Mayo de 2006
Informe de Ricardo Romano
El gobierno festejó la victoria de Romano Prodi en las recientes elecciones
italianas. Kirchner, se dijo, cree que le mejora el frente externo. Tal vez.
Pero, ¿acaso no dijo lo mismo cuando ganó José Luis Rodríguez Zapatero en
España? Hoy las relaciones con ese país están en el freezer y Madrid no termina
de ponerle fecha a la visita que el santacruceño debía supuestamente hacer en
mayo, para confirmar tan prometedora amistad.
¿No eran los kirchneristas carne y uña con el equipo de gobierno de Ricardo
Lagos hasta que Kirchner le criticó la designación de un Canciller y luego se
peleó por el tema energético?
¿No festejaron también la victoria de Michelle Bachelet (vista desde el
dormitorio presidencial como de buen augurio para las aspiraciones de Cristina)
pero lo primero que hizo la flamante presidente chilena fue ratificar su apoyo a
la candidatura de Brasil al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?
¿No debería ser también favorable a nuestro país el hecho de que el futuro
rey de Holanda esté casado con una ciudadana argentina? Sin embargo, el gobierno
logró lo impensable: que la relación con ese país -miembro fundador de la Unión
Europea- quedara en peores términos después que antes de la visita de la
reina Beatriz. Para los intereses permanentes de la Argentina –que está
visto no son los del Gobierno actual- habría sido preferible que la reina no
viniese. La ausencia de Kirchner en la gala que ésta organizó en su honor, fue
calificada de “insulto”, “desplante” y “escándalo” por la
prensa holandesa.
Finalmente, el caso más emblemático es el de Tabaré Vázquez a quien el equipo K
se vanagloriaba de haber prácticamente prohijado. Hoy estamos en riesgo de
ruptura de relaciones y el mismísimo presidente se dispone a hacerle un piquete
“nacional y popular” a su par uruguayo.
“¿Cómo puede haber algún roce entre Argentina y Uruguay?”, decía Kirchner
hace apenas unas semanas, el pasado 17 de marzo. Y agregaba: “me río
largamente cuando algunos dramatizan el conflicto de intereses”. Recordemos
que el presidente también hizo trascender que se “mataba de risa” con las
elucubraciones de la prensa en torno al mega-anuncio que haría en ocasión de la
visita del presidente chino a la Argentina en el año 2004. Considerando el
“espantoso” papelón subsiguiente, ya podemos saber de quién será el ridículo
también esta vez. Lamentablemente no es tema de risa: el costo de las zonceras
kirchneristas lo paga el país.
Es que, como decía el filósofo hispano-romano Séneca, no hay viento favorable
para el que no sabe a dónde va. Por lo tanto, así el nuevo gobierno italiano
tuviera una mayor simpatía hacia la Argentina que su antecesor, ya encontrará
Kirchner la manera de predisponerlo en contra nuestra, como lo viene haciendo
desde que asumió con todos los mandatarios extranjeros con los que ha tomado
contacto.
Entre los años 1989 y 1999, visitaron nuestro país líderes mundiales de la
talla de Helmut Kohl, George Bush padre, Jacques Chirac, Bill Clinton, Felipe
González, José María Aznar, Giulio Andreotti, Romano Prodi, Lech Walesa, el
Emperador Akihito, Carlos de Inglaterra y Felipe de Borbón. El presidente de
entonces recibió además, en reiteradas oportunidades, a todos sus pares
latinoamericanos. Por citar algunos: Oscar Arias (Costa Rica), Carlos Salinas de
Gortari (México), Luis Lacalle y Julio María Sanguinetti (Uruguay), Jaime Paz
Zamora (Bolivia), Patricio Aylwin y Eduardo Frei (Chile), Juan Carlos Wasmosy
(Paraguay), Alberto Fujimori (Perú), José Sarney, Fernando Collor de Mello y
Fernando Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia), Violeta Chamorro
(Nicaragua), etc. Entre los más de 100 mandatarios extranjeros en total que
visitaron nuestro país en aquellos años, se encontraban además las máximas
autoridades de Israel, China, República Checa, Rumania, Corea del Sur, Bulgaria,
Sudáfrica, Croacia, Uganda, Turquía, Líbano, Eslovenia, Irlanda, Túnez, Bélgica,
Hungría y..... Finlandia.
