Abril de 2006
El 6 de enero de 2006 se publicó la última edición de la Quadrennial Defense
Review Report. En ella, la Secretaría de Defensa de EEUU desarrolla la
estrategia del Departamento de Defensa para los próximos años.
Las estrategias relacionan objetivos políticos con recursos. En el caso de EEUU,
el planeamiento estratégico se genera en tres etapas: la estrategia de
seguridad, la estrategia de defensa y la estrategia militar.
Todas esas estrategias deben adaptarse al ritmo -cada vez más rápido- de los
cambios estratégicos y disponen de sistemas y métodos de planeamiento que
revisan sistemáticamente las estrategias en vigor para adaptarlas a las nuevas
circunstancias. Así, el sistema de planeamiento de la Estrategia de Defensa
Nacional cuenta con el proceso permanente de actualización que conduce cada
cuatro años a un documento denominado Quadrennial Defense Review (QDR) que marca
los objetivos, funciones y capacidades del Departamento de Defensa para asegurar
su adecuación a los objetivos fijados en la Estrategia de Seguridad Nacional.
La QDR no es el único proceso de revisión en el sistema de planeamiento
estratégico de EEUU, ni siquiera el de mayor rango jerárquico; sin embargo, su
contenido se analiza con detalle dentro de la comunidad estratégica porque marca
las tendencias de las políticas de defensa del sector para los próximos años.
Los sistemas de planeamiento occidentales no son similares al
de EUU pero se diseñan de acuerdo a sus estándares dado que su método de
planeamiento constituye la mejor práctica del sector. Por eso, este papel se
dedica a estudiar la QDR de 2006 para identificar sus variaciones respecto a la
anterior de 2001, las tendencias que señala y su influencia en los otros
planeamientos de defensa vigentes en nuestro entorno.
EEUU tiene un sistema de planeamiento estratégico que se articula en tres
niveles: el relacionado con la Estrategia de Seguridad Nacional bajo la
responsabilidad del Consejo de Seguridad Nacional, el que planifica la
Estrategia de Defensa Nacional a cargo de la Secretaría de Defensa y el que
planifica la Estrategia Militar Nacional a cargo del Estado Mayor Conjunto (EMC/JCS).
De las tres estrategias mencionadas, la primera es representativa -casi en
exclusividad- de EEUU porque, tratándose de la gran potencia mundial en la
esfera internacional, precisa explicitar sus objetivos de política internacional
en un documento que integre todos sus aspectos diplomáticos, económicos,
militares o de otra índole. Este carácter multidimensional y público convierte a
la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN/NSS) en una "gran" estrategia que sirve
para orientar y supervisar la proyección exterior de EEUU.
La ESN vigente data de septiembre de 2002 y, como las anteriores, establece los
objetivos de un marco estratégico en el que se fija el determina el papel de
EEUU en el contexto internacional, su nivel de protagonismo y las circunstancias
y escenarios en los que prevé emplear su poder militar. A diferencia de las
estrategias de seguridad anteriores, que fueron bastante continuistas, la ESN de
2002 representó un cambio importante al fijarse como objetivo prioritario la
lucha contra el terrorismo global. Este cambio tras los atentados del 11-S tuvo
una trascendencia enorme en el planeamiento estratégico estadounidense porque
todas las estrategias departamentales y militares subsiguientes se adaptaron a
la nueva prioridad. Consecuentemente,la Estrategia de Defensa Nacional (EDN/NDS)
modificó sus objetivos para prevenir nuevos ataques directos, reforzar la
cooperación con terceros, preservar la libertad de acción y mejorar las
condiciones de la seguridad internacional.
Sin embargo, las orientaciones para las políticas de defensa y militar tenían
como soporte conceptual la Quadrennial Defense Review (QDR) de 2001,aprobada el
30 de septiembre -pocos días después de los atentados- y que, por lo tanto, no
podía recoger los nuevos objetivos y prioridades. Desde entonces, la Secretaría
de Defensa ha puesto en marcha las recomendaciones
de la QDR anterior en los aspectos que no tenían que ver directamente con la
lucha contra el terrorismo, pero ha tenido que reajustar la nueva edición para
que refleje las nuevas prioridades y objetivos. Además, ha tenido en cuenta los
resultados del proceso de transformación en marcha y las lecciones aprendidas
por el Estado Mayor Conjunto de los conflictos en los que ha conducido
operaciones de distinta naturaleza, desde las más militares de Irak y Afganistán
a las emergencias complejas del Sudeste asiático o el Golfo de México.
