Mayo de 2006
Por Gustavo Adolfo Bunse
No ha de ser suficiente con un acto eleccionario.
Desea que cunda el clamor.
Que haya una especie de ola generalizada de aclamaciones públicas en todo el
territorio nacional, pidiendo a gritos su continuidad en el mando y desatando un
escenario de semiconvicción colectiva que establezca así, “ex ante”, un
ungimiento asegurado en el que pueda configurarse la esencia del reconocimiento
y de la adulación.
Que todo luzca como el tributo espontáneo de un pueblo contento, que se siente,
por primera vez, seguro bajo la advocación divina de un hombre firme, sólido y
rodeado por números macroeconómicos que resultan verdaderamente incontrastables.
No lo ha dicho ni lo ha confirmado, pero su tentación bordea en estos instantes
el paroxismo de la voluptuosidad política :
No quiere perderse la sensación óptica y estomacal de salir al balcón y abrir
los brazos con su ojo derecho, guiñado a la fuerza, para recibir así la ovación
conmovedora de una plaza colmada como pocas veces en la historia haya podido
verse.
Que haya, una y sólo una, causa aglutinante : “Él”.
, Hitler, Nicolae Ceausescu, Idi Amin Dada y Artajerjes tuvieron ese raro
privilegio.
Con excepción de Ceausescu, ninguno de los otros compartió el palio de la
ovación multitudinaria con una mujer.
Elena Petrescu de Ceausescu, esposa del dictador más famoso de Rumania, se
convirtió en la segunda mujer con mayor poder gubernamental en la historia del
Mundo Socialista.
A decir verdad, el poder político de la esposa de Nicolae Ceausescu era sólo
inferior a Jiang Qing, la mítica esposa de Mao Tse –tung. Nacida el 7 de enero
de 1919 en Petresti (Dimborta, Rumania), ella fue una mujer que llamó la
atención a propios y extraños a raíz de su extraña personalidad: Obsesión por el
poder político, prefabricado perfil académico y amor por la frivolidad.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Elena destacó como una importante militante
de las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas, quienes cooperaban con las
guerrillas izquierdistas rumanas en la expulsión de las fuerzas pro-fascistas y
en el fin de la monarquía absolutista.
Tras el triunfo de las guerrillas izquierdistas, en 1946 Rumania se convirtió en
uno de los primeros Estados Socialistas de la Tierra, al lado de Bulgaria,
Yugoslavia, Albania, Mongolia, Corea del Norte y la Unión Soviética. Con
estudios superiores en el Colegio de Química Industrial y en Instituto
Politecnológico, más tarde ella empezó a ser reconocida en el Partido Comunista
Rumano por ser la esposa "inteligente" de Nicolae Ceausescu, uno de los
principales líderes del nuevo régimen totalitario del país de Europa Oriental.
Pronto, en 1965, su sueño de ser la Primera Dama de la Nación se convierte en
realidad, cuando su esposo fue electo como el supremo Jefe de Estado de Rumania.
A partir de ese momento hasta 1989, la científica del Instituto Químico de
Bucarest se alzó como uno de los principales verdugos del régimen dictatorial de
Nicolae Ceausescu.
Muy bien disfrazada con maratónicos discursos y proyectos a favor del desarrollo
de la ciencia y la tecnología, la sanguinaria Primera Dama de Rumania empezó a
escalar posiciones importantes dentro de la estructura machista del poder
totalitario.
A decir verdad, ella no quería ser una figura limitada como Vilma Espín, la
Primera Dama de la Revolución Cubana, o las esposas de los viejos gobernantes de
la URSS, Alemania del Este y Albania.
Ella aspiraba a ser recordada tal como lo fue Madame Jiang Qing, la Primera Dama
de la Revolución Maoísta.
En los primeros años de la década de los setenta, Madame Ceausescu escaló
rápidamente posiciones dentro de la alta jerarquía del Partido Comunista:
De miembro del Comité Central se convierte en miembro del Comité Político.
Posteriormente, después de ser nombrada delegada de la Gran Asamblea Nacional,
ella recibió el cargo de Vice-primera ministra, el mayor puesto político
conquistado por una mujer en la Europa del Este Socialista.
Con anterioridad, ella y su esposo viajaron por diversas zonas del Tercer Mundo.
En 1973 los esposos Ceausescu visitaron el Perú, gobernado bajo la dictadura
populista del general Juan Velasco Alvarado.
En aquella oportunidad, la Primera Dama de Rumania fue declarada Profesora
Honoraria de la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima.
En este año, la familia Ceausescu tuvo que cancelar su visita a Chile por el
golpe militar que sufrió el gobernante marxista Salvador Allende. No obstante,
el régimen tiránico de los Ceausescu no tuvo mayores problemas en reconocer al
gobierno anticomunista de Augusto Pinochet Ugarte, una de las dictaduras más
brutales en la historia política del Tercer Mundo.
En tanto, la alta cantidad de títulos académicos que recibió Madame Ceacescu
fueron especialmente por la cooperación rumana en muchos países del Tercer
Mundo, entre ellos Ecuador, Ghana, Argentina, Filipinas, Irán, Turquía, Pakistán
y Perú.
En diciembre de 1989, el pueblo rumano fusiló sumariamente y sin ninguna piedad
al matrimonio Ceausescu, pero el fin de la familia más poderosa del país
socialista dejo la tradicional señal de los regímenes dictatoriales:
Rumania se había convertido en uno de los países más pobres de la región.
En el decenio de los ochenta, la impopularidad de Madame Ceausescu era
gigantesca especialmente por su apoyo a las masacres de las minorías étnicas y
por respaldo absoluto a la brutal explotación de la fertilidad de la mujer
rumana.
Ella fue una de las arquitectas del "proyecto 8 hijos por cada madre de
familia", una política que llevó a millones de rumanos a la mendicidad.
La población del país de Europa Oriental tampoco olvidó sus elevados gastos en
honor a sus gustos aristocráticos, tal como ocurrió Imelda Romualdez de Marcos,
la Primera Dama de Filipinas durante el gobierno dictatorial de Ferdinand
Marcos.
Ciertamente, su exclusiva colección de abrigos de piel y sus lujosos palacios de
mármol Carrara fueron dos de sus pasiones que la llevaron a la muerte en un país
donde su nombre era frecuentemente comparado con el legendario Conde Drácula de
Transilvania.
Pues para muchos. Madame Ceausescu también se alimentó de la sangre del pueblo
de Rumania...
Esperemos pues la “Plaza” .
