Políticas exteriores de estado

 

Mayo de 2006

por Andrés Cisneros

Ex Secretario de Estado de Relaciones Exteriores

(1996-99)


En su edición anterior, la revista especializada “Archivos del Presente” publicó un trabajo de Rafael Bielsa en el que el todavía Canciller reivindicaba a la política exterior bajo su conducción, con fuertes críticas y ni un solo reconocimiento a los gobiernos de Alfonsín y Menem, de la democracia surgida en 1983, que lo precedieron. En el siguiente número 38 de la misma revista, de reciente aparición, quien fuera el último Secretario de Estado de Relaciones Exteriores de Guido Di Tella, refuta a Bielsa, sosteniendo que el grueso de las políticas exteriores introducidas en las décadas de los Ochenta y los Noventa, continúan plenamente vigentes, inclusive durante el gobierno del doctor Kirchner, constituyendo ya verdaderas políticas de Estado.

El trabajo tiene una sorprendente actualidad dado la guerra económica que libramos con el Uruguay de forma tan azarosamente irresponsable y que Cisneros daba por superada. Digamos que el trabajo de Cisneros que toma la gestión de Bielsa pero solo el inicio de la de Taiana no podía anticipar que muchas de las falencias superadas volverían y muy rápidamente de la mano de ese ombliguismo narcisista que algunos operadores de la política exterior argentina cultivan de antaño. Las políticas de Estado que Cisneros veía como consensuadas ya de forma seria e irrestricta comienzan a desgajarse. Vuelve el aventurerismo tribal de la barra brava. Y el país sigue su marcha hacia el túnel del tiempo que multiplica infinitamente el pasado. El super hombre ha dejado de ser argentino hace un tiempo largo, si es que alguna vez lo fué. Y el recentraje de la política exterior argentina para la década es una tarea para realistas. No es un tema de campaña.

Veamos el trabajo, analicemos lo que ocurre hoy por hoy con el Uruguay y el Mercosur y analicemos también estilos, conductas, resultados.

 

El argentino depende del narcisismo y la parada,
se queda casi siempre en la superficie.
Me sorprende la desproporción que hay entre su inteligencia, a menudo espléndida,
y la insuficiencia de su criterio.
José Ortega y Gasset

 

La nota del doctor Bielsa es muy crítica de la política exterior de los noventa y algo menos de los ochenta y del período de la Alianza. Tanto, que no menciona ni un solo aporte positivo de tres administraciones surgidas de la Democracia y que, habiendo gobernado por tantos años, algo, alguna cosa buena seguramente han dejado.

El elemento más escaso de nuestra vida pública son las políticas de estado. Desde hace décadas, adolecemos gravemente de un número mínimo de coincidencias básicas que permitan continuidades aunque cambien los gobiernos, impidiendo que cada administración comience reinventando la rueda cada cuatro años. Y para eso, hay que aceptar que la mirada hacia los otros constituye el principio ineludible de cualquier política de estado.

Esta falencia es especialmente nociva en materia de política exterior: hoy en día, ningún elemento estructural de ninguna política exterior, de ningún país del mundo, puede instalarse como política de estado en el corto lapso de un período presidencial. Muchas veces, tampoco en dos.

El mundo respeta las continuidades y la previsibilidad. Y, por sobre todo, la madurez de autoridades nuevas que sepan aprovechar aciertos anteriores. A principios de octubre, la flamante canciller de Alemania, Ángela Merkel, que emergía de una disputa electoral feroz, lo primero que hizo fue enunciar públicamente tanto los cambios como también las continuidades que se propone aplicar a la política exterior de su país. Así operan los políticos de las sociedades más evolucionadas del orbe.

A la inversa, no existe en todo el mundo occidental un gobierno de la democracia que afirmara, como se ha hecho aquí, que la política exterior de sus predecesores, también ellos de la democracia, haya sido insanablemente perversa, lesiva de la dignidad nacional, genuflexa, esencialmente contraria a los intereses nacionales y debía cambiársela en su totalidad por otra completamente nueva. En los países serios no se procede así.

Disintiendo constructivamente con el doctor Bielsa, trataremos de repasar, muy apretadamente, algunas de las acciones de política exterior de esos períodos que, en nuestra opinión, resultaron muy favorables al interés nacional argentino y que continúan siéndolo hoy como en el primer día.

