CINE

 

Marzo de 2006

por Edgardo Arrivillaga


Ayer murió Marguerite Duras. Un icono de la buena literatura lanzada con una respiración especial al cine.Casi podríamos decir que nació para el cine o al menos para el cine francés, hecho todavía de palabras, en contraposición del actual cine americano -lejos de los cowboys y de la zaga pionera- y mas cerca del barroco insolente y francamente aburrido de los efectos especiales.


Es lógico. Es lo que los jóvenes buscan y en eso los jóvenes de hoy se parecen a los dioses griegos con algunas diferencias- carentes de arete y de todo heroísmo sus cuerpos no serán llevados sobre sus escudos -,hace falta coraje para eso, sino mas bien se apilaran en las morgues saturadas de drogas, de jeringas, de trasvasamientos y efluvios varios.  Material de supermercado para injertos de ultima hora.


En el mismo día la clase media argentina -admiradora de la Duras -se convocó para defender los intereses del señor Ibarra, un Gitanillo rastrero y simpático que desde hace meses desarrolla un extraordinario mecanismo de prestidigitación para, por medio de trucos legales de torero barato,  sobrevivir en su puesto hasta el 2007. Se parece mucho al general Videla en todo eso.
Ambos creen en el valor de lo jurídico, de lo abstracto,  pero en este caso el Gitanillo tiene mejor sensibilidad para la gilada de medio pelo.


Abandonado por la presidencia primero, ahora el presidente postperonista lo apoya imprevistamente según resultados de encuestas mas o menos oficiales.


Es lógico. Menos lógico es que gente como Macri, como Enríquez lo apoyen como languidos vouyeristas del cine porno, a lo lejos. 


Hay razones de buen calculo para ellos A Macri le conviene el Gitanillo para enfrentarlo en el 2007 e imprevistamente enrrostrarle la masacre de los niños, mientras en el ínterin continua haciendo buenos negocios, sobre todo inmobiliarios y de construcción con la administración de izquierda. A Enríquez, un experto en la partición homeopática de los contratos, s un hombre de la derecha radical que cimentó su carrera en la cuidadosa persecución de los travestís. Elemento turístico de la Ciudad y de todas las grandes ciudades turísticas que casi nos hace sospechar una admiración enriquiana por todo lo que esta detrás y escondido. Ocre y naranja son los colores de moda en el diseño ligth.


Simultáneamente,  el George Hamilton de la política argentina, Jorge Pereyra de Olazábal,  que debe su éxito a dos personas -Carlos Menem y la familia Hirchs - se arrima a los intereses de Julio De Vido.


Casi al mismo tiempo, ya se sabe que la Fundación Neuman prepara un gran espectáculo liberal en Buenos Aires, prolijamente presidido por Mariano Grondona, una garantía de equilibrio aunque desde luego tendrá menos espectadores que los Stones.
 

De todo estos hechos cinematográficos el buen cine esta en la obra dura y ascética de la Duras. Sus encamadas bien narradas y retóricamente declamadas con el japonés en Hiroshima y bien filmadas por Resnais, el marido derechista de la única hija supérstite de Andre Malraux, tienen mas valor que el auto de (mala) fe de los improvisados hijos de papa que están ocupando espacios.


Pero hay algo significativo en todo esto. La clase media argentina de la Ciudad de Buenos Aires sigue apoyando causas que no son las propias. Es infatigable en eso.  Apoya la abstracción,

el discurso vacío, las caídas de ojos del Gitanillo de pilosidad capilar mal injertada y nada de eso tiene en verdad ningún sentido.


Afortunadamente la peste aviar queda como esperanza final y si se concentrase en los políticos argentinos el país podría tener alguna esperanza.


Por ahora tendremos que aguantarlos.


Afortunadamente en el 2025 ninguno de nosotros -ni ellos ni nosotros-andará por acá.


Un motivo mas para lamentar la muerte de la Duras que como escribía bien, no necesitaba ser intermediaria de si misma.


Era una hugonote de verdad.
 

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