CHILE: EL "GRAN HERMANO" DEL CIELO

 

Mayo de 2006

Por Rodrigo Alarcón Bohle - Desde Santiago


"Quien controla el reconocimiento, observa al enemigo; quien observa al enemigo, percibe la amenaza; quien percibe la amenaza, establece las alternativas; quien establece las alternativas, determina la respuesta".

William Burrows. Deep Black, 1986.


Chile se apresta a consolidar uno de los proyectos militares más ambiciosos en materia de seguridad externa e interna: la compra de un satélite óptico para la observación estratégica y preventiva de vastos sectores de la superficie nacional (en el ámbito civil) y extranjera (en el ámbito estratégico-militar). El proyecto, que será ejecutado por el consorcio europeo EADS en un contrato exclusivo, le costará al país de la estrella solitaria 40 millones de dólares, con cargo a la por estos días consistente billetera de Defensa gracias a la Ley Reservada del Cobre -que se ve particularmente beneficiada hoy por un excedente comercial que alcanzará los US$ 17 mil millones y una fuerte alza del peso frente a un dólar cada vez más desvalorizado- lo que permitirá a Chile el acceso no sólo a un satélite propio, sino a todo un sistema satelital y tecnológico de punta.

Tras dos experiencias anteriores en materia espacial, con la fallida puesta en órbita del satélite Fasat-Alfa en 1995 (debido a un falla en el sistema de anclaje del cohete ruso) y la exitosa misión del Fasat-Bravo entre 1998 y 2000, ambos construidos en Chile por la Fuerza Aérea (Fach) y lanzados desde el cosmódromo ruso de Baikonur, hoy Chile se apresta a concretar uno de los proyectos que lo harán dar un enorme salto cualitativo en materia militar.

Tal es la trascendencia que ha adquirido este contrato para EADS (European Aeronautic and Space Company), empresa con una mayoritaria participación francesa, que incluso el mismo presidente galo, Jacques Chirac, viajó a Chile para firmar en La Moneda el acuerdo con la presidenta Michelle Bachelet para la puesta en marcha del denominado "Proyecto Aurora", que será lanzado al espacio en 2007.

Dado que se estima demasiado esperar dos a tres años una vez firmado el contrato para que se entregue el satélite a Chile, la idea es que paralelo a su construcción, se arriende la información de otros satélites ya en órbita. Al mismo tiempo, se pretende instalar en el país la infraestructura adecuada. De esta forma, cuando el satélite se lance al espacio y empiece a entregar sus datos y se potencie con los demás, ya habrá un capital humano capaz de manejar todo el sistema.

Este monitoreará las fronteras -y a todo el país- en áreas relacionadas con la pesca, agricultura, hielos, temperaturas, salinidad de aguas y el sector forestal. Tendrá más de 170 aplicaciones, incluidas las policiales y militares.


Tecnología militar de iniciativa civil

Pero este proyecto, que será financiado por las tres ramas de las Fuerzas Armadas (Ejército, Fuerza Aérea y la Armada), tiene su génesis en el mundo civil.

El astrofísico Rolando Hernández Mellado, el principal asesor científico con que cuenta la Subsecretaría de Aviación del Gobierno de Bachelet para crear un sistema satelital destinado a observar y vigilar el territorio nacional, instaló hace 15 años un pequeño laboratorio para investigar esta materia en la Universidad de Concepción, institución insigne de la capital de la VIII Región del Bío Bío, 500 kilómetros al sur de Santiago.

Su ubicación allí no es azarosa. La urbe es la segunda ciudad más importante y poblada de Chile (1 millón de habitantes y 10 municipios o "comunas"). Es un centro eminentemente universitario (con 5 planteles) y científico (sede del centro de investigación en biotecnología) y en cuya bahía, a la sazón, la Armada de Chile cuenta con la Base Naval de Talcahuano, puerto base de la Fuerza de Submarinos y de los Astilleros y Maestranzas de la Armada (Asmar).

Además de ello, la Región del Bío Bío es una de las principales concentradoras de las actividades económicas del país. En su interior acoge rubros tan diversos como la siderurgia (en la planta Huachipato), la agricultura tradicional, la industria de la celulosa, región donde está la mayor concentración de estas plantas en Chile y por la actividad forestal, de la cual es la principal exportadora. Representa así un porcentaje no menor del PBI neto de Chile. Sin embargo, el lugar donde se montarála infraestructura aún no está decidido. Puede ser Valparaíso o Santiago.

A mediados de 2003, el doctor Rolando Hernández pensó que recibía una llamada equivocada desde Santiago cuando lo saludó al otro lado de la línea el entonces director nacional del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), Carlos Parra Merino, a quien no conocía.

Parra, preocupado por la salud del ganado chileno, le consultó cómo se podrían monitorear desde el espacio las permeables fronteras con Argentina, ya que sólo entre las regiones del Maule y del Bío Bío existen más de 80 pasos fronterizos ilegales.

