Ejército: La insoportable mochila que carga desde hace 30 años

 

Junio de 2006

Por Gabriela Pousa (*)
 


Es sabido que la actual etapa de Roberto Bendini al frente del Ejército es un peligroso período regresivo para la relación interfuerza y con el resto de la sociedad. La periodista Gabriela Pousa, -colaboradora nuestra desde los inicios - trabajó, durante los últimos años de vida de Ricardo Brinzoni, en un proyecto que el general quería publicar como su legado sobre el Ejército rectificando los errores de Bendini. La revista EDICIÓN i publica, en el ejemplar distribuido ayer, algunas reflexiones de Pousa en base a sus diálogos con Brinzoni, que resultan muy interesantes en medio de la profunda crisis entre FF.AA. y Gobierno nacional actualmente vigente y en ascenso. La agencia Urgente24 reproduce parte de ese trabajo que a su vez consideramos de interés dar el maximo de difusión posible.


Las polémicas ya hicieron su trabajo y el tiempo simplemente se agota.


No da para mas .

Esta nota tiene tras de sí una historia, posiblemente una más entre tantas otras. Quedó en mi computadora por alguna de esas razones que nunca se llegan a saber pero quedó, previo compromiso de hacerla pública cuando lo ameritara el momento. Fueron muchas las horas compartidas con el General Ricardo Brinzoni tratando de escudriñar el futuro de una Fuerza que el Gobierno Nacional desdeña desde su asunción. Muchas horas tratando de dejar testimonio de un sinfín de avances en la educación de un Ejército grande. De aquellas nacieron estas líneas que hoy recreo como el pensamiento de un ex Jefe del Ejército que se fue soñando que su obra no quedara a medio camino.

Posiblemente debamos suponer que el Ejército al mando del General Ricardo Brinzoni era otro Ejército. Pero esto es válido solamente si tenemos en cuenta que quien dirige, es o debiera ser, imagen de quien le sigue el paso.


Lo cierto es que, en este presente, se está cargando con munición gruesa la mochila del soldado. Pero, como escribía el ex Jefe del Ejército, la mochila de campaña de un soldado argentino, tiene un peso de 15 kilogramos. No puede tener más que eso.

Hoy quiere agregársele una carga innecesaria de resentimiento, responsabilidades ajenas y eufemismos que lleva a quién debe cargarlos al agotamiento extremo. La pregunta que surge es: ¿Quién cargará luego con las consecuencias?


II.

La mochila, o la placa base de mortero -aún más pesada-, es cargada por el infante en prolongadas marchas por la selva, la llanura o la montaña, junto a su armamento y otros elementos del uniforme de combate.

Otros soldados empujan en trayectos menores pesadas piezas de artillería, o trasladan pontones o equipos de comunicaciones. La exigencia no es desmedida: para eso se forma durante años el temple y el físico del soldado argentino. Cualquier ciudadano, que aporta con el pago de impuestos al mantenimiento del Ejército, tiene derecho a comprobar esa capacidad adquirida a través de la vocación de servicio.

Después de esa comprobación, difícilmente podría esperarse que el más exigente de los dirigentes demande al soldado cargar dos mochilas.

O que, dado el caso, se exigiera al soldado cargar durante el resto de una campaña, la mochila de quienes combatieron batallas antes que él. El riesgo es agotar rápidamente al soldado y así, al Ejército. Si es ese el deseo, conviene pues que nos sinceremos y libremos a la ciudadanía de falsas intrigas.

Así como sería impensando requerir al soldado –o a cualquier hombre-, que cargue el doble de lo acostumbrado durante un tiempo excesivo, también resultaría ilógico cargar a los soldados –o a cualquier ciudadano- responsabilidades ajenas, además de las propias.

Es lo que creemos cargar desde hace mucho tiempo los soldados del Ejército Argentino: no solamente la mochila que por vocación hemos elegido llevar -y para la que hemos sido formados y entrenados-, sino también la de los que nos antecedieron y aquella que dejaron con bombas y granadas enemigos no de la Fuerza sino de la Patria.

