Junio de 2006
Por Rodrigo Alarcón Bohle (*)
Desde Santiago
La cancillería chilena deberá resolver en el más breve plazo una cuestión que
pone en duros aprietos la política exterior del Gobierno de Michelle Bachelet y
que pone en la cuerda floja su eventual alianza militar extra-OTAN con Estados
Unidos: el voto por el representante temporal de la región en el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas. Las opciones son dos: Guatemala o
Venezuela, o más bien...estar junto a Estados Unidos o estar contra él. Y
junto a Chávez, por cierto (al menos para Bush).
Y ello porque ya es un secreto a voces en Santiago que Estados Unidos
literalmente advirtió a Chile de que las relaciones actuales entre ambos países
sufrirían un grave daño si el Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet vota
por Venezuela, según una versión publicada por el diario La Tercera.
El departamento de Estado norteamericano vio con poco agrado los gestos de
cariño y las bromas de Chávez a Bachelet, en el encuentro que ambos tuvieron en
la cumbre Unión Europea-América Latina en Viena. Durante la sesión para la
fotografía oficial del encuentro, incluso se vio a Chávez poniendo sus manos
sobre los hombros de Bachelet delante de él, y formularle algunos comentarios
risueños al oído, despertando una graciosas sonrisas de la Presidenta chilena,
las que ahora le provocan un buen dolor de cabeza por lograr aplacar los celos
políticos de George W. Bush.
EE.UU. no entenderá un voto chileno a favor de Venezuela
Las advertencias fueron formuladas en abril por la misma Secretaria de Estado
Condoleezza Rice al canciller Alejandro Foxley, en sus reuniones en Washington
para preparar la visita que Bachelet realizará al presidente Bush el 9 de junio.
En la cita también estuvo presente el subsecretario Robert Zoellick, quien fue
el principal promotor de la idea de no sancionar a Chile en 2003 con la
postergación de la firma del Tratado de Libre Comercio por la oposición del
entonces gobierno de Ricardo Lagos a la invasión a Irak, intención que comenzaba
a tomar fuerza en el Congreso norteamericano. Contra todos los pronósticos
lógicos, finalmente el TLC se firmó igual gracias a la gestión de Zoellick.
El mensaje de Washington fue muy claro y poco diplomático: "toda la agenda
bilateral será fácil si Chile no vota por Venezuela, y muy difícil si lo hace",
según sondeó el analista Ascanio Cavallo en un artículo del diario La Tercera.
Debido a ello, según habría asegurado la misma señora Rice, en esta oportunidad
la reacción en Estados Unidos no será la misma que cuando Chile votó en contra
de la invasión a Irak en 2003. El rechazo de la candidatura del gobierno de Hugo
Chávez "apunta al corazón de los intereses" de Estados Unidos, le advirtió al
canciller Foxley, y que el gobierno de Bush "simplemente no entendería si Chile
vota por Venezuela". La elección de cinco nuevos integrantes del Consejo de
Seguridad se efectuará en octubre, por lo que La Moneda ya sondea posiciones en
la región, antes de hacer una jugada que deberá ser necesariamente maestra en el
tablero sudamericano, si es que el país no quiere salir perjudicado.
Al ser consultado por la prensa, el canciller Foxley fue enfático en aclarar que
Chile todavía no ha decidido su posición, y que para definirlo se privilegirá
una postura de consenso con los demás países latinoamericanos, como Chile
siempre lo ha hecho. El problema es que en este caso sus principales
"compañeros" de posición están del lado menos conveniente. Dependiendo de lo que
la diplomacia chilena haga en los próximos días, el tema podría dominar la
agenda de Bachelet en su visita a Washington. Por ello, hoy en Santiago todos
toman muy en cuenta el refrán que dice que en diplomacia, "un gesto vale
-literalmente- más que mil palabras". El programa de la visita de Estado incluye
un almuerzo de trabajo con el presidente George W. Bush, quien dará a la
mandataria un trato "preferencial", como muestra de la importancia que Estados
Unidos da a Chile en su política de contención en Sudamérica.
