PORQUE EL MERCOSUR PUEDE SER UNA ESPECIE EN VÍAS DE EXTINCIÓN

Mayo de 2006

Por María Cristina Montenegro

 

Las adversidades implícitas de la globalización explicita, muchas veces denostadas irracionalmente por un ideologismo utópico evasivo, es una realidad cuya evidencia empírica incomoda pero que es necesario afrontarlas como tal para direccionar estratégicamente las acciones con el objeto de eliminarlas o, en su defecto, atemperar su impacto negativo Este trabajo intenta reflexionar sobre esta etapa histórica desde una relectura del sistema de integración global a la luz de las crisis presentes del proceso de regionalización en el Sur del Continente.


La propuesta se inscribe en un enfoque realista tratando de hacer una revisión de la dinámica de la relación dialéctica entre las dimensiones: nacional- regional y global orientada hacia el concepto de competitividad y economía migrante. Es decir, promover un nuevo abordaje conceptual de la geoeconomìa para explicar el fenómeno de la globalización como variable independiente y la funcionalidad del estado nacional y la regionalización como variables dependientes. Finalmente, revisar el juego estratégico regional a la luz del conflicto argentino- uruguayo en plena crisis de las plantas de celulosa.


LA REGIONALIZACION COMO INTERMEDIARIO ENTRE LO NACIONAL Y LO GLOBAL

La regionalización puede entenderse como la región puesta en acción, pasando de la naturaleza fija a un proceso dinámico. De tal suerte que la región es el objeto y la regionalización es la región en proceso. Entendida así, la regionalización ha pasado a ser un aspecto de la globalización en tanto etapa fundamental para su desarrollo, un espacio de relación, de interacción y de complementación de las regiones entre si para actuar a escala planetaria en las mejores condiciones posibles.

En este marco, los procesos de integración de MERCOSUR y CAN, para hablar de Sudamérica, estuvieron insertos en el modelo de Regionalismo Abierto, entendido como lo define la CEPAL, un proceso derivado de la creciente interdependencia de los países de la región e impulsado tanto por acuerdos intergubernamentales específicos como por las fuerzas de los mercados.

Esta suerte de apertura unilateral llevó implícita la reingeniería de la estructura productiva según las nuevas corrientes comerciales para aprovechar las ventajas competitivas, la reasignación de recursos a usos más eficientes, la búsqueda de instrumentos para incrementar la productividad a partir del acceso a tecnología de avanzada. Además la apertura comercial permitiría el acceso a mercados dinámicos del planeta. Todo lo dicho estaba en sintonía con la integración de los países en la búsqueda de economías en escala que le diera una mayor posibilidad en una economía mundial altamente competitiva.

Por otra parte, el proceso de integración regional dotaba de instrumentos que permitirían reforzar los mecanismos básicos del sistema de cara a la creación de flujos de comercio e inversiones intra regionales, la liberalización de los servicios y normas comunes de salvaguardas. Un gran desafío para los procesos de integración lo constituyó la puesta en común de parámetros económicos que permitieran la convergencia, entendida como un proceso para reducir las diferencias o asimetrías existentes entre los estados partes de un colectivo.

A lo dicho se incorpora el concepto de ínter regionalismo, entendido como el estrechamiento institucionalizado de relaciones entre dos bloques regionales, como una extensión de las estrategias de los procesos de integración regional a fin de enfrentar los desafíos de una inserción más profunda en la economía global y una posibilidad de mantener abierto los canales de la multilateralidad.

El escenario donde se construyen los acuerdos interregionales distan de ser pacíficos y cooperativos, aunque la cooperación esté presente en la dinámica del proceso. Pero hay un conjunto de reglas de juego que se espera sean cumplidos por parte de todos los involucrados en los procesos integrativos. Básicamente el respeto de los principios de seguridad jurídica se convierte en la piedra angular de quien quiera atraer inversiones para sus desarrollos productivos, abrir mercados a largo plazo en nichos sensibles por su competitividad y promover espacios estables a través de la previsibilidad de los líderes que conducen los gobiernos nacionales. Esto en la inteligencia que el regionalismo e ínter regionalismo nacen como una respuesta a las vulnerabilidades de los estados nacionales frente al proceso de globalización, también como una oportunidad para encontrar nichos competitivos más allá de sus fronteras nacionales y regionales.

