EL CANDIDATO DE LA ARGENTINA

 

Junio de 2006

por Ricardo A. Romano


El oficialismo siempre cree que le va bien en las giras por el exterior. El jefe de Gabinete calificó esta vez con un “10” el reciente viaje presidencial a España.

 


Pero allí donde Néstor Kirchner no los puede aceitar, los periodistas dicen la verdad. Desde El País –el diario más afín al gobierno de Rodríguez Zapatero- que lo recibió con un “no tiene programa ni lo quiere tener”, hasta el ABC -en el otro extremo del arco ideológico- que criticó su alineamiento con Hugo Chávez, pasando por el diario económico Expansión, que tituló “Mucho Kirchner y pocas nueces”; toda la prensa española coincidió en una visión crítica del Gobierno argentino, de la visita y de la relación bilateral, en las antípodas del entusiasmo local.

 

El País concluyó como había empezado: “Tras las declaraciones de amistad estratégica subyacen unas divergencias básicas (...) Si bien la sintonía política ha sido buena (...) los resultados en firme de esta nueva visita del presidente Kirchner a España podrían haber sido mayores. (...) Sigue habiendo un déficit de confianza entre estos dos socios estratégicos”, etc. El contraste entre los titulares locales y extranjeros fue patente. Así, la noticia de supuestas mayores inversiones por parte de Repsol, que aquí copó las primeras planas, fue bajada a su verdadera dimensión en un lacónico párrafo: “Se había dicho que Repsol-YPF anunciaría nuevos planes de inversión durante esta visita. Anoche, tras entrevistarse con Kirchner el presidente de la petrolera, Antonio Brufau, la empresa informó de que adelantará algunas de las inversiones que anunció para el periodo 2007-2009”. Punto.


Napoleón al revés

Es que en España el presidente volvió a hacer de las suyas: ratificó su incapacidad para hacerse cargo de nuestra Historia y representar al país como un todo frente al mundo. En este espíritu, criticó a los empresarios españoles por haber invertido en la Argentina. En el almuerzo que le ofreció el titular del Consejo Superior de Cámaras, Javier Gómez-Navarro, Kirchner reprochó que "España invirtió en los años 90 grandes sumas de capital. No existe mayor imprevisibilidad que en ese momento”. Demos por cierto el argumento de la mayor imprevisibilidad: ¡sería entonces doblemente meritorio el haber invertido aquí! Para Kirchner, es motivo de reproche. Hoy, si las empresas españolas no se retiran es sólo porque es mayor el costo de irse que de quedarse. Y es que la mayoría de ellas invirtió en el sector servicios. Claro que Kirchner es incapaz de reconocer que a la “imprevisibilidad” de los 90 se debe que España sea hoy el primer inversor extranjero en Argentina y que la modernización de la infraestructura de servicios en el país operada en la década maldita sustenta gran parte de la expansión actual, boom sojero incluido.


“Yo no abandono a mis predecesores –decía Napoleón Bonaparte- y desde Clodoveo hasta el Comité de Salud Pública, con todos me solidarizo, y todo lo malo que gratuitamente se diga acerca de los gobiernos que me han precedido, lo tendré como por dicho con la intención de ofenderme”. Consecuente con este principio, nunca nadie logró halagar al Emperador de los franceses denigrando a sus antecesores o rivales. Pero claro, se trata de aquel de quien Stendhal dijo: “Toda la vida de este hombre es un himno a la grandeza de alma”.
A Kirchner le interesa que lo aplauda su público de siempre y no que vengan inversiones al país. Por eso lanza diatribas contra los empresarios extranjeros al tiempo que insta a Telefónica y Repsol a aumentar sus inversiones.


Del mismo modo, está bien que se honre la deuda con el Club de París pero, como el Gobierno sigue con el doble discurso de criticar a aquellos a los que les paga, lo más probable es que esto no redunde en beneficio para el país.


Ahora bien, respecto a los temas pendientes con España –tarifas, deuda, inversiones, demandas ante el CIADI- todo quedó en anuncios y ambigüedades por lo cual es legítimo preguntarse: ¿para qué hizo Kirchner este viaje?


