PROMULGARON UNA LEY DE DEFENSA NACIONAL ANTERIOR A LA COMPUTADORA

 

Junio de 2006

por Edgardo Arrivillaga

 

La actual ley de Defensa aprobada por el gobierno tiene 20 años de antiguedad. Es casi precomputadora y pretomógrafo. Está pensada para una argentina con un problema institucional irresuelto, la cuestión militar.


Las cosas han cambiado sustancialmente y esa ley salvo para que la sociedad Julio De Vido y Pereyra de Olzabal,  viejo gigoló de los Hirchs,  puedan quedarse con alguna comisión, no sirve absolutamente para nada.


Las leyes de Defensa son un eufemismo moderno de planes de contingencia y de ataque en función de objetivos nacionales bien precisos. Eso implica el entrenamiento de los cuadros, el despliegue de las fuerzas, la interoperabilidad, el presupuesto disponible y básicamente las hipótesis de conflicto que ahora se llaman de tensión.


En general las estrategias de defensa no son omnicomprensivas. Pasan por el mantenimiento del territorio contra hipótesis de anexión regionales, colaboración en alianzas militares sea en el marco de misiones de Paz o de interposición entre fuerzas enfrentadas-caso Chipre y Kossovo o hace años el Sinai- y colaboración en programas universalmente aceptados. Narcotráfico, terrorismo ciego y zonas liberadas forman parte universal de ese esquema.


El actual gobierno no quiere incursionar en esos asuntos porque rozan lo ideológico. Por ese motivo se limita a promulgar una ley de Defensa perimida y a replantear un Estado Mayor de matriz americana con un redespliegue de fuerzas que como siempre terminaran dependiendo de los elementos básicos que conoce todo analista de nivel de estado mayor: plan, programa y presupuesto. En realidad tengo la sospecha de que nadie estudió los objetivos del Estado Mayor americano. Solamente decidió analizar su arquitectura, es decir su organigrama, partiendo del presupuesto intelectual de que la complejidad del asunto y su unificación burocrática favorecen a la democracia política. Podría ser exactamente al revés,  pero eso se verá con el tiempo. Lo cierto es que la democracia americana y europea no depende de sus estados mayores sino de la realidad política de sus partidos y de sus modelos económicos, tema muy lejano de la realidad argentina.

El Estado Mayor americano responde a sus hipótesis militares que son: desarrollar dos guerras y media a la vez,  hilvanar una logística que involucre a aliados con standares diferentes en las tres zonas cruciales, Europa, el Paficico, el Medio Oriente y solo allá a lo lejos viene América Latina y muy a lo lejos Sudamérica ya que lo ocupa es el Caribe y México, luego Brasil, despues el resto. Esta multiplicidad de operaciones exige tamaña burocracia porque esta pensada para guerras en gran escala si bien el desarrollo temporal dé las guerras se acorta en función del despliegue tecnológico letal mas moderno y eficaz. Para que este monstruo burocrático funcione los americanos no están ocupados en desmilitarizar su sociedad sino por el contrario, fomentan la creación de liceos militares privados con audaces excepciones impositivas, mantienen una Guardia Nacional que virtualmente es un segundo ejército, poseen doce portaviones nucleares navegando por el mundo y el despliegue nuclear de sus submarinos no ha cesado, se ha diseminado aun mas. Estados Unidos produce cinco o seis niveles de generales diferentes porque no todos ellos provienen del colegio militar de West Point. Hay carreras militares y subcarreras y gente que sabe que no llegara a ser general pero igualmente sigue esa carrera y otros que luchan por los mejores promedios siguiendo la tradición de armas casi hereditaria que tuvo la caballería argentina. Deben mantener también soldados profesionales caribeños y extranjeros y en su conjunto son un ejercito poderosamente multirracial. La unificación logística de las fuerzas de apoyo a la infantería que tanto deslumbra a los locales porque la infantería consume comida y medicamentos y bolsas negras y ataúdes incesantemente, se debe a que tienen su mayor poder interrelacionado con las fuerzas en Asia que -con excepción de Japón y Corea del Norte -poco tenían que ver con el esquema americano.


Ese concepto de Estado Mayor esta planteado por los objetivos y no a la inversa. Ningún iluminado se levantó una mañana y dijo debemos crear un enorme estado mayor articulado con el Parlamento. Nada de eso existió y probablemente no existirá nunca porque son ejércitos habituados al pragmatismo y no a las elucubraciones soñadoras de la paz.