La idea de la competitividad es central ya que es a partir de este concepto como puede apreciarse la distribución geoeconomica de los jugadores internacionales. Los participantes de las redes transnacionales interactúan con las redes de actores nacionales y locales de una manera simultáneamente complementaria- asociativa y contradictoria- competitiva.

En este escenario los participantes de las redes transnacionales no abandonan su adscripción nacional sino que la utilizan como instrumento suplementario para posicionarse en el orden jerarquizado, establecido por las nuevas reglas de juego internacional.

En esta dinámica los perdedores son aquellos para quienes el proceso de reproducción social se sitúa en la zona de desmembramiento interespacial, especie de no espacio de poder. Ocupan ese lugar porque no llegan a posicionarse de manera ventajosa en el proceso de estructuración a escala local o mundial. Su repliegue sobre el espacio nacional se realiza a través de la reacción o resistencia generando fuerzas antisistèmicas que no logran soluciones de desarrollo y bienestar sino, por el contrario, contribuyen al deterioro de su propia situación de marginalidad.

La dinámica descripta exige una exacerbación de las estrategias tanto nacionales como regionales en su lucha por un mejor posicionamiento, en la búsqueda de lograr que los territorios nacionales sean los mejores lugares para la inversión del capital migrante en constante tránsito por el planeta. De no ser así, los estados tienen dificultades para contener los impulsos enmancipatorios de la sociedad civil en sus dinamismos locales e internacionales. El estado, presionado por desmembramientos, se debate en la regulación confrontando lo local con lo mundial en medio de asimetría implícitas en un desigual desarrollo de países, subregiones y regiones.

El régimen de la economía migrante, entendida como el: régimen económico donde las filiales industriales y los procesos productivos están integrados a escala planetaria a tiempo real, produce como consecuencia la acentuación de las disparidades entre las zonas económicas y sociales. Estas zonas, pertenecientes a espacios nacionales, compiten unas con otras para atraer capitales en tránsito. La construcción de bloques regionales o continentales obedecen a la lógica competitiva., competencia de grupos rivales para conquistar mercados, En su seno está implícito el proteccionismo económico como un mecanismo más: la competencia por los mercados. No otra cosa son los subsidios agrícolas que tanto se cuestiona a la UE como a Estados Unidos.

En orden económico pragmático, en el contexto planetario, el capital busca interlocutores poderosos Surge, así, una combinación empresa- estado como dos polos operativos del orden global tras una lógica para:

1) sacar provecho y satisfacer los mercados más amplios a partir de una interacción de insumo- producto, de abastecimiento, producción y consumo provenientes de diferentes puntos del globo.

2) Obtener o acceder a reservas de factores de producción a costos fuertemente diferenciados para obtener beneficios de ellas en el marco de estrategias competitivas mundiales.

Para los estados la lógica es complementaria: Desarrollar una zona fuerte multiplicando las ventajas competitivas en el seno de su espacio de maniobra para poder atraer a los capitales en tránsito en el espacio global, crear riquezas en sus territorios y mantener de esta forma un lugar de jerarquía entre las naciones. De manera tal que el estado es soporte y agente del proceso globalizador y la aparente dicotomía estado nacional- orden global se resuelve a partir de la noción de nación competitiva


EL JUEGO DE LOS EXCLUIDOS EN EL DISEÑO DEL NUEVO TABLERO MUNDIAL

La naturaleza de los actuales nacionalismos se originan en las demandas de reconocimiento político como desafío a la economía migrante y al sistema planetario de interacciones. Excluidos del orden mundial y de sus valores confrontan desde la debilidad a partir de una apelación a la identidad cultural o religiosa en términos fundamentalistas.

Países desarrollados y en vías de desarrollo no responden a un modelo estático y perfectamente diferenciado. Tampoco regiones centrales desarrolladas y regiones periféricas en desarrollo puesto que la idea de frontera económica se ha vuelto obsoleta. El orden global es un espacio mundial estructurante y estructurado en movimiento constante de configuraciones económicas y sociales coyunturales, basadas en el concepto de la economía migrante.

