Mayo de 2006
Por Natalia Serantes
Quiero poner en foco dos temas , la cultura del no hacer como forma de
movimiento de los jóvenes y a la vez como en un contrapunto pictórico - las
ingenuas ideas de lo que los mayores piensan sobre los jóvenes y lo que los
jóvenes piensan realmente. El tema es actual porque hay gente muy preocupada por
llenar una plaza sin tener en cuenta probablemente que no solo el movimientismo
terminó sino que simplemente a eso no se puede volver. Así como nadie en sus
cabales usaría un bisturí sin desinfectar y todos recurrimos al teléfono celular
para comunicarnos, solo en materia política los gerontes de la revolución
permanente comprada en cómodas cuotas siguen creyendo en convocatorias masivas.
Sabemos que son compradas. Voluntades compradas, algunos grititos igualmente
alquilados. Pero hay otra generación que viene marchando y llegando - a paso
redoblado - y que prefiere reunirse para no hacer nada o provocar un salto tan
estruendoso que haga correr el eje de la Tierra. La vetusta liberación nacional
de todos juntos somos mas no pasa por allí .Ya están liberados. Solo falta que
algunos lo descubran. Sospecho que los flash mob tendrían acá una tarea
interesante. Si quisieran.
Sucede que en todos los países del mundo se realizan manifestaciones, pero en
la Argentina se sufren continuamente: si no son reclamos de sueldo, son
pedidos para mejorar las condiciones de empleo o para exigir justicia. Si no son
grupos de trabajadores , son las asociaciones piqueteras , con la característica
de cortar calles de la ciudad o sus accesos a la misma volviendo el tránsito
todavía más complicado en esas horas picos que apremian.
En general, todas estas marchas o reuniones tienen un objetivo. La idea de
congregarse en un lugar tiene un determinado fin, se hacen para lograr algo.
Pero aunque parezca extraño, y contradiga todo lo anterior, hay alrededor del
universo un movimiento que tiene como único fin juntar gente para “hacer nada”:
se los llama flash mob (que en español significaría muchedumbres
instantáneas) y son más comunes de lo que parecen.
Hay quienes dicen que este movimiento surgió en la década del 60 y que hoy en
día tiene más posibilidades de crecer debido al desarrollo de las
comunicaciones. Y es cierto. Porque es gracias a los e-mails, los blogs por
internet o los mensajes de texto de los celulares que las personas interesadas
en formar parte de ellos se conectan. Algunos los planean con más tiempo, otros
apenas horas antes de concretar el encuentro.
No hay objetivos definidos más que el hecho de juntarse. No tienen un
propósito. No pretenden cambiar nada. Ni siquiera tienen líderes. Tan
sólo se juntan por minutos, a veces segundos. Aplauden por cinco minutos, se
tiran en el hall de un hotel por 30 segundos o inquieren entre todos a la misma
persona la misma pregunta en el mismo momento. Da la sensación de que les gusta
provocar, causar un impacto. Y esto lo logran con la variante conocida
como “flashy mob”, que es cuando algunos juntan para desnudarse en un lugar
público, logrando el asombro y la irritación de los que transitan.
El primer falsh mob fue organizado en la ciudad de Manhattan en el mes de
mayo de 2003 por Bill Wasik, editor de la revista Harper´s Magazine. Pero no
tuvo éxito: la tienda que había elegido como blanco no permitía esa acumulación
de gente.
El primero en tener genuino éxito fue el que se realizó el 3 de junio de ese
mismo año en la tienda Macy´s. Los participantes se juntaron por grupos
en cuatro bares distintos donde recibieron la información sobre lo que iban a
hacer y el lugar a donde irían justo antes de comenzar el evento.
Resultado: más de 100 personas se congregaron en el noveno piso de la tienda
buscando una alfombra en particular. Si algún vendedor se les acercaba ellos
debían contestarle que todos vivían en un depósito, que estaban comprando
esas alfombras para armar una “Alfombra de Amor” y que la decisión final la iban
a tomar todos juntos en grupo.
En un artículo que publicó Wasik en su propia revista dijo que creó a los
flash mob como un experimento social diseñado para burlarse de los jóvenes
extravagantes y para resaltar la cultura de la comodidad y del querer ser parte
de “la próxima gran cosa”. Si bien él los ideó, el nombre “de flash mob” se le
adjudica al propietario de un blog de internet llamado Sean Savage.