Lo positivo de tales políticas no se basa meramente en nuestra opinión personal sino, mucho más, en el hecho irrefutable de que, instaladas entre diez y veinte años atrás, no han sido esencialmente modificadas y se encuentran vigentes y son diariamente aplicadas hasta este mismo momento, incluyendo el corto período en que el doctor Bielsa aparecerá en los registros como ministro de Relaciones Exteriores.


Los aportes de Alfonsín y Menem

Las administraciones de Alfonsín y Menem fueron responsables de instalar numerosas líneas de política exterior que demostraron una vigencia largamente mayor que sus mandatos:

Crearon y pusieron en marcha el Mercosur;

Cambiaron la relación con los vecinos, de hipótesis de hostilidad a hipótesis de cooperación;

Terminaron todos los centenarios desacuerdos limítrofes con Chile, ratificados abrumadoramente por el Congreso;

Lideraron un proceso que consagró la prohibición de las armas de destrucción masiva en toda Sudamérica;

Redujeron los gastos de Defensa de toda la región a los mínimos de toda la Historia, al tiempo que revirtieron el embargo cuasi universal que impedía el debido rearme de nuestras Fuerzas Armadas luego de las ingentes pérdidas en Malvinas;

Abrieron a nuestros hombres de armas el camino de la cooperación internacional en las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas, consolidando su papel en la Democracia, como una nueva dimensión para su destino profesional., incorporándolas activamente a una inserción del país en el mundo que recién después siguieron muchos países, entre ellos nuestros vecinos;

Remontaron el aislamiento internacional y el inmovilismo a los que nos sometiera la derrota militar en Malvinas;

Concertaron una alianza estratégica con Brasil y encontraron la manera de mantener con los Estados Unidos una convivencia beneficiosa y no perjudicial para los intereses nacionales argentinos.

Lideraron en la región las políticas de Derechos Humanos, con posiciones luego adoptadas por el resto de los vecinos.

Establecieron las bases para combatir el terrorismo internacional en el área, instalando el tema en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, varios años antes del atentado del 11 de Septiembre.

Lideraron en esta parte del mundo la creación de Tribunales Penales Internacionales para juzgar los delitos de lesa humanidad.

Dieron sustancia a la relación con el Estado de Israel sin afectar la tradicional amistad y cooperación con los países árabes.

Lideraron el debate sobre la democratización y transparencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para disminuir sus privilegios y aumentar el componente democrático de su sistema institucional.

Contribuyeron significativamente al aumento de las exportaciones, la diversificación de nuestras colocaciones, el incremento de las ventas no tradicionales, la apertura de nuevos mercados y a la integración económica y comercial con la región y con el mundo en un grado nunca conocido hasta entonces. Y no menos importante, aportaron exitosamente al cambio de mentalidad de buena parte de nuestros productores de bienes y servicios para volcarse decisivamente a los mercados mundiales.

Transformaron la cultura del cuerpo diplomático del estado, incorporándoles la competencia en materia de promoción de exportaciones, conectándonos como nunca antes con los propios productores involucrados. Además, fue en esos años que se creo la Fundación Exportar, que aún hoy mantiene en su Consejo de Administración a los mismos empresarios de primera línea que asumieron funciones en los años 90.

 

El caso del doctor Kirchner

Las cosas buenas persisten. El actual Presidente de la Nación, por ejemplo, mantiene sabiamente una decisión de política exterior a la que en su momento se opuso personal y fervorosamente y que hoy constituye una política de estado que su administración continúa sin modificar.

En efecto, durante los años en que se discutió la traza limítrofe de los Hielos Continentales, el entonces gobernador y su señora esposa, a la sazón diputada por Santa Cruz, batallaron denodadamente en contra de su aprobación. Finalmente, una enorme mayoría pluripartidaria de nuestro Congreso ratificó ese acuerdo que, desde entonces, rige sin cuestionamiento alguno en ambos lados de la cordillera, y no ha tratado de cambiarse a pesar de que ese gobernador ocupa hoy el más alto cargo de nuestro sistema de institucional. Ello permitió establecer una relación especial con Chile y el incremento muy sensible de las inversiones, el comercio y el turismo en la región con indudables beneficios económicos para las provincias patagónicas.

Lo propio con nuestro retiro del Movimiento de Países No Alineados, donde, en el continente americano, solo Cuba y Argentina habían tomado parte. En su momento, quienes hoy gobiernan lo calificaron de las peores maneras, pero, ahora en el poder, no se escucha para nada que se propongan reafiliarnos, ni siquiera como observadores, manteniendo así la política fijada en los noventa.

 

   

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