En este sentido, los estados siguen siendo centrales para la gran proporción de capitales que se arraigan, circulan y se reproducen en flujo constante y a tiempo real. La mano de obra está regida por las leyes nacionales, existen como compartimentos separados y fragmentados del espacio. Existe una suerte de lógica de la economía migrante: desplazar las competencias allí donde esta la demanda, obligar a la miseria a quedarse allí donde se encuentra.

Lo que antes geopolíticamente aparecía como situaciones nítidas de los mapas centro- periferia, la realidad contemporánea profundiza la complejidad mostrando un primer mundo desarrollado donde se manifiestan formas de desagregación social, zonas de desfase económico, y un tercer mundo en vías de desarrollo con coexistencia de zonas de alto crecimiento con industrias de alta tecnología y mano de obra especializada. Es difícil establecer una configuración estable en la división internacional del trabajo en esta nueva etapa de desarrollo del sistema capitalista.

La acumulación mayor del capital de conocimiento en el Norte ya no se hace necesariamente a costa de aumentar las diferencias con el Sur, pues éste puede aprovecharlo para sus propios fines y por sus propias iniciativas. En un movimiento paradójico, la asimetría entre los fuertes y los débiles está parcialmente eliminada pues la fuerza de los primeros pasa a formar parte de los segundos.

La distribución y las categorías jerárquicas mundiales están difuminadas por el hecho de que los lugares de poder y desarrollo son ahora múltiples y están dispersos. Las posibilidades de desarrollo, cada vez más basadas en el conocimiento, son más ubicuas, no porque se hayan hecho inmateriales, sino debido a las conductas nómadas y a la dualidad de fidelidades de sus agentes humanos. En una estrategia de tipo ying-yang, la periferia está representada en el centro por sus propios expatriados y los recursos del centro son movilizables por la periferia puesto que tiene acceso a ellos por sus propios medios. A causa de la opción diáspora, los lugares de conocimiento están de alguna forma dis-locados en su sentido literal. La topología geopolítica en términos de centro-periferia (ya sea única, como en la teoría de la dependencia, o múltiple, como en el enfoque del sistema mundial) puede ser cambiada si los esquemas basados en la diáspora cobran auge. Curiosamente, no sólo los países de emigración del Sur, sino también los países de inmigración del Norte consideran estos esquemas desde una óptica favorable, pues creen que las diásporas suponen oportunidades de cooperaciones provechosas y eficaces con los países de procedencia de sus miembros [1]


La interconexión de zonas que pertenecen a espacios nacionales diferentes, por efectos de la regionalización, generan efectos de crecimiento bilaterales y multilaterales que no coinciden con las territoriales nacionales ni benefician a los estados en su conjunto en lo que se ha dado en llamar el crecimiento manchado.

Estas interconexiones introducen la estructuración de un modelo original de crecimiento y de desarrollo tanto a escala global como regional e intraestatal. Para poder captar esta realidad se debiera buscar nuevas categorías de análisis geopolíticos y geoeconomicos que abandonen las tradicionales categorías de estados centrales y periféricos, avanzados y atrasados para recurrir a categorías como metrópolis mundializadas, ejes económicos vitales, zonas de subcontratación, enclaves de alta tecnología, regiones ligadas, redes jerarquizadas, centros productivos. Pues este es el marco donde actúa la especialización económica de los estados, las regiones y el sistema global.


LOS AVATARES DE LA INTEGRACIÓN CONO SUR

La crisis de las fábricas de celulosa[2] dejaron al descubierto la crisis regional desde el costado más preocupante. Uruguay cuya sociedad mayoritariamente adscribía a los principios mercosurianos se pregunta hoy, por boca de sus gobernantes si el Mercosur no es ya una especie en extinción.