En el otro extremo tenemos los sistemas defensivos de guerras cortas.


Son sistemas de países que deben empeñar sus fuerzas en una guerra total, corta, definitiva porque si son derrotados simplemente desaparecen. Es el caso israelí, el chileno y el suizo. La teoría de la guerra corta implica menor burocracia militar, mayor conjuntez automática sobre el terreno, predominio de la táctica operacional sobré la planificación de los memorandum y la actualización sistemática de equipos para no quedarse atrás en la carrera militar. Implica también no solo tener liceos militares sino tener superentrenado al personal y tener múltiples sistemas de coptación de recursos ya que es muy difícil incorporar reservas entrenadas cuando se desarrolla una guerra corta. En ese caso el Estado Mayor que es reducido tiene un solo objetivo, apoderarse lo mas rápidamente posible del territorio del enemigo aniquilando sus fuerzas lo mas lejos posible del propio territorio para poder tener cartas fuertes a la hora de la negociación El problema argentino es que actualmente es muy grande para una guerra corta y muy pequeño por los recortes presupuestarios para una guerra de Estado Mayor serenamente clásica como la que se planteaba hace años. Esto ha obligado a que los promedios mas competentes fueran destinados al comandó de las unidades -guerra corta - y las funciones del Estado Mayor fueran ocupadas por gente amante de la planificación. Yigael Yadim, pensador de la guerra corta,  hizo exactamente lo mismo en su país. Hasta ahora con éxito.


Una ley de defensa nacional en la Argentina debería contemplar los objetivos de mantenimiento regional, el desguace yugoslavo no seria bueno para Sudamérica,   la colaboración con los vecinos en actividades comunes y espacios de acción especifica -Antártida es uno de ellos - y la protección de los recursos naturales así como su explotación mas o menos compartida y equilibrada mediante obras de complementación logística infraestructural.


También la promoción de sistemas de armas útiles para el mercado interno pero también la exportación. Los cerebros que solo piensan en un mercado de armas interno tienen la mentalidad de la honda y el arcabuz. Rusia ha vuelto a ser el cuarto exportador de armas del mundo, Brasil apunta al mundo africano, su hinterland natural vía Portugal, italianos y franceses al mundo árabe y asiático. Los anglosajones al mundo entero.
Solo la pertinaz tontería argentina puede pensar en un mundo desarmado.


El problema del Estado Mayor americano en la ciudad de Buenos Aires-dicho así suena involuntariamente irónico - es una cuestión burocrática para compras y ascensos y se hará pedazos si existe una guerra de verdad. El esquema americano tan articulado y ya algo hemos descripto, fracasó parcialmente en Iraq porque la interoperabilidad de combate no contempló la cantidad de infantería necesaria para asegurar el terreno. Un objetivo es destruir, otra cosa muy distinta ocupar y reconstruir a la vez. Pese a que todos los planes estaban hechos y el presupuesto no faltaba. Rumsfield, alguien mas capaz que la doctora Garre no solo porque fue aviador naval en la guerra sino porque es un ejecutivo de logística,  se equivocó en el factor humano. Estaba seducido pensando en la cuarta fuerza, la espacial. Y para empeorar la cosas la guerra de Iraq tomo a los americanos en una fase de pasaje de guerra larga a una multiplicidad de guerras cortas -sin Unión Sovietica era posible hacerlo -y no solo tuvieron que improvisar sobre la marcha medios y objetivos sino plantearse como doctrina estratégica sin tiempo a algo tan difuso y versátil como el terrorismo internacional y en eso todavía están y estarán pese a que la ley militar argentina haga un pase de verónica oscurantista sobre el problema.


Ellos están en guerra y nosotros vemos al oponente de ellos como alguien que también tiene sus razones legítimas para atacar... población civil de forma mas o menos indiscriminada.  Estratégicamente estamos nuevamente en la neutralidad pero no entre Alemania y Gran Bretaña. Estamos en la neutralidad entre los Estados Unidos y Bin Ladem y eso lo pagaremos.


Rumsfield, amante de la pura logística e investigación se encontró con un ejercito en parcial desguace porque la URSS había desaparecido, las intervenciones de Clinton fueron aéreas y muy prudentes. Además el hombre pensaba en algo que si debería interesarnos, ciencia y técnica.


Japón se da el lujo de no tener poder militar visible, tiene una policía inflexible pero cuenta con un complejo de investigación que en solo 6 meses se puede reconvertir en un ejercito moderno y de vanguardia.