Hoy, basta recorrer aquel mismo espinel para encontrar con casi todos esos
países algún motivo de disgusto, para colmo ninguno motivado por intereses
estratégicos de la Argentina sino por la ignorancia, la soberbia, el
cortoplacismo y la demagogia. Y si con alguno de ellos no sucede así, es sólo
porque todavía no conocieron a Kirchner.
Es que desde su primera gira al exterior, en julio de 2003, el presidente no
falla: siempre consigue empeorar las cosas para el país.
Si cosecha algún “éxito”, de seguro es en detrimento de la Argentina, como su
último discurso sobre Malvinas, que sólo gustó a los británicos. El diario The
Guardian, comentando el buen recibimiento que tuvo el mensaje presidencial en
Londres, decía: “Vale la pena celebrar cuando un presidente de Argentina pone
las cosas en su perspectiva correcta. Esperemos que el vigésimo quinto
aniversario de la guerra, el año próximo, haga lo mismo”. La perspectiva
correcta a la que se refiere el diario británico es que el presidente argentino
calificó la guerra de “agresión” (sic). ¿Qué significa esto? ¿O acaso para él
las Malvinas no son argentinas?
Nótese en cambio que, hace unos meses, cuando militares ingleses homenajearon en
Ushuaia a los combatientes argentinos de aquella guerra, ningún representante
del gobierno nacional asistió a la ceremonia. Es lógico. Los ingleses
rindieron un homenaje a la Argentina y este gobierno con la Argentina no tiene
nada que ver. Mientras que una potencia central como Inglaterra prestigia a
nuestra oficialidad por su heroísmo, el gobierno nacional, de la mano de Hebe de
Bonafini y Horacio Verbistsky, se dedica a degradarla. El adversario reconoce
más a la Argentina que el propio gobierno.
Los combatientes británicos consideraron en su verdadera magnitud el coraje de
los oficiales argentinos a muchos de los cuales éste gobierno humilla en nombre
de un cortoplacismo mediático. Ya no saben más que hacer. Hasta el Servicio
Meteorológico –fundado en el marco de la Fuerza Aérea Argentina- les será
retirado a los militares. Dentro de poco ni los uniformes les dejarán. Quieren
revisar hasta la fuga de Trelew (año 1972) y en su discurso en el Colegio
Militar Kirchner se acordó del fusilamiento de Dorrego.... Debería saber que ese
crimen –como el golpe del 76- fue incitado por civiles.
La Fuerza Aérea ya no podrá intervenir ante vuelos ilegales ni la Armada
contribuir a frenar la depredación del Mar Argentino. Y todo se completará con
una “redefinición del repliegue territorial”. Léase: cierre de unidades,
en particular en las fronteras. Se llenan la boca de antiimperialismo y luego
actúan como si la geopolítica no existiese y el país no tuviese que enfrentar
ningún desafío externo.
Según el subsecretario de (des)Integración de la Cancillería, Eduardo Sigal,
“dirigentes de derecha de países de la región vienen atacando peligrosamente
el proceso de integración empujando a un corrimiento a los acuerdos de libre
comercio bilateral”. Pierde el pelo pero no las mañas de militante del PC
que alguna vez fue, siempre denunciando a fantasmagóricas derechas mientras
apoyaban a la dictadura de Videla en nombre de los intereses de una potencia
extranjera. En todo caso, de existir esos “derechistas”, habría que avisarles
que duerman tranquilos ya que la izquierda en la cual milita este señor y que
hoy gobierna casi todo el Cono Sur, está haciendo el trabajo de desintegración
por ellos. Nadie ha facilitado tanto el bilateralismo en la región, en
detrimento del regionalismo construido en los malditos 90. Con defensores
así, el Mercosur no necesita enemigos. Están adentro. Basta ver si no el
efecto “integrador” que ha tenido el ingreso de Venezuela, facilitado por el
gobierno argentino. Impresiona ver cómo, en tiempo récord, los progresismos de
diverso cuño que se han ido instalando en la región y que se deshacían en
promesas de mayor integración –siempre condimentadas con críticas al
neoliberalismo y al consenso de Washington-, se encargaron de colocar al
Mercosur al borde de la extinción.