Las revisiones estratégicas llegaron a los procesos de planeamiento
estadounidenses en los años noventa, cuando se hizo patente que la reflexión
estratégica tradicional basada en las amenazas conocidas no servía ya para
determinar la estructura de fuerza idónea. Tras los titubeos iniciales de la
Base Force de 1989, una reflexión para reducir en una cuarta parte la estructura
de fuerzas de la guerra fría y un 10% de presupuesto, se aprobó la primera
revisión: la Bottom-Up Review de 1993, un intento en la misma línea de encontrar
la estructura de fuerzas adecuada a los retos y presupuestos disponibles y que
la acabó reduciendo un 20% adicional. La QDRde 1997, ya con la denominación
definitiva, trató de conciliar la reducción de estructuras, el ahorro
presupuestario y la modernización. Siguió identificando algunas amenazas como
las de Irak y Corea del Norte pero rebajó su entidad y comenzó a añadir amenazas
difusas como los Estados fallidos, la proliferación y las amenazas asimétricas
que reflejaban la dificultad -y la inconveniencia- de identificar amenazas con
nombres y apellidos concretos.
La hasta ahora vigente QDR de 2001 puso en marcha algunos criterios que han
influido en el planeamiento estratégico de los países occidentales. En primer
lugar, abandonó el enfoque de planeamiento basado exclusivamente en "las"
amenazas por otro basado en capacidades. Dada la impredecibilidad del escenario
de agresión y la incertidumbre sobre las formas de la agresión, el planeamiento
a veinte años vista se desplazó de las fuentes concretas a las formas probables.
Las capacidades no se refieren tanto a equipos concretos como a las formas de
generar respuestas frente a los retos operacionales derivados de las nuevas
amenazas asimétricas. No se trata de sacar el máximo provecho a las capacidades
disponibles sino en diversificarlas. De ahí la referencia a una cartera (portfolio)
a la hora de finar la configuración de las fuerzas. En segundo lugar, el
concepto de transformación de la QDR de2001 reemplazó el concepto de
modernización, los programas sectoriales y ocasionales de reforma y la
adaptación de las fuerzas por un sistema permanente, sistematizado y holístico
de innovación estructural asociado a las nuevas operaciones, conceptos,
tecnologías y capacidades para el combate. En tercer lugar, modificó el modelo
de planeamiento de fuerzas para permitir una combinación final (construct) de
ellas que permitiera atender simultáneamente su empleo en la defensa
territorial, su despliegue avanzado en cuatro regiones, su participación en dos
conflictos con garantías de victoria en uno de ellos y llevar a cabo un número
limitado de pequeñas operaciones de contingencia.
La QDR de 2006 es, como el propio secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld
declara, bastante continuista respecto a la de 2001 porque los escenarios
estratégicos persisten y las lecciones aprendidas parecen validar las líneas de
transformación adoptadas. Las mayores novedades corresponden a las
realidades no analizadas antes de los atentados de 2001 y que, por lo tanto, no
se analizaron en la QDR anterior: la lucha contra las redes terroristas la
defensa del territorio, los nuevos actores estratégicos y el acceso a medios de
destrucción masiva. Estas prioridades se enmarcan en una matriz de amenazas
tradicionales (convencionales) y asimétricas (irregulares, perturbadoras y
catastróficas) establecidas por la National Defense Strategy en marzo de 2005,
una estrategia que ahora se revisa.
La nueva QDR modifica los criterios de planeamiento para actualizar la
configuración de sus fuerzas. Se mantienen los cuatro objetivos anteriores de la
fuerza pero se agrupan en tres tipos de operaciones: operaciones convencionales,
defensa del territorio y combate irregular o asimétrico, y cada uno de ellos se
desdobla en dos modalidades: permanentes y ocasionales.
Esta nueva matriz de planeamiento para evaluar las capacidades y fuerzas cuenta
con movilizar recursos externos, como los de las agencias nacionales de
seguridad y las capacidades de sus socios y aliados, así como generar economías
internas agrupando civiles, militares y contratistas (total force concept). Con
esta redistribución de componentes se espera disponer de una disuasión a la
medida de las distintas fuentes de riesgo, en lugar de contar con una disuasión
única y asimétrica -demasiado grande o demasiado pequeña-para ser creíble.
Otra novedad en las reformas, es que éstas han llegado al propio Departamento.
La QDR de 2001 ya puso en marcha un proceso de evaluación institucional cuyos
resultados recoge ahora la nueva QDR. Ésta pone en marcha un proceso de
innovación empresarial que va a afectar a todos los niveles de decisión, gestión
y ejecución. La organización aspira a integrarse horizontalmente tanto como sea
necesario para contribuir a la acción conjunta, a cambiar su cultura
organizacional de forma que atiendan las demandas presidenciales, operacionales
y presupuestarias y a mejorar sus procedimientos de planeamiento, análisis y
evaluación de forma que mejoren la eficacia del apoyo a las decisiones.
