2 DE ABRIL: NINGÚN EQUILIBRIO DURA PARA SIEMPRE

 

Abril de 2006

Por Edgardo Arrivillaga - Enrique Oliva en Prensa Argentina


Enrique Oliva es un aceitado nacionalista que ha pasado gran parte de su tiempo en Paris y Londres. Desde allí cubrió los 74 días de la guerra produciendo un excelente trabajo sobre la inteligencia de medios y la acción psicológica de la prensa británica durante el conflicto.-

El trabajo que presentamos es una parte de uno mucho mas extenso que ha publicado en Prensa Argentina y del cual he rescatado lo que se refiere a la responsabilidad argentina para con sus combatientes y la necesidad de una historia oficial en estos tiempos de sorprendentes memoriosos. Lo otro corre por cuenta de los británicos que en ese momento eran, junto con Chile, el enemigo.

En verdad la guerra de las Malvinas tiene un doble significante analítico. Fracasa porque constituye el ultimo intento de sintetizar las dos alas del movimiento militar del 24 de marzo de 1976 y fracasa exactamente por los mismos motivos. La geopolítica y el integracionismo social posperonista mandaba el pensamiento militar nacionalista del golpe cívico -militar-por lo menos de un sector -y la economía ya parcialmente globalizada que anticipaba Martínez de Hoz regia las maniobras del sector radical del pueblo expresado parcialmente por Viola y Videla. Mas por el primero que por el segundo. Los primeros pensaban en términos de una geografía fuerte y arrastraban como lastre para tener la cabeza fría la victoria militar en la guerra interna. Los segundos querían el desguace del estado creado por Justo y por Perón para integrarse al mercado. Curiosamente también eran coquetamente filobritánicos. De hecho una de las primeras medidas de la Junta, con una Marina paradojalmente ultranacionalista que ocupaba la Cancilleria, fue denunciar el acuerdo tácito por el Canal de Beagle, mientras logísticamente el país se preparaba para la guerra con Chile o mas hacia el Este. Se compraron 13.000 millones de dólares de la época en armamento para convertir a la Argentina en la potencia militar sudamericana del Cono Sur, con posibilidades bioceánicas y una prolongación irrevocable hacia la Antártida. Nacionalista e integracionista hacia adentro era un sector del movimiento militar pero su maniobra anticolonial final se estrelló con sorprendentes errores tácticos que determinaron la derrota. Probablemente una lectura demasiado rígida de Clausewitz condicionó la táctica y la estrategia argentina. La Argentina no quería el derrocamiento del decaído imperio británico en su totalidad. Menos aún quebrar a la alianza occidental. Sus ambiciones comenzaron entonces autolimitando el alcance de la guerra sin entender el interjuego que propone una guerra para alcanzar una paz razonable. Las guerras limitadas son de otros siglos o de potencias simétricas y su limitación procede de la libre voluntad y del equilibrio potencial de los contrincantes. No era exactamente el caso de Gran Bretaña, inmersa en la vanguardia de la Guerra fría en 1982.

Pocos argentinos saben -y esto lo ha obviado Oliva, que si lo sabe, en aras de la unidad nacional -que en Malvinas hubo dos intentos de golpe de estado contra la gobernación de Menéndez, un hombre de gabinete.

Los levantamientos los protagonizaron los comandos liderados por el teniente coronel Seineldin. Tenían por objetivo salir de la guerra de trincheras y asestar una contraofensiva irreparable a las tropas inglesas que eran blanco fácil durante los desembarcos. También la infantería de Marina organizó el único contraataque exitoso terrestre durante la guerra y su jefe, capitán de fragata Carlos Robacio, sufrió una sanción disciplinaria pedida absurdamente por el propio Menéndez. La rendición del Batallón 5 se hizo prolijamente y los británicos advirtieron lo que ya habían percibido durante la batalla, la asimetría y la falta de conjuntez de la tropa argentina como si el 33 por ciento político en que se dividía administrativamente el país hubiese llegado también a la conducción de las operaciones bélicas.

El mejor análisis que se ha hecho en términos operacionales es obra de un almirante americano Harry Train donde planteó que la guerra se perdió por no haber alargado las pistas de aviación para instalar el sistema de armas aéreo en el propio teatro de operaciones. Esto determinó una selección de blancos táctica y no estratégica cuando bastaba con cercenar el sistema logístico británico para dejar fuera de juego a la fuerza de tareas inglesa integrada por 120 barcos y 27.000 hombres combatiendo a 13.000 kilometros de Inglaterra. Un oceano demasiado grande y difícil. Train revela también algo interesante, el mito de la traición americana hacia la Argentina. En verdad el Pentágono utilizó la guerra como un juego de guerra virtual y llego a la conclusión de que la Argentina resultaría vencida simplemente por no ocupar con sus escuadrillas y cazas la centralidad del conflicto. Las islas. En ese momento el consejo fue respetar los acuerdos con Londres, el partner esencial contra el despliegue moscovita. Y el partido pro-argentino que existía genuinamente en Washington fue simplemente superado.

Igualmente las bombas argentinas hundieron dos destructores, dos fragatas y un buque de desembarco. Además dañaron a catorce fragatas y dos buques de desembarco mas. Estas son las realidades abajo de la predica pacifista y algo empalagosa desarrollada durante el gobierno alfonsinista.

