Mayo de 2006
por Mary Anastasia O'Grady
Mary Anastasia O'Grady es editorialista de The Wall Street Journal y editora de
la columna "Américas" que se publica todos los viernes en el Wall Street Journal
y se refiere a temas de política, economía y negocios en América Latina y
Canadá. Es graduada del Assumption College y MBA de Pace University. En 1997,
O'Grady fue premiada por la Sociedad Interamericana de Prensa por sus
editoriales y en 1999 recibió una mención de honor en la categoría de premios de
opinión, también de la SIP.
The Wall Street Journal
Mary Anastasia O´Grady, columnista del prestigioso The Wall Street Journal, analiza críticamente la participación del gobierno argentino en el futuro "Centro Internacional de la Libertad" -a levantarse en memoria de los atentados del 11 de septiembre del 2001- y sindica a funcionarios kirchneristas como ex guerrilleros.
El plan para reconstruir la llamada "Zona Cero" de Nueva York incluye algo
llamado "Centro Internacional por la Libertad" (CIL) el que, de acuerdo a su
sitio web, "será parte integral de la respuesta de la humanidad al 11 de
Septiembre, levantándose de la tierra arrasada en lo que fue el Centro Mundial
de Comercio (World Trade Center".
Qué travestismo sería que ese lugar sagrado fuera usado para distorsionar la
historia documentada del terrorismo.
Desafortunadamente, ese esfuerzo ya ha comenzado, como ha quedado evidenciado
por los tempranos intentos del gobierno argentino para asociarse al Centro
Internacional de la Libertad. El cónsul General argentino en Nueva York es
miembro del comité de eruditos y
asesores del centro, y el Wall Street Journal ha averiguado que la esposa del
presidente argentino ha contactado a los que están desarrollando el Centro para
que "su gobierno" pueda contar allí la historia de los desaparecidos por los
militares en la Guerra Sucia de los 70.
Esto reforzará la versión del gobierno de Kirchner sobre la historia argentina.
Pero hará muy poco para servir a la verdad o como declaración que condene al
terrorismo.
Cuando pregunté al centro si la historia que quiere contar la Sra. Kirchner
incluiría el recuerdo de las víctimas de la guerrilla terrorista que provocó el
golpe de estado, se me informó que ese tema no había salido en las
conversaciones. Vaya sorpresa! el gobierno de Kirchner está abarrotado de ex
miembros de Montoneros, uno de los grupos terroristas más crueles de los 70,
cuyas sangrientas actividades en todo el país durante seis años antecedieron al
gobierno militar.
Ayer se cumplió el 29° aniversario del golpe militar en Argentina. Los esfuerzos
soviéticos, cubanos y de marxistas locales para hacerse del poder fueron
vencidos por el gobierno militar, aunque usando gran violencia y con gran costo
para el país.
Desde entonces, los terroristas que fueron vencidos han tratado de rescribir la
violenta historia del período para convertirse ellos mismos y a sus camaradas
caídos en mártires.
El caos terrorista que dio lugar a la represión de los militares está bien
documentada en "La Otra Parte de la verdad", del argentino Nicolás Márquez. El
libro salió a la venta el año pasado y ha vendido más de 20,000 ejemplares
(lamentablemente no está disponible en inglés).
Ninguna persona civilizada podría justificar los excesos de los militares y el
Sr. Márquez deja en claro que lamenta lo que sucedió en su país. Su relato de
los hechos terroristas incluye los del brutal grupo fascista Triple A.
Pero además demuestra sin dejar lugar a dudas, el protagonismo absoluto de
montoneros en la siembra del caos y el terror.
En 1970 los comunistas ya estaban en el poder en Cuba y estaban ganado terreno
en Chile. En Argentina, varios grupos subversivos estaban en actividad, pero dos
eran particularmente poderosos.
Uno era Montoneros, "que inicialmente se infiltraron en el peronismo a través de
la resistencia peronista", como dice el Sr. Márquez. El otro era el ERP, de
Fidel Castro.