Es cierto que la mochila de todo soldado es portadora de la historia, la herencia, los laureles y los fracasos –en forma equilibrada- de quienes nos precedieron desde hace 191 años. Es cierto que el pasado no se olvida ni se borra con voluntarismo.

Pero también es cierto que ninguna Nación madura, sobrecarga a su brazo armado con historias sesgadas, condenándolo para el resto de su existencia.


III.

Esa mochila adicional de hoy, la más agotadora, contiene pesadas historias contadas a medias y transcurridas hace treinta años pero que, a pesar del tiempo transcurrido, permanecen en vano, despellejando los hombros del Ejército de hoy.

La misma mochila cuya carga derrama dudas sobre la totalidad de la Institución y sus integrantes, injustamente.

Porque derrama sospechas sobre la totalidad de un Ejército que es continuidad del que nació con la Patria en 1810, pero que, por una cuestión natural de recambio generacional, sólo mantiene en actividad a uno de cada tres oficiales y suboficiales testigos de aquella guerra vivida en los años ‘70.

Porque derrama dudas sobre un Ejército que desterró la intolerancia y la soberbia, que derramó sangre propia por este suelo en pro de una paz que entonces se extinguía. Un Ejército que se reestructuró orgánica y educativamente; que asumió roles adicionales en apoyo de la comunidad nacional e internacional.

Porque a pesar de esa marcha de 30 años cargando mochilas propias y ajenas, y a pesar del desgaste sufrido, el Ejército que dejó, en mayo del 2003 el General Ricardo Brinzoni, no se ha agotado todavía.

En cambio, se ha transformado, hasta convertirse -como actor ya plenamente insertado en esta renovada sociedad, en un sólido defensor de las instituciones republicanas aún cuando en el 2001 muchos quisieron que se hiciera cargo de un país a la deriva.
No obstante aquella demostración de apego a la Constitución Nacional y la democracia, algunos grupos insisten, equivocadamente, en que aún está pendiente la reconciliación entre el Ejército y la ciudadanía argentina. Mientras esa situación se mantenga, la mochila de un pasado tergiversado permanecerá sobre los hombros de los soldados de hoy.

En todo caso, puede que haya una reconciliación pendiente entre el Gobierno y el Ejército, en primer lugar porque está comandado por quién no posee autoridad y, en segundo, por una visión sesgada de lo que pasó en nuestro suelo.

Como “prueba” de la reconciliación que algunos todavía piden a la Institución, aparece una demanda de hacerse cargo de lo que ni siquiera se ha vivido.

Se insiste en exigir a un Ejército renovado, que cargue con una antigua y pesada mochila conteniendo rencores de una historia que no se completa y hasta la búsqueda del destino de los desaparecidos. Se le exige lo que no está a su alcance proporcionar, con el riesgo de agotarlo. Y se le exige calumniándolo y rebajándolo a marchar detrás de un jefe procesado por la Justicia.

El Ejército que Ricardo Brinzoni dejó en mayo del 2003 es heredero de las tradiciones sanmartinianas y se sostuvo en la creencia de que una educación de franca, hermanada y deseada convivencia, había servido para alcanzar una definitiva reconciliación como la define el diccionario: “atraer y ajustar los ánimos de quienes estaban opuestos entre sí”.

Parece mentira que 30 años después y sin estar agotado, el Ejército sobreviva como protagonistas de intrigas y mezquindades políticas que no merece. 30 años después, parece que se hace indispensable pedir a la dirigencia que se dispense a sus soldados de cargar por el resto de la campaña, las mochilas que pertenecieron a otros bandos involucrados en lo que fue una batalla donde ha dejado vidas.

En fin, 30 años después, uno de los brazos armados de la Nación tiene que pedir alivio, para que sus integrantes se dediquen a cargar la mochila que les corresponde -y que desean cargar-, y poder así contribuir a construir, entre todos, el mejor proyecto de vida en común para la República que estamos perdiendo día tras día.



Copyright by EDICIÓN i, 2006.

 

(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.



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