RECORDANDO CON IRA: LA GUERRA ANTITERRORISTA DE LA ESMA

 

Mayo de 2006


Tanto de la lectura de las causas 18.967/2003 como de la 761, surge que las declaraciones de los denunciantes han sido orquestadas y coordinadas en el tiempo y con posterioridad a los hechos denunciados. Siempre aparece un detenido que describe los hechos que son imputados los cuales luego son apoyados y/o confirmados por otros detenidos que dicen conocer la versión del hecho denunciado por comentarios de otros detenidos con la evidente intención de tratar de fortalecer y dar un infundado marco de realidad o potenciar la existencia de un hecho que no le consta. Es así que el mencionar nombres en forma repetitiva y casi con exclusividad se pone en evidencia una intencionalidad manifiesta de afectar e inculpar a militares con el fin de ocultar su conducta delatora y colaboracionista, para así justificarse ante sus ex compañeros y en otros casos obtener otra suerte de beneficios como lo han sido las indemnizaciones. Todos los denunciantes que yo conozco han sido previo a su detención cuadros del autodenominado ejército montonero, y luego con diferentes matices colaboradores que proveyeron datos o información que llevó a la detención de otros militantes de la organización terrorista, es decir contribuían al conocimiento de organización y composición en el ámbito de la columna operativa en la que se desempeñaban; militar, inteligencia, organización, internacional etc., y en la puesta en conocimiento de las tácticas que empleaban para actuar en la clandestinidad. Los colaboradores eran muy valiosos dado que gracias a ellos los tiempos de la guerra contra el terrorismo se acortaron y las bajas se redujeron, permitiendo que la acción se limitara crecientemente a la búsqueda de los miembros de la conducción nacional de montoneros, es decir los oficiales superiores. Los colaboradores tenían un régimen diferenciado de los otros detenidos con los cuales no tenían contacto alguno. Según su situación personal los colaboradores mantenían distintos grados de relación con sus familiares y allegados lo cual estaba regulado por la necesidad de mantener su situación en secreto para la organización montoneros que los tenía como abatidos. De todo esto tomé conocimiento por lo informado por mis superiores que eran quienes determinaban y mantenían las relaciones con la sub-zona Capital de la zona I a cargo del Cuerpo de Ejército I, de quien funcionalmente el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica dependía, habiendo conocido por la misma vía que muchos colaboradores, llegaron al centenar, una vez liberados se fueron a vivir al extranjero para otorgarles protección. Los colaboradores facilitaban el interrogatorio de los recién detenidos, convenciéndoles o sugiriéndoles que la guerra debía terminar, que ella estaba pérdida y que era necesario evitar más víctimas; que la Conducción Nacional estaba ciega ya que desde el exterior en donde ellos se preservaban, desconocían la real situación, y que sólo entonces eran carne de cañón de una guerra militarmente perdida reconociéndose así el quiebre a la que estaba sujeta la organización Montoneros, esta situación fue determinante para que en poco tiempo la organización terrorista más grande de esa época en el mundo fuera derrotada. Queda claro que lo que ha llevado a quienes pasaron a colaborar con las fuerzas legales ha sido la necesidad de protegerse de represalias de sus ex - compañeros para lo cual pretendieron justificar sus conductas mediante denuncias coordinadas y orquestadas. De la lectura de las Causas surge igualmente no solamente el armado de las mismas; también como ocurre quién no se manifiesta con verdad, incurren en muchas contradicciones y falsedades. Oportunamente y durante la substanciación del sumario en sede militar, el Servicio de Inteligencia Naval, con la firma de su Jefe el Contralmirante Argimiro Fernández, se incorporaron al cuerpo X de la causa 761 antecedentes en detalle que los sindican como activos militantes de montoneros; a continuación sintetizo algunos antecedentes. Silvia Labayru, jerarquía aspirante, en 1974 fue detenida por infracción a ley 20.284, el 2 de enero de 1975 recupera la libertad, en 1984 milita es una célula de informaciones, y participa en la activación de un explosivo en la confitería Santa María; Graciela Daleo, jerarquía Oficial, en 1976 participa en la planificación del atentado donde muere el general Cardozo, en diciembre de 1976 participa del juicio revolucionario y fusilamiento de Hilda Clara Gerardini, en 1984 es procesada por partícipe en el secuestro de los hermanos Born, y posteriormente indultada; Andrés Castillo, jerarquía Oficial 2º, actuó en diferentes ámbitos de la organización montoneros, en 1983 es detenido por injurias; Ana María Martí, jerarquía Oficial, en 1970 se incorpora a la organización terrorista FAR, en septiembre de 1973 participa en el copamiento y robo de armamento del edificio de obras Sanitarias de la Nación, en su vivienda en el año 1975 se fabrican granadas, en 1976 participa en el planeamiento de la operación donde es muerto el general Cardozo; Alberto Girondo, jerarquía Oficial 1º, en 1972 participa de voladura del yate Bigua, la voladura del Centro Naval de Tigre y ataque a un patrullero causando la muerte de un policía, en 1973 forma parte de la conducción de la columna norte, habiendo participado en el atentado a José I. Rucci (20-9-73), el 1 de noviembre de 1973 participa en el atentado donde fue víctima el comisario general Villar, en 1975 es jefe de la columna Capital, en 1977 Secretario Militar de Capital; Lisandro Cubas, jerarquía Oficial, en 1975 y 1976 milita en la secretaría de organización de la columna Oeste, en octubre de 1975 habría participado en el secuestro del industrial de Mercez Benz (Metz), en 1976 actúa como secretario de organización con María Antonia Berger en la columna Oeste; Miriam Liliana Lewin, jerarquía soldado, en diciembre de 1976 se encuentra implicada en un atentado con explosivos contra el edificio de la fuerza Aérea, en 1977 es destinada a la estructura militar de la columna Oeste de montoneros. La realidad de los antecedentes de los denunciantes arriba mencionados, indica que se trata de personas que integraban una Organización Militarizada, y que no se trataba de ex perseguidos políticos, tal como publica y reiteradamente lo ha afirmado la Sra. De Bonafini, sin haber sido ello apología del delito