Durante la década del 90, la Argentina jamás cedió el liderazgo político
regional. La cumbre de esa unidad se produjo cuando, por iniciativa de Buenos
Aires, todos los países del Cono Sur se alinearon en defensa de la soberanía
jurídica de la República de Chile, que Inglaterra y España pretendían desconocer
con la excusa de perseguir delitos de lesa humanidad. Hoy, prácticamente todo el
entorno sudamericano nos es hostil. Bolivia quiere cobrarnos el gas más caro y
privilegia el suministro a Brasil; Paraguay, alineándose con Uruguay, nos quiere
demandar por contaminación de los ríos; Chile nos pide explicaciones por los
piquetes en las rutas internacionales. Y a Hugo Chávez, el único “amigo” que
Kirchner supo conseguir, bastó que Tabaré Vázquez le soplase al oído que
Argentina estaba ahogando a Uruguay para que corriese a Asunción a fotografiarse
con los agraviados del Mercosur.
Es la diferencia entre una Argentina con conducción y una Argentina sin
conducción.
En su discurso de inauguración de sesiones en el Congreso, Kirchner hizo un
balance de la farsesca Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Mar del Plata en
noviembre del año pasado que –a diferencia del conflicto con Montevideo- sí
causa risa. “Fue un verdadero ejemplo de unidad y de defensa de los intereses
de la región, que quedará inscripta en la Historia grande de nuestro país”.
La realidad desmiente todo esto. Desde que en aquella cumbre los
antiimperialistas unidos decretaron la muerte del ALCA, los Tratados de Libre
Comercio bilateral con Estados Unidos no han hecho más que progresar. El
presidente uruguayo -en sintonía con su par del Paraguay- no se cansa de
descalificar al Mercosur y de denunciar el bilateralismo de Argentina y Brasil.
“El Mercosur así no sirve para nada”; “este es el peor momento del
Mercosur”; “precisamos romper la dependencia regional”, etc, etc. Y
no se queda en palabras, pues a la vez busca profundizar el acercamiento
comercial con Estados Unidos y ya evalúa la posibilidad de que su país deje de
ser miembro pleno del bloque. Los países “chicos” de la región se reúnen para
protestar contra el bilateralismo de los “grandes” y Lula y Kirchner les
responden con una cumbre que confirma la acusación. Consultado sobre lo hablado
por los presidentes respecto al conflicto de las papeleras, el jefe de Gabinete
argentino respondió: “nada que merezca destacarse”. Lo triste es que
sobre ningún tema se dijo nada destacable en esa cumbre, como no sea el
gasoducto que día a día se agiganta en algunas mentes febriles. “El proyecto
no tiene coherencia económica, financiera, ecológica ni estratégica; nunca vi en
mi vida un proyecto con tantas incertidumbres ni tanto sensacionalismo”,
decía recientemente el secretario de Energía del estado de Río de Janeiro,
Wagner Víctor.
En tanto, el latinoamericanista Chávez se prepara a romper relaciones con el
Perú sin que medie ningún conflicto real. Sus acusaciones a ese país por el
Tratado de Libre Comercio con EEUU causan gracia viniendo de quien tiene como
principal comprador de su petróleo a la potencia del norte.
La corriente de turismo revolucionario que antes se orientaba hacia la Sierra
Maestra o la Selva Lacandona, ahora tiene a Caracas como nueva Meca. Y, para no
defraudar a los viajeros ansiosos por ver una revolución en marcha, Chávez
convoca a milicias populares para impedir una invasión norteamericana. Así, los
curiosos pueden asistir a las sesiones de “orden cerrado” y “desfile” que
protagonizan civiles voluntarios enrolados en una Guardia Territorial. Esto, que
el venezolano supone puede traerle el rédito electoral necesario para las
elecciones de diciembre, lo acerca sin embargo más a un final parecido al de
Noriega que al que le quiere asignar inclusive el mismo imperialismo -al que él
critica mientras lo llena de petróleo- que desearía que el desequilibrado se
parezca más a Fidel que al panameño.
En enero de este año, Chávez dejó plantados a los piqueteros argentinos y al
impugnador oficial Miguel Bonasso para fotografiarse – al grito de Abajo el
imperio norteamericano- con Cindy Sheehan, madre de un soldado
estadounidense muerto en Irak y activista por la paz. Nacía una nueva Hebe,
abrazada a quien provee la energía para que su país pueda llevar adelante su
política imperial. La foto Chávez-Sheehan muestra que EEUU conduce la política
oficial y la política no gubernamental. Ambas cumplen el mismo objeto: mantener
viva en el continente la amenaza de ciertos díscolos a un orden
que alguien deberá restablecer y vigilar, pues está visto que los
latinoamericanos solos no pueden.
