Junio de 2006
por Rodrigo Alarcón Bohle (*) - Desde Santiago
La siempre problemática e inestable relación que Chile mantiene con Bolivia
por la aspiración altiplánica de acceder al Pacífico, nuevamente causa
dolores de cabeza a la Presidenta Bachelet.
Pero esta vez el origen de las complicaciones no se originaron en La Paz,
sino al interior de Chile, en el corazón mismo del bloque oficialista que
ahora tiene mayoría en el Congreso, en Valparaíso.
La discordia al interior de la Concertación se originó luego del viaje que
un grupo de senadores y diputados del bloque realizó al vecino país
altiplánico para iniciar en ese país un diálogo (según aseguraron)
interparlamentario con legisladores bolivianos parar tratar a ese nivel los
más ásperos temas bilaterales, como la provisión de gas y la negativa para
que Argentina desvíe el hidrocarburo boliviano a Chile, así como el
sempiterno problema de la salida al mar.
El grupo de parlamentarios viajó sin ninguna previa autorización de la
Cancillería ni informó oficialmente a personeros concertacionistas para
obtener una venia política para abordar la política exterior de Chile ante
temas coyunturales que son la piedra en el zapato de las relaciones
internacionales del país.
El grupo estuvo integrado por los díscolos senadores Nelson Ávila (radical
socialdemócrata) y Alejandro Navarro (socialista), junto a los diputados
Alejandro Sule (radical socialdemócrata), René Alinco (Partido por la
Democracia) y Marco Enrique-Ominami (socialista).
Una vez en La Paz, los legisladores chilenos fueron recibidos por el
vicepresidente boliviano, Álvaro García, ello en vista de que Evo Morales se
reunía a la misma hora con una delegación argentina para discutir
precisamente el precio del gas y los desvíos de gas boliviano vía Argentina
a Chile, pese al boicot expreso impuesto por el entonces mandatario
altiplánico Carlos Mesa, cuando firmó con Néstor Kirchner la exportación del
hidrato durante la escasez de gas argentino, bajo la condición de que "ni
una sola molécula de ese gas sea vendida a Chile".
La molestia causada en el Gobierno de Bachelet por el exhabrupto político
fue de proporciones, aunque la mandataria sólo se limitó a echarle paños
fríos a la situación luego de recibir estoicamente las críticas
generalizadas de todos los sectores, incluidos los mismos partidos de la
Concertación.
El senador aliancista de Renovación Nacional, Sergio Romero, integrante de
la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta, se mostró
"sorprendido" y calificó el hecho como un acto de gravedad y de una
irresponsabilidad extrema, mientras que su correligionario de la Alianza por
Chile, el senador UDI Hernán Larraín, los acusó de asumir una
representatividad que no tienen y de dañar el patrimonio del Parlamento.
En tanto, el presidente de la comisión de RR.EE., senador Roberto Muñoz
Barra, aclaró que "este encuentro paralelo se aparte del trabajo
institucional deferente que siempre ha caracterizado a esta Corporación".
Una opinión similar tuvieron los representantes de la Cámara de Diputados,
quienes de igual manera se mostraron abiertamente críticos de que miembros
del Congreso de la República mantuvieran en el exterior conversaciones de
asuntos bilaterales que no siguen la línea expresada por la Cancillería.
A ese respecto, muchas críticas surgieron al interior de la misma
Concertación, sobre todo en la Democracia Cristiana (DC) y del Partido
Socialista (PS), éste último partido del cual era la mayoría de los
parlamentarios que protagonizaron el impasse político oficialista. De esa
forma, la visita encontró sus más férreos opositores precisamente en los
diputados que representan la zona por donde Bolivia pretende salir al Océano
Pacífico, en Arica, ciudad de 200 mil habitantes situada al extremo norte de
la I Región de Tarapacá y que hace unas semanas sorprendió con los
resultados de una encuesta encargada por las autoridades locales en la cual
la mayoría de los ariqueños se mostró abiertamente en contra de la idea de
otorgarle una salida al mar al vecino país.
