EL FASCISTA ALBERTO FERNÁNDEZ DESCUBRE LA OBEDIENCIA DEBIDA

 

Junio de 2006

por Strategicos


"En los ejércitos no se dialoga, no se debate, se dan órdenes y se cumplen". 


Con estas palabras dignas de una novela de James Jones, aunque dudo que el funcionario haya leído nada de la buena narrativa militar norteamericana, Alberto Fernández,  justificó las sanciones impuestas a los oficiales del Ejército que concurrieron a un acto en honor a los asesinados por la subversión.


En su afán de congraciarse con Kirchner, el Jefe de Gabinete no se dio cuenta de que su razonamiento es el mismo que demuestra la legalidad y vigencia de la Ley de Obediencia Debida. Si en el Ejército no se dialoga ni se debate, sino que se cumplen como Robocop las órdenes, únicos responsables por las acciones de los subordinados que siguieron dichas órdenes son los jefes que las impartieron.


Si la única acción posible ante una orden es cumplirla, quien la recibe y se ve en la obligación de ejecutarla, sin opciones difícilmente puede ser responsabilizado por sus actos.


Pero si analiza en profundidad la trayectoria política de Albertito, con su manito alzada y sus poses fascistas cuando revistaba en el Partido Nacionalista de Alberto Assef, a quién traicionó, el asunto resulta mas claro.


Falso aprendiz de José Antonio Primo de Rivera,  con sus mostachos impresentables que reclaman un severo babero, este progresista emigró hacia los cuadros cavallistas y de allí, luego de retocear en camas varias terminó en el kirchnerismo de la Capital Federal que autopulverizó la candidatura de Rafael Bielsa en las últimas elecciones.


Desde entonces Albertito sigue tratando de hacer buena letra con su jefe político pero sabe que su poder es vicario, que necesita ventriculizarlo mediante intermediarios simplemente, porque muy poca gente-casi nadie - tiene interés alguno en votarlo.


Telerman acaba de remachar nuevamente en ese clavo, con una recomposición de gabinete en la que entra gente bastante mas lejana al gobierno y mucho más cercana a Nielssen y a Lavagna.


Entre tanto la situación en el Ejercito es simplemente deliberativa. Rota la cadena de mandos por la decisión de los oficiales jóvenes que siguen barajando la posibilidad de pedir la baja masiva, un grupo de militares de alta graduación acorraló en su despacho a Bendini acusándolo de traidor al país y a la institución pese a los esfuerzos desesperados de su privada para evitar la irrupción.


Si Bendini no puede asegurar el terreno de su secretaria privada ni siquiera a los alaridos, muy difícilmente podrá asegurar el terreno de todas las unidades que le dependen.


Con la ex colaboracionista de la Armada setentista,  Nilda Garre - falta publicar material diplomático y bancario que la compromete, pero ya llegará - también los puentes mas allá de la ceremonia protocolar están rotos y la gente que la pasante en Defensa esta intentando arrimar al ministerio son retirados que poco tienen que ver con el sentir de la oficialidad joven.


Son lo que burocráticamente se llama coroneles de escritorio y para colmo de los despachos del ayer.


También en este asunto el gobierno no sabe simplemente que hacer con los próximos actos militares, entre ellos el propio desfile del 20, que todavía no se sabe si se hará o no ni quienes concurrirán.


La cuestión militar sigue abierta y el asunto no se puede llevar al Tribunal de la Haya.

 


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