Abril de 2006
Por Natalia Serantes
El pasado 9 de abril los ciudadanos peruanos votaron a su futuro presidente.
Como suele ocurrir en distintos países del mundo, la gente vota al candidato
cuya cara le resulta conocida, aquel que tiene un apellido familiar o al que
se cansó de ver y escuchar en los distintos medios de comunicación.
Lamentablemente son muy pocos los casos en los que los electores se
preocupan realmente por averiguar qué es lo que proponen los distintos
postulantes al sillón presidencial y la manera en que llevarían a cabo esas
ideas. Y aunque a veces parezca que entre ellos son los peores enemigos y no
se cansen de defenestrarse entre sí delante de los micrófonos, muchos de los
proyectos son similares, o, en algunos casos, hasta iguales.
16,5 millones de personas recurrieron a las urnas el pasado domingo para
cumplir con su derecho ciudadano. Éste número representa al 90% del padrón
electoral y califica la votación como una de las más exitosas de la
historia.
Pero los resultados, para desgracia de los candidatos, no fueron tan
sorprendentes. La elección no se decidió en esta primera vuelta. La sociedad
peruana deberá recurrir al ballotage para finalmente elegir al sucesor de
Alejandro Toledo, el presidente actual que tiene una imagen negativa de casi
el 70% en la población y está vinculado a distintos casos de corrupción.
Son tres los candidatos que están, por el momento, en esta recta final.
Ollanta Humala, candidato por el Partido Nacionalista Peruano ya tiene su
lugar reservado en la segunda vuelta por conseguir el primer puesto en la
elección. Según la Oficina Nacional de Procedimientos Electorales (ONPE),
con más del 87% de los votos escrutados, hasta el momento ya tiene el
30.82%. Un hombre y una mujer pelean, por muy poca diferencia, el segundo
puesto: el ex presidente socialdemócrata y candidato por el Partido Aprista
Peruano, Alan García Pérez (24.45%) y Lourdes Flores, del Partido Unidad
Nacional (23.38%). Ninguno de los dos puede atribuirse la victoria por el
momento. Se tardarían aproximadamente cinco días para contar los votos que
faltan y alrededor de 20 para resolver todas las impugnaciones que se
presentaron.
Este es el único dato que parece interesar. ¿Y las propuestas? Todavía se
está a tiempo para saber, al menos, qué es lo que proponen los dos que
lleguen a la segunda vuelta. Uno de ellos sí o sí estará desde el mes de
agosto ocupando la presidencia por un período de cinco años.
No sólo Humala y quien gane entre García y Flores van a tener una segunda oportunidad en la elección más importante de la democracia, sino también los ciudadanos van a tener la posibilidad de saber cuáles son las propuestas de cada uno de los candidatos presentes en el ballotage.
Son varios los aspectos a tener en cuenta para esta elección y uno de los más importantes, destacado por los tres candidatos, es la erradicación de la pobreza de su país a través de distintos planes de alimentación, educación y de generación de empleos dignos.
Lourdes Flores propone, dentro de su plan de gobierno, “que ningún niño en
el Perú se quede sin comer”, por lo que apoya la creación de programas
alimentarios que sean “la columna vertebral del Estado al servicio de los
más pobres”. Por su parte, el aprista Alan García presenta un Plan de Acción
Inmediata, dentro del cual incluye que se garantice la seguridad alimentaria
a través de la ampliación del plan de “entrega de vaso de leche” y la
restitución del Ministerio de Pesquería, siendo la pesca una de las
principales industrias nacionales. Humala, por el contrario, centra su idea
en una educación y una vivienda de calidad como también en la obtención de
empleos de alta productividad.
En promover el desarrollo del país y en la descentralización (Perú está
conformado por 179 provincias más la Provincia Constitucional del Callao)
como punto principal para lograrlo también todos coinciden, pero cada uno
tiene, además, alternativas propias: el partido del candidato que ya está
asegurado en la segunda vuelta propone un modelo nacionalista integrador y
la instauración de una Segunda República que oriente un proyecto que libere
a los “grandes sectores sociales marginados”, además de reformar los
procedimientos de la administración pública y de toma de decisiones a través
de la tecnología. Por su parte, los apristas quieren modernizar el Estado a
través de la eliminación de las prefecturas, subprefecturas y gobernaciones
y, entre otras cosas, reducir a la mitad los sueldos de los parlamentarios,
ministros y autoridades regionales y municipales. Sobre el papel estatal,
Flores habla de priorizar sus funciones básicas de seguridad y de
mantenimiento de las leyes, pero también hace hincapié en su rol
re-distributivo para mejorar las oportunidades de la población con mejores
presupuestos en educación y salud.