Por otra parte, si, como informó Alberto Fernández, “España necesita un interlocutor en América Latina”, luego de la encendida defensa que hizo el presidente argentino del papel de Hugo Chávez en la región, Madrid ya sabe que a mal puerto fue por leña. Kirchner señaló que Estados Unidos está "intentando crear una imagen de monstruito" de Chávez pero “le compra 25 mil millones de dólares de petróleo”. Más aún, se refirió al "doble discurso" norteamericano, al recordar que "hay discusiones que están por arriba y por debajo corren los negocios de las dos naciones", puesto que "el gran abastecedor de petróleo de Estados Unidos es Venezuela". Lo curioso es que no vea que este razonamiento también funciona al revés. Mientras unos inventan un monstruito, Chávez pinta a su principal socio comercial como un monstruo grande. Son estrategias complementarias. Queda claro cuál es el interés de cada uno en la demonización del otro. Tristemente, también queda claro que, gracias a Kirchner, el gobierno argentino es un peón en juego ajeno.


Y el ingreso de Venezuela al Mercosur –facilitado y celebrado por los imberbes K- no modificará su relación comercial privilegiada con EEUU por un buen tiempo, prueba adicional de que las motivaciones del bolivariano son políticas antes que económicas. Recién dentro de seis años, y con viento a favor, Venezuela habrá homologado su normativa comercial para poder integrarse plenamente a la zona de libre comercio regional. Entre tanto, el principal destino de sus exportaciones seguirá siendo Estados Unidos, país con el cual tuvo un superávit comercial de 27.600 millones de dólares en 2005. En el mismo período, le vendió a la Argentina por apenas 36 millones. La única verdad es la realidad.


Eso sí, los efectos políticos del ingreso de Chávez los vamos a sentir enseguida. Sus provocaciones en el seno del bloque recién empiezan. Baste señalar que su primera iniciativa como miembro pleno ha sido invitar a Fidel Castro a la próxima Cumbre de Presidentes del Mercosur de la cual él no es anfitrión, pues ésta tendrá lugar en Córdoba. Llegamos por lo tanto al extremo de que el presidente de un país extranjero invita a otro a visitar el nuestro... La Cancillería argentina no existe (o se mudó a Caracas).


El argumento esgrimido por Kirchner de que, con Chávez, Venezuela es un país "muy solidario" con sus vecinos y que su "aporte es muy importante en la región", no se sostiene en la realidad. El antiimperialista bolivariano no retira su embajador de Washington sino de Lima, aunque Venezuela no tiene ningún conflicto de intereses real con el Perú. Su salida de la Comunidad Andina de Naciones con el argumento de que otros firmaban tratados de libre comercio con el país con el cual él más comercia, es transparente, excepto para los ideológicos que nos gobiernan. Por último, Roberto Lavagna confirmó lo que todos sabíamos: que la tan mentada ayuda de Venezuela a la Argentina no fue más que negocio. “Los bonos fueron transacciones comerciales donde el gobierno venezolano no nos regaló nada; fueron vendidos luego al mercado privado y con una utilidad de unos 100 millones de dólares”, explicó el ex ministro. Y en cuanto al auxilio energético, aclaró: “Hasta donde yo sé, no creo que Venezuela le haya hecho ningún regalo en el tema de precios”. Pero el setentismo local, recordemos, creyó que el fuel oil venezolano -a precio dólar- era algo así como el elixir de la revolución chavista y movilizó tropa a los muelles para recibirlo... un ridículo del que no se vuelve.


Mancha venenosa

Como jefe de campaña, Hugo Chávez lo hizo perder a Ollanta Humala en el Perú. Por eso el candidato presidencial mexicano Andrés López Obrador se cura en salud y aclara que no tiene nada que ver con la mancha venenosa de Caracas. Por eso también Lavagna, criticando el alineamiento internacional de Kirchner, usa al venezolano como jefe de campaña, pero al revés, consciente del desprestigio que tiene.


