Marzo de 2006
Por Edgardo Arrivillaga
Trescientos setenta organizaciones de derechos humanos, piqueteros
antigubernamentales y residuos nostálgicamente monárquicos de la doctrina
paleomarxista del Pacto de Varsovia juntaron unas treinta y cinco mil
personas en la Plaza de Mayo. Las cifras son inapelables: la Policía Federal
sabe que en esa Plaza apta para la coreografía de masas solo cuatro personas
pueden instalarse por metro cuadrado.
Pero al contemplar esa Plaza recordé otra instancia en ese mismo lugar. Fue
cuando Perón, tan anciano y desgastado como las madres de Plaza de Mayo,
tuvo que arrojar a los montoneros de la Plaza.
Es que entre madrugadas y ponientes de la crónica argentina hay
coincidencias bastantes notables. El gran conductor de la historia argentina
del siglo pasado fue desafiado por los jóvenes, superficialmente peronistas
que querían un modelo revolucionario adaptado no solo a los setenta sino al
tercermundismo vigente en los setenta y a la fusiladora iconografía
guevarista. La paradoja de las Madres, esos personajes yermos,
anticuados, un poco lorquianos, mas cercanas a las curas de sal contra el
reumatismo,a los mimos y a los masajes preventivos, a las pulseras
cupríferas para las articulaciones, que a las vanguardias revolucionarias
piqueteriles, se encontraron desbordadas por un puñado de adolescentes
tardíos y de algunos lumpenes mas o menos encuadrados por organizaciones de
periferia que no solo no fueron a reivindicar la lucha de los derechos
humanos del pasado que aprendieron en el cine y en los libros, sino
que apuntaron a la propia violación de los derechos humanos del actual
gobierno. En esta situación podemos visualizar las dificultades de la
gerontocracia en la época de internet y la comunicación mediática cuando
pretende dirigir a las vanguardias juveniles.Los reflejos son lentos. Y la
Carlotto no es Jagger.
El presidente, junto con sus funcionarios, previamente alertado de como
venía la mano desde el día antes, se barricaron en los confiables
muros del Colegio Militar de la Nación. Y de esta forma curiosa Kirchner fue
a pedir asilo político a la propia embajada del enemigo. Un enemigo que
podía garantizarle cierta seguridad en función de la disciplina y la
verticalidad que el presidente cuestiona en su táctico y mítico disfraz y a
la vez confuso análisis retrospectivo del pasado y de su propia historia. El
Presidente jamás militó por los Derechos Humanos, nunca se interesó
demasiado en el asunto y se dedicó a los negocios y nada mas. Su militancia
tiene también la previsión del olvido.
Pero nada es inocente y así de una forma casi diagonal si analizamos la
propuesta kirchnerista siempre oscilante entre el progresismo del pasado y
el núcleo duro del capitalismo desarrollista para-estatal del futuro
argentino-sus socios en palabras simples - Kirchner se encontraba con su
inevitable destino sudamericano.
En estas tierras la seguridad es un problema policial y en última instancia,
como en el Brasil, militar. Y las plazas, simpáticas cuando están vacías,
preanuncian peligrosos signos del calentamiento global cuando se llenan de
política.
La gente que estaba en la Plaza de Mayo quería una Opera Rock o algo
parecido a Marat-Sade.Con castigos y violaciones actuales de derechos
humanos hacia otros argentinos -los vivientes - y una interpretación de la
historia que abarca mas o menos medio siglo. Los militares le dieron al
Presidente y a sus desconcertados funcionarios -las máscaras, disfraces y
caretas varias entre ellos estaban a la orden del día - el clima de
fanfarria, de orden y de vals que semeja tanto al estable Congreso de Viena.
Semeja también al equilibrio post Caseros que el Presidente es incapaz de
articular hacia adentro en pos de un proyecto nacional unificador por que ha
basado toda su campaña y crecimiento político en la incineración
displicentemente pagana del otro. Tardío rictus juvenil.
Bueno, ahora los jóvenes, incluyendo al inevitable psicópata alcoholizado,
que se trepó a las rejas que defendían lateralmente a las madres como, en
otros tiempos, un vidrio blindado separaba preventivamente a Perón del FAL
de los montoneros, han elegido colocar al propio Kirchner en esa inacabable
hoguera en donde se van incinerando lentamente los cada vez mas frecuentes,
demográficamente incontenibles, traidores a la patria.
Paradoja argentina. No solo las izquierdas están desunidas.
No solo los derechos humanos están divorciados entre socialdemócratas transformistas y piqueteros. Ya es muy difícil proponer una terapia de pareja cuando el marido se escapó con la amante sino que este país parece tener una persistente capacidad de generar traidores a la patria. Jamás un patriota, jamás un argentino meritorio. Todos a la larga obstinados traidores a la patria.
Otra enseñanza para el Presidente amateur. Cada gobierno estrena en la
transición democrática. Cada elección es un acto transicional hacia algo aún
indefinido y ya un poco repetitivo que genera su propia patrulla de
traidores a la patria volcados hacia el pasado.
Al margen de si esto terminará en una ópera rock o en un vals consensuado
con un Kirchner mirando hacia el centrismo reasegurante que le propone gente
de la iglesia y algunos militares, es evidente que los derechos humanos
pronorteamericanos de la época de Jimmy Carter -otro anciano, dedicado a los
problemas del SIDA en lugares como Sudán o Costa de Marfil o a supervisar
elecciones en lugares improbables- herederos inevitables de los acuerdos de
Helsinki, filosóficamente y estructuralmente antisovieticos, nada tienen que
ver con la guerra de Irak, los problemas del pueblo palestino, los
interrogatorios en Guantánamo, el destino de los pueblos indígenas
cuando llegó la caballería española o la resurrección del marxismo leninismo
desde las supersticiones de la periferia latinoamericana. Mucho menos
con la desocupación, la revolución tecnológica y el despliegue capitalista
con sus hallazgos, sordideces, éxitos y artificios.
Los militares salvaron a Kirchner de un gran escrache en una Plaza de Mayo
muy poco confiable. El Presidente repitiendo exactamente lo que ocurrió con
Blumberg eligió un lugar seguro porque tiene la certeza de que es incapaz de
controlar a su tropa no rentada.
No podemos anticipar si esto tendrá algún reflejo electoral, ya que la
coyuntura argentina se mueve por cifras de bolsillo y no por proyectos
macroeconómicos o sociales de largo plazo. Pero lo cierto es que el
discurso de las madres está fracturado ante el mundo. El victimismo
argentino también entra en un rápido default. Tercer acto de esta Opera
Rock: el canciller Taiana llevó a un contingente de embajadores extranjeros
con sus mujeres bien perfumadas y coquetas a visitar las instalaciones
limpias y desinfectadas de la ESMA como si se tratara de una visita a las
catacumbas romanas. Pero este cronista no ha podido constatar si alguno de
estos representantes de países que han sufrido carnicerías humanas varias y
por siglos se hayan llevado una sola piedra de recuerdo.