Y Chávez hace muy bien los deberes. Se inmiscuye en los asuntos internos de
todos los otros países. Acelera la descomposición del Mercosur (“si tiene que
morir para que nazca una verdadera integración, entonces que muera”) y al
mismo tiempo deserta la Comunidad Andina de Naciones en nombre de entelequias
como el ALBA. Y en esta tarea tiene un aliado: Néstor Kirchner.
Algunos de los que siembran la desunión en América Latina son tontos pero otros
saben bien lo que hacen. Washington tiene una agenda para la región y nada como
la discordia para facilitarla.
El Director Nacional de Inteligencia estadounidense, John Negroponte, acaba
de anunciar un refuerzo de sus operaciones de espionaje en esta zona:
“Estamos fortaleciéndonos en lugares donde habíamos dejado que las cosas se
atrofiaran desde la Guerra Fría: en América Latina”. En paralelo con esto,
no cesa el latiguillo –que ningún dato cierto sustenta- sobre los lazos entre la
Triple Frontera, el terrorismo y el lavado de dinero. Pese a ello, el mismo día
que el Ministro del Interior señalaba que esas denuncias eran una “entelequia”,
la setentista Felisa Miceli estampaba su firma al pie de un acuerdo por el cual
el gobierno estadounidense intervendrá en el control de la transparencia
comercial en esa zona, sin que los Sigal de este gobierno hayan protestado. El
comunicado del Departamento de Seguridad Interior (norteamericano) no deja lugar
a dudas: “La Triple Frontera se considera el centro de mayor contrabando de
América del Sur. Miles de millones de dólares son generados por año a través del
tráfico de armas, narcotráfico, piratería, violaciones de los derechos de
propiedad intelectual y otros crímenes”.
El 26 de abril pasado, Anne Patterson, subsecretaria de Estado de la Oficina
para Asuntos de Narcóticos, dijo que “los mercados de Argentina y Europa están
recibiendo mucho más cocaína de Bolivia que antes”. Hizo estas declaraciones en
La Paz, luego de entrevistarse con el nuevo presidente Evo Morales.
En teleconferencia desde Washington, Débora McCarthy, asesora para
contraterrorismo del gobierno de EEUU, les dijo a periodistas argentinos que
“en la Triple Frontera sigue habiendo actividades ilegales, organizaciones
criminales que podrían ser aprovechadas por terroristas”. A la vez,
curiosamente, señaló que no le parecía mal que la organización palestina
Hamas haga –tal como lo anunció el boy scout Hugo Chávez- una gira por
Sudamérica. En concreto, se trata de exportarnos un conflicto como el de Medio
Oriente agravado por ellos en su momento y generarnos contradicciones y
discrepancias entre países latinoamericanos en torno a problemas que no son
nuestros. Todo sirve para la fragmentación regional, la ingerencia y la
“tutela”.
