Mayo de 2006
Por Edgardo Arrivillaga
Julio Ramos sigue aplicadamente su vocación de inmigrante reñido con la lengua del país que lo recibe.
Contesta sin nombrarme un título-Recordando con Ira - con el superficial y
triste consejo para peluquerías de señoras : "Sin mesura y con Ira no se
recuerda bien."
Si es probable que el propio John Osborne -vaya Ramos, cace el teléfono y
pregúntele a Ernesto Schoo de que se trata la cosa - creo que haría algo mas
fuerte que quemarlo vivo con una plancha. Pero para eso Ramos debería conocer
mínimamente la obra de teatro que da origen al titulo original. No hablo de una
metáfora de apremios ilegales, hablo del tema narrado en la historia.
A mi palimpsesto. Si Ramos, esa palabreja retorcida no la encontrara en CNN, Bolsa de valores-y no a esa violación y desfloración del derecho de propiedad que implica agregar al estupendo titulo del inglés la sosegada adjetivación tan típicamente local. ..sin mesura.
Falto agregar Positivo o Negativo, Bueno para el país o Preocupante, Ramos y la
tarea del corrector de estilo familiar de su Financial Times imperfecto hubiese
sido realmente perfecta.
La Ira no tiene mesura Ramos, esa la síntesis que planteaba el revolucionario
personaje de Osborne. La ira es fatalmente desmesurada.
Algunos se preguntaran que infiernos tiene que ver todo esto con la cuestión
militar y la vocación diluidamente derechista de Ámbito Financiero que solo se
estrena realmente cuando se trata de atacar envidiosamente a Clarín.
Ramos quiere prenderse a la nueva teoría gubernamental que desecha el manido
asunto de los dos demonios y descubre que ni el IRA ni la ETA mataron tanta
gente como los montoneros y que en realidad la diferencia es que no se los
combatió con la ley en la mano. Al hacerlo tanto el gobierno como su exegeta de
la seudoderecha tomaron el Nunca Mas prologado por Sábato junto con Sobre Héroes
y Tumbas y el Tunel -que no es la ESMA - y los metieron todos juntos como la
guía de teléfonos del año pasado en alguna repisa olvidada.
Ramos no recuerda demasiado bien en sus 400 líneas -sin" Ira" - que en Belfast
rigió por años el estado de sitio y que en las provincias vascas hubo que
legitimar al vascuence no separatista contra la ETA financiada en ese entonces
por el coronel Kadafy, mientras los grupos de acción directa llamados GAL,
organizados por Felipe González con asesoramiento argentino se ocupaban de
ejecutar el trabajo sucio.
Si Ramos, con asesoramiento de argentinos de izquierda para mas datos.
Pulcramente exiliados, genuinamente fierreros y argentinos. Dato que en su
incontinencia escasea.
El problema es que ni en Gran Bretaña ni en España gobiernan la ETA ni el IRA y
que el drama cultural y metapolítico argentino no es contabilizar las victimas
del ayer sino analizar la calidad de los presos políticos del presente.
Ninguna de las organizaciones armadas revolucionarias de los 70 tiene un solo
hombre detenido, preso o procesado por crímenes jactanciosamente ventilados en
libros, películas, documentales y cursos de periodismo varios.
Ni uno solo. Tampoco hay pedidos de extradición contra gente que se sabe
perfectamente donde vive, reside y trabaja.
Y eso es lo que marca la diferencia.
Los "chicos del coro" se bancaban la teoría de los dos demonios mientras
transcurría el tiempo del purgatorio previendo que un día saldrían en libertad
vía una amnistía consensuada. Menem lo propuso a De la Rúa sin resultado. Pero
la inexorabilidad de tener a los montoneros en los ministerios convierte al
purgatorio en una fatalidad inamovible. Como los egipcios que enterraban a sus
faraones con esclavos vivos para que los acompañaran en su tránsito hacia el
futuro y el mas allá la partidocracia convierte a los rehenes en inevitables
Rudolf Hess del subdesarrollo argentino.
Eso es lo que ha cambiado con este gobierno Ramos, eso y no es poco.
Pero la cosa no termina allí. El proyecto propuesto por el diputado Juan Manuel
Urtubey, estrechamente vinculado por vía familiar a sectores simpatizantes del
viejo ERP tucumano, propone impedir que los argentinos simplemente sospechados
de crímenes o de colaboracionismo intelectual durante el ultimo gobierno militar
puedan acceder a cargos legislativos. Luego será a cargos públicos, seguidamente
a la diplomacia, a la justicia y porque no a las grandes empresas del Estado que
se pretende reconstruir. Los proyectos de seguridad de la doctora Garré
planteaban el contralor de las agencias de seguridad y la inviabilidad de tener
una empresa de esas características si algún ejecutivo tuviese una relación de
consanguinidad hasta de tercer grado con un militar o policía. Los proyectos de
la diputada fueron recibidos con amables carcajadas en los ámbitos que cuentan.
Eran una modificación inesperada del Código Civil y hasta el derecho de familia
a futuro que la ex asesora del teniente general Onganía había simplemente
descuidado. No solo reconstruía el pasado con su juicio implacable, planificaba
el futuro demográfico y hasta las eventuales opciones matrimoniales con
jacobinos cristales soñadores.
Lo de Urtubey es también una forma curiosa y dialécticamente revolucionaria de
volver al voto calificado pero a la inversa. Quien esta sospechado de haber
matado gente por vía del terrorismo de estado o simplemente haber opinado de
forma heterodoxa será un muerto civil en su propio país. Quien se sabe que ha
matado gente de forma clara y concisa puede representar al país en España,
ocupar ministerios, asesorar al presidente y ser candidato incluso a la Legión
de Honor.
Nada tiene esto que ver con la ira Ramos. Tiene que ver con la realidad.
Un Argentina inmaculada y purista no podría tener a un diputado llamado Jean
Maria Le Penn- ¡ líbrenos Dios¡ -, no podría exhibir un canciller como
Gianfranco Fini o un primer ministro como fue el eficaz, sereno, escasamente
dramático, Adolfo Suárez. Tampoco un presidente como Putin y hasta el mismo
Benedicto sería sospechado por las cosas que opinaba cuando era simplemente
Ratzinger.
Somos democráticos, derechos y humanos.
Somos genuina raza superior cortejada internacionalmente por la coherencia de
nuestras opciones políticas del pasado y nos nos habíamos dado cuenta.
Vaya a escribir nuevamente para Martínez de Hoz, Ramos.
Dése una vuelta por el edificio blanco que no es grande como el Ritz pero tenía
algunos diamantes siempre piadosamente envueltos para usted y después hablamos.
Y trate de que el chico Roa no amenace nuevamente con partirle la cara.
