Marzo de 2006
Por Edgardo Arrivillaga
Mientras miles de porteños y habitantes del interior se embarcaban para
pasar el fin de semana largo en centros turísticos de todo el país, en el
gobierno se planteaban a modo de análisis retardado de daños y perjuicios,
si valió la pena forzar la máquina para que el Congreso declarase feriado
nacional el 24 de marzo.
Los actos iniciaron con un visible estado de anemia y de apatía y solamente
la televisión oficial, sin desplegar jamás una panorámica sobre la cantidad
real de asistentes a los recitales pudo mantener en vilo una situación ya
tan lejana que se parece a la batalla de Azincourt que enfrentó a normandos
con sajones.
En lo estratégico, los actos tenían el objetivo de mantener fresca la memoria y a la vez mantener viva la tristeza, la autocompasión, la perdidosa intimidad de argentinizar a la ciudadanía sobre los efectos del quiebre constitucional de 1976 y sus ulteriores consecuencias, pero el tema tuvo exactamente su contrarrelato en lo social. Así como el crecimiento del país se estrella contra las criticas de los distribucionistas keynesianos, las organizaciones de Derechos Humanos actuaron y actúan en la desbandada.
El feriado fue reprobado y solamente movilizó a algunos ejércitos de caducos
sexagenarios que tienen sus historias personales que contar. También a los
jóvenes que convirtieron la larga guerra retrospectiva contra el ultimo
golpe militar argentino antes de la disolución del partido militar creado
por Justo y Perón en el sueño de los jóvenes héroes de los recitales
modernos. El escepticismo desesperanzado y brutal de Michel Houellebec ha
derrotado a los Saldías modernos y eso ya es una buena noticia.
Ocurre que entre las señoras Nora de Cortiñas y Hebe de Bonafini,
presidentas respectivamente de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y de
Madres de Plaza de Mayo, y el inevitable Centro de Estudios Legales y
Sociales (CELS), de fuerte ligazón ideológica con el primer mandatario vía
el ala izquierda de la inteligencia americana y su representante local
Horacio Vertvitsky y Adolfo Pérez Esquivel, sorprendente Premio Nobel de
la Paz, se alinearon muchos que a la hora de los hechos temían apuntar sus
reflectores sobre un pasado que ya ha hecho su tiempo.
El calendario, a su vez, no ayudo al presidente: el primer feriado nacional
en recordación del 24 de marzo cayó en viernes, y muchísimos argentinos no
desaprovecharon la ocasión para asumirlo como un feriado largo y convertirlo
en minivacaciones en la costa o en las amables sierras. Fue una forma de
purgatorio no previsto por la presidencia y en ese sentido ya podemos
anticipar que dejando de lado la guerra cultural todavía en marcha los
verdaderos combatientes comienzan a sentir serios efectos de vasectomía.
El golpe comienza a no poder reproducirse de forma suficientemente eficaz y
hay cierta extraña simetría entre la decadencia del peronismo histórico,
representado por Duhalde en las ultimas elecciones y la decadencia de la
imagen del proceso.
Ninguna de las dos figuras históricas -ni una plaza ni la otra -convoca
demasiado fuera de los aparatos y por el contrario se autorefuerzan en caída
libre en una clara percepción de que la memoria, la histórica, la real y la
sangre se diluyen en la futilidad fortuita del pasado. Síntesis, el 17 de
octubre es un hecho lejano e importante, el 24 de marzo de 1976 también.
Pero ambos pertenecen a las ásperas auroras y ponientes de la historia
argentina del siglo pasado.
El Presidente fue apresurado, desaconsejando los análisis de inteligencia
que apuntaban a ver el desinfle colosal de los juegos de guerra en
democracia y ordenó celeridad a sus diputados y senadores, quienes le
obsequiaron la ley del feriado en tiempo récord en una demostración clara de
que la partidocracia es acritica aun cuando se trata de autoincinerarse.
Ultima joya de la corona, el general Bendini no pudo resistir los
asedios de la señora Ana Lucioni, quien pensaba encadenarse en el Estado
Mayor antes que permitir que las placas conmemorando a los guerrilleros de
los setenta se plantasen en los mármoles en donde revistan los nomnbres de
oficiales, cuadros y personal de tropa abatido por la subversión. Luego de
un tenso dialogo con el jefe de inteligencia del Ejercito, la señora fue
recibida por el general Bendini quien nada pudo hacer frente a la
obstinación dialéctica de la dama. Circunstancialmente el almirante Godoy
que acompañaba a una delegación naval española presidida por un almirante,
fue emboscado por un grupo de viudas e hijas de la fuerza que lo hicieron
retroceder a los gritos de....¡¡¡¡¡¡al abordaje!!!! Godoy tuvo que buscar
refugio mientras el personal de la marina permanecía en posición de firmes y
los españoles sin entender demasiado de que se trataba la cosa solo atinaron
a mascullar !!!!cojones!!!! Estos hechos motivaron que el presidente
trasladara la ceremonia principal al Colegio Militar de la Nación, único
Alcázar argentino que podía brindarle seguridad a un hombre que padece de
claustrofobia y que comienza a no sintonizar de forma muy claramente
perceptiva con la casi incestuosa guerra de los setenta. Las consecuencias
de ese distanciamiento son visibles : los organismos realizan
manifestaciones por su cuenta. Los funcionarios del gobierno comienzan a
diluirse, tanto en la Plaza de Mayo como frente al Congreso y los intentos
de convertir lo fastos ya cenicientos del proceso en el relazamiento de la
candidatura de Kirchner quedaran para otro momento.
Los objetivos algo turbios de Compromiso K, la agrupación que se apresta a
dar batalla nacional por la reelección de Kirchner, quedó en el camino y el
gobierno no ha logrado mientras escribo estas líneas dirimir los problemas
entre las señoras Bonafini y Cortiñas históricamente enfrentadas por los
avaras vigilias en las que han discutido la vigencia de los fondos que
reciben para mantener vivo el pasado en una fáustico ejercicio de clonación
que comienza a ser indiferente en todo el mundo.
Otro tema no menor fue la comprobación de la imposibilidad de reunir en una
era de televisión que nos amplia cómodamente el campo de batalla pero desde
nuestra propia casa, a activistas y partidos políticos que
justificaran la presencia del presidente en el balcón.
Detalles menores y circunstancias patéticas al margen la pompa y
circunstancia ha fallado a la cita histórica con los aliados bien pensantes
del kircherismo militante en el campo de los Derechos Humanos.
Y el monumento al militante desaparecido se esta pareciendo a Richard Kimble.
