Abril de 2006
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
El informe de la CEPAL sobre el período argentino que se cierra en el 2006
muestra al escaso despliegue nacional dentro del bloque sudamericano pero
también -algo mas relevante -la insuficiente cantidad de jugadores que operan en
la inversión externa. Irónicamente pese a las criticas contra el aperturismo
neoliberal de los 90 o las demoledoras criticas contra el neodesarrollismo en
curso lo cierto es que los jugadores son los mismos y el resto simplemente
inexistente. Por momento pareciera que el aperturismo ha socavado a los propios
jugadores. En otros casos, muy reducidos las inversiones argentinas o mas bien
de las translatinas de origen argentino se han limitado a dos países, el Brasil
y Venezuela. Otro hecho bastante inexorable es la debilidad argentina para
impedir la migración incesante de su aparato productivo en función de los
cambios en las reglas del juego macroeconómico. Esa debilidad nacional de la
llamada hace años " burguesía nacional " se corresponde perfectamente con un
país que tiene frágiles todavía sus raíces.En ese campo los factores de
integración,disrupción o simplemente cambio de bandera de los complejos
productivos argentinos son bastante atípicos. Aun para la región.
Otro detalle bastante evidente y apto para el análisis. La Argentina liberal
de los noventa provocó un efecto contagio en la región. Pues el regreso de ese
efecto contagio es exactamente la aplicación de políticas en las que el estado
asume el rol de gran jugador. El péndulo argentino -salvo tal vez Chile –ha
funcionado como modelo y contra modelo a la vez.
Argentina comúnmente figura como uno de los primeros países en desarrollo en emprender inversiones directas en el exterior (Chudnovsky y López, 2000; Naciones Unidas, 1993). Entre las primeras empresas que realizaron inversiones fuera del país destacan: Alpargatas, una fábrica de textiles que instaló una filial manufacturera en Uruguay en 1890 y luego otra en Brasil; S.I.A.M di Tella, una compañía de ingeniería, y Bunge & Born, un conglomerado agrícola diversificado, que estableció plantas productivas en países vecinos en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, más tarde Alpargatas se transformó en un accionista minoritario de sus operaciones principales en Brasil, S.I.A.M. di Tella fue nacionalizada después de un período de grandes pérdidas y Bunge & Born trasladó la sede principal fuera del país (Naciones Unidas, 1993). Esta tendencia se ha reproducido incluso en el caso de algunos de los protagonistas más recientes de las inversiones directas argentinas fuera del país, como Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) y Pérez Companc, que fueron adquiridos por empresas extranjeras. Así, pese a que Argentina fue un pionero en América Latina, muchos de sus activos foráneos se perdieron a lo largo del tiempo (UNCTAD, 2005g).
Pese a que con frecuencia se menciona a Bunge & Born (actualmente Bunge) como
una de las primeras compañías argentinas que invirtió en el exterior, no es
fácil determinar su nacionalidad, ya que la ubicación de sus oficinas centrales
ha cambiado varias veces a lo largo de su historia. En 1818 la compañía fue
fundada en Holanda, poco después se trasladó a Bélgica y posteriormente a
Argentina. Fue justamente en este país donde experimentó su mayor apogeo y se
transformó en uno de los principales comercializadores de productos básicos
agrícolas del mundo. Asimismo, fue una de las primeras compañías con sede en
Argentina que comenzaba a invertir fuera del país. En los años setenta, debido a
la inestabilidad política reinante, la empresa se volvió a trasladar, esta vez a
Brasil.
En la década siguiente, Bunge & Born se había diversificado en un gran número de
actividades a lo largo de la cadena de producción de alimentos en todo el
continente americano. En 1999, tras una profunda reestructuración y
concentrándose en su actividad principal (el negocio agrícola), la compañía
volvió a cambiar de “nacionalidad” y estableció sus oficinas centrales en Nueva
York, Estados Unidos, en cuya Bolsa de Valores Bunge comenzó a transar sus
acciones en 2001. Así, resulta difícil determinar si esta empresa sigue siendo
argentina y las implicancias locales de su proceso de transnacionalización.
