Jinetes del espacio argentinos

 

Abril de 2006

por Edgardo Arrivillaga

 

Ayer se aprobó el lanzamiento de la empresa satelital nacional. El asunto venia debatido desde hace uno un tiempo -en verdad la iniciativa era originariamente de Lavagna y tenía en cuenta tres aspectos: potenciar el INVAP que ya logró vender un reactor a Australia pese a la oposición de los ecologistas, no perder la posición geográfica zonal, finalmente desarrollar una política científica en el espacio que incluiría capitales europeos y chinos.


El gobierno prevé inicialmente una inversión de alrededor de 226 millones de dólares en Ar-Sat, Empresa Argentina de Soluciones Satelitales, con el propósito de explotar un satélite en la posición 81º oeste, que hasta hace semanas era responsabilidad de Nahuelsat. Es evidente que no quiso perder la oportunidad de ocupar la segunda órbita otorgada al país por la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Y si no la cubría rápidamente el país corría el riesgo de permanecer patéticamente instalado en un inerte panorama desde el puente.
La primera orbita fue cubierta en 1997 por el Nahuel 1, lanzado y operado precisamente por Nahuelsat (cuyo capital lo integraron la alemana EADS, con el 47,3%; la norteamericana SES Global, con el 28,75%; la italiana Finmeccanica, con el 11,7%; la uruguaya Antel, con el 6,5%, y la argentina Publicom, con el 5,75%). El consorcio debía concretar la colocación del segundo satélite en octubre del 2003, pero la crisis económica lo llevó a solicitar una prórroga de dos años. De no lanzar el propio, incluso hubiera podido ubicar un sustituto temporal, como hizo mientras terminaba de fabricar el Nahuel 1, cuando alquiló un satélite canadiense.


La Secretaría de Comunicaciones revocó el 18 de agosto pasado la autorización concedida a Nahuelsat para explotar esa segunda posición que le corresponde a la Argentina y que vencería de no ocuparse antes de noviembre del 2005, motivo por el cual se efectuaron gestiones orientadas a lograr una nueva prórroga.


Al anunciar la creación de Ar-Sat, lo hizo ayer pero sin explicar muy bien el alcance de la iniciativa como lo hace Europa cuando destaca sin tapujos el proteccionismo y posición autonómica con respecto a su industria aérea y el genuino efecto derrame que produce.Pese a esta sobriedad la presidencia destacó el significado de las comunicaciones para el desarrollo tecnológico y como política exterior , incluso en la conformación de alianzas estratégicas.


El interés oficial por ocupar esa posición se atribuye a que la puesta en órbita en el 2008 -se espera la aceptación formal de la UIT- permitirá alcanzar no sólo a América Latina sino también a América del Norte, con lo cual podrían ofrecerse servicios de comunicaciones satelitales en el competitivo mercado de los Estados Unidos. Particularmente en el área cercana al Caribe.


La industria espacial es uno de los sectores que Lavagna, ya con anterioridad vinculó con el futuro del país, por combinar el uso intensivo de recursos humanos científicos, tecnológicos y profesionales y la terciarización del ensamble productivo .Justamente desde esta pagina hemos enfatizado sobre la necesidad de que las microempresas tengan una sólida estructura central sobre la cual apoyarse. Eso lo manifestó en marzo último cuando recibió a Sean O’Keafe, administrador de la NASA (Agencia Norteamericana de Asuntos Aeronáuticos y Espaciales), quien visitó la Argentina para firmar con Jorge Taiana, entonces vicecanciller pero vicepresidente también de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, el acuerdo para construir el satélite SAC-D/Aquarius.


Por entonces, Lavagna llegó a aseverar que el “Plan espacial nacional” es una política de Estado concebida como una inversión con una tasa de retorno calculada sobre la base del impacto que el uso de la información contenida tiene sobre las actividades socioeconómicas a las que se dirige, lo que incrementa, a su vez, los recursos fiscales. En este esquema el país aportará los recursos prometidos y previstos presupuestariamente para que el SAC-D/Aquarius esté en órbita en el 2008 para la teleobservación del medio ambiente y la medición de la salinidad del mar y la humedad del suelo en grandes extensiones. En este caso, la Conae proveerá la plataforma satelital y un conjunto de instrumentos que serán sinérgicos y formarán una unidad con los aportados por la NASA, aparte de cámaras y elementos para suministrar la información requerida. En la construcción e integración del satélite, por primera vez totalmente en la Argentina, participarán el Invap (la empresa Investigación Aplicada, propiedad de la provincia de Río Negro y la Comisión Nacional de Energía Atómica) y otros organismos científicos y técnicos, como la propia Conea. La intención el gobierno es que la participación del gobierno nacional en Ar-Sat sea del 5% y que se reserve la “acción de oro” que concede el derecho al veto en las decisiones. Las provincias aportarían del 2% al 3% y el resto provendría del sector privado.