 



Caso Iglesia San Patricio. En primer lugar me ocuparé del caso de Beatriz DALEO quien dado su afán de protagonismo militante y resentimiento demostrado sistemáticamente en libros y declaraciones, por ejemplo; el libro “La Voluntad”, “Mujeres Guerrilleras. y “El Presidente que no fue " requisitoria” de marras del Fiscal Tainao (en que junto al denunciante/ testigo necesario Castillo Andrés, de las aproximadamente 700 fojas que la componen, en más de 250 veces figura como testigo o que acredita de alguna cuestión ajena a sus posibilidades).etc., es como que con sus distintas actuaciones, imputaciones o prestación voluntaria como falso testigo de casi todo. Beatriz Daleo, quien me ha imputado hechos con “real malicia”; en su práctica permanente, denuncia en cualquier foro o ámbito hechos que ni le constan o son falsos, con el evidente propósito de ocasionar daños a los que aún considera sus enemigos; por considerarlo un caso piloto trascendente, que por su espectacularidad en cuanto el efecto que produce y la sensibilidad de su esencia tuvo gran repercusión, y que al quedar sin esclarecer, todavía es explotado por personas mal intencionadas, ocasionando un profundo daño moral.; me refiero al caso de la denominada “masacre de San Patricio“ en cuyo asunto premeditadamente se me involucro por falsos testigos “Beatriz DALEO”, también otros, además del periodista y escritor investigador “Eduardo KIMEL” que publicó un libro en noviembre de 1989, titulado “La masacre de San Patricio”, 20 años del martirio de la comunidad Palotina. De Eduardo Kimel. Ediciones Lohlé-Lumen, Buenos Aires, 1989. En la CONADEP. (Testimonio de Graciela Daleo y Andrés Castillo, Legajo N° 4816) cuentan que «A mediados de 1976, fueron asesinados tres sacerdotes y dos seminaristas de la orden los Palotinos, que vivían en una parroquia en Buenos Aires, el teniente Pernía participó en esta operación, “según sus propios dichos jactanciosos” ; según la CONADEP, en la madrugada del 4 de julio de 1976, fueron asesinados los sacerdotes de la comunidad palotina de San Patricio Alfredo Leaden, Pedro Duffau y Alfredo Kelly y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti; los religiosos fueron muertos a tiros en la Parroquia de San Patricio del barrio de Belgrano. El 18 de abril de 1985, en su declaración ante la Cámara Federal el Dr. Arslanián, preguntó a Daleo: ¿Puede decir al tribunal cuándo fue detenida o privada de su libertad? Daleo: El 18 de octubre de 1977”, es decir mas de un año después del episodio; en el mismo acto no menciona nunca la intervención de Pernías en los hechos de San Patricio ¿por qué?. La investigación judicial tuvo dos etapas; la primera encabezada por el juez Guillermo Rivarola en los años 1976 y 1977; la segunda fase comenzó en agosto de 1984 y estuvo a cargo del juez Néstor Blondi, quien de acuerdo con el testimonio en la CONADEP efectuado por Daleo y Castillo, según el periodista Kimel dirigieron la sospecha hacia la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA); el suscripto fue el 6 de noviembre de 1984, careado con Graciela Daleo, y durante el mismo ella se desdice de lo aportado en alguna denuncia, en donde cita como testigo a Sara Osatinsky, en el mismo acto alude que ella no había estado presente, quedando marcado un dúo de denunciantes que se complementan entre si “Daleo y Castillo”. Debo destacar como poco común o anormal en estos casos, que ningún denunciante salvo Daleo y Castillo mencionaron el episodio de San Patricio. El periodista Eduardo Kimnel ( que efectuó la investigación) arma y utiliza para consolidar la prueba teóricos ex integrantes de la Marina.; Miguel Angel Balbi quien dice que relató en el tribunal que un ex “compañero de armas”, Claudio Vallejos, le había confesado su participación en el homicidio juntamente con Antonio Pernías, el teniente de navío Aristegui y el suboficial Cubalo. Para finalizar y de acuerdo con lo investigado por el suscripto en fuentes públicas y navales, que: Miguel Angel Balbi nunca perteneció a la Armada lo mismo que el Suboficial Cubalo, que el ex - conscripto Claudio Vallejos, se incorporó a la armada el 1 de febrero de 1997, y es dado de baja el 1 de mayo de 1978 (que comete deserción, que la junta de reconocimientos