A comienzos del siglo XX, Argentina era el país económicamente más avanzado de
América Latina y el Caribe. Sin embargo, las agudas crisis macroeconómicas por
las que atravesó, a menudo acompañadas de radicales transformaciones del modelo
económico dominante —pasando del esquema agrícola exportador a la
industrialización por sustitución de importaciones (ISI) hasta llegar a la
implantación de distintas variantes de liberalización—, provocaron largos
períodos de crecimiento lento, con episodios de gran inestabilidad
macroeconómica, a pesar de su excepcional riqueza de recursos naturales. Las
mayores compañías locales tuvieron que operar en un entorno empresarial muy
cambiante y de enorme incertidumbre. El efecto sobre las inversiones directas en
el exterior fue variable: con el modelo agrícola de exportación se estimularon
las inversiones tempranas; durante el período de ISI se adormecieron muchas de
estas inversiones, y con el modelo de liberalización nuevamente se estimularon
las inversiones en el exterior.
En los años noventa, Argentina fue una vez más uno de los inversionistas
externos más importantes de América Latina, en gran medida por la
reestructuración de la industria local que sobrevino frente a la creciente
competencia extranjera resultante del nuevo modelo económico (Kulfas, 2001). Sin
embargo, esta situación no duró mucho tiempo. En una primera fase, los cambios
(liberalización comercial y financiera, desregulación, privatización y programas
de estabilización) ofrecieron buenas expectativas para crecer, oportunidad que
aprovecharon los grupos locales dominantes y los inversionistas extranjeros.
Este proceso luego se amplió a los países vecinos, con inversiones directas de
algunos de los mayores grupos económicos locales. No obstante, el plan de
estabilización basado en un sistema de cambio fijo, en un contexto de excesivo
endeudamiento externo, socavó el modelo económico, provocando una profunda
crisis.
A partir de 1998, la inversión directa argentina en el exterior comenzó a
evidenciar una caída constante, con una leve recuperación en 2003. De un máximo
de 3.650 millones de dólares en 1998, las inversiones en el exterior bajaron a
valores negativos en 2002. De estas cifras se desprende que los grupos
económicos que florecieron en el período de auge sufrieron profundas falencias,
que los obligaron a retirarse de muchas actividades, tanto en el plano local
como en el exterior. No obstante, pese a que el acervo de la inversión directa
en el exterior llegó a 21.820 millones de dólares en 2004 —solo superado en la
región por Brasil—, estos datos ocultan una realidad muy diferente. Por la
manera en que se implementaron las reformas económicas y debido a la crisis
posterior, las translatinas argentinas no pudieron mantener su ímpetu inicial y
terminaron vendiendo la mayoría de sus activos, tanto en el país como en el
exterior.
Con la excepción de las mayores translatinas, la expansión internacional de
otras empresas se limitó a América Latina y, en mucho menor grado, a América del
Norte y Europa. Entre 1990 y 1996, cerca del 84% de los flujos de la inversión
directa argentina en el exterior se dirigió hacia países latinoamericanos,
principalmente Brasil (31%) y Venezuela (28%) (Kosacoff, 1999). En general, este
patrón geográfico se ha mantenido hasta la actualidad. Las principales
actividades han sido los recursos naturales y las manufacturas basadas en
recursos naturales. En la década de 1990, la inversión directa en el exterior se
concentró principalmente en hidrocarburos, mineral de hierro y acero, y el
sector alimenticio (Kosacoff, 1999). No obstante, la característica más
significativa de este grupo de translatinas en la presente década ha sido la
baja resistencia con que fueron vendidas, completas o en parte, a sus
principales competidores, básicamente empresas transnacionales.