Recientemente, el gobierno estadounidense designó como próximo embajador en
la Argentina a Earl Anthony Wayne, actual secretario de Estado adjunto para
Asuntos Económicos y Comerciales. Casualidad o no, el señor Wayne publicó en el
diario Clarín un artículo destinado a la defensa de los derechos de propiedad
intelectual (patentes) tema por el cual nuestro país ya ha tenido varias
controversias con el suyo. Aplicar y respetar esos derechos, decía,
“debería ser un vínculo entre todas las Américas y no una batalla entre norte y
sur (...) Queremos unir fuerzas para contener la marea de falsificaciones y robo
que amenaza el crecimiento y la seguridad en el hemisferio”. Este
artículo fue publicado el 24 de enero pasado. Dos días después, un embarque de
harina de soja proveniente de la Argentina era detenido en puertos españoles por
pedido de la empresa Monsanto que, desde hace más de dos años, reclama al
gobierno argentino mayores regalías por el uso de su soja RR. Las Cámaras
exportadoras de nuestro país advirtieron sobre el “grave riesgo”
para nuestro comercio, ya que la medida “ha incrementado la preocupación
de los importadores europeos en relación con las operaciones comerciales con
nuestro país”. ¿Se habrá notificado el kirchnerismo? No lo parece, puesto
que es su costumbre no ocuparse ni siquiera de aquellos sectores gracias a los
cuales la economía argentina prospera. Distraído, el gobierno dijo a
través de una fuente de Cancillería que “con el nombramiento de Wayne,
Washington quiso enviar un gesto para fortalecer la relación bilateral entre los
EEUU y la Argentina”. Que el nombramiento es un mensaje, es algo que está
muy claro ya que, como lo escribió Mario del Carril en La Nación (10/01/2006),
“el presidente Kirchner se ha atraído sin necesidad la atención del gobierno
más autista de los Estados Unidos en mucho tiempo”. Son los frutos de la
histórica Cumbre de Mar del Plata, que no terminamos de cosechar aún. Es decir,
en una etapa de bonanza para nuestras exportaciones y de avance en acuerdos de
libre comercio, Washington envía a nuestro país a un experto en la materia. Con
objetivos muy claros. En un informe elaborado todavía desde su responsabilidad
en materia de economía y comercio, Wayne apuntaba a la “falta de
protección adecuada y efectiva a las patentes en la Argentina” y señalaba
que “las compañías podrían verse forzadas a recurrir a demandas
legales adicionales”. El argumento de Monsanto para apelar a España
fue que su justicia es más “dura” y “ágil”. El Gobierno que, traicionando la
constitución que debe defender, permitió el enjuiciamiento de ciudadanos
argentinos por la justicia de otro país, beberá ahora su propia medicina.
Todo esto permite apreciar con más claridad los peligros a los que Kirchner
somete a la Argentina con su política de irresponsable aislacionismo en un mundo
en el que sólo se lo ve en sintonía con el delirio galopante del bolivariano
Chávez.
Las “causas nacionales” del presidente son la imagen misma de la degradación.
No puede encarnar una causa nacional quien no encarna a la Nación. Arrea a
gobernadores e intendentes a un acto que es casi una declaración de guerra a
Uruguay mientras el Presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del
Mercosur por él propuesto se encuentra en la clandestinidad. ¿Dónde está Chacho
Álvarez en este conflicto?
Con su orden de “adherir” a la marcha anti-Uruguay (bajo la amenaza latente de
un corte de suministros), Kirchner demuestra de paso que no piensa dejarles
ningún espacio de dignidad a sus “aliados”. Es que, en realidad, no los tiene,
pues no tiene adherentes naturales ni espontáneos. No puede suscitar lealtad
quien no es leal. La dignidad no tiene cabida en el kirchnerismo. El que se
vende supone que todo se puede comprar. La Plaza del Sí que le preparan sus
adláteres es la fotografía de la patria clientelística.
La pobreza en la Argentina todavía está 10 puntos porcentuales arriba de la del
año 1998, pese a que la producción supera ya a la de entonces. La mitad de la
gente que tiene empleo gana menos de 600 pesos por mes y 4 millones de
trabajadores están en negro. “Me parece a mí, decía María Elena Walsh a
fines del año pasado, perdón por esta frase, que a los pobres los fabrican
los Estados. Creo que con imaginación y con real autoridad no tiene por
qué haberlos en esta medida”. Pero la imaginación es el bien escaso en este
gobierno. Se pelea con los números y no con los problemas. Cuestiona los índices
porque éstos se resisten a mostrar una disminución en la brecha entre ricos y
pobres (al revés, “nunca, ni siquiera durante la década menemista, la brecha
había sido tan profunda”, escribió Maximiliano Montenegro en Página 12 el 10
de febrero pasado).
A medida que algunos acontecimientos se salen de control, el presidente se
vuelca a las corporaciones que según la nueva política él venía a enfrentar. Así
se explican desde el laudo gastronómico hasta la reestatización de servicios,
pasando por las nuevas leyes laborales. Ya lo dijo el titular del gremio de
Obras y Servicios Públicos: “En el agua hay que invertir 500 millones y
los debe poner el Estado”. O sea que lo que no quisimos pagarle a Suez lo
vamos a perder en subsidios y prebendas al gremio sin garantía de eficacia de
gestión. Encima con un alto costo internacional por el consecuente desprestigio
frente a futuras inversiones. El Presidente se comporta como si no las
necesitásemos. Argentina es uno de los países que menos inversión extranjera
recibió en 2005. Mientras que la misma creció un 17% en los países emergentes,
nosotros recibimos incluso menos que en 2004. El promedio de 1993 a 1998 era de
10.600 millones de dólares anuales y el año pasado fue de 3.200 millones.
