Febrero de 2006
por William Ratliff (*)
Hace más de 25 años que Deng Xiaoping desvió a China de la revolución y
hacia la globalización. Enfocó los objetivos nacionales hacia el desarrollo
y la estabilidad económica. Las relaciones extranjeras chinas, incluyendo a
Venezuela, se conducen discreta y mesuradamente para promover esos objetivos
nacionales.
La energía es un elemento crítico en el desarrollo chino y su política
energética es pragmática. Pekín se acerca a todos los productores
petroleros, incluyendo a Unocal en EEUU y a Arabia Saudita, como también a
los países parias como Irán, Sudán y Venezuela.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, que se autodesignó sucesor de Fidel
Castro, es uno de los caudillos más pintorescos de un hemisferio conocido
por líderes más tenaces que inteligentes. Chávez es un engreído ideólogo que
bajo la bandera del antiimperialismo ansía extender su influencia. Como se
han multiplicado los ingresos petroleros venezolanos, Chávez utiliza ese
dinero dentro y fuera de su país para aumentar su poder y, mientras China
construye un sistema económico diversificado, Chávez –siguiendo la tradición
de los caudillos latinoamericanos– reparte el botín en lugar de crear las
instituciones y oportunidades que hagan posible mantener el crecimiento
después de que termine el actual auge petrolero.
China ha aprendido la dura lección de que el "socialismo revolucionario"
destruye las naciones y el acercamiento de Pekín a Chávez no es por su
socialismo sino a pesar de ello. Para seguir creciendo, China requiere
asegurar su intercambio comercial en un mundo razonablemente estable y a
Pekín no le conviene un hemisferio occidental arrasado por un caos anti-norteamericano.
Si le preguntamos a los chinos por qué cortejan a Chávez, nos responderían
que por el petróleo. Venezuela tiene las mayores reservas petroleras fuera
del Medio Oriente y es el quinto mayor exportador. Pero los arreglos con
Venezuela significan gran trabajo e inversiones porque China no cuenta
actualmente con refinerías que puedan utilizar el petróleo pesado venezolano
y la distancia es grande. Venezuela anunció un programa de siete años para
ampliar su flota de 21 a 58 buques cisterna, pero los grandes tanqueros no
pueden utilizar el Canal de Panamá. El presidente de Colombia, Álvaro Uribe,
acordó con Chávez la construcción de un oleoducto hasta un puerto del
Pacífico colombiano.
Sin embargo, el embajador chino en Caracas declaró en agosto que "el mercado
natural del petróleo venezolano es América del Norte y del Sur". Con éste y
otros comentarios, el embajador parece indicar que China no está todavía
convencida de la seriedad y competencia del gobierno venezolano en un
proyecto tan grande y tan complejo, además de no querer que China sea
utilizada en las peleas de Chávez con Washington.
Sin embargo, a Washington le preocupa que Chávez lleve adelante sus amenazas
de desviar el petróleo venezolano hacia China. En diciembre, Venezuela
exportó 140.000 barriles diarios a China, para asfalto, y voceros del
gobierno venezolanos dicen querer cubrir entre 15% y 20% de las necesidades
petroleras chinas.
Otros analistas ven amenazas siniestras. Por ejemplo, Venezuela ha recibido
equipos de radar y está comprando sistemas chinos de comunicación por
satélite. Pero China no fomenta tales ventas y Chávez compra armamento a
Rusia y a todos los que quieren venderle. Su misión es la revolución
socialista y antiimperialista y con ese fin hace negocios con cualquiera.
Como explicaba recientemente, en una entrevista, el ex embajador de
Venezuela en la ONU, Milos Alcalay, mientras que Chávez está empecinado en
la lucha ideológica, China opera desde una base práctica y no desde una
perspectiva ideológica. Y como la ideología a menudo va en contra de la
eficiencia y de la competencia, los líderes chinos tienden a rechazarla.
(*) William Ratliff es académico de Hoover Institution y autor de "China's Lessons for Cuba's Transition" (University of Miami).