Los socios más pequeños tienen la percepción de que el MERCOSUR ha dejado de ser, hace tiempo, una cuestión de cuatro para transformarse en un negocio donde dos toman las decisiones mientras dos las reciben sin ninguna participación. Hay un evidente crecimiento de la bilateralidad argentino- brasileña y eso acaba por perforar el tejido regional. La Cumbre de Iguazú entre los socios mayores, el año pasado, fue para decidir salvaguardias a la competitividad en medio de un alarmante desequilibrio en el comercio bilateral. Esto es, ignorando al MERCOSUR y sus principios a lo que en la retórica proselitista se había santificado como la relevante alianza estratégica de los países del Cono Sur. Otro hecho que demostró el estado en que se halla la integración regional fue la designación de Carlos Álvarez en la Presidencia de la Comisión de Representantes. Acordada por los dos grandes a espalda de los dos socios menores que estuvieron ajenos a la elaboración de la decisión.

Si uno hace, lo que parece, un paralelismo con la Unión Europea, podría decir que las asimetrías existentes en los orígenes del proyecto de Comunidad se pudo equilibrar a través del Benelux, conformación de un grupo integrado por Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo jugaban como tres chicos con peso relativo más importante.

El problema, en el colectivo regional sudamericano, es el fenomenal desequilibrio con el que juegan a la integración los dos pequeños países de Mercosur. Este es un problema estructural que no se resuelve ni con ideologismos ni con buena voluntad Se resuelve con inteligencia estratégica.

Mientras esto sucede por el lado del MERCOSUR, Venezuela se retira de la CAN. No contento con esto el Presidente Chávez, profundiza la crisis regional apadrinando los conflictos desde Bolivia con una suerte de tutelaje técnico para que Evo Morales apueste al ya tres veces fracasado proyecto de nacionalización del gas. No es baladí la reunión tripartita de Asunción con la presencia de Venezuela en el juego de los chicos.

Es muy probable que lleguemos a la conclusión de que por esta región se está dando un juego de liderazgos al mejor estilo de la real politik y de las cuestiones de estado. Sabido es que el liderazgo en esta parte del Continente ha entrado en un sutil juego de cooperación- confrontación entre Brasil y Venezuela. No hay contrapeso porque Argentina carece de vuelo propio en esta materia y se deja llevar por los vientos de los juegos ajenos sumida en su propio negocio coyuntural doméstico.

La idea del Presidente Uruguayo de incorporar al juego Mercosuriano a México no es ingenuo, es la manera que un contrapeso fuerte pueda equilibrar la desequilibrada balanza del Cono Sur que tanto desfavorece a los pequeños países. De paso Uruguay abre un abanico de posibilidades de inserción en el mundo en tres claves posibles:

- Seguir el ejemplo de Chile y buscar en el mundo sus nichos competitivos. Esto implica un posicionamiento externo independiente lo que conlleva tratados bilaterales con aquellos que le aseguran réditos relativos, especialmente con los Estados Unidos.

- Buscar un acercamiento a los grandes (EE.UU. México) que fortalezca su posición en el bloque regional permaneciendo en él.

- Buscar un efectivo apoyo de Paraguay y exigir que sus intereses sean tenidos en cuenta en el MERCOSUR porque si no el MERCOSUR no sirve. Cuestión que no parece viable sin el apoyo de un grande dentro del juego.

Ahora bien, en una relación estrecha con Estados Unidos la clave no estaría centrada en la cuestión económica sino en la geopolítica. Uruguay no es un mercado apetecible dada las dimensiones y su población pero si se puede constituir en un socio interesante en el Atlántico Sur para la expansión de la estrategia continental norteamericana. De paso el debilitamiento del MERCOSUR seria la oportunidad de intentar la vía ALCA propuesta por las naciones americanas en oportunidad de la Primera Cumbre de las América de Miami.

Como siempre, las asimetrías son una realidad en el juego de poder a nivel mundial y regional. Cuando se escalan los conflictos siempre hay una oportunidad para que los poderosos hagan su juego y eso es lo que no parece estar en la inteligencia estratégica de los decidores políticos de la región. Porque una vez más: La realidad golpeó las puertas y por las rendijas se colaron la realpolitik y la razón de Estado, al mejor estilo decimonónico y, aún, con versiones precapitalistas, en un mundo lanzado a pleno en un capitalismo avanzado del S XXI.



[1] Meyer Jean Baptiste, Kaplan David, Charum Jorge El nomadismo científico y la nueva geopolítica del conocimiento

[2] Las fábricas son dos, una española y otra finlandesa que comprometieron con el Uruguay una inversión de 1.800 millones de dólares.
 

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