Junio de 2006
Reproduzco con agrado esta carta de Vanossi.
Pese a que este cerebro jurídico de Duhalde se ha mostrado incumplidor y
poco confiable en un pasado muy reciente.
Pero en este asunto coincidimos.
A pesar de supuestos desmentidos oficiales la intención existe. El ejercicio
del poder no debe incluir el uso de hostigamientos ni soberbias. Por el
contrario, debe ser ecuánime y, como la mujer de Cesar, no sólo debe serlo
sino también parecerlo. Dudamos en este caso, no ya que lo parezca, que no
lo parece, sino hasta que lo sea.
Le asistía mucha razón a Lincoln cuando decía que ningún hombre debe creerse lo bastante bueno para gobernar a otros sin su consentimiento. Este es el fundamento por el cual las provocaciones deberían evitarse, sin por ello dejar de ejercer el mando con firmeza. ¿Qué sentido tiene anunciar la supresión de los liceos militares sino el de la mera provocación? ¿Acaso estos institutos no existen en países celosos del ordenamiento republicano de los Poderes del Estado, en los que los militares se subalternizan a la autoridad civil?
Los liceos cumplen una alta y digna función educacional y forman parte de los cuerpos públicos con que el Estado cuenta para impartir educación. Aquellos que ejercen la función ejecutiva deben entender que quienes obedecen lo hacen porque así lo exige la Constitución, y no porque deban soportar el fastidio, la crítica y la recriminación constante como parte del oficio. El gobierno comete un grave error si cree que, en el mundo actual, la función de los militares está perimida. Es por ello que avivar las vocaciones militares o preparar para la defensa, en el marco estricto de la Constitución, es fundamental para el país y otra buena razón para que persistan los liceos amenazados con desaparecer.
Algunos partidos y sectores gobernantes, a lo largo de nuestra historia han caído muchas veces en el error del autoritarismo. Eso no justifica a quienes han cedido a la provocación, pero agrega fuego a todos los fuegos y, como sabemos, de esto solo resulta más fuego. Por ello hemos utilizado el título de un cuento de Cortazar cuya mención viene a propósito de experiencias que sería “políticamente incorrectas” reeditar hoy. La buena doctrina sostiene que las Fuerzas Armadas no son un Poder del Estado, pero sí un órgano del Estado, y como tal deben contar con todos los medios necesarios para cumplir sus funciones.