"Le planteé el proyecto de realizar la cobertura de la cordillera en forma tridimensional, vía satélite, y planificarlo desde la oficina como si fuera un escenario bélico. Además, esa data debería actualizarse diariamente mediante pequeños aviones no tripulados", contestó un entusiasmado Hernández.

Y tocó la circunstancia que ni el mismo Director del SAG sospechaba: en octubre de 2004 el entonces presidente Lagos lo puso como subsecretario de Aviación. Con ello, presidió la Agencia Chilena del Espacio, comisión asesora presidencial donde Rolando Hernández intregraba desde antes un comité técnico. "Ahí se nos ofreció la llave política", comenta el astrofísico.

Ahora Hernández asesora científicamente al nuevo subsecretario, el capitán de bandada (r) Raúl Vergara, coordinador principal del acuerdo con la European Aeronautic and Space Company (EADS), consorcio que negocia con Chile la venta del satélite y sus accesorios. Así pasó a ser el científico que afina en Defensa el ambicioso proyecto "Aurora".


El atractivo factor israelí

La decisión chilena de contar con un satélite propio inició entonces una rápida carrera internacional entre posibles competidores por adjudicarse su materialización. Uno de los más fuertes competidores de la firma europea fue ImageSat International, empresa israelí propietaria de los satélites espías Eros-A y Eros-B (recién puesto en órbita), diseñados por IAI (Israeli Aircraft Industries) para el Ministerio de Defensa de Israel, país que abocado a espiar los movimientos de Irán y su programa nuclear, abierta amenaza a la supervivencia del Estado judío.

ImageSat no ofrecía a Chile la construcción de un satélite propio, sino su participación en el programa Eros-B que hoy espía a Irán mediante el arrendamiento del satélite en su paso sobre América del Sur y la consiguiente toma de nítidas fotografías de implicación estratégico-militar de Chile y sus países vecinos (en particular de uno).

El interés de los israelíes fue tal, que entre 2003 y 2004 la empresa envió a Santiago a dos altos ejecutivos para sondear posiciones y hacer lobby ante personeros de Gobierno y del Congreso para inclinarse por la oferta israelí.

De hecho, en una entrevista con el diario El Mercurio, el ex diputado y hoy candidato a la presidencia del oficialista Partido Por la Democracia (PPD), Jorge Schaulson, reconoció haber sido sondeado telefónicamente por un representante de la firma israelí, aunque nunca se gestó un encuentro en persona. Pero según los mismos israelíes se extendieron varias invitaciones a parlamentarios para visitar Israel y las instalaciones de la empresa, visitas que se concretaron en el mismo período, aunque ninguno las ha reconocido oficialmente, dado que las autoridades chilenas guardan con celo la información del proyecto.

A ese respecto Rolando Hernández es optimista. Indica que lo más probable es que Chile arriende satélites al mismo consorcio europeo que posiblemente fabricará el ejemplar nacional, firmando con EADS un contrato amplio. Si Chile quiere aprender a construir satélites, parece razonable estar con estos fabricantes y tener un intercambio fluido con ellos. Pero cualquiera pueda acceder: Israel, EE.UU., Rusia, China, Taiwán y Japón tienen satélites disponibles".

Hernández, sin embargo, quiere despejar las críticas de la comunidad científica y política y remitirse estrictamente a su campo: "Hay sensibilidades políticas y otro montón de aspectos que se me escapan. Lo que quiero es contextualizar el satélite en lo técnico, que está muy avanzado", dijo a El Mercurio.


El siempre problemático resquemor del norte

Pero, como ya es rutina luego de los movimientos de la Defensa chilena, el sólo trascendido de la adquisición de un satélite generó inmediatas reacciones en su problemático vecino del norte. En Perú ven con recelo cualquier adquisición de índole militar que haga Chile, aún cuando su utilización sea en gran parte civil.

Ello tiene cierta lógica: con el sistema propio, Chile adquirirá ventajas cualitativas notables en el aspecto estratégico detectando con antelación movimientos de tropas e instalaciones, lo que sumado a sus sistema de defensa altamente tecnificado, con material de combate de última (y penúltima) generación, haría fácilmente aplacable cualquier acto hostil.

Las razones para ello son el espíritu de la actual política de defensa de Chile: la estabilidad política del país, su pujante infraestructura y su seguridad económica y social se han constituído en verdadero baluarte que como país no está dispuesto a tranzar. Por ello, se debe constituir en una verdadera fortaleza para disuadir a cualquier potencial agresor convencional, que haga completamente inviable toda eventual aventura revanchista de corte populista. Pero una cosa es clara: el país sólo quiere vivir tranquilo. Quienes afuera piensan en un política expansionista y de agresión no pueden estar más alejados de la realidad.

Sin embargo los síndromes post traumáticos derivados de la Guerra del Pacífico hace más de un siglo todavía calan muy hondo en Perú. Titulares como "Chile nos espía", "Preparan una invasión" "Chile se sigue armando" son rutinarios en la prensa peruana, sobre todo en la denominada "prensa chicha", que adopta posturas parciales respecto tal o cual color político, en el que el "factor Chile" siempre actúa en la opinión pública como agente aglutinador de masas por la causa nacionalista. Pero también hay visiones más aterrizadas y racionales, como la del analista de defensa peruano Alberto Bolívar Ocampo.