Por su descripción, estos movimientos parecen algo propio de Occidente. Uno
puede imaginarse a cientos de jóvenes norteamericanos cansados de los
videojuegos o de tomar cerveza, que dediquen unos minutos de su “valioso” tiempo
para participar en algo como esto. Pero es raro imaginarse gente de países del
mundo como Rumania, Rusia o la India que se vean atraídos por este tipo de
propuesta. Sin embargo, los hay.
En India el primer flash mob se produjo en octubre de 2004 en las afueras de un
shopping, donde un grupo se concentro, hablaron en voz alta sobre los precios de
las tiendas y luego bailaron por unos minutos.
Uno de los países con la mayor comunidad dedicada a estas manifestaciones es
Rusia: tiene más de 18.000 miembros activos en más de 30 ciudades. Entre los
años 2003 y 2005 los flash mob se realizaban cada semana.
El caso de Canadá es especial. No sólo la gente se congrega para hacer alguna
estupidez sino que también se llevan a cabo guerras de almohadas y fiestas en
el subte.
Las guerras de almohadas son una consecuencia de los flash mob y tienen como
característica que casi toda su promoción está basada en internet y pueden durar
apenas unos minutos u horas. Muchas veces la gente lleva las almohadas
escondidas y en el momento establecido o al sonido de un silbato comienza la
pelea.
Por su parte, las fiestas en el subte son festejos que se organizan en los
medios de transporte , para los cuales generalmente la gente se reúne en una
acordada estación, esperan hasta convertirse en una “masa crítica” y
suben al tren. Una vez arriba son heterogéneas las acciones que se despliegan:
cantan, bailan o hasta intercambian regalos.
Los canadienses tienen un mob especial de zombies, para los cuales la gente se
maquilla y camina hasta el punto de encuentro con el estilo propio de los
muertos vivos.
El “World Jump Day” (Día del salto mundial) es el primer flash mob
global agendado para el 20 de julio de este año a las 10.39.13 u 11.39.13
según el meridiano (en Buenos Aires 8.39.13). Los organizadores esperan
tener a 600 millones de personas del hemisferio oeste saltando simultáneamente.
Dicen que haciendo esto la Tierra se va a mover de su órbita actual a una
nueva que no va a provocar el calentamiento global, se extenderá el día y se
producirá un clima más homogéneo.
Los únicos requisitos son encontrar una superficie dura y saltar sobre ella en
el horario indicado.
Algunos científicos lo desmienten: dicen que es imposible lograr cambiar
permanentemente la órbita del planeta usando su propia masa, que incluye que la
población mundial, al menos esa misma masa, sea expulsada desde la Tierra a gran
velocidad. La masa de la población mundial es demasiado chica para causar
algún cambio significante en la órbita planetaria.
No tienen objetivos pero algo transmiten. Al menos la sensación de no saber qué
hacer. ¿Son realmente nada más que manifestaciones inofensivas?
Definitivamente los flash mob son algo absurdo. Provocan desconcierto y hasta a
veces susto a quienes los presencian sin tiempo para nada, porque en el momento
en que uno reaccionó ante lo que estaba pasando, todo terminó, la gente se
dispersó, todo volvió a la normalidad. ¿Será ese el objetivo? ¿Que no se pueda
reaccionar ? ¿Les interesa causar un shock en quienes presencian sus encuentros?
Son rápidos, casi fugaces, pero tienen una preparación de mucho tiempo. Es un
movimiento cultural que tiene toda una cultura detrás. No son casualidad. Es
una especie de orden del desorden: alguien al menos piensa dónde juntarse o qué
hacer en ese momento. Se requiere de una muy buena sincronización. Todos los
participantes deben estar en un lugar a una hora específica y saber exactamente
cuándo dispersarse. No es algo librado al azar o a la improvisación. Son como
una guerrilla , pero desarmada.
Serían como una especie de refuerzo especial a las conexiones diarias o
semanales que tienen sus participantes a través de la red. Comunicaciones que
son tan abstractas como lo que hacen, que más de una vez son veloces y efímeras.
Es como volver tangible esa relación virtual que tienen. Tratan de reconocerse
como grupo, algo más fácil de lograr físicamente que a través de mails o SMS.
Es sabido que internet generó matrimonios. A nadie le resulta raro escuchar que
otra persona conoció a alguien por chat o que se va a encontrar con el que
comparte las mismas opiniones en un blog. Surgieron con la comunicación virtual
nuevas maneras de contactarse en una sociedad en red .
Podrían ser considerados un arte, una especie de representación donde los
protagonistas son las personas que participan y el público los que pasan .
Son una manifestación social emergente, una nueva tendencia cultural que se
vale de las redes electrónicas para formarse. Una manera moderna de entablar
lazos.
