Abril de 2006
Lo que se describe a continuación ocurrió durante una reunión en WASHINGTON
del Comité Interamericano Contra el Terrorismo, agencia de la Organización
de Estados Americanos. Pocos días antes de su reunión en BOGOTÁ del 24 de
marzo pasado, el Comité decidió emitir una declaración sobre la cooperación
hemisférica para combatir el terrorismo. La sala estaba llena de
diplomáticos trabajando para finalizar el texto definitivo. Pero resultó que
la reunión se convirtió en algo nada diplomático.
Lo que hizo frustrar la reunión fue VENEZUELA. Dicho país insistió
repetidamente en que las referencias a la Resolución 1540 del Consejo de
Seguridad de las NACIONES UNIDAS, que busca limitar la proliferación de
armas de destrucción masiva, no debían figurar en el documento de BOGOTÁ. En
tres ocasiones diferentes, VENEZUELA mencionó su oposición a cualquier tipo
de referencia a la “no proliferación” en el documento. Eventualmente, esto
causó un acalorado intercambio de palabras, sobre todo con COLOMBIA, su país
vecino, que insistía en que la Resolución 1540 era esencial. El resto de la
sala apoyó por unanimidad la posición colombiana, dejando aislada a
VENEZUELA.
Los izquierdistas norteamericanos están sacando el máximo provecho de la
situación, culpando a GEORGE W. BUSH del sentimiento anti-norteamericano
difundido en AMÉRICA LATINA, de la guerra en IRAK e incluso de la Guerra
Fría. Pero lo que ha pasado un tanto desapercibido es el temor que el
presidente venezolano HUGO CHÁVEZ está difundiendo en toda la región. Los
gobiernos latinoamericanos están tomando conciencia de que si los
norteamericanos deciden alguna vez marcharse de la región, el vacío que
quedará atrás podría ser llenado por VENEZUELA. CHÁVEZ se está dedicando en
este momento a apoderarse de los campos petroleros de propiedad extranjera y
a usar su riqueza petrolera para adquirir aviones caza y miles de AK-47, lo
cual no parecería sugerir que sus intenciones sean pacíficas. Sus lazos
estrechos con los dictadores de CUBA, IRÁN y SIRIA también constituyen
signos alarmantes.
Durante la reunión de BOGOTÁ, VENEZUELA se comportó como un zorrino en una
recepción al aire libre. “Los venezolanos daban la impresión de que querían
hacer descarrilar todo el proceso de la reunión”, comentó un participante.
Pero quizá en toda esta locura había un propósito, un método establecido.
Tomemos por ejemplo el reconocimiento del documento de que “las actividades
del crimen organizado transnacional pueden ser usadas por grupos terroristas
para financiar y facilitar sus actividades delictivas”. Todos los países
apoyaron esa declaración, a excepción de VENEZUELA, que escribió una nota al
pie de la página, en gran parte ilegible, que decía: “La República
Bolivariana de VENEZUELA no puede apoyar esa frase… que está dirigida a
establecer una conexión directa y permanente entre el terrorismo y el crimen
organizado transnacional, ya que eso implica un repudio de las normas del
buen hacer de la justicia y de la presunción de inocencia, principios
universalmente reconocidos en el área de los derechos humanos”.
La importancia de esta magnánima objeción a lo que se propuso no resultó
evidente a los demás delegados. Como dijera un participante, los venezolanos
presentaron muchos obstáculos y se mostraron “muy poco dispuestos a
reconocer la existencia de conexiones entre el crimen organizado y el
terrorismo”.
Pero es posible que la declaración conjunta propuesta puso el dedo en la
llaga de los venezolanos. LUIS VELÁSQUEZ ALVARAY, congresista venezolano
cercano a la maquinaria de CHÁVEZ, fue acusado en un masivo escándalo de
corrupción y, según la revista Economist, éste dijo que “los
narcotraficantes están manejando la inteligencia militar venezolana”. Esto
podría ser el motivo por el cual el régimen de CHÁVEZ es alérgico a una
condena multilateral del crimen organizado. Pero ésa no fue la única
objeción de VENEZUELA. El comité propuso combatir “los peligros terroristas
emergentes”, como el crimen cibernético y el terrorismo biológico, los
ataques contra las infraestructuras turísticas o críticas y el uso de armas
de destrucción masiva y materiales relacionados a las mismas. El comité
propuso “desarrollar y adoptar programas de cooperación” para combatir esos
nuevos peligros potenciales del terrorismo.
VENEZUELA intervino nuevamente. “No existe una definición común de los
peligros emergentes”, insistió la delegación venezolana, agregando una
suerte de jeringoza para quejarse de “elementos que no son coherentes con
las realidades del hemisferio”. También en este caso, parecía ser una
objeción diseñada para interrumpir el proceso. Otros delegados señalaron que
la declaración hemisférica sobre seguridad firmada en Ciudad de MÉXICO en
2003 ya define los “peligros emergentes”. Por último, el comité declaró su
compromiso con la Resolución 1540 que buscaría “impedir la posibilidad de
acceso, posesión o uso de materiales y armas de destrucción masiva y sus
medios de transporte por parte de agentes no estatales”. VENEZUELA objetó
nuevamente diciendo que la OEA no constituye “el foro adecuado” para debatir
esa resolución. ¿Podría ignorar algunos de los presentes el hecho de que las
guerrillas de las FARC colombianas, que CHÁVEZ apoya, son “actores no
estatales”?
Los delegados dijeron privadamente haber quedado desconcertados por el
comportamiento de VENEZUELA. Ante el aumento de los precios del petróleo y
el uso por parte de CHÁVEZ de los fondos nacionales para incrementar su
poder a nivel interno e internacional, la persona que en su momento parecía
ser un instrumento útil para usar contra EEUU es ahora reconocido como una
amenaza regional. Los gobiernos políticamente diferentes de ARGENTINA,
MÉXICO, CHILE y COLOMBIA, se unieron en oposición al esfuerzo venezolano
para frustrar la conferencia de BOGOTÁ. Pero la solidaridad latinoamericana
será puesta a la prueba una vez más cuando los países de la región deban
decidir cuál de ellos sucederá a ARGENTINA como miembro no permanente del
Consejo de Seguridad de la ONU. Los dos candidatos son VENEZUELA y
GUATEMALA. El embajador de EEUU, JOHN BOLTON, dijo que VENEZUELA no es
aceptable, dejando a los gobiernos latinoamericanos la opción de elegir
entre complacer a EEUU o a CHÁVEZ.
En lo que constituye un nuevo indicio de la preocupación norteamericana,
el Pentágono anunció esta semana que un portaaviones de la Marina de EEUU
será desplegado al Mar del CARIBE. EEUU está tomando a CHÁVEZ en serio. Y es
posible que otras democracias de la región, que se encuentran en una
situación de mayor riesgo, estén haciendo lo mismo.