La puesta en marcha de la empresa se cumpliría en tres etapas:
1.- La anunciada de creación de la sociedad anónima estatal, momentáneamente integrada en un 98% por la cartera de Planificación y en un 2% por la de Economía y Producción. Para ello hicieron el aporte mínimo exigido de 12.000 pesos, a través de otras tantas acciones de un peso.
2.- Luego se dispondría la reforma del estatuto social para aumentar el capital necesario para la construcción, desarrollo y explotación, o sea, 226 millones de dólares, incluidos los seguros. El 40% se conseguiría mediante emisiones de acciones clase “B”, por licitarse en octubre o noviembre entre empresas que tendrán el gerenciamiento, y “C”, por venderse al público en oferta bursátil. El 60% restante se obtendría con obligaciones negociables.
3.- La integración de la nueva sociedad.
Guillermo Moreno, titular de Comunicaciones, aseveró que “la capacidad satelital ya está vendida, por los contratos a futuro firmados por empresas del sector”. Lo dijo después de mantener tratativas para que participen en el emprendimiento -no significa que todos aceptarán- con Venezuela, Bolivia y China (firmas de este último origen negociarían la puesta en el espacio) Techtel (controlada por el grupo mexicano Slim, propietario de CTI Móvil), Agea (Clarín), Aeropuertos Argentina 2000 (no descartó intervenir con Cablevisión y Telespazio) y las cooperativas telefónicas Fecotel (nuclea a 350 entidades) y Fecosur. El secretario de Comunicaciones dejó entrever, asimismo, que si Nahuelsat siguiera interesada en la actividad, podría participar comprando acciones.


La construcción en la Argentina aprovechará no sólo las experiencias conjuntas de la Conae y el Invap y no se descartarán las de empresas internacionales. Entre tantas mencionadas en estos días figuraron:
* El satélite de observación de la tierra SAC-C, puesto en órbita el 21 de noviembre de 2000 y preparado para funcionar durante cuatro años, que hizo el Invap en San Carlos de Bariloche, en tanto sus paneles los realizó la Conea.
* La NASA y la Conae crearon la “Constelación matutina”, en el 2001, compuesta por los satélites Terra, EO-1, Landsat 7 y el argentino SAC-C, que operan en conjunto tomando imágenes en todo el mundo.


* La puesta en órbita para el año próximo de los satélites de observación de la tierra SAOCOM 1 A y SAOCOM 1 B, actualmente en construcción, en la que se encuentran involucrados entes oficiales, universidades, empresas y las agencias espaciales de Bélgica e Italia.


* Tras la firma de un convenio entre la Conae y la agencia espacial de Argelia, Invap participa en la venta del SAC-F a dicha nación africana.


La intervención China es bastante decisiva ya que hace tiempo que ese país intenta tener un sistema satelital en esta zona del mundo. Las primeras negociaciones las desarrollaron con Brasil y Venezuela pero finalmente aprovecharían el nicho que otorga inesperadamente la Argentina. La industria aeroespacial es multiplicadora. Es a la vez nacional y establece una vinculación transnacional genuina como lo acaba de demostrar recientemente el vuelo de una misión ruso-americana que incluyó a un astronauta brasileño. Justamente en el desguace del complejo militar -industrial soviético perduró y sobrevivió el sistema de investigación espacial desarrollado por la ex superpotencia.


Exactamente lo mismo ocurrió con el sistema de exploración de misiles de alcance orbital que desarrollaron los alemanes desde la isla de Peenemunde antes de la debacle de 1944.


Son ejemplos concretos de que un país con sistema espacial puede tener valor agregado y luchar en la feroz competencia internacional con los otros.
Lester Thurow sostenía no hace mucho que este siglo viviría una dura batalla económica entre los Estados Unidos, Europa y el conjunto de países mas avanzados del extremo oriente. La competencia no es solo comercial. Sus escaramuzas pueden llegar hasta el espacio y la Argentina -certera después de todo en este asunto- acaba de posicionarse.

 

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