Bajas de cadetes militares

 

Abril de 2006

Por Carlos Manuel Acuña


Según informaciones recibidas desde distintas fuentes cercanas al ámbito militar - y por un protagonista del triste episodio -transcurrido el fin de semana que protagonizó el presidente Kirchner en el Colegio Militar de la Nación para rendir homenaje a los terroristas caídos durante la Guerra de los Años Setenta, el primer lunes de la semana siguiente numerosos cadetes de los primeros años resolvieron pedir la baja y cortar abruptamente la carrera que habían elegido. El motivo es simple y ejemplificador: no podían aceptar la colocación de la placa correspondiente pero mucho menos las perspectivas que se les abrían para el cumplimiento de su deber, signado por un firme concepto del honor y de la verdad histórica tan cara para el desempeño de la vocación militar.

Esta breve referencia al suceso, sirve entre otras cosas para poner de relieve que fracasó el intento oficial de "crear un nuevo Ejército" que repudie a lo actuado por sus antecesores, circunstancia que deja al desnudo la profundidad de la crisis que vive la Argentina.

Si bien el hecho tiene connotaciones políticas emergentes de la ideologización en que están empeñadas las autoridades, estas connotaciones son superiores, no están atadas a los simples manejos partidarios ni son representativas de la valoración que hoy merece el mundillo de la política decadente que ejerce el poder.

En realidad, esta actitud ejercida por un grupo de jóvenes, son un mensaje de esperanza dirigida hacia el futuro tan necesitado de ejemplos alentadores.

Hace pocas horas, la jefatura militar brasileña destacó con énfasis su orgullo por el pronunciamiento militar del 13 de marzo de 1964, un acontecimiento determinado por la aparición de un proceso de izquierdización en el continente, dentro del marco de la "Guerra Fría" que dividía al mundo de ese entonces. Lo ocurrido en el Brasil fue premonitor de las guerrillas que surgirían en otros territorios del continente pero también resultó determinante del afianzamiento como potencia de ese país hermano. Entre nosotros, el orgullo por haber vencido a las bandas armadas de los setenta, a las anteriores también derrotadas y surgidas durante gobiernos democráticos, al proyecto marxista que rechazó toda la población y al reencauzamiento institucional de la República, hoy merece la persecución, el escarnio y la injusticia. De allí que el gesto de los cadetes al que nos hemos referido debamos interpretarlo como un serio y favorable llamado de atención y una excelente demostración de la permanencia de los valores morales que caracterizaron la trayectoria histórica de nuestra Patria.

No es arbitrario, entonces, trazar un arco entre los dos hechos debajo del cual cabe la esperanza sensible por la recuperación institucional que hoy se ha roto en la Argentina.

 

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