El proceso y las conclusiones de la QDR no pueden trasladarse íntegramente a
otros Departamentos de Defensa occidentales porque no tienen la dimensión que el
estadounidense. Tampoco disponen de un sistema de planeamiento comparable al del
Consejo de Seguridad Nacional, capaz de generar una estrategia nacional -la
"gran estrategia" que denominan los británicos- para orientar la estrategia de
su Departamento de Defensa. La Estrategia Nacional de Seguridad establece los
objetivos, intereses, amenazas, respuestas y los instrumentos para hacerles
frente, incluidos los militares. A partir de ahí, el secretario de Defensa sólo
debe preocuparse de la "subestrategia" y de la"subpolítica" de su Departamento.
Por el contrario, el resto de las revisiones ministeriales conocidas trasciende
el ámbito de la defensa y ocupan el espacio de las estrategias nacionales,
"grandes" o pequeñas. Como resultado, los planeamientos ministeriales tienden a
definir no sólo cómo puede usarse y la fuerza y qué fuerza se necesita sino,
también, para qué se quiere usar la fuerza. A falta de una estrategia superior
que oriente la estrategia ministerial se corre el riesgo de que el proceso de
planeamiento funcione a la inversa y sea el sistema político-militar el que
acabe condicionando las estrategias de política general. Esta creciente
confusión entre estrategia y política ya se
criticó a propósito del Libro Blanco británico y tiende a reproducirse en otras
revisiones donde la reflexión no es multidisciplinar ni existen directrices
políticas que las guíen. Por ejemplo, los libros blancos de 1999 y 2003 del
Ministerio de Defensa del Reino Unido y las revisiones que las precedieron: la
Strategic Defence Review de 1998 y su New Chapter de 2002 diferencian entre la
estrategia y la política general y las departamentales, pero acaparan todo el
espectro del planeamiento estratégico y se superponen con ellas. Del mismo modo,
las leyes francesas de Programación Militar para
1999-2002 y 2003-2008 actualizan las orientaciones estratégicas del Libro Blanco
de 1994 y definen los intereses y objetivos políticos que deben respaldarse con
instrumentos militares. Estos ejemplos, entre muchos otros, reflejan la
necesidad de ir desdoblando los planeamientos estratégicos de forma que las
revisiones de defensa se subordinen a una estrategia general previa y
"supraministerial" que contrarreste la superioridad de medios de planeamiento de
los departamentos de defensa para que no condicionen la dirección estratégica
del Ejecutivo. Sin ese respaldo, las revisiones de la defensa tienden a abarcar
nuevas capacidades sin identificar aquellas en las que se debe desinvertir por
su obsolescencia; una carencia que comparte la QDR con el resto de los
planeamientos ministeriales.
Otra diferencia entre el planeamiento estadounidense y el de sus aliados, es que
su método favorece la coherencia a lo largo del proceso. Si la Estrategia de
Seguridad Nacional de EEUU señaló como riesgo prioritario la lucha contra el
terrorismo, las revisiones de defensa posterior han desarrollado ese objetivo
político hasta sus últimas consecuencias operacionales. La QDR de 2006 amplia y
profundiza la implicación de las Fuerzas Armadas en la lucha contraterrorista,
la guerra irregular, la contrainsurgencia, la gestión de consecuencias o la
defensa territorial. El objetivo político puede estar equivocado pero lidera el
proceso de planeamiento y articula la coherencia de sus distintos productos. Por
el contrario, en el planeamiento de los aliados refleja un desfase -mayor o
menor según los casos- entre los objetivos declarados y las capacidades.
Así,
las revisiones estratégicas de los aliados comparten la misma preocupación
estratégica por los nuevos riesgos emergentes de seguridad y asimétricos pero
estas prioridades no se traducen en cambios organizacionales, de estructuras de
fuerzas o de doctrinas militares que hagan frente a esos problemas y siguen
dedicando toda su atención a tareas convencionales en lugar de diversificarse.
Poniendo un ejemplo cercano, la Directiva de Defensa Nacional de 2004 destaca
los riesgos derivados de la proliferación y el terrorismo y la necesidad de que
las Fuerzas Armadas actúen contra ellos en apoyo de las organizaciones
internacionales hacia afuera y de los otros organismos de seguridad dentro del
territorio. Sin embargo, la preocupación no se ha traducido todavía en una
modificación de la política de defensa que ejecute ese objetivo político en
cambios organizacionales u operacionales concretos.
En relación con el método de planeamiento hacia uno basado en las capacidades
puesto en marcha por la QDR de 2001, el giro es ya colectivo y todos los
sistemas occidentales de planeamiento han comenzado a implantar el nuevo método
aunque, lógicamente, de acuerdo a su propias circunstancias.
