Junio de 2006
Por Gabriela Pousa (*)
“El candidato oficialista será pingüino o pingüina”
Néstor Kirchner
Ha culminado una semana signada por dos escenarios bastante disímiles a la hora
de analizarlos. También de vivirlos, claro. El problema radica en la falsa
creencia que alimenta al Gobierno Nacional: mientras éste cree que la gente vive
solamente en una de sus escenografías, la otra -más realista- no deja, sin
embargo, de pasar inadvertida. Y aunque gracias a la magia de los medios que
corren detrás del Martín Fierro o a la pelota que aún no rueda pero ya
maravilla, estemos un tanto autistas, antes o después, la realidad tal cuál se
impone sin carisma.
Es factible que se midan las imágenes de funcionarios, candidatos, hasta
pingüinos y pingüinas… pero difícilmente se mida la imagen de lo que hay detrás
de tanto show proselitista sin que medien elecciones a la vista. ¿O acaso las
urnas ya están listas? De sospecharlo siquiera, esa realidad sin medida puede
ser, pues, más negra de lo que parece cuando se trata de escudriñar en ella.
Lo cierto es que hay un “ahora” signado por la euforia de un Mandatario que se
deshace en ira pese a que, cada mañana, le relatan el diario de Irigoyen en la
Casa Rosada. Nadie logra entender, ni la magna sociología del poder, por qué un
Presidente con alta estima (en sus encuestas), con un INDEC que lo reivindica,
con una Plaza de Mayo repleta de “pluralismo” con chequera -y sobre ruedas-, con
cifra en el “Haber” que le faculta subsidiar a piaccere, precisamente, a esos
ómnibus que “espontáneamente” condujeron las masas a la Plaza, anda tan a
contramano que no puede siquiera mantener la boca cerrada.
Cualquiera que observa a un jefe de Estado en estado de ataque permanente
pensaría que se la está viendo fea. O, al menos, que alguien lo está atacando…
Sin embargo, los voceros del actual mandatario niegan que eso suceda y hasta
desmienten que algo este fallando. De creerles, habrá que buscar la causa del
malestar presidencial por otro lado. Ese lado, justamente, es el que muestra un
panorama un tanto diferente al que se relata en varios medios y se aplaude tras
los discursos en el Salón Blanco, en un reducto sureño o en la mismísima Plaza
de Mayo.
Mientras en el primer escenario tenemos una puja electoral desmentida, desde ya,
por todas partes, detrás del telón hay una indecisión fenomenal porque las
provincias hacen agua y el Ejecutivo Nacional no se define: ¿morigerar las
deudas, terminar finalmente con la mentira del país federal? La realidad es que
los gobernadores no saben, a ciencia cierta, con qué carta les jugará esta
partida Néstor Kirchner y apuestan a “estar” y aplaudir cualquier acto oficial
con tal de soñar una conmutación fiscal para convertirse en pingüinos y
candidatearse una vez más…
Las deudas provinciales ascienden a 20 mil millones de dólares y no hay forma de
pagar. El déficit social y los desequilibrios económicos impiden evaluar con
seriedad qué tipo de aval prestar al poder central. La alternativa, en estos
casos, no parece demasiado “plural”… Esta es una preocupación concreta en
Balcarce 50, si los gobernadores no pagan se afecta la caja, y sin caja: ¿hay
verdadero poder central? ¿Será esa la respuesta que pone a Néstor Kirchner tan
mal?
Entrar a sospechar siquiera que las Fuerzas Armadas, y esta última semana, el
Ejército en especial, puede ser lo que desequilibra el humor presidencial es lo
que el Gobierno desea. Tratemos de evitar caer en el juego vil de esta
dirigencia porque de lo contrario rebajamos a una institución fundacional de la
República Argentina a la altura de un patoterismo “pluralizado” que, antes o
después ha de pasar. Los uniformes quedan. Posiblemente no festejen cumpleaños
en Plaza de Mayo pero tienen una edad similar a la de la Patria. Por algo será.