En una columna de opinión del diario limeño La Primera, el analista sostiene que la aspiración espacial chilena "no sólo es una excelente compra, sino también una necesidad por la ambiciosa meta trazada de alcanzar el estándar militar OTAN en 2010, es decir, en el año de su bicentenario, las FF.AA. sureñas estarán en condiciones de interoperar con cualquier fuerza armada de la alianza atlántica. A eso debemos añadir las capacidades que desde hace más de una década le proporciona la adquisición en Israel del avión espía "Cóndor" por US 500 millones: espiar, interferir y controlar absolutamente todo el espectro electromagnético en 600 kilómetros a la redonda de donde se le ubique", sostiene.

Agregando sobre el aspecto estratégico del a estas alturas artificial balance militar entre Chile y Perú, Bolívar Ocampo plantea la necesidad de que las FF.AA. peruanas adquieran aviones pequeños no tripulados para reconocimiento aéreo. "Lo ideal es tener satélites espías, pero si no hay el dinero suficiente –o la decisión política e institucional, factor que es mucho más importante– se pueden adquirir los vehículos aéreos no tripulados (también llamados drones) –conocidos como UAVs por sus siglas en inglés– y los resultados tácticos y operacionales pueden ser espectaculares, como lo demostraron los ecuatorianos en 1995 al obtener inteligencia en tiempo real usando dos UAVs desde su base en Coangos. Esa ventaja tecnológica sólo acabó cuando nuestras fuerzas especiales incursionaron sobre la base y destruyeron a los drones".

Todos los analistas peruanos coinciden (como es obvio) en la necesidad de que Perú renueve su armamento para alcanzar el equilibrio militar con Chile, previendo un conflicto que no tienen hoy ninguna posibilidad de ganar en una guerra convencional simétrica. de hecho el tema ha sido parte de las campañas presidenciales de los dos candidatos que hoy postulan al sillón de la Casa de Gobierno.

Sin embargo, Alberto Bolívar Ocampo aterriza casi con desazón la postura peruana a la capacidad y voluntad de Chile de estar siempre unos pasos adelante para "asegurar su seguridad". Al respecto, el analista peruano es categórico: "Las FF.AA. peruanas podrán comprar todo lo que quieran, modernizar todo lo que quieran, pero mientras primero no adquieran su propio satélite de comunicaciones y observación, seguirán siendo unas FF.AA. atrasadas, del siglo XX, con sistemas de comunicaciones débiles e inseguros. Siempre a merced de aquel que esté sólo un poco más avanzado tecnológicamente, como ocurrió en el Cenepa (conflicto con Ecuador de 1995) y con las graves implicancias que esto conlleva, en un entorno estratégico sudamericano cada vez más inestable".


Más que un satélite: un sistema satelital de monitoreo

El astrofísico chileno Rolando Hernández es enfático en aclarar que lo que Chile implementará es todo un sistema, cuyo mayor impacto estará en el mundo civil y no tanto el militar. "No se trata solamente de un satélite. Uno solo no sirve. El proyecto consiste en manejar varios tipos de satélites porque necesitamos recoger múltiples datos que uno solo no entrega (...). En el sistema 'Aurora' un satélite propio será el gran motor", asegura.

Pero, ¿por qué Chile debiera contar con un sistema satelital para observación y vigilancia? "Porque se necesitan varios instrumentos de diversas resoluciones, radares y telescopios, para contar diariamente con distintas imágenes del territorio nacional. Un solo satélite no tiene la instrumentación para cubrir todos los tipos de necesidades. Porque el satélite óptico que quiere Chile no lleva normalmente radares, fundamentales para las zonas marítimas, o donde esté nublado", contesta.

Según agrega el diario El Mercurio, con sus varios satélites, Chile también podría bajar información valiosa para otros países e intercambiarla con aquella que le interesa internamente.

Hernández confirma que a nivel civil el Servicio de Impuestos Internos (SII) será el gran favorecido: "Desde el momento que un satélite analice con gran resolución elementos más chicos que una terraza o una piscina (pileta), podrá captar si alguien construyó algo no declarado". Pero no olvida que la cuestión militar tiene mucha importancia:

"La Fach está absolutamente estimulada; a la Armada le sirve para observar las naves que penetren en aguas chilenas. Dentro de los varios tipos de datos que llegarán estarán aquellos que tienden a satisfacer cada una de las necesidades nacionales... A lo mejor hay sectores de la sociedad civil o militar que no se verán completamente satisfechos (dice sobre el Ejército, que también deberá financiarlo sin una ventaja comparativa importante sobre las otras ramas). De lo que sí estamos ciertos es de que lo que se plantea colmará sobre el 90 por ciento de las necesidades nacionales", concluyó.

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