Lo grave es que, por hacer seguidismo de Chávez, Kirchner no llamó a Alan García por teléfono –como correspondía y como hicieron sus pares de la región- para felicitarlo por su triunfo en las elecciones peruanas. Se limitó a mandarle una nota por escrito: una señal de frialdad. Y la tácita admisión de que deseaba el triunfo de Humala. Esta conducta no tiene nada que ver con los intereses permanentes de la Argentina, unidos a los del Perú desde que tenemos el mismo padre fundador. Obedece sencillamente a la adolescencia de quien nos gobierna. Con elegancia e ironía, el presidente electo del Perú dijo que respondería el saludo de Kirchner “también por escrito” y lo disculpó: “es libre de pronunciarse de manera protocolar desde un país amigo y compañero en las adversidades, como en la guerra de Malvinas. Pero bueno, cada uno es dueño de su estilo”. Y con esta referencia a 1982, puso en evidencia la pequeñez del gesto de Kirchner.

 

No es de extrañar que Chávez no quiera a Alan García. Su triunfo, de momento, ha aportado sensatez a una región donde el infantilismo K, la desidia brasileña y el activismo venezolano estaban haciendo estragos. Allí donde Humala dijo que quería “entrar con tanques”, García prefirió ir con la mano tendida y por eso honró a Michelle Bachelet con su segunda visita al exterior como mandatario electo (la primera fue a Brasil). Se ocupó además de desactivar todas las fuentes posibles de conflicto con el país vecino (como la situación del ex presidente Alberto Fujimori o la disputa por límites marítimos) y de proponer un Tratado bilateral de Libre Comercio. Tampoco es casual que la próxima visita de García esté destinada a Álvaro Uribe, el presidente colombiano que lucha por evitar la fractura de su país que un conflicto de arrastre de la guerra fría mantiene como amenaza latente y que otros, como el latinoamericanista Chávez y varios imberbes del Frente para la Victoria K, se encargan de fomentar y/o aplaudir.
Finalmente, es natural que tampoco Kirchner sienta afinidad con el líder peruano. A diferencia de los setentistas locales, Alan García parece haber reflexionado autocríticamente sobre su experiencia anterior: “El presidente no puede ser un agitador, porque entonces agita al país. Yo era un gran agitador. No lo niego, un gran agitador continental”.


En los pocos pasos dados hasta ahora, Alan García ha mostrado una verdadera vocación de unidad, en contraste con los encendidos discursos bolivarianos, desmentidos luego por la práctica. El peruano llegó incluso a decir, con relación a los agravios de Chávez durante la campaña electoral, que “a partir de la noche del domingo he perdido la memoria de lo anterior (...) No nos interesa acaudillar una alianza continental anti chavista”. En respuesta a esta mano tendida, el venezolano acusó a García de “perro faldero” de Estados Unidos, dejando en claro que busca pelearse a toda costa.


Ahora bien, lo dicho hasta aquí sobre la conducta de Chávez, no es nada en comparación con su anunciado viaje a Corea del Norte, en el mismo momento en el que ésta anuncia un ensayo misilístico. La movida no tiene más objeto que sustentar la tesis de que el Eje del Mal ha abierto una sucursal en Latinoamérica; tesis cara a quienes promueven distintas formas de intervencionismo y tutela en la región. Recientemente, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó una resolución que considera “una amenaza potencial” a las actividades de extremistas islámicos en América Latina: “Desde por lo menos los atentados contra la AMIA en 1994, Hizbollah mantuvo redes en la región de la frontera entre Paraguay, Brasil y la Argentina”. La resolución también pide al presidente George W. Bush que busque en la OEA “apoyo para crear un grupo de trabajo especial en el Comité Interamericano contra el terrorismo”, cuya misión sería “prestar asistencia a gobiernos de la región en la investigación y la lucha contra la proliferación de organizaciones islamistas en el Hemisferio Occidental”. Es notable que semejante declaración no haya merecido ningún comentario del gobierno ni de la prensa progresista local. ¿Es casual que cada vez que se oyen interesadas alertas sobre una fantasmagórica expansión del terrorismo en América Latina, el presidente de Venezuela salga al ruedo con alguna provocación que no hace sino “confirmar” las advertencias?


Cabe cerrar este comentario recordando que Hugo Chávez es la relación internacional más importante de Néstor Kirchner.


