Mayo de 2006
Por Gerardo José González
Gerardo José González es abogado, especializado en temas de transportes,
logística y energía.
Profundo conocedor de problemas energéticos y de materias primas nos envía
algunas reflexiones sobre la celulosa en la Argentina, el problema de la
celulosa con las plantas en el Uruguay,
la reconciliación entre las leyes serenas del medio ambiente -el fluir de las
aguas del río - y las necesidades del desarrollo que involucra a las zonas
marginales del mundo. Tangencialmente toca los intereses concretos que del lado
argentino se ven perjudicados por el emerger de la no prevista burguesía
nacional industrialista del lado uruguayo. Sobre todo esto arroja un cañamazo de
realismo.
Pone en perspectiva lo que se discute desde el mundo de la abstracción.
Las empresas gráficas están simplemente inmersas hasta el cuello en la cuestión
y el gobierno solo reproduce los mismos argumentos que en su momento La
Prensa-principal importador de papel – ensayaba contra la celulosa discutida y
finalmente concretada en el país. Papel Prensa.
Ahora Clarín, La Nación y otros se bañan en las aguas del Jordán ecologista para
defender sus propias parcelas del negocio. Causa Nacional es la causa del
multimedios Clarín, de La Nación y hasta de Ámbito Financiero.
Causa Nacional de Papel.
Son fibras extraídas de algunos árboles que se usan principalmente para fabricar papeles y cartones.
Canadá, Suecia, EEUU, y otros países del hemisferio Norte aprovecharon las
coníferas nativas o plantadas como materia prima en los dos siglos pasados.
Después, el eucalipto, el sauce, el álamo, se colocaron como sustitutos más
baratos y de menor calidad, pero la tecnología los hizo aceptables.
PAPEL PRENSA SA. procesa sauce y álamo de plantíos propios -y algo que
compra a madereros del delta- en su planta de San Pedro, provincia de Buenos
Aires, hace décadas, y arroja sus efluentes al río Paraná, sin que le haya
traído ninguna denuncia de autoridades nacionales, provinciales o
municipales, de organizaciones no gubernamentales ni de los vecinos aledaños al
desagüe. Produce papel de diario, consumido por los socios
principales, dueños de los diarios Clarín y La Nación y por la mayoría de los
otros diarios de la Capital y del interior del país, que pueden comprar el papel
a quién quieran. Tiene una máquina grande y vieja, pero ajustada a la mejor
tecnología. Precios competitivos, incluso en pleno cavallismo.
Cabría preguntar porqué los ribereños del Paraná aguas debajo de Papel Prensa
jamás dijeron nada, ni se quejan ahora, momento oportuno.
Habrá que estudiar las contaminaciones de las celulósicas y las papeleras,
aunque no le agrade a Clarín y La Nación o al gobierno nacional.
Quién firma esta nota cree que lo de Fray Bentos es una locura insostenible.
El caudal del río Uruguay arrastrará los deshechos.
La gente de Gualeguaychú, que nunca se preocupó por crear una oferta turística
como Colón u otras ciudades ribereñas al gran río, y que envidian a los porteños
que pasan al Uruguay, produjeron un conflicto internacional, tolerado
incomprensiblemente por el gobierno nacional y el gobernador de la provincia de
Urquiza, que lo alentó en su momento.
Uruguay tiene toda la razón, Argentina ninguna.
El mundo necesita celulosa y Uruguay se la dará, con enormes beneficios a
cambio.
En el hemisferio sur templado crecen rápido eucaliptos, algunas coníferas,
sauces y álamos. La vieja ventaja competitiva, ni más ni menos. Una excelente
celulosa.
Bien haría Entre Ríos en meterse en el asunto, en lugar de repudiarlo
locamente.
Nuestro presidente, una vez más, erró.
Nuestro país no está para hacer ascos ecológicos.
Si alguien midiera la contaminación mortal del Riachuelo, el Matanzas y el
Reconquista, si alguien lo dijera públicamente, los jueces de La Haya nos
rechazarán ad limine. Obviamente será un poderoso argumento uruguayo, que sí
cumple los estándares internacionales.
Conclusiones y profecía: Esto terminará completamente a favor de Uruguay.
Las celulósicas se ajustarán a estándares de primer nivel en cuanto a
contaminantes, todo se será aprobado en las instancias del Primer Mundo, las
plantas funcionarán y Argentina agachará la cabeza.