Actualmente la defensa británica de las islas se limita a 2.000 millones de dólares invertidos en la construcción de una gran basea aérea. No se construyeron ni barracas faraónicas ni una base naval gigantesca. Desde su posición -que era estratégicamente la nuestra -saben que el control aeronaval es la clave de la victoria para mantener las islas

Pero lo que nos queda por resolver, además de la soberanía, es el problema de los vets.

Quien esta matando a los vets ? Y sobre eso Oliva pone las cosas en su lugar.

Sobre el otro tema solo basta revisar los clásicos de la guerra. Ningún equilibrio dura para siempre.

Edgardo Arrivillaga

 

2 de Abril

Por Enrique Oliva - PRENSA ARGENTINA

 

La gesta de Malvinas no tuvo nada desdoroso por parte de los argentinos combatientes por aire, mar y tierra. El coraje de enfrentar a tantas fuerzas del dinero y las armas, nos ganó la admiración generalizada de los humildes pueblos explotados por doquier. El nombre de las islas, hasta entonces desconocidas, porque lo robado se esconde, recorrió el globo como ejemplo de cómo se defiende una patria frente al colonialismo que, política o económicamente, imponen la explotación de los pueblos.


La desmalvinización

La nación está en deuda con los patriotas criollos que lucharon allí, tanto con cuantos descansan en tierras y aguas propias como los que volvieron. Tienen la impresión que gobernantes e intelectuales los olvidan y tratan de distraer la atención con banalidades. No quieren ver la herida abierta que sigue sangrando en el dolor de las madres y otros familiares que comparten el orgullo de la gloria de la gesta de Malvinas.

Algo vergonzante flota como una mancha. ¡Indignante! Algunos intereses buscan eludir y ocultar y la heroica epopeya de 1982: ¿se trata de desmalvinizar las conciencias argentinas en lugar de enaltecer su autoestima patriótica? Cuantos homenajes se han rendido a los caídos y los sobrevivientes, lisiados o no, han provenido de pueblo común.

La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas se ha debido organizar por su cuenta, recurriendo a la generosidad y comprensión patriótica de ciudadanos no gubernamentales para levantar un grandioso monumento en el cementerio de Darwin. Por su iniciativa se han organizado unos 40 viajes de madres, padres, esposas y hermanos para permitirles arrojarle flores en las aguas que recibieron los cuerpos de los marinos o rezar ante las tumbas de sus seres queridos.

A 24 años de aquella epopeya, lidian por tener un Museo de la Guerra de Malvinas, una biblioteca especializada, un centro de documentación para los investigadores de hoy y del futuro, una editorial, etc. Algo digno y didáctico que recuerde la historia y sea itinerante devolviéndoles la dignidad e identidad y sean ejemplo para los niños y las generaciones futuras.


¿Los evitables suicidios?

Nadie se ha ocupado oficialmente de hacer un seguimiento de la situación siquiátrica y sicológica de quienes vivieron el horror de las armas modernas del colonialismo sobre jóvenes argentinos.

 

Esta semana el diario “La Nación” difundió declaraciones de Juan José Fernández, Presidente de la Federación de Veteranos de Guerra de la República Argentina diciendo que en menos de dos meses, ocho compañeros se han inmolado, llegando ahora la cifra de suicidados a 430 casos ¡monstruoso! Además no hay seguimiento de las Fuerzas Armadas ni equipos médicos especializados para prestarles atención adecuada.¿Por qué?


Se precisa una Historia Oficial

La Gran Bretaña ya ha publicado su “Historia Oficial” del conflicto del Atlántico Sur. Es la única obra que pueden consultar los investigadores de hoy y, si no hacemos la nuestra, también será la fuente de los investigadores y del futuro. Y ¿en Argentina porqué no se hace?

Es menester que tanto las Fuerzas Armadas como el Ministerio de Relaciones Exteriores abran sus archivos a los estudiosos. Deben conocerse documentadamente los antecedentes del conflicto. Es necesario, dar y pedir opiniones y documentas de nuestros derechos en Malvinas, de las gestiones gubernamentales ininterrumpidas por su recuperación, de la historia y presente de las islas y trabajos serios sobre sus habitantes actuales y pasados y tendencias demográficas.

Si vine un turista simpatizante solo podemos mostrarle el cenotafio de Retiro. Ese visitante podrá buscar por lo menos tarjetas postales de las islas hechas durante la guerra y solo encontrará otras representando los grandes edificios de la “patria financiera” o frivolidades de culturas capitalistas importadas.

En las escuelas primarias, como en las secundarias, y menos aun en las universidades no se ven fotos o mapas que recuerden a las islas. Años atrás, mucho antes del conflicto, en todas las aulas habían, por mérito de las maestritas criollas, letreritos diciendo “las Malvinas son argentinas”. De clases alusivas a la fecha, como de la Resistencia Peronista de 1955 a 1873 no hemos visto ninguna disposición eficiente. Sin embargo, en pueblitos del interior, donde vivió un soldado caído, son los vecinos que han impuesto algún monolito o placa para honrarlo a un hijo del lugar.

Desmalvinizar es desnacionalizar, como se acostumbra desde hace mucho con los libros de historia redactados y negociados por las multinacionales de las editoriales, hoy en su mayoría extranjeras.

Hoy es un deber patriótico honrar a los muertos y sobrevivientes de la Guerra de Malvinas, a todos y cada uno de ellos, se encuentre donde se encuentre, como a sus organizaciones privadas, sin fines de lucro, como son la Comisión de Caídos en Malvinas y al Instituto Malvinas, ambas con personería jurídica.
 

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