Justamente el diputado socialista de ese distrito, Iván Paredes, precisó que
la comunidad nortina "tiene la postura de un rotundo rechazo a cualquier
posibilidad que signifique entregar territorio de Chile a Bolivia". En tal
sentido, el diputado manifestó que "sería poco recomendable" que dichos
parlamentarios realicen un nuevo encuentro en Arica con los legisladores
bolivianos.
"La comunidad ariqueña tiene una postura muy clara al respecto, nunca nos
hemos opuesto a que vengan delegaciones de Perú o Bolivia, pero dada la
connotación que este tema ha tomado y el hecho de que se firmó un compromiso
donde se expresa de alguna forma facilitar la salida al mar por territorio
chileno a Bolivia, no sé si sea el mejor ambiente. La gente allá es muy
sensible a estos temas y cerca del 80 o 90 por ciento de los ariqueños
rechaza una salida de esta naturaleza", sostuvo Paredes.
Agregó que "para nosotros el tema boliviano y la salida al mar está absoluta
y claramente delimitado en el Tratado de 1904. Los bolivianos tienen libre
tránsito por las carreteras del norte y salida de sus productos a través de
los puertos de Arica, de Antofagasta y otros, y por lo tanto no tenemos nada
pendiente con Bolivia", acotó Paredes. Fue también enfático en señalar que
lo que molestó fue que el viaje de los parlamentarios chilenos "fue a título
personal y no hay por tanto compromiso de ninguna índole que comprometa al
Estado de Chile, dado que como señala la Constitución es la Presidenta de
Chile junto con la Cancillería los autorizados para hablar de la política
exterior de nuestro país".
En la misma línea, el diputado de la Democracia Cristiana y miembro de la
comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, Renán Fuentealba, calificó
la visita de inconveniente y voluntarista. "Me parece un viaje absolutamente
inconveniente por cuanto la política exterior del país ha sido siempre una
política de Estado donde no hay lugar a protagonismos individuales,
personales, ni sectoriales ni de ningún tipo", criticó.
El parlamentario agregó molesto que "este viaje se cruza con una invitación
oficial que había formulado el Congreso boliviano a las comisiones de
Relaciones Exteriores tanto de la Cámara como del Senado de Chile y que
nosotros estábamos pronto a contestar".
"Esta visita más que colaborar, perjudica, por cuanto alienta expectativas y
contribuye a legitimar pretensiones de la otra parte con la cual vamos a
iniciar negociaciones en una mesa de trabajo sin exclusiones y sin
condicionamientos. También desconoce lo que se ha hecho y lo que se ha
actuado hasta el momento, incluso lo descalifica y aparecemos divididos, lo
cual crea realmente una posición débil respecto de nuestra parte", sostuvo.
Fuentealba señaló además que con la díscola conducta, los díscolos
parlamentarios "atropellan al resto de la Concertación que como tal no ha
adoptado aún una posición común respecto de la materia de como tratar el
tema marítimo con Bolivia y lo que es más inconveniente aún, irrita a la
oposición, con justa razón, y la aleja de la posibilidad de unirse a un
proyecto nacional y transversal que represente a toda la comunidad en sus
diversas formas de expresión".
"Nosotros necesitamos actuar en conjunto con la oposición en materia de
política internacional, nunca ha habido mezquindades ni egoísmo en este
campo y por consiguiente, creemos que no es posible que el día de mañana la
oposición se reste en virtud de que algunos han querido tener una actuación
protagónica en un campo que no les compete además, porque las relaciones
exteriores las maneja el gobierno nacional y la Presidenta de la República
en particular", señaló.
Luego de iniciado el amago de incendio al interior del bloque oficialista,
el Gobierno planteó redundantemente la misma postura y quedando en una
rezagada posición ante las críticas por la lentitud con la que la Presidenta
abordó el tema. En tal sentido, la primera voz oficial del Ejecutivo que
alzó la voz fue el Ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley,
aclarando que el viaje que realizaron algunos parlamentarios de la
Concertación a Bolivia fue a título exclusivamente personal.
