Mayo de 2006
Por Roberto Bardini
En el sinuoso y hermético submundo del espionaje las apariencias siempre
engañan. Ahí está para confirmarlo el general de aeronáutica Michael Hayden:
regordete y de aspecto bonachón, con la cabeza calva y un apacible rostro que
disimula su sagaz mirada detrás de unos lentes de mal gusto, parece más un beato
obispo católico de Boston que un experto en comunicaciones secretas con casi 40
años de experiencia.
Este es el hombre propuesto por el presidente George W. Bush para ocupar la
amplia oficina de director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), en el
edificio de siete pisos rodeado de montañas y árboles, ubicado en un complejo de
104 hectáreas cerca del río Potomac, en Langley (Virginia), donde trabajan
alrededor de 17 mil personas.
El prestigio de la CIA está en su nivel más bajo a causa de una serie de errores
de los últimos años, entre los que se cuentan el suministro de información
“dudosa” sobre las armas de destrucción masiva en Iraq para justificar la
invasión de marzo de 2003, sus nulos resultados en el combate al “terrorismo
internacional” y la filtración a la prensa de datos confidenciales que han
perjudicado a la Casa Blanca.
Hijo de un obrero soldador de Pittsburg y con un master en historia por la
Universidad de Duquesne (Pensilvania), Hayden ya era un devoto de la electrónica
cuando ingresó al ejército en 1969 e inició una meteórica carrera en la
especialidad de tecnologías aplicadas a la inteligencia y la contrainteligencia.
Con fama de hombre frío y cerebral, escaló posiciones como agregado en la
embajada estadounidense en Bulgaria durante los años de la guerra fría, oficial
en la isla de Guam, Corea del Sur y Alemania, director de inteligencia en el
Comando Central de Estados Unidos en Europa, comandante del Centro Conjunto de
Mando y Control Bélico -con sede en Texas- y, finalmente, número dos en la
Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), donde permaneció
de 1999 a 2005.
Con un presupuesto superior al de la CIA y cerca de 50 mil empleados, la ANS es
una de las corporaciones más poderosas y sofisticadas del mundo, especializada
en comunicaciones, radares, señales electromagnéticas, telemetría,
criptoanálisis y fotos e imágenes desde aviones y satélites.
Desde este último puesto, el general de cuatro estrellas dirigió durante cinco
años el controvertido Programa de Vigilancia Terrorista, que a partir de los
atentados aéreos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York controla
clandestinamente las llamadas telefónicas nacionales e internacionales, correos
electrónicos y faxes de sospechosos de terrorismo con residencia en Estados
Unidos.
“Mike conoce nuestra comunidad de inteligencia desde sus bases hasta la cúspide.
Ha sido tanto un proveedor como un consumidor de información de inteligencia”,
dijo Bush al anunciar la postulación de Hayden. Y al agradecer la nominación, el
general con aspecto de obispo resumió en 16 palabras el rumbo actual de la
administración republicana: “Probablemente no haya puesto más importante para
defender nuestra seguridad y nuestros valores que la CIA”.
At. Carlos de la Garma