La Presidenta se alojará en un hotel exclusivo para invitados de la Casa
Blanca, frente a ésta, por invitación del mismo George W. Bush y recibirá una
serie de elogios y "coqueteos" políticos. Sin embargo, toda esta escalada de
presiones de parte de Washington no ha caído nada bien en la esfera política de
Santiago.
Durante la semana pasada, en el marco de la reunión interministerial de
delegaciones de Chile y Argentina, el mismísimo canciller Alejandro Foxley dijo
que a Chile le convence mucho más el camino de la "persuasión" que el de las
"presiones", en referencia a los gestos de advertencia de la Casa Blanca para
que Chile no se pliegue a las pretensiones de Hugo Chávez.
Foxley aseguró que la línea de acción del Gobierno será la consulta a los países
que forman el Grupo Latinoamericano y del Caribe (Grulac), como "ha ocurrido
habitualmente", agregando que "estamos dispuestos a ser persuadidos respecto de
cuál es la mejor candidatura".
Las molestias en el espectro político chileno por las presiones de Estados
Unidos no se han hecho esperar. La Presidenta de la Democracia Cristiana,
también ex canciller del gobierno de Lagos y ex precandidata a La Moneda,
Soledad Alvear, afirmó que "Chile no debe dar explicaciones, ya que es un país
autónomo en la toma de decisiones". La ex canciller resaltó que "aún en
situaciones difíciles, Chile ha tenido la autonomía para tomar sus decisiones".
Una opinión similar tiene el diputado del PPD Jorge Tarud, quien además es
miembro de las comisiones de Defensa y de Relaciones Exteriores de la Cámara
Baja chilena. Tarud indicó que hay "un hecho muy concreto y es que Chile debe
actuar buscando el mejor candidato que reúna el mayor consenso dentro de América
Latina, tal como se ha hecho en votaciones anteriores".
Por su parte, el ministro Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber
-hijo primogénito del ex mandatario- encargado de la vocería oficial de La
Moneda, salió al paso de eventuales sanciones económicas de Washington, si es
que Chile hace oídos sordos de la advertencia, respondiendo lo que se esperaba
como "políticamente correcto", cuando aún no ha una verdadera versión oficial
del asunto. "Son temas que van por carriles distintos, no veo por qué un país
que hace ejercer sus derechos en materia internacional podría ser penalizado. No
alcanzo a entender el razonamiento", señaló Lagos Weber.
El principal riesgo que se juega Chile en la elección su candidato por el
representante en el Consejo de Seguridad son las sanciones en materia de Defensa
en caso de inclinarse por Venezuela. Estados Unidos pondría trabas y
eventualmente no permitiría que Chile continúe con su política de renovación de
sistemas de armas con material norteamericano.
Ello en sí mismo ha sido advertido incluso por el Comandante en Jefe de la
Armada, Almirante Rodolfo Codina, quien semostró preocupado por una restricción
de este tipo. Ello debido a que las fragatas adquiridas a Holanda operan
tecnología estadounidense y su sistema de armamento fundamental es el misil
Harpoon, sistema norteamericano único en Sudamérica que será la base de la
potencia de fuego de la Armada de Chile, una evidente ventaja estratégica frente
a armadas vecinas.
La Fuerza Aérea (Fach) también se vería fuertemente afectada, al estar en medio
del programa de adquisiciones de aviones F-16. Pese a los aviones nuevos
adquiridos a Lockheed Martin ya están en manos chilenas, aún resta por que
lleguen al país los comprados también a Holanda. Asimismo, la flota de
combate de la Fach deberá ser necesariamente mayor a los 28 F-16 actuales, por
lo que una sanción norteamericana pondría en peligro la eventual compra de más
naves que completen la flota crítica de aviones, equivalente a la compuesta hoy
por aviones Mirage y F-5.