"Ha quedado claro que no fueron en representación ni del Congreso ni de los
partidos políticos de la Concertación, de tal modo que la declaración que
ellos puedan haber hecho en Bolivia los representa sólo a ellos y no
representa al Gobierno ni a los partidos de la coalición. La política
exterior en Chile, por tradición y por conveniencia del interés nacional, la
define exclusivamente la Presidenta de la República y el Gobierno y el
Ministerio de RR.EE. es la que la aplica", sostuvo el secretario de Estado
tras reunirse con la Presidenta, Michelle Bachelet, en La Moneda.
El canciller subrayó que se ha mantenido un diálogo constante con las
autoridades altiplánicas, ejemplificándolo con la reunión bilateral que
recientemente tuvo en la OEA con su par boliviano David Choquehuanca, y fue
enfático en reiterar que en la ocasión se acordó "un camino distinto al que
intenta marcar este grupo de parlamentarios". En tal sentido hizo un llamado
a ser "cuidadosos" por cualquier gestión particular que se haga con los
países vecinos ya que, a su juicio, debe primar que se refleje de verdad el
interés nacional.
"Hay algunas gestiones, hay algunas declaraciones que a veces no ayudan a
ese propósito y que incluso eventualmente pueden dificultar", agregó.
Hasta ese momento la Presidenta Michelle Bachelet no había hecho mención
alguna al tema. Pero la rapidez con que la prensa comenzó a dar cabida a la
lenta reacción del Gobierno una vez más -ya había ocurrido lo mismo cuando
el Ministerio de Educación no previno las dimensiones que alcanzaría el
conflicto estudiantil de mayo pasado- obligó a una incómoda Mandataria a
echar paños fríos al asunto: "En Chile nadie tiene ninguna duda de que quien
define la política exterior es el Gobierno, esta Presidenta, por lo que el
viaje de los parlamentarios es un asunto meramente personal".
Sin convencer mucho a la oposición, Bachelet recalcó que con Bolivia, "hemos
definido una política absolutamente clara, una agenda y una forma de
trabajar que la hemos enfatizado en cada una de las reuniones que en lo
personal he tenido con el Presidente Evo Morales; que nuestro canciller tuvo
en Santo Domingo, República Dominicana, hace poco menos de una semana con el
canciller boliviano, y que ha sido la manera cómo estamos trabajando en una
agenda sin exclusiones, paso a paso, e identificando una serie de temas que
son de resorte común".
La Mandataria dijo que lo anterior "va a continuar en esa dirección, porque
es la manera que el Gobierno ha definido la política exterior. Esta
Presidenta va a llevar adelante su política exterior pensando siempre en el
interés de Chile, en el interés del país, y lo haremos siempre como
corresponde".
Uno de los polémicos viajeros, el carismático diputado socialista Marcos
Enríquez Ominami, aseguró que el sentido del viaje "es una forma de diálogo
con innovación para invocar conceptos y no puntos de acuerdos, con el cual
se puede verdaderamente avanzar y encontrar, sin presiones, una salida al
conflicto".
El parlamentario aseguró, sin poder ya calmar las aguas, que la misión del
grupo parlamentario que visitó Bolivia, fue "reconocer las verdades
sicológicas de dicho país y plantear el sentir desconforme de la frase:
cambiar gas por mar".
Aclaró que Chile era un país de equilibrios muy precarios al igual que
Bolivia, por lo que aseguró que era necesario que los parlamentarios o
ministerios de ambos se conozcan para así dejar de tener una diplomacia sólo
oportunista. "La misma Presidenta dijo que se debe multiplicar los puntos de
encuentros". El parlamentario explicó que en la reunión se habló para que
"los gobiernos fueran más creativos, que los parlamentos innovaran y que los
pueblos aceptaran el concepto de urgencia".
Enríquez-Ominami reiteró que este no era un tema sólo del ejecutivo, sino
que también de los parlamentarios, "quienes somos los llamados a votar". "La
idea es invocar conceptos de conveniencia y no como dicen algunos lograr
puntos de acuerdos".
