GAS ARGENTINO PARA CHILE SOLO EN CUENTAGOTAS

 

Marzo de 200


Michele Bachelet, flamante presidenta de Chile, visitó nuestro país en su primer viaje internacional como titular del Ejecutivo del suyo (antes de retornar a Chile, estuvo en Montevideo, para intentar equilibrar frente al conflicto por las papeleras).

Todo muy lindo, sonrisas por doquier, discursos civilizados. Los anteojos polarizados de la médica chilena son hipermodernos.

 

Pero además, entendiblemente, esta mujer quería una definición sobre el tema gas. Es decir, sobre el futuro de las ventas de gas argentino a Chile. Las cuales se habían desarrollado durante la década de 1990, y fueron unilateralmente disminuidas por nuestro país, como consecuencia de la “pinza” que generó el aplastamiento de las tarifas locales, tanto sobre la exploración y explotación, como sobre el consumo interno.

La respuesta oficial a la pretensión chilena, es que nuestro país le asegurará la provisión de gas a los hogares chilenos, no necesariamente a su actividad productiva. Esto quiere decir hacer una estimación del número de hogares a los que podría llegar al gas argentino, estimar un consumo promedio, y enviar dicho volumen… y que los chilenos decidan si lo distribuyen entre sus hogares o entre sus industrias. Suponiendo que ello pudiera llegar a saberse, porque probablemente el gas en Chile esté interconectado.

Es probable que la señora Bachelet no se habrá desilusionado por la respuesta argentina, porque ello implicaría que se ilusiona fácil.

 

Un gobierno que actúa de manera absolutamente cortoplacista, no puede asegurarle nada a nadie. Los chilenos harán bien – hace tiempo que lo están haciendo- en diversificar las fuentes energéticas que alimentan sus hogares y su actividad productiva.
 

Y es bastante razonable que hayan declarado que el Mercosur no respondía exactamente a sus intereses.
 

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