Tanto Alan García como Lourdes Flores están de acuerdo en impulsar las
inversiones, tanto públicas como privadas, en el territorio peruano para
lograr un incremento del PBI del 7% preservando los equilibrios
macroeconómicos y reduciendo las altas tasas de desempleo y subempleo de la
actualidad. Otros de los puntos en común entre estos dos y Ollanta Humala
son el cuidado y el apoyo de las pequeñas y medianas empresas, así como la
re-activación del sector agro-industrial aprovechando la rica biodiversidad
y el turismo.
En los tres planes de gobierno también se toma en cuenta la importancia del
desarrollo de la minería, pesquería, acuicultura, energía e hidrocarburos
para el crecimiento económico del país.
Pero para lograr la evolución del Perú no sólo basta con el desarrollo en el
plano interno. Es fundamental, como para todo país, relacionarse con el
exterior. Y en este punto la posición de los tres candidatos a la
presidencia es bastante similar. Tanto Humala como García hablan de un Perú
integrado, principalmente, con sus países vecinos de Latinoamérica para
poder dar respuestas en bloque. Lourdes Flores cree que el Estado debe
abrirse al mercado global aunque también opina que es fundamental prestar
atención a dos cosas: a los aspectos políticos y de seguridad que tienen que
ver con las naciones limítrofes, y la relación con sus mayores mercados
comerciales y fuentes de inversión.
La integración y la no discriminación, en un país compuesto por una población en su mayoría india o mestiza, también es un tema a resolver. Mientras que el Partido Unidad Nacional no específica sobre esta cuestión puntual, los otros posibles rivales sí lo hacen. El partido de Humala considera esta problemática como su principio número uno, en el que destaca no excluir a ninguna de las clases sociales ni a las etnias culturales del país, lo que considera como punto básico para poder lograr las aspiraciones sociales, económicas y culturales del pueblo peruano. Algo similar pretenden los apristas: construir una “nación de identidades compartidas” que reconozca la pluriculturalidad y el multilingüismo desde una visión intercultural, con la ayuda de un gobierno promotor de políticas centradas en la tolerancia y en la inclusión social.
Y para poder ser tolerantes se tiene que conocer sobre las diversidades
culturales. Estos conocimientos, según Alan García, deben ser aprendidos en
la escuela.
Pero la educación peruana también necesita reformas para mejorar su calidad.
El aprismo considera que se debe aumentar el presupuesto educativo en 0,25
del Producto Bruto Interno (PBI) hasta llegar al 6%, que hay que fortalecer
las instituciones educativas públicas a través de recursos económicos, que
es necesario ampliar la jornada escolar, que se debe mejorar el salario de
los docentes y que tienen que incorporarse innovaciones pedagógicas a la
instrucción; punto en el que coincide su rival Ollanta Humala, quien también
habla del derecho al acceso a la educación de calidad en todos sus niveles.
Para Flores, la situación educativa es la tercer prioridad de su plan de
gobierno y quiere que la escuela pública “llegue a ser la mejor del país”
porque “un país sumido en la ignorancia no va a ningún lado”.
De la mano de la educación recibida y del desarrollo personal e intelectual
de cada individuo viene la calidad de trabajo que ejerza una vez inserto en
el mercado laboral. Los tres candidatos coinciden en promover la creación de
puestos de empleo dignos y defender los derechos de los trabajadores. García
habla también de terminar con el abuso de los “services”, y garantizar el
pago de horas extras y la jornada de ocho horas.
Básico para poder trabajar de una manera estable es gozar de una buena
salud. La candidata Flores propone la creación de un seguro universal
gratuito para que ninguna persona, por no tener recursos económicos, quede
desamparada. Resalta, además, que la gente va a los hospitales para curarse
y “no a morir haciendo colas para conseguir una consulta”. Y en este tipo de
sistema universal coinciden los apristas que creen que puede llevarse a cabo
a través de redes que involucren a todos los prestadores que actualmente
actúan como subsectores, siendo financiados por la combinación de esfuerzos
públicos y privados. Un complemento básico para la gente de García es
priorizar la inversión en agua potable, saneamiento y control de la
contaminación ambiental.
Son muchas las cosas que hay que mejorar de Perú y uno de estos tres
programas va a ser el elegido por los ciudadanos para hacerlo. Es
fundamental conocer más allá de la cara o el carisma de los candidatos. Es
necesario saber qué se está eligiendo junto con esa persona. El mes de junio
es el elegido para el ballotage. Queda tiempo, todavía, para que cada
votante peruano elija entre los planes de gobierno de dos de estos
aspirantes al sillón presidencial. Hay tiempo, aún, para conocer el futuro
del país de los próximos cinco años.