En el período 1970-1973 los terroristas aumentaron sensiblemente el clima de
miedo. Pero cuando el ex presidente Juan Perón muere el 1 de julio de 1974 y su
mujer Isabelita queda a cargo del gobierno, las
cosas realmente se deterioraron. Según el Sr. Márquez, "los guerrilleros
operaron sin el menor inconveniente y crecieron en número, poder de fuego y
cantidad de ataques llevados a cabo".
En 1974 hubo "21 tentativas de invasión y copamiento por la fuerza de unidades
militares de las fuerzas legales, 466 ataques con bombas y explosivos, 16
asaltos (para un botín cercano al millón de dólares), 117 secuestros y 110
asesinatos."
A principios de 1975, en medio de la escalada de violencia, una orden ejecutiva
secreta llamó al Ejército a hacer lo que fuera necesario para "neutralizar y/o
aniquilar el accionar subversivo" en la provincia de Tucumán, donde el
terrorismo era más intenso.
El Sr. Márquez hace referencia a una charla dada por el abogado argentino y
experto en temas militares Florencio Varela. Citando el testimonio del Gral.
Jorge Videla, quien comandó la primera junta militar, el Sr. Varela dice que a
finales de aquel año el presidente provisional Ítalo Luder conminó a los jefes
militares a encontrar una forma
de parar al terrorismo.
Los militares presentaron cuatro opciones, una de las cuales era la de otorgar
control local absoluto a las unidades militares, con poder discrecional amplio;
esto conllevaba un riesgo, que era el de la pérdida de control, pero también
prometía ser más eficaz. El Sr. Luder eligió esa opción, pese a las objeciones
de su ministro de justicia. Poco después comenzaron las desapariciones. El Sr.
Varela remarca que estos riesgos "eran conocidos por las autoridades
constitucionales, pero nadie levantó la voz o se quejó al respecto".
Las razones parecen obvias. Años de terror asesino habían producido una cultura
de miedo y desesperación que las débiles instituciones del país no habían podido
evitar. Cuando los militares tomaron el poder el 24 de marzo de 1976, la
sociedad civil dio la bienvenida a la posibilidad de retornar al orden.
El reconocido periodista argentino Jacobo Timerman -que luego sería encarcelado
por los militares- escribió el 27 de marzo en La Opinión:
"Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores -aun dentro del ex
oficialismo- agradecen al Gobierno Militar el haber puesto fin a un vasto caos
que anunciaba la disolución del país, no menos cierto es que también le
agradecen la sobriedad con que actúan."
El mismo diario había informado, cuatro días antes, que en los tres años previos
1358 personas habían muerto a manos de los terroristas. El Sr. Márquez documenta
las palabras de varios representantes elegidos por voto popular de aquel tiempo,
quienes expresan su desazón por el desorden y el baño de sangre generalizado.
El conteo final oficial de actos terroristas para la década 1969-1979 es de más
de 21,000 atentados, 1748 secuestros y 1501 asesinatos.
Dada esta brutalidad y su enorme costo para la sociedad argentina, es increíble
la cantidad de gente dentro del gobierno del Sr. Kirchner a quien el Sr. Márquez
identifica como montoneros, incluyendo al secretario de DDHH Eduardo Luis
Duhalde, al ministro de RREE Rafael Bielsa, el subsecretario de la presidencia
Carlos Kunkel, el vice ministro de RREE Jorge Taiana, y la secretaria de asuntos
del consumidor Patricia Vaca Narvaja. Miguel Bonasso, quien escribió un libro
sobre su pasado montonero, es miembro del congreso y un aliado cercano de
Kirchner. Horacio Verbitsky, intimo asesor del presidente, fue una autoridad
importante en el aparato de inteligencia de montoneros.
Uno de los aliados más cercanos al Sr. Kirchner es Hebe de Bonafini, una
activista argentina que declaró su "felicidad" cuando miles fueron asesinados en
el World Trade Center. Ahora el mismo Kirchner quiere usar el lugar del más
terrible ataque terrorista sufrido por EEUU para "limpiar" la historia de
montoneros en Argentina. La historia no debería ser tan fácil de distorsionar.
