MALDECINI, 29 DE MAYO

 

Mayo de 2006


Hay ocasiones, en la vida de las instituciones, que quienes deben dirigirlas tragan mierda diariamente.
Es el caso de Maldecini. O de Bignone, entre tantos otros. Lo peor le tocó a Lonardi, creo.


Los bolcheviques supieron mezclar sus milicias con el ejército zarista.


Cuando Hitler los atacó, 20 años después, pudieron sostenerse y contraatacar con éxito.


En tanto que Hitler no pudo mezclar a sus SS con los militares prusianos.

 

La Francia vencida y entregada renace por la voluntad de un general y un pequeño núcleo de militares patriotas que, con idas y vueltas, terminaron secundándolo.
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Creo que Alfonsín y su núcleo sartreano a la uceerre hubieran disuelto a las FFAA si hubiesen podido.


23 años pasados, esta gente de hoy quiere consumar el proyecto.


Es muy posible que lo logren.


Los que gobiernan no creen que algún día Brasil, Chile u otros puedan usar sus FFAA para ocupar tierra, espacio aéreo o mar argentinos.


Su pasado guerillero les enseño, a sangre y fuego, que unas FFAA profesionales los barren en unos meses.


No es que crean en milicias armadas, al estilo republicano español, o sandinista.


En su pragmatismo berreta y ahistórico, creen que las fronteras las garantizan las Naciones Unidas.


El pueblo armado fue siempre vencido.
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Del lado profesional, temo que en su compromiso existencial decadente, acepten ser ridículos empleados del Estado a quienes les asignarán tareas civiles.


Los que fueron a la plaza San Martín juegan la carrera o el retiro.


K castigó inmediatamente cualquier manifestación del ser militar, marcándoles que deben ser otros empleados del Estado más.


Parece que la capacidad de humillación y retroceso de las FFAA es cioraniana, insondable.


Falta poco para que los oficiales limpien letrinas, o vayan a Caracas a vaya a saberse que capricho chavista.
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Pero todo tiene un límite.
O, traspasado el límite, entremos a otra realidad.
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