Otros trataron de ofrecer una explicación también tardía de la visita,
aclarando que no intentaron atribuirse potestades que no proceden a nivel
parlamentario. Esa fue la tónica de los descargos hechos por el más díscolo
de los senadores de la Concertación, el senador del PRSD Nelson Avila,
otrora militante PPD que encendió la polémica cuando pidió legalizar la
marihuana en Chile y reconoció tener una "plantita" en su casa, la misma que
llevó en una maceta a la Sala y la alzó a la vista boquiabierta sus
empaquetados colegas. Todo un "personaje" caracterizado por una envidiable y pastoza oratoria, con la que afirmó que junto a los otros parlamentarios no
se atribuyen "ninguna representación institucional ni de ninguna índole,
menos de estar sustituyendo el rol que le compete en política internacional
a la Presidenta de la República", aclarando además que no utilizaron "ningún
recurso del Congreso para viajar".
Avila añadió que "no es necesario dar una salida al mar con soberanía" a
Bolivia, al momento que explicó que pueden existir distintos mecanismo para
atender la demanda del vecino país, recalcando que "existen otras
oportunidades para llegar a acuerdo".
"Hay que expresar la voluntad de ambas partes, para que sin
condicionamientos se aborden todos los temas por delicados que sean, ya que
es lo natural, lo que las circunstancias históricas exigen" puntualizó el
senador de la Región de Valparaíso.
"Usted, general, va a tener que responder" amenazaba un desafiante Ricardo
Lagos en un programa de TV previo al plebiscito de 1988, donde sería la
ciudadanía la que decidiría la continuidad del Régimen Militar en el poder.
Entonces lo hacía con su dedo índice apuntando hacia la cámara y una mirada
penetrante con la que muchos creyeron, se estaba jugando la vida,
literalmente.
Ese mismo dedo, que luego caracterizó su Gobierno, es el que hoy no pocos
añoran aduciendo las desinteligencias que han "complicado" los primeros cien
días de la doctora Bachelet a cargo del Palacio. La prensa no ha sido
tampoco muy complaciente con ella y le han enrostrado una evidente lentitud
para asumir los liderazgos que conduzcan al país en la senda de estabilidad
en la cual lo recibió, sobre todo luego del conflicto que los estudiantes
secundarios mantuvieron con el Gobierno para mejorar la calidad de la
Educación municipalizada, regida por la Ley Orgánica Constitucional de
Educación (LOCE), promulgada por Pinochet sólo un día antes de dejar La
Moneda.
Hoy, la misma lentitud se repitió bochornosamente ante los temas que marcan
la agenda diaria del Chile moderno, ese que todos envidian por su "madura"
estabilidad político-social. ¿Será muy perenne y fuerte la impronta de
Ricardo Lagos en la opinión pública, a tal punto de perturbar y no dejar ser
al liderazgo distinto, paritario y conciliador de Madame Bachelet? O por
otra parte, ¿serán fundadas las críticas de falta del liderazgo
presidencialista -casi caudillista- que gana el respeto de una sociedad que
se siente más segura con un líder potente?
Y es que el liderazgo distinto, femenino, de Michelle Bachelet aún no
convence. Más allá de las sensibilidades políticas de todos los sectores de
la sociedad, la Presidenta está en un gran tubo de ensayo donde se está
jugando el respeto de una sociedad toda y donde -quizás- una mayor dosis de
esa extraña pero adictiva mezcla del autoritarismo "dedocrático" de Lagos
con un tono femenino conciliador, paradójicamente, pueda satisfacer a las
masas con un rico pastel en esta "luna de miel" con la ciudadanía, como la
han querido llamar, aunque no tan dulce como parece. A lo mejor una
relectura analítica de "El Príncipe" de Maquiavelo ayude un poco...guardando
las proporciones.
(*) Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Católica
de la Santísima Concepción, Chile. Corresponsal de Ejército aprobado en el
Comando de Operaciones Terrestres del Ejército de Chile, con asiento en la
ciudad de Concepción. Fue redactor del diario La Hora, en Santiago.
Actualmente es editor periodístico de Agencia Informativa Orbe, en la
capital chilena.
