ausencia total de cohesión entre los
miembros del gobierno. El conflicto desatado en Entre Ríos a raíz de la
construcción de las fábricas de celulosa en Uruguay abrió aún más la brecha
entre los ministros y el Presidente: éste no halló una voz válida que
trajera la solución al problema y cerró su círculo íntimo limitado a
unos pocos secretarios privados.
Mientras tanto, Carlos Zanini sigue firme en su promesa: le aseguró al jefe
de Estado una plaza de Mayo repleta de adherentes para cuando se cumplan los
tres años de gobierno. Para tal fin, planean un ensayo previo que tendrá
lugar el 24 de marzo, fecha en la que, el gobierno volverá a ratificar su
"política" de derechos humanos, como es su costumbre limitados a los de
su bando.
Los mega-anuncios de todos modos, quedarán solamente en el recitado maniqueo
del jefe de Estado. Kirchner sabe que la tranquilidad aparente terminará de
desvanecerse con el receso de verano. Marzo no viene fácil y no hay
demasiado margen para abrir nuevos frentes.
En ese sentido, no resulta muy consistente creer que militares
detenidos vayan a parar a cárceles comunes. El sistema penitenciario ya
tiene un déficit extremadamente alto y en el gobierno lo saben.
Pero Febrero aún tiene su tiempo y en el mientras tanto, las maniobras
oficiales para mantener el clima playero buscan cerrar los agujeros negros
del gobierno. Y es que nada es transparente y, todo cuánto sucede tiene
siempre un tufillo a podredumbre capaz de ser percibido.
Sin ir más lejos basta observar cómo, de la noche a la mañana, se "resuelve"
el mentado robo al Banco Río y de las versiones acerca de una banda
internacional con pericia en la materia pasamos a tener un par de
"sospechosos" descubiertos por el recitado telefónico de sus sentimientos el
día de los enamorados. Poco creíble y menos serio.
No sólo se esfumaron en la cara de la policía los delincuentes cuando
sucedía el hecho sino que también han desaparecido -por obra y gracia de la
necesidad oficial-, los cerebros profesionales que planificaron "una
logística imposible de descifrar".
Los ingenieros, los ex agentes de inteligencia, los miembros retirados del
Ejército y toda la sarta de "certezas" que el Ministro León Arslanian junto
al gobernador bonaerense Felipe Solá, comentaron que actuaron en su momento,
ha quedado únicamente un ex presidiario con fabuloso prontuario pero
que andaba tranquilamente suelto. La actual historia del "descubrimiento"
tiene menos credibilidad que las novelas de Corín Tellado o los cuentos de
Peter Pan.
Claro que la última palabra la tiene la gente y el problema real radica
ahora en lo que ésta, finalmente, "comprará" como "la verdad". En este
aspecto, el pueblo también está dejando mucho que desear y no ocupa siquiera
el rol amnésico de una oposición parecida al plantel de Boca Jr.: "No
encuentran su juego"
Para rematar esta oleada de hechos oscuros surgen los "arrepentidos" que
nunca faltan en el escenario coyuntural cuando las cosas no son como el
gobierno las planeara. Así de repente, un legislador zamorista descubre que
el juicio político a Aníbal Ibarra tiene escenografía circense y con su
renuncia deja vacante el papel del payaso cara triste. No suena a mero
escepticismo descreer que tal situación se dé naturalmente.
Nada encuentra un devenir medianamente normal en la Argentina y los finales
se dilatan interminablemente. En consecuencia, prever que la historia canse
antes o después, no amerita demasiado criterio. Y los argentinos sabemos ya
qué sucede cuando el hartazgo gana protagonismo. El "cuándo" sigue
siendo el interrogante sin respuesta que sacie.
A esta sumatoria de acontecimientos turbios se suma el anuncio de Telefónica
raramente trascripto en la mayoría de los medios. La empresa no habló de
cesación del juicio contra el país sino de postergación del mismo y faltó la
entrelínea dónde se deja leer el incremento de tarifas en el servicio.
Por último -aunque queden hechos en el tintero- los dichos de la
ministra de Economía, Felisa Miceli duraron lo que dura el fresco este
verano: el mismísimo Presidente, verdadero titular de la cartera, negó toda
posibilidad de realizar variantes impositivas. ¿A quién creerle?
Quedan, desde ya sin resolver, una infinidad de problemas de los cuáles
adquiere siempre preeminencia la inflación. Parece que el bolsillo,
únicamente, puede hacer caer un gobierno. Se cambió un listado de precios
artificiales ajenos al mercado por la solución. Pero hasta el 2007 puede que
la cosa tire y, en consecuencia, no hay de qué preocuparse, al menos eso
dicen en Balcarce 50.
"Nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen
loshechos" Napoleón
(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del
Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE)