Regocijo

Ante los rumores de una candidatura del ex Ministro de Economía, el oficialismo se lanzó contra él en jauría: los Fernández desde luego, también Kunkel, Díaz Bancalari, Agustín Rossi y el infaltable Luis D’Elía. Un ahora más liberado Rafael Bielsa calificó indirectamente la conducta de sus ex compañeritos de Gabinete: “No puedo ser tan ignorante, estúpido, lenguaraz y adocenado como para salir a hablar mal de un individuo del que pienso bien, respeto y quiero”. Pero el colmo fue lo de Felisa Miceli. Si cuesta entender la diferencia entre Kirchner y Lavagna, más cuesta entender la diferencia entre éste y su sucesora. Las declaraciones de la ministra contra su antecesor no salieron de su boca sino de un cable de TELAM. Eso confirma su condición de esclava que sólo busca que no la echen del trabajo.


Un columnista afín al Gobierno quiso hacer creer que éste recibió con “regocijo” la candidatura de Lavagna (supuestamente por prematura). Acto seguido recurrió como es habitual a sus archivos para sustentar un carpetazo contra el ex ministro lanzado por un oficialismo que, más que regocijado estaba trastornado. Sí hubo regocijo entre los kirchneristas vergonzantes pues ahora el Gobierno tiene que “invertir” más para que no migren nuevamente.


Más allá de las encuestas que su entorno le acerca enseguida a guisa de calmantes, lo cierto es que el presidente le teme a Lavagna porque nunca lo pudo “felpudear” como al resto de su Gabinete. Con relación a los supuestos sponsors de la candidatura de su ex Ministro, Kirchner dijo: “vuelven los viejos fantasmas”. También les teme pues son los mismos fantasmas que lo hicieron presidente a él. Y si lo hicieron con él pueden hacerlo con otro.


Reivindicación facciosa

En definitiva, en nombre de la democracia se puede atacar a la Patria a través de la constante denigración de sus instituciones. La democracia debe ser un sistema para servir a la Patria, no un fin en sí misma, como parecen creer algunos políticos que por retener una banca o un cargo son capaces de trabajar en contra de los intereses permanentes de la Argentina.


El Ministerio de Defensa desmintió haber pensado en la suspensión del desfile del Día de la Bandera en Rosario. Sin embargo, este año el Gobierno no autorizó la participación de miembros de las Fuerzas Armadas en el desfile cívico militar que tradicionalmente organiza el Intendente de Malvinas Argentinas todos los 10 de junio. Se sancionó a un militar por la difusión de un video sobre la Campaña del Desierto y la Guerra de Malvinas. Tampoco se autorizó la asistencia de miembros de las tres fuerzas a la peregrinación que ejércitos de diversos países realizan anualmente al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Francia. El sentido de ese acto es recordar a los muertos de la 2ª Guerra Mundial y la Argentina participa del mismo desde hace 15 años. El Gobierno mató dos pájaros de un tiro atacando en una misma medida al Ejército y a la Iglesia, según su costumbre.


En un Encuentro con empresarios, sindicalistas y funcionarios convocado recientemente en Mar del Plata por la Comisión de Pastoral Social, su titular, el obispo Jorge Casaretto señaló que “el clima de reivindicación sectorial se impone al clima de búsqueda del bien común”, lo que, agregó, tiene como telón de fondo “una sociedad fragmentada”. Y completó:“Algunas personas no han podido superar los traumas del pasado”.


Efectivamente, en el último tiempo, el Gobierno ha reiterado los gestos de reivindicación facciosa. Además del señalamiento público –por procesista- de todo aquel que no adhiera al neomontonerismo en boga –el propio Casaretto cayó en la volteada, aunque cueste creerlo-, el delirio revisionista del kirchnerismo convierte a Martín Fierro en un piquetero indigenista (en un film que pretende pasar en todas las escuelas) y equipara la primera reconquista de Buenos Aires en 1806 con los cacerolazos del 2001.


