Abril de 2006
El decreto 303, del 21 de marzo de 2006, dispuso rescindir, “por
culpa del Concesionario”, el contrato de concesión suscripto entre el Estado
Nacional y la empresa Aguas Argentinas SA; y reasumir transitoriamente la
operación del servicio de provisión de agua potable y desagües cloacales.
En tanto que el decreto 304, dictado en la misma fecha, dispuso la
constitución de la sociedad Agua y Saneamientos Argentinos SA (AySA),
integrada 90% por el Estado Nacional y el 10% restante a través del Programa
de Propiedad Participada. Designando como presidente del directorio a Carlos
Ben.
Primera consideración: la coincidencia con el caso del Correo. Bajo el
título “La `transitoria’ reestatización del Correo”, en la entrega 746 de
Contexto escribí: “El decreto 1.075, del 19 de noviembre de 2003, dispuso
rescindir, `por culpa del Concesionario´, el contrato de concesión suscripto
entre el Estado nacional y la empresa Correo Argentino SA; reasumir
transitoriamente la operación del Servicio Oficial de Correos; instruir al
ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, para que
en 180 días proceda a llamar a licitación pública nacional e internacional,
a fin de volver a privatizar el servicio público postal; y crear una unidad
administrativa para preservar la continuidad del servicio, designándose
presidente de la misma a Eduardo Roman Di Cola.
Notable similitud en el texto. Esta vez no se habla de reprivatización,
probablemente a la luz, precisamente, de la experiencia de Correos. Donde
más de 2 años después, no hay ningún viso de que vuelva al sector privado.
Ignoro lo que está ocurriendo desde el punto de vista operativo, en tanto
que el economista Fernando Navajas me hizo notar que, en los índices de
precios del INDEC, las tarifas del Correo se triplicaron desde la
devaluación. No me gustan las teorías conspirativas, pero este accionar
según el cual no modifico las tarifas mientras sigue en manos privadas, pero
sí luego de la correspondiente estatización, va mucho más allá de la técnica
económica.
Que el “corazoncito” del gobierno es más estatista que privatista lo prueba,
no sólo que nunca encuentra la ocasión para reprivatizar el Correo, sino que
cuando incorporó a LAN a la oferta local de servicios de aeronavegación, lo
hizo contra sus deseos –porque supongo que hubieran preferido que Lafsa
hubiera existido siempre, aunque nunca volara-, y porque en SW apareció el “drogaducto”.
Si esto es circunstancia o estrategia lo planteo porque aquí la cuestión no
es sólo el Grupo Suez, sino el gobierno frente a la prestación del servicio
y en manos de quién queda. Me explico. Suez anunció su retiro de Aguas
Argentinas a mediados de setiembre de 2005. Entonces el gobierno, sobrador,
anunció que tenía operadores “haciendo cola” para reemplazar al grupo
francés, y que también había nuevos socios para comprar su parte de la
empresa.
Lo que vimos desde entonces fue que, más allá de las gestiones, no tenían ni
operador ni socio. El sindicalista Lingeri, a quien inicialmente miraron
pensando en hacer algo así como una cooperativa, sensatamente dijo: “a mí no
me miren. El sindicato no está en condiciones de hacerse cargo de la
operatoria”. Hoy integra el directorio de AySA, porque representa el 10% de
las acciones, en manos de los empleados y obreros.
En realidad, sorprendería que el gobierno hubiera encontrado nuevo operador,
o nuevos socios. Porque pretendía que alguien reemplazara a Suez… en las
mismas condiciones (la única diferencia, claro que no despreciable, es que
el grupo saliente perdería las inversiones realizadas, y el entrante
compraría los activos a precio vil). A propósito: ¿quién se hará cargo de la
deuda de la empresa?
El propio Lingeri señaló que los Reyes Magos no existen, al puntualizar que
la empresa tiene que realizar inversiones anuales del orden de los $ 500 M.,
pero como no podrán provenir de los cargos a los consumidores, vía
modificación de la tarifa, tendrán que provenir del Estado, es decir, de los
contribuyentes.
Cualquiera se da cuenta de que Aguas Argentinas no le proporciona sus
servicios particularmente a los pobres, y encima desde el punto de vista
geográfico está circunscripta a Capital Federal y partidos del conurbano
bonaerense. Ahora recibirá fondos provenientes de los impuestos, que pagan
todos –ricos, no tanto y pobres- ubicados en todo el país.
¿Cómo se llama esto, capitalismo nacional? ¿Cómo hará el gobierno para
mantener el superávit fiscal, frente a subsidios crecientes derivados de la
creciente separación entre la realidad de costos e inversiones, y el cobro a
sus propios usuarios?
Cuando califico la estatización de Aguas Argentinas como una tragedia, estoy
pensando en el cambio en la fuente de financiamiento, pero fundamentalmente
en qué va a pasar con la empresa, desde el punto de vista de su
funcionamiento operativo.
Perdón por la reiteración, pero a mis juveniles 62 años, a mí qué significó
en Argentina, desde la segunda mitad de la década de 1940, hasta comienzos
de la década de 1990, el funcionamiento operativo de las empresas públicas,
no me lo tienen que contar. Si quiere documentarse, le ruego que lea La
economía argentina durante la segunda mitad del siglo XX (La Ley, 2005).
La experiencia ha sido desastrosa, durante medio siglo, y bajo conducciones
peronistas, radicales, militares, nada, etc. Y la razón no es nada personal,
sino que está en la esencia de la toma de decisiones. Particularmente en
Argentina, donde no tenemos una tradición burocrática separada de la gestión
política.
El primer día la diferencia no se nota. Estoy seguro que el primer día luego
de la estatización del servicio telefónico, los aparatos siguieron
funcionando y quizás si había alguna línea sin conectar, alguien obtuvo la
correspondiente conexión. Pero con el paso del tiempo… (y no hubo que
esperar mucho para observar los primeros deterioros, aunque sí hubo que
esperar mucho más tiempo para que se vieran las penurias y malabares que
había que hacer para conseguir una línea).
Ojalá me equivoque, y por otra parte no tengo alternativa, porque la
estatización del servicio de agua y desagües no hará que me mude (por
ejemplo, a la provincia de Córdoba, donde Suez sigue operando). Dicen que
Carlos Ben pasó toda su vida en la empresa, y por consiguiente la conoce muy
bien. Es que no es una cuestión personal. Supongo que no tengo el gusto de
conocer al Sr. Ben, y de repente es un genio del sector. Me pregunto qué va
a pasar cuando, inevitablemente, haya que adoptar decisiones difíciles, si
los subordinados harán la venia y se pondrán a trabajar, o si le dirán que
como ahora la empresa volvió a ser “nuestra”, haremos las cosas de otra
manera.
No me incorporo al debate “circunstancias versus estrategia”, porque en
ningún caso utilizo la explicación conspirativa de la realidad. Lo cierto es
que estatizaron el servicio de agua en Capital Federal y Gran Buenos Aires.
En precaución de futuras dificultades, desde hace algunos meses me ducho
varias veces por día, para acumular higiene por si se producen cortes.