El Ejército, a su vez, se encuentra en la etapa previa a la recepción de los
118 tanques Leopard II, comprados a Alemania. Sin embargo, también está
planeada la adquisición a Estados Unidos la compra de móviles Hummmer (o
Humvee, como se le conoce típicamente). Además se espera la transferencia de
helicópteros Apache o Super Cobra, todo lo cual correría serio peligro.
Pese a todo ello, el Gobierno chileno confía en que las jugadas en materia de
Defensa son de largo plazo. Por ello estiman que si Estados Unidos ha aprobado
la venta de tecnología de punta a Chile con anterioridad, no sería serio
plantear sanciones de ese tipo arbitrariamente por no contar con una voto a
favor en la ONU. Pero eso son meras especulaciones y buenos deseos.
Sin embargo, el mayor revés en esta materia sería, sin duda, la cancelación, o
cuando menos, el aplazamiento del proyecto de Washington de otorgar a Chile la
categoría de "aliado militar extra-OTAN", condición que en Sudamérica
logró sólo la Argentina en los noventa, bajo la Presidencia de Carlos Menem y
luego de su apoyo a Estados Unidos en la Guerra del Golfo Pérsico, en 1991.
El reconocimiento es algo muy esperado en los círculos políticos y sobre todo
militares chilenos, por la enorme transferencia tecnológica e intercambio de
personal que acarrearía, concordante con el proyecto de Defensa chileno de
alcanzar el estándar militar OTAN en 2010.
Pero madame Bachelet sabe jugar Ajedrez. Alejándose lo más rápido posible de
una posición abiertamente pro norteamericana y de otra pro Chávez, Chile se
lanzó a la nada fácil tarea de levantar un tercer candidato. Trascendió este fin
de semana que la única forma en que la Casa Blanca aplacaría la presión sobre
Santiago, es que Chile proponga un tercer candidato miembro del Grupo
Latinoamericano y del Caribe (Grulac).
Debido a ello, la gira de la Presidenta Bachelet a Estados Unidos se extendió
hace un par de día a dos países más: Jamaica y República Dominicana. A juicio de
Ascanio Cavallo en su artículo de La Tercera, las razones serían que: el paraíso
del Reggae y de cierta volátil hierba ostenta un reconocido liderazgo en las
pequeñas islas-naciones de habla inglesa en el Caribe y; el vecino directo de
Haití sabe manejar con destreza envidiable sus relaciones tanto con EE.UU. y
Centroamérica, como con Cuba y Venezuela. La postura de consenso que busca Chile
estaría dada.
Pero para que la estrategia chilena dé los resultados esperados es clave la
aparición a favor de nuevo protagonista, otrora impensado: un Perú con Alan
García a la cabeza.
Cavallo asegura que los reiterados ataques de Chávez a García durante su campaña
serían la llave. Si éste gana las elecciones como se ha pronosticado, Hugo
Chávez se hará de un nuevo y enconado rival. Si Perú resulta agredido por Chávez
en la figura de Alan García pediría o cuando menos presionaría a Chile y Brasil
para que apoye la postura peruana y no vote por Venezuela para el Consejo de
Seguridad. Chile se verá (gustosamente) obligado a apoyarlo. Y el argumento de
más peso para apoyar a un tercero (Jamaica, República Dominicana u otro) será
que a Chile no le parece razonable que el candidato que representa al continente
mantenga conatos verbales gratuitos con otros de la región.
Y, por fin, la evidente incomodidad de Brasil al lado de Chávez tendrá su
oportunidad. Al apoyar Chile, Perú, México y Centroamérica una postura contra el
interés venezolano, Brasil preferirá abiertamente liberarse de sus compromisos
con el petromandatario.
Es el pronóstico de la jugada luego del jaque al Rey. ¿A favor de quién las
posiciones del tablero? Está por verse...
(*) Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Católica de
la Santísima Concepción, Chile. Corresponsal de Ejército aprobado en el Comando
de Operaciones Terrestres del Ejército de Chile, con asiento en la ciudad de
Concepción. Fue redactor del diario La Hora, en Santiago. Actualmente es editor
periodístico de Agencia Informativa Orbe, en la capital chilena.
