24 DE MARZO Y RICHARD KIMBLE

 

Marzo de 2006

Por Edgardo Arrivillaga


Mientras miles de porteños y habitantes del interior se embarcaban para pasar el fin de semana largo en centros turísticos de todo el país, en el gobierno se planteaban a modo de análisis retardado de daños y perjuicios,  si valió la pena forzar la máquina para que el Congreso declarase feriado nacional el 24 de marzo.


Los actos iniciaron con un visible estado de anemia y de apatía y solamente la televisión oficial, sin desplegar jamás una panorámica sobre la cantidad real de asistentes a los recitales pudo mantener en vilo una situación ya tan lejana que se parece a la batalla de Azincourt que enfrentó a normandos con sajones.

 

En lo estratégico,  los actos tenían el objetivo de mantener fresca la memoria y a la vez mantener viva la tristeza, la autocompasión, la perdidosa intimidad de argentinizar a la ciudadanía sobre los efectos del quiebre constitucional de 1976 y sus ulteriores consecuencias, pero el tema tuvo exactamente su contrarrelato en lo social. Así como el crecimiento del país se estrella contra las criticas de los distribucionistas keynesianos, las organizaciones de Derechos Humanos actuaron y actúan en la desbandada.


El feriado fue reprobado y solamente movilizó a algunos ejércitos de caducos sexagenarios que tienen sus historias personales que contar. También a los jóvenes que convirtieron la larga guerra retrospectiva contra el ultimo golpe militar argentino antes de la disolución del partido militar creado por Justo y Perón en el sueño de los jóvenes héroes de los recitales modernos. El escepticismo desesperanzado y brutal de Michel Houellebec ha derrotado a los Saldías modernos y eso ya es una buena noticia.


Ocurre que entre las señoras Nora de Cortiñas y Hebe de Bonafini, presidentas respectivamente de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y de Madres de Plaza de Mayo, y el inevitable Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), de fuerte ligazón ideológica con el primer mandatario vía el ala izquierda de la inteligencia americana y su representante local Horacio Vertvitsky y Adolfo Pérez Esquivel, sorprendente Premio Nobel de
la Paz, se alinearon muchos que a la hora de los hechos temían apuntar sus reflectores sobre un pasado que ya ha hecho su tiempo.


El calendario, a su vez, no ayudo al presidente: el primer feriado nacional en recordación del 24 de marzo cayó en viernes, y muchísimos argentinos no desaprovecharon la ocasión para asumirlo como un feriado largo y convertirlo en minivacaciones en la costa o en las amables sierras. Fue una forma de purgatorio no previsto por la presidencia y en ese sentido ya podemos anticipar que dejando de lado la guerra cultural todavía en marcha los verdaderos combatientes comienzan a sentir serios efectos de vasectomía.


El golpe comienza a no poder reproducirse de forma suficientemente eficaz y hay cierta extraña simetría entre la decadencia del peronismo histórico, representado por Duhalde en las ultimas elecciones y la decadencia de la imagen del proceso.


Ninguna de las dos figuras históricas -ni una plaza ni la otra -convoca demasiado fuera de los aparatos y por el contrario se autorefuerzan en caída libre en una clara percepción de que la memoria, la histórica, la real y la sangre se diluyen en la futilidad fortuita del pasado. Síntesis, el 17 de octubre es un hecho lejano e importante, el 24 de marzo de 1976 también. Pero ambos pertenecen a las ásperas auroras y ponientes de la historia argentina del siglo pasado.


El Presidente fue apresurado, desaconsejando los análisis de inteligencia que apuntaban a ver el desinfle colosal de los juegos de guerra en democracia y ordenó celeridad a sus diputados y senadores, quienes le obsequiaron la ley del feriado en tiempo récord en una demostración clara de que la partidocracia es acritica aun cuando se trata de autoincinerarse.


Ultima joya de la corona,  el general Bendini no pudo resistir los asedios de la señora Ana Lucioni, quien pensaba encadenarse en el Estado Mayor antes que permitir que las placas conmemorando a los guerrilleros de los setenta se plantasen en los mármoles en donde revistan los nomnbres de oficiales, cuadros y personal de tropa abatido por la subversión. Luego de un tenso dialogo con el jefe de inteligencia del Ejercito, la señora fue recibida por el general Bendini quien nada pudo hacer frente a la obstinación dialéctica de la dama. Circunstancialmente el almirante Godoy que acompañaba a una delegación naval española presidida por un almirante, fue emboscado por un grupo de viudas e hijas de la fuerza que lo hicieron retroceder a los gritos de....¡¡¡¡¡¡al abordaje!!!! Godoy tuvo que buscar refugio mientras el personal de la marina permanecía en posición de firmes y los españoles sin entender demasiado de que se trataba la cosa solo atinaron a mascullar !!!!cojones!!!! Estos hechos motivaron que el presidente trasladara la ceremonia principal al Colegio Militar de la Nación, único Alcázar argentino que podía brindarle seguridad a un hombre que padece de claustrofobia y que comienza a no sintonizar de forma muy claramente perceptiva con la casi incestuosa guerra de los setenta. Las consecuencias de ese distanciamiento son visibles : los organismos realizan manifestaciones por su cuenta. Los funcionarios del gobierno comienzan a diluirse, tanto en la Plaza de Mayo como frente al Congreso y los intentos de convertir lo fastos ya cenicientos del proceso en el relazamiento de la candidatura de Kirchner quedaran para otro momento.


Los objetivos algo turbios de Compromiso K, la agrupación que se apresta a dar batalla nacional por la reelección de Kirchner, quedó en el camino y el gobierno no ha logrado mientras escribo estas líneas dirimir los problemas entre las señoras Bonafini y Cortiñas históricamente enfrentadas por los avaras vigilias en las que han discutido la vigencia de los fondos que reciben para mantener vivo el pasado en una fáustico ejercicio de clonación que comienza a ser indiferente en todo el mundo.


Otro tema no menor fue la comprobación de la imposibilidad de reunir en una era de televisión que nos amplia cómodamente el campo de batalla pero desde nuestra propia casa,  a activistas y partidos políticos que justificaran la presencia del presidente en el balcón.


Detalles menores y circunstancias patéticas al margen la pompa y circunstancia ha fallado a la cita histórica con los aliados bien pensantes del kircherismo militante en el campo de los Derechos Humanos.


Y el monumento al militante desaparecido se esta pareciendo a Richard Kimble.

 

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