El tratado de Versalles impidió a los alemanes tener un ejercito en armas. Simplemente crearon cuadros de oficiales y suboficiales y en 1938 tenían el mejor ejercito de Europa.


La Francia napoleónica tenia una marina superior a la británica, pero sus cuadros de conducción eran notoriamente inferiores.


El resultado fue Trafalgar.


Afghanistan hace pocos años fue una guerra corta y exitosa operando a 13.000 kilómetros del burocratizado Estado Mayor porque el poder militar talibán era irrelevante y porque la base estratégica americana y sus fuerzas especiales y pistas de despegue se encontraban en las provincias orientales de Rusia.


La Argentina no tiene ni dinero ni objetivos, ni vocación para plantearse ese tipo de hipótesis. Si puede colaborar o al menos debería colaborar en la lucha contra el terrorismo que no es un mero problema policial cuando el terrorismo supera el nivel celular y se convierte en vanguardia de un ejercito de liberación o de aniquilación o de desafió armado religioso o cultural.  Deja de ser terrorismo de entre casa. Pasa a formar parte de una vanguardia internacionalizada que desafía y revoluciona nuestro sistema de vida y nada mas. Tiene capacidad de vectorizar sus objetivos a cualquier punto del planeta y ya eso es algo ligeramente alarmante.


El narcotráfico es exactamente lo mismo. Cuando el comerciante de la droga tiene capacidad de instalar zonas liberadas -en Colombia el territorio liberado tiene siete veces la superficie de España- y pagarse sus ejércitos privados no podemos hablar de un problema policial salvo que convirtamos a las policías en ejércitos en una nueva maniobra de escamoteo de la realidad.
Nnguna ley de Defensa -lo lamento por la Comisión de Juristas de la Haya -escapo a la fatalidad geográfica. Suiza e Israel tienen elementos en común como Chile, la necesidad de golpear rápido con su poder aéreo. Brasil puede retroceder porque su espacio de maniobra es prolongado. La estrategia rusa de cambiar tiempo por territorio, no es soviética es rusa y zarista, les es funcional. La Argentina siempre tendrá que prever -como Alemania- una situación de inestabilidad en dos frentes.
Después de la Segunda Guerra hubo una escuela de diletantes que quiso prohibir el circulo de estudios geopolíticos de Viena porque pensaban con ese facilismo típico de los diletantes que la geopolítica era expansionista y filonazi. Los especialistas les hicieron notar que la geopolítica la vislumbro Tocqueville en el lejano 1835,luego vinieron Haushoffer y los especialistas del poder talasocrático Makinder y Maham.


La Argentina no puede renegar de la geopolítica porque es un país enorme, población escasa, vecinos con poder de negociación militar y diplomática a la vez, gobiernos pacifistas desde hace ya mas de 25 años, debe calibrar muy bien por lo tanto sus planes de contingencia, disuasión y defensa. También su presupuesto y sus alianzas internacionales ya bastante debilitadas por el accionar dialécticamente autodestructivo de la diplomacia.


El problema con el Uruguay esteriliza nuestras gárgaras diplomáticas sobre Malvinas. Demuestra que con los chicos somos omnipotentes, vanidosos y hasta ligeramente ridículos. Sobreactuamos.


La nueva ley de Defensa, que es la vieja ley de Defensa deberá modificarse hasta el infinito por una gran cantidad de decretos modificatorios que la actualicen. Es una ley que podía haber servido para transitar la ruta del caracol hacia una política de Estado medianamente consensuada pero ya sabemos que el gobierno persigue fines políticos y no de estado.


Es la combinación perfecta de espíritu partidocrático y lumpemproletariado anarco y premarxista o mas bien parafascista. Algo mas cercano al anarquismo destructor del Estado que a su creación.


Filmus dijo ayer que el país necesitaba científicos. En verdad el país necesita un sistema incubador de científicos y las Fuerzas Armadas junto con el CONICET eran uno de los pocos lugares para ello.


El sistema científico tecnológico se articula naturalmente con una ley de Defensa pero es cierto que si se promulga un cuerpo jurídico con veinte años de atraso, prácticamente anterior a la computadora, a la ecografía y a la tomografía computada las cosas van decidamente mal.


Ultimo detalle : no existe una guerra ideológica en defensa de los Derechos Humanos o algo así.  El arma fue anterior a la herramienta o a los cubiertos.


Aunque todos fueran para uso comestible.


Portada