Pero fue en el homenaje a Juan José Valle que esto se manifestó con más claridad. En el peronismo siempre hubo iniciativas para dividir. El evitismo fue una de ellas. Promovido inicialmente por el vandorismo, fue continuado luego por los montoneros que fomentaron el evitismo en contra de Perón con la consigna si Evita viviera sería montonera. Con el general Valle se intenta lo mismo. Es el homenaje a la sangre contra el tiempo. En la recordación de aquel levantamiento se busca afirmar la malévola consigna de que Perón debió haber luchado en 1955 desatando una guerra civil. Se busca afirmar la facción en la persona de un insigne hombre de bien pero que políticamente era otro Rodolfo Walsh. Un coraje impresionante pero una acción en contra de los tiempos políticos. Por eso son reivindicados por quienes quieren que en Argentina la facción se instituya como norma. Ambos fueron hombres de un valor personal incalculable pero fuera de los tiempos que marcaba la conducción general de la Argentina, del pueblo argentino, encarnada entonces por Perón.


El espíritu faccioso que impregna al oficialismo se lleva muy bien con el sectarismo y el rencor. Los extrapartidarios buenos son los que aceptan ingresar al Gobierno; si no, son de la dictadura. Los funcionarios sospechados de lavagnismo son forzados a irse o a la indignidad de la abjuración pública.


“Saludo a los buenos periodistas”, dijo Kirchner el 7 de junio, refiriéndose seguramente a los que tiene comprados. Su esposa, en tanto, criticaba a los que, en los años del Proceso, “tenían mucho papel y máquinas pero nada decían de lo que pasaba en el país”. Los señala por lo mismo que hicieron ella y su esposo: esconderse. En todo caso, más indigno que callar en tiempos en que hablar podía costar la libertad o la vida, es hacerlo ahora, en plena democracia. Pero ese silencio comprado es muy del gusto del matrimonio K.


Patria y democracia

La irrupción de Roberto Lavagna en la escena política precipitó la aparición de varios otros candidatos e inclusive la admisión por parte del propio presidente –a Página 12- de que aspira a un segundo mandato. Es legítimo pero, de momento, todos estos postulantes son sólo candidatos de sí mismos. Es necesario que se instituyan como candidatos de la Argentina. Y, habida cuenta de que, de Elisa Carrió a Néstor Kirchner, pasando por Mauricio Macri y Ricardo López Murphy, todos coincidieron de la necesidad de una Moncloa, debe entonces establecerse la agenda de tal acuerdo.
Es necesario que se institucionalice la lucha por la idea para que el que sea más imaginativo en establecer la agenda que les dé carácter concurrente a los intereses de la Nación, del Estado y de la sociedad, se transforme en el candidato de la Argentina.


En el encuentro ya mencionado, la Comisión de Pastoral Social de la Iglesia y el consejo directivo de la CGT coincidieron en “la necesidad de institucionalizar el diálogo como instrumento clave para fortalecer la sociedad civil a través de la búsqueda de consensos”. A la vez, expresaron su deseo de que “el Gobierno participe”.


Monseñor Casaretto dijo por su parte que la Argentina “necesita reconciliación en la verdad y en la justicia pero también que llegue el perdón para que se restablezca plenamente la concordia”. Y recomendó “la búsqueda de consensos en torno de políticas de Estado en un marco de un proyecto para el país”. Es natural que esto desespere a la facción y a su perro oficial que ya rastrea carpetas en busca de argumentos para intentar desprestigiar a esa Institución y a sus referentes.


En concreto, la política de la Argentina hoy la lleva adelante la Iglesia Católica a través de su Episcopado. Quien promueve iniciativas para reconstruir el conjunto por encima de los intereses de las facciones es el Cardenal Jorge Bergoglio. Por el contenido de la homilía del 25 de mayo y su metodología de convocar al diálogo a todos los actores sociales que componen la opinión política nacional está contribuyendo a poner la mesa donde los que tengan ideas se van a sentar y los que tengan ambiciones con seguridad se van a ausentar.


No dejemos que un simulacro de democracia comprometa el presente y porvenir de la Patria.


Hay esperanza, pues hoy vemos a sectores constitutivos de la misma recordarle a la facción que circunstancialmente gobierna el país que la democracia debe ser fundamentalmente un sistema para servir a la Nación.
 


Portada