Lo que no debiera pasar desapercibida es la continuidad de Roberto Bendini
aunque sólo sea por poco tiempo no más. Un jefe sin autoridad y procesado por la
justicia no parece ser el mejor referente para “sancionar” conductas ni erigirse
en referente moral de un Ejército que heredó a destiempo del General Ricardo
Brinzoni al mando de quién demostró, con creces, estar encolumnado tras el orden
constitucional. Pero claro, en tiempos en que la dirigencia no lo está,
cualquier manifestación de lo contrario puede interpretarse como algo
discordante. Nada más…
Y aunque en las encuestas internas que se miden en Balcarce 50, la Ministro de
Defensa, Nilda Garré, pierda puntos a granel por “problematizar” soluciones no
parece ser este, todavía, el momento más adecuado para hacer el cambio por la
senadora mendocina, Marita Perceval que viene bregando por el cargo desde
tiempos inmemoriales. Candidatos siempre hay y en el contexto del “estilo K”,
entre rabias y humores caldeados, no puede faltar la oportunidad.
Pero parece que estamos todos apurados… Eduardo Duhalde por mover alguna pieza
que lo reivindique, quizás, de su “obra maestra”: llevar a Néstor Kirchner a la
presidencia. Raúl Alfonsín por seguir participando y en ese trance, Roberto
Lavagna hace su entrada triunfal. Para sustos no ganamos… ¿Quién es quién y cuál
es cuál? La sociedad argentina nunca tuvo esa respuesta aunque se jacte de saber
qué hace a la hora de votar.
Podría decirse que el ex ministro de Economía es funcional a un gobierno que
necesita la presencia de un “enemigo” para actuar. Sin embargo, este viene con
el libreto bajo el brazo. Y es que nadie como Roberto Lavagna sabe a pie
juntillas de qué se trata esta maraña de atar los precios a la pata de la cama,
controlar planillas de costos de empresas privadas y subsidiar lo que haga falta
con tal de que el INDEC siga siendo un ente oficial. Para el gobierno, la
inflación tiene que ser la inseguridad. Una sensación dérmica, nada más…
Así se desdobla el escenario nacional, por un lado las internas peronistas, los
candidatos que juegan a pegarse, a sabiendas que conocen dónde duele más, y un
país que crece sin que pese demasiado si la democracia es o se hace… Hay un
extraño divorcio entre el concepto de pluralidad oficial y el de democracia real
razón por la cuál las opiniones adversas resultan ofensas y la cotidianeidad se
reduce a poner en jaque al que osó contradecir la voz presidencial. Pero cuánto
mayor es el esfuerzo por acallar mayor es el grado de conocimiento de lo que
pasa en el otro escenario, ese dónde a la gente le toca actuar.
Aunque se nos vista de gala si estamos en el barro la experiencia no cambia
demasiado. Por eso, aunque nos pinten un escenario de rivalidades sepamos que
eso está bien para el Mundial y el Mundial se juega en otro lado. La
idiosincrasia argentina no juegue demasiado a favor a la hora de unificar
escenografías y demaquillar figuritas. Por eso lo que cabe desmitificar es la
creencia de que todo lo que sucede tiene fiscal. Hoy por hoy, lo que se muestra
es lo que se quiere mostrar y a veces hay quien no sale favorecido. De pronto,
las cámaras adelgazan más que engordar…
En este contexto y quizás, en la faceta más exacerbada de lo que desde el vamos
se llamó “el estilo K”, lo que preocupa al Gobierno dista de ser un mero
ejercicio preelectoral antes de tiempo o una bravuconada ante el Ejército y pasa
por una economía que trastabilla si se abandona la política extorsiva, por un
desequilibrio entre provincias y nación que es decisivo a la hora de facturar y
por una peligrosa adicción a las encuestas sin entender que sólo miden imagen,
no realidad.
Los medios, la TV muestran lo suyo, después cada uno compra lo que quiere o lo
que le conviene pero, en ese caso, es mejor hacerse cargo si la decepción no
encuentra luego reclamo. Si nos dejamos gobernar, únicamente, por la
popularidad, la semana que viene en este panorama, posiblemente, debamos hablar
de la candidatura de Pekerman, el ministerio de Messi o la jefatura de Tévez. Y,
en el peor de los casos, considerar que las culpas de todos los males ya no le
cabe a ni al menemismo ni a los militares sino a los africanos…
(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad
del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida
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