médicos lo declara inepto por estar afectado de “personalidad psicopática histérica”, que tiene un frondoso prontuario policial y judicial, y que hizo notas periodísticas inventadas en el país y en el exterior a cambio de beneficios económicos). Creo que es más que un valioso aporte para clarificar los hechos en particular a los sacerdotes de la orden de los Palotinos. El libro se publicó en noviembre de 1989, y en 1991 se le inicia a Kimel una causa por presuntas calumnias. En octubre de 1995, la jueza Angela Braidot, considerando que estaba acreditado el delito de injurias, lo condenó a un año de prisión en suspenso y a pagarle a Rivarola 20.000 dólares en carácter de indemnización. En el libro “El Presidente que no fue” del ex militante montonero Miguel Bonasso (pag. 318), Graciela Daleo refiere ante la muerte del sacerdote católico Carlos Mujica.- “Carlos Mujica había sido su maestro, el primero que le fundamentó la necesidad de apelar a la lucha violenta para acabar con la explotación cuando todas las otras vías estaban cerradas y agotadas.- Sentía que, como alumna, lo había superado: que se había quedado atrás, que les había dado los elementos y la manija para ir a doscientos por hora y había seguido caminando a paso de tortuga.- Se decía que, en realidad, eran los límites que solían tener lo curas: que podían comprometerse mucho pero tenían un tope, el techo que les ponía la iglesia, y que su única posibilidad de saltar ese tope era romper con ella.- Pero era terrible que ahora estuviera muerto”.- (página 318).Según declaró en carta a la revista (3 Puntos) el ex Oficial Primero Montonero Ernesto Jauretche - en alusión a un artículo publicado por el ex militante montonero indultado, Miguel Bonasso – “en mayo de 1976 Jauretche llevó a la Parroquia de los Palotinos, en la calle Estomba, material de propaganda, documentos y un mimeógrafo, todo perteneciente a la organización criminal, entregándolo a los curas del lugar; meses después los cinco religiosos fueron muertos, constituyendo los primeros religiosos Montoneros caídos”. Sin embargo para potenciar la sensibilidad del hecho, algunos insinúan que los cinco religiosos palotinos fueron asesinados por sus convicciones religiosas. Durante la substanciación del sumario en sede militar, el Servicio de Inteligencia Naval, con la firma de su Jefe el Contralmirante Argimiro Fernández, se incorporaron al cuerpo X de la causa 761 antecedentes en detalle que los sindican como activos militantes de montoneros; a continuación amplio algunos antecedentes. Graciela Daleo, jerarquía Oficial, en 1974, ingreso como colaboradora en el Serv. De Finanzas de Montoneros, desempeñándose como secretaria en una empresa que la organización tenía, llamada “BODEGAS SCALISE”. En esta empresa se realizaban reuniones en las que participaban miembros de la “Conducción Nacional” y el Consejo Nacional de Montoneros, entre ellos: Mario Eduardo Firmenich, NG PEPE; Roberto Quieto, NG NEGRO, 1975: de su jerarquía de “aspirante” es promovida a “Logística Especial”, 1976 - en la “Logística Especial” es la asistente de Horacio Mendizábal, NG Hernán, secretario militar de Montoneros. Junto a éste ocupa una vivienda ubicada en la localidad de San Martín, Bs. AS. En este domicilio también habitaban Hugo Alberto Ramos NG Chilo, Ana María Martín NG Chiche. En el mes de junio en esta vivienda se planifica el atentado contra el Gral. Cardozo del cual es autora material Ana María González. En el mes de diciembre secuestra a Hilda Clara Gerardini, para hacerla comparecer ante un “Juicio Revolucionario”por “colaborar con el enemigo”; en dicho juicio participan: Jesús María Luján NG Willy o Gallego, Horacio Mendizábal NG Hernán, Graciela B. Daleo NG Victoria; el juicio revolucionario finaliza con el fusilamiento de Hilda Clara Gerardini. En 1976 con la jerarquía de “oficial” milita en la Secretaría Militar, en 1977- es destinada a secretaría política de la columna Sur; en 1979- realiza en la Organización de Derechos Humanos de Naciones Unidas una denuncia testimonial conjuntamente con Andrés Ramón Castillo, en 1984 es procesada por partícipe en el secuestro de los hermanos Born, y posteriormente indultada; Andrés Castillo, jerarquía Oficial 2º, en mayo de 1973 participa