“No esperamos inversiones privadas en servicios”, dijo Kirchner con el
tono de quien anuncia un éxito. Ni en servicios ni en nada, cabe temer.
Según un ránking de clima de negocios y atracción de inversiones de la
revista The Economist, entre 82 naciones Argentina ocupa el puesto nº57 como
destino de inversiones, superada en América Latina por Chile, México, Brasil,
Costa Rica, Colombia y El Salvador. El Mercosur, que operó como polo de
atracción de inversiones en el mundo, es mirado hoy con preocupación y sus
discrepancias internas tienen un efecto inverso. “Estoy preocupado por el
Mercosur”, dijo Emilio Menéndez del Valle, eurodiputado español que
encabezó una delegación de legisladores de la Unión Europea que visitó Argentina
hace una semana. Ni hablar del enojo de los compradores de carne argentina que
hasta podrían iniciar demandas por incumplimiento de contrato. La UE, a través
de su responsable de Comercio, salió en defensa de Botnia y de Finlandia y
advirtió que peligran las inversiones europeas en nuestro país. No importa.
Tenemos a Chávez.
“Europa es uno de los mejores y más importantes compradores [de productos
argentinos] y sin embargo nos tratan mal. Nos cuesta entender el proyecto
comercial de la Argentina, si lo hay”, decía con desconcierto uno de los
empresarios holandeses que vino con la comitiva real. Claro que no hay proyecto
comercial como no lo hay en nada. Por eso el presidente salió a desmentir con
énfasis digno de mejor causa que el gobierno estuviera preparando una reforma
impositiva, no vaya a ser que alguien crea que en algo se propone ir más allá
del corto plazo.
Hoy Argentina está gobernada por la pequeñez de quien, sin la menor previsión
a futuro, saca provecho de la coyuntura internacional como un depredador.
Finalmente, así como en la década del 70 fueron idiotas útiles de la URSS
y de Cuba, hoy lo son de Washington y Venezuela. ¡Y siempre en nombre del
antiimperialismo!
En julio de 1990, los presidentes de la Argentina y Brasil suscribían el Acta de
Buenos Aires acelerando los plazos de la puesta en marcha del Mercado Común del
Sur. En marzo de 1991, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay firmaron el Tratado
de Asunción que dio nacimiento al Mercosur como marco de integración de sus
economías en un solo espacio aduanero. Finalmente, en diciembre de 1994, se
rubricó el Protocolo de Ouro Preto que dotó de personalidad jurídica
internacional al Mercosur.
El 16 de diciembre de 1998, el Acuerdo sobre los Hielos Continentales firmado
por los cancilleres de Argentina y Chile ponía fin a todo diferendo limítrofe
con el hermano país.
El 15 de diciembre de 1995, en Madrid, la Argentina firmó junto con los demás
Estados miembros del Mercosur un Acuerdo Marco Interregional de Cooperación con
la Comunidad Europea.
Como vemos, el mundo no es ni bueno ni malo. Simplemente es. Por ello,
depende fundamentalmente de la capacidad y pericia de sus dirigentes, el poder
hacer transitar, aún por los intersticios del orden mundial del siglo XXI, una
Argentina con el grado posible de autonomía política, económica y social para
potenciar las oportunidades que el mundo ofrece integrándose a él. Hoy soberanía
es sinónimo de integración. Un país es tan soberano cuanto más capaz sea de
integrarse en las mejores condiciones a los ámbitos que componen la decisión
mundial. El aislacionismo es la respuesta de la debilidad, la impotencia y
la falta de imaginación.
Bajo la actual gestión, Argentina se desintegra incluso de los lugares que ya
había conquistado. Nuestro país, que supo ser factor de unidad e integración,
hoy es vehículo de la desunión latinoamericana. Nuevamente, es la diferencia
entre una Nación con conducción y una sin conducción.
En definitiva, al actual presidente su rol de facilitador de la fragmentación
nacional y regional lo configura una vez más como un idiota útil de la agenda
del imperio al que dice combatir