Transformación y planeamiento basado en capacidades son términos que aparecen
detrás de casi todos los procesos de actualización tanto colectivos en la OTAN y
en la UE, como nacionales en los Libros Blancos de Defensa del Reino Unido de
2003, la Defense Strategy 2020 canadiense, la Defence 2000 australiana, la Ley
francesa de Programación Militar para 2003-2008 y las directivas de Defensa
Nacional alemana de 2003 y española de 2004. Se trata de un sistema de
planeamiento realizado en condiciones de incertidumbre que obliga a escrutar e
innovar constantemente todos los ámbitos del planeamiento para aproximarse a un
contexto estratégico cada vez más complejo. El esfuerzo es notable y los
resultados no se ven a corto plazo, por lo que se produce una división entre
quienes apuestan por reforzar su capacidad de planeamiento para ponerla a la
altura de los retos y quienes prefieren refugiarse en la gestión de la
certidumbre residual. División que coincide con dos visiones distintas: una
racional a largo plazo y otra política y a corto, de la gestión de defensa y que
trasladan sus divergencias al seno de los sistemas multinacionales de
planeamiento.
Se milite en uno u otro campo de los anteriores, los Ministerios de Defensa no
pueden quedar al margen de los procesos de transformación si se quiere
profundizar en la lógica de la acción conjunta en los planeamientos
estratégicos. Al igual que la Directiva de Defensa Nacional de 2004 y la nueva
L.O. de Defensa Nacional de 2005 han tenido que modificar la estructura
organizacional del Estado Mayor de la Defensa para asegurar la acción conjunta,
la misma lógica obliga a adoptar nuevos pasos en el ámbito ministerial. La QDR
de 2006 marca el inicio de los cambios en la organización, procedimientos y
cultura en los Ministerios y Departamentos de Defensa. La QDR apunta a un paso
que trasciende la integración horizontal -una integración ya adoptada con éxito
por el Ministerio de Defensa del Reino Unido- para maximizar todas las sinergias
institucionales en apoyo de las acciones militares y de las decisiones que
llevan a ella.
Esta nueva orientación empresarial tiende a facilitar la interacción ministerial
con el Ejecutivo, multiplicando y evaluando las opciones a decidir; con el
Legislativo, incrementando la interacción desde las fases previas del
planeamiento; y con los ciudadanos, clarificando el destino y utilidad de los
recursos presupuestarios puestos a su disposición. La orientación definitiva
depende del resultado de la auditoría operativa que se ha encargado en la
revisión, pero todos los mimbres que se desvelan en la nueva QDR revelan que
esperan reemplazar una organización de la edad postindustrial por otra de la
edad informacional, con mayor perfil analítico que político, mucho más
técnico-empresarial que burocrático y mucho más gestor que decisor.
La Quadrennial Defense Review de 2006 señala tendencias a losDepartamentos y Ministerios de Defensa occidentales pero no predetermina su respuesta. Su influencia se irá filtrando paulatinamente, por ósmosis, a través de los mecanismos de planeamiento en el marco de la OTAN y del estudio comparado de las prácticas (benchmarking). Ya que sus objetivos políticos son nacionales, la estrategia de defensa estadounidense no tiene por qué importarse desde otros planteamientos estratégicos divergentes.
Independientemente de esta influencia inducida, la revisión directamente las de
sus aliados. Por un lado, se delega en ellos una mayor contribución a las tareas
globales y transnacionales de disuasión y pone fin al enfoque regional de
riesgos. Esto supone para Europa el fin a corto plazo de la presencia avanzada
-ya residual- de fuerzas para en el espacio europeo. Por otro, las Fuerzas
Armadas estadounidenses profundizan su especialización funcional hacia
operaciones relacionadas con la defensa territorial y la protección inmediata de
los ciudadanos. Esta tendencia coloca al resto ante la disyuntiva de adaptar las
estructuras de fuerza y los procedimientos operacionales a los nuevos retos lo
que resulta difícil, o en adaptar los riesgos a las capacidades disponibles, lo
que resulta imposible. Por último, la revisión continúa acortando el desfase
entre el planeamiento real de defensa y la retórica de la anticipación, la
"proactividad" y el acondicionamiento de los retos que proliferan entre los
lugares comunes de los planeamientos occidentales.
En definitiva, el planeamiento estratégico de los aliados ha ido ascendiendo por
una cuesta de posguerra fría plagada de incertidumbres, restricciones
presupuestarias y proliferación de nuevos riesgos. El líder del pelotón ha
cambiado varias veces de estrategia, política y los medios para subir por ella
mientras los demás han ido haciendo "la goma" como han podido. El grupo
de los perseguidores es cada vez más reducido y aumenta el número de los que se
descuelgan cuando el líder acaba de dar un nuevo estirón y amenaza con
despegarse para siempre. Seguramente los aliados no deban competir en el mismo
circuito que la superpotencia mundial pero, al menos, deberían revisar con mayor
rigor sus hojas de ruta para saber dónde y cómo pueden competir.