en el intento de secuestro de Vlinky (ejecutivo de Swift), en 1975 es detenido en averiguación de antecedentes, en 1976 actuó en diferentes ámbitos de la organización montoneros, en abril de 1977 participa en atentados con explosivos en supermercados Disco, en 1983 es detenido en España por injurias, en 1984 junto con Beatriz Daleo y Marcelo Girondo se reincorporan a la organización montoneros, etc Considero que a quién le cabe evaluar la veracidad de los dichos de un testigo poco común, debe cruzar declaraciones, comparar con las de otros, existencia de contradicciones, si aporta por boca de ganso, con malicia o sin ella..etc., de otra manera se llega a esta grotesca especulación voluntarista, para llegar a una mentira que por repetida hasta convence que es verdad (entre otras cosas). Una de las cuestiones básicas en la guerra contra el terrorismo que por su irregularidad, tenía características especiales al punto de haber sido reconocida por la Cámara Federal que condenó a los integrantes de las Juntas Militares como de Guerra Revolucionaria, fue el interrogatorio a los terroristas apresados, pues era la herramienta vital esencial obtener información vital que debía ser oportuna para ser eficaz, dado el accionar clandestino del terrorista incluía citas que si no se cumplían en tiempo, desataban una emergencia que ponía en sobre aviso a la célula a la cual pertenecía. Yo explique en 1994 ante la Comisión de Acuerdos del Senado, que cuando me desempeñé en el área Inteligencia, cuando efectué algún interrogatorio nunca tuve la necesidad de apelar a ningún tipo de la presión autorizada por los reglamentos militares en vigencia, puesto que los terroristas miembros de la organización montoneros habían sido adoctrinados en el temor al tormento para que prefirieran morir mediante la ingestión de una pastilla de cianuro y evitar así ser sometido a apremios. Cuando al ser apresados advertían que ello no era así, al exhibírseles las pruebas de sus antecedentes personales y participación en la organización como así también a compañeros que habían pasado a colaborar con las fuerzas legales, decidían espontáneamente responder con amplitud y detalle a las preguntas formuladas en el interrogatorio; muchos entendían a la postre que una de las razones de alentar el “suicidio” era preservar a la cúpula de la organización Montoneros, que tempranamente con el devenir de la Guerra prefirieron refugiarse en el exterior. Ello tiene mucho que ver con referencia a los interrogatorios a los cuales ya me referí, dando un ejemplo; tal el caso del detenido con nombre de guerra “El Tío” quien merced a la colaboración y sugerencias de Sara Solarz de Osatinsky proporcionó la información que concluyó con la detección en un operativo del oficial superior montonero “Lino” en la primera mitad del año 1977, recordando que por la importancia de la situación como excepción presenciaron ese interrogatorio el comandante del grupo de tareas Almirante Chamorro y el entonces Subdirector Capitán de Navío Raúl González. Sara Solarz Osatinsky al momento de su detención era la jefa militar de la columna capital de la organización montonera.


A su vez y con relación a las distintas declaraciones que debían efectuarse ante los
Juzgados, la estrategia adoptada institucionalmente y que erróneamente hice propia fue la del silencio. En octubre del año 1994, en el ámbito de la comisión de acuerdo del Senado, expresé que era la primera oportunidad en que fuera del ámbito institucional, hablaba de temas referidos a la guerra contra el terrorismo. Esta circunstancia y consecuencias constituyeron un hito fundamental en mi ánimo, máxime que a raíz de ello, el Dr. Horacio Moreno Ocampo, en un reportaje a la revista Gente ( Nº 1528 del 30 de noviembre de 2004), expresó como conclusión con el título Código de Silencio: “Planteado así, toda solución pacificadora me parece muy lejana. ¿O me equivoco? –No, no se equivoca. Esta es una sociedad donde hay reglas formales que se aplican para los giles y hay códigos de silencio para los grupos que tienen autoridad. El que dice la verdad en este país pierde. Pernías y Rolón son chivos expiatorios. ¿Por qué? Por que dijeron la verdad.”

 

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