A partir de fines de los años noventa, las principales compañías petroleras
argentinas que invertían en el exterior (YPF y Pérez Companc) fueron vendidas a
compañías extranjeras (la española Repsol y la brasileña Petrobras). Una parte
importante de la propiedad de la compañía cervecera Quilmes fue adquirida por la
empresa brasileña del mismo rubro AmBev (actualmente InBev). Otras compañías,
como Mastellone y el Grupo Macri, siguen bajo control argentino, pero han
vendido muchos de sus activos externos, así como algunas de sus propiedades
locales más valiosas. Actualmente, solo tres translatinas argentinas (Techint,
Arcor y, en menor grado, Impsa) han sobrevivido a las traumáticas experiencias
de los años noventa. De hecho, no existen empresas argentinas en la lista de
las mayores 50 empresas transnacionales no financieras de países en desarrollo
Entre los factores de empuje que han determinado la inversión directa en el
exterior de las translatinas argentinas estaban su alta participación en el
mercado local (Techint, Arcor, Quilmes) y la crónica inestabilidad
macroeconómica. La necesidad de incrementar y diversificar las reservas
—elemento intrínseco de la industria del petróleo— condujo a YPF y Pérez Companc
a realizar inversiones en busca de recursos naturales. Muchas compañías
procuraron internacionalizar sus ventajas competitivas (Techint, Mastellone,
Arcor, Pérez Companc) y aprovechar la experiencia y presencia internacional que
habían alcanzado como exportadores (Arcor). También resultó importante la
necesidad de mejorar la calidad de los productos (Arcor) e incrementar la escala
mínima para mantener la capacidad existente (Impsa). Algunas empresas intentaron
mejorar su competitividad con la obtención de ventajas por medio de la
internacionalización, por ejemplo, el acceso a nuevos mercados (Arcor y Techint),
e incorporando recursos humanos más capacitados (Techint). Algunas construyeron
ventajas especiales, tales como las redes y el conocimiento de la industria que
les entregaron los fundadores originales de la compañía, generalmente
inmigrantes europeos (Techint).
En términos del impacto de los cambios de la política del gobierno argentino, la
apertura de la economía a la competencia externa ejerció una fuerte presión
sobre todas las empresas, especialmente considerando la contundencia y velocidad
de estas transformaciones. La desregulación y las privatizaciones en el sector
de la energía fueron muy significativas en este sentido. El Gobierno de
Argentina no promovió la inversión directa en el exterior de ninguna manera
importante; de hecho, las regulaciones cambiarias durante los períodos de las
crisis muchas veces la inhibieron.
En cuanto a los factores de atracción de la inversión directa en el exterior de
las translativas argentinas, destacan las oportunidades surgidas en los
programas de privatización de otros países, el acceso a nuevos mercados, la
proximidad geográfica y cultural (inversiones de Quilmes en Paraguay y Uruguay y
Techint en Italia), la disponibilidad de recursos naturales (YPF y Pérez Companc)
y el potencial de los países huéspedes para transformarse en plataformas de
exportación para acceder a terceros mercados (Impsa, Techint). Los cambios
de política de los gobiernos receptores fueron muy importantes, sobre todo las
nuevas oportunidades que se presentaban con la desregulación y la privatización
(Techint, YPF, Pérez Companc) y las preferencias comerciales disponibles gracias
al esquema de integración del Mercosur. Las políticas de promoción de la
inversión en el exterior de los países receptores no fueron determinantes.
Algunas de las ventajas competitivas obtenidas por estas translatinas y
explotadas por sus operaciones internacionales consisten en el aprendizaje
resultante del crecimiento gradual —en tamaño, calidad, diversificación y
sofisticación de la producción— en el mercado de origen (Arcor), el
establecimiento de alianzas o asociaciones con empresas transnacionales (Quinsa
con AmBev y Arcor con Danone), el mejoramiento de la logística y los sistemas de
distribución (Arcor), la posibilidad de convertir marcas locales en regionales (Arcor
y Quilmes), la sofisticación tecnológica de la infraestructura en un mercado en
desarrollo (Impsa) y la consolidación de las compras de manera centralizada, lo
que aumentaba el poder de negociación frente a los proveedores (Techint).
En conclusión, cabe destacar dos características de la inversión directa
argentina en el exterior.
En primer término, se trata de un fenómeno concentrado en algunas industrias,
dominadas por un pequeño número de grandes empresas. En 1997, por ejemplo,
durante el auge de estos flujos de capital, casi dos tercios de las inversiones
directas en el extranjero de Argentina correspondían a tres compañías: Pérez
Companc, YPF y Techint (Kosacoff, 1999). En segundo lugar, muchas de estas
compañías ya no existen en su condición de translatinas. De las mayores,
dos, de la industria de hidrocarburos, posteriormente fueron adquiridas por
compañías extranjeras. La desnacionalización de las principales translatinas,
así como la venta de participaciones importantes de capital o activos a otras
compañías (Quinsa, Macri y Mastellone) es uno de los aspectos que definen el
período.
