¿MODIFICACIONES EN LA POLÍTICA DE DEFENSA CHILENA?

 

Julio de 2006

Por Rodrigo Alarcón Bohle (*) - Desde Santiago


Algo está pasando en Chile con la política de Defensa implementada para esa cartera por el Gobierno de la doctora Bachelet. Algo que no pasa inadvertido y que -pese a que a priori se podría calificar de mera prudencia- al menos visiblemente se diferencia de las llevadas a cabo por la administración Lagos.

¿Se deberá a temas coyunturales o era sólo que al anterior Gobierno le tocó afrontar un proceso mucho más visible y que siempre va a generar resquemores internos y externos, como era la compra de material bélico para las fuerzas armadas del país? Como sea, al ex presidente Ricardo Lagos le tocó llevar a cabo un proceso largamente esperado por las filas castrenses, con las que Chile dió un gran salto cualitativo en la actualización de su sistema de Defensa con tecnología de punta. Y cuando se inició ese proceso, durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el precio del cobre estaba en el suelo, el dólar relativamente alto y aún no se firmaban los tratados de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos.

Pero hoy la coyuntura económica es exactamente la inversa, ideal oportunidad para acceder a proyectos y sistemas sofisticados. Sin embargo, Chile parece ralentizar esa política.

Y ello parece quedar de manifiesto con una medida del Gobierno que sorprendió esta semana en materia de Defensa. Pese a todos los anuncios anteriores y al avanzado estado de las negociaciones, a cuatro días de que terminara el plazo para ratificar la adquisición de un sistema satelital de observación, el Ministerio de Defensa anunció su decisión de no adquirir el sistema satelital ofrecido por el consorcio European Aeronautic Defence and Space Company -EADS-, transacción que involucraba un desembolso de 45 millones de dólares.

A través de un escueto comunicado, la cartera de Gobierno informó que tras una exhaustiva evaluación técnico-financiera, realizada por un equipo que lideró el subsecretario de Aviación, Raúl Vergara, quien incluso fue uno de los gestores de la adquisición de un satélite para Chile, se concluyó que aunque el proyecto seguía siendo "muy interesante" para el desarrollo del país, se determinó que el mejor camino era llamar a un nuevo proceso de licitación internacional.

Algunas fuentes ministeriales indicaron que la decisión habría sido adoptada por la misma Presidenta Michelle Bachelet, luego de una conversación con la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot. El argumento que pesó para no concretar el contrato fue, principalmente, la falta de transparencia que, a juicio de ciertos sectores oficialistas, había tenido el proceso de selección del satélite, como también la premura manifestada por los europeos para finiquitar el acuerdo, opinión de la que luego se hizo parte activa el Gobierno y que terminó por volver a fojas cero el proceso de adquisición del aparato.

Las objeciones y reparos a la compra del sistema satelital al consorcio europeo comenzó paradójicamente cuando los parlamentarios de la Concertación Patricio Hales (PPD) y Jorge Burgos (DC), así como el ex subsecretario de Aviación Nelson Hadad, quien acaba de regresar al país luego de su estadía en Ecuador como embajador, habían hecho públicos sus reparos al proyecto de adquirir un satélite de imágenes de alta resolución a través de un procedimiento que, en resumen, calificaron de apresurado y poco transparente.

Para el presidente de la comisión de Defensa de la Cámara, el diputado Patricio Hales (PPD), el apresuramiento con que se tramitó el acuerdo con EADS por el satélite efectivamente podría generar suspicacias, las que según planteó no comparte, pero que podían generar problemas.

"Era un tanto sorprendente que se hubiese firmado un preacuerdo el 3 de marzo, cuando terminaba el anterior gobierno, y que todo el proceso se realizara entre mayo y octubre del año pasado. Menos mal que el Gobierno reaccionó y realmente me alegro que se abra una licitación internacional transparente, donde todos los países que tengan esta tecnología a la venta se puedan presentar", sostuvo.

La misma opinión tuvo el parlamentario que más cuestionaba la rapidez con la el Gobierno pensaba hacer la adquisición, el democratacristiano Jorge Burgos. "El gobierno se autoimpuso un plazo de dos meses que me parece apresurado, ya que no hay motivos para apurar una decisión tan importante y trascendente para nuestro país". Burgos indicó que, a su juicio, la comunidad científica y universitaria no había sido consultada, solo informada, y hay muchos otros sectores que deben pronunciarse en este debate.

El parlamentario aseguró que cuando se realice esta discusión y se decida la compra del satélite se apoyará esta decisión y se comprometió a no caer en la "demagogia" de decir que esos dineros se podrían usar para construir hospitales o casas sociales, "ya que creemos que el país necesita contar con este elemento, pero todo el proceso de adquisición debe ser lo más transparente e informado que se pueda".


Pesa el reclamo de los no favorecidos

Otras empresas no seleccionadas, y a la vez actuales oferentes de imágenes satelitales, habían planteado públicamente sus críticas ante la rápida selección del oferente europeo, por lo que el análisis realizado por La Moneda y compartido por la Mandataria concluyó que aprobar el contrato conllevaría más problemas que beneficios.

Los interesados por adjudicarse el proyecto eran muchos. Incluso la empresa aeronáutica israelí IAI (Israeli Aircraft Industries) había montado un intenso lobby en Chile, que en su momento no trascendió a la opinión pública, para que el país optara por arrendarles el uso del satélite Eros-A y de su homólogo Eros-B, recién puesto en órbita para espiar los movimientos iraníes en contra de Israel y que serviría a los intereses nacionales en su paso sobre América del Sur.

En su momento el interés israelí fue tal que fueron enviados a Santiago altos ejecutivos del consorcio propietario de los aparatos, ImageSat, para sondear posiciones ante personeros de Gobierno y del Congreso para inclinarse por la oferta.

No obstante ello, el 3 de marzo y poco antes de terminar la administración de Ricardo Lagos, el ex ministro de Defensa Jaime Ravinet firmó un preacuerdo con EADS Astrium para construir el satélite que sería lanzado en 2009 y que el nuevo Gobierno había heredado sin mayor incidencia.

Por ello, entre las primeras medidas que tomó la ministra Blanlot estuvo la de revisar el convenio y firmar un nuevo preacuerdo con EADS durante la visita del Presidente francés, Jacques Chirac. Fue así que la delegación francesa afinó en el Ministerio de Defensa los detalles finales de la negociación para lanzar el satélite al espacio entre el 2008 y el 2009. Según se tenía programado entonces, el anuncio lo realizará la ministra Vivianne Blanlot el martes 11 de julio. Con la decisión virtualmente tomada, ella puso como plazo el viernes 7 de julio para tener a la mano diversos informes técnicos para conversarlos con la Presidenta. Así la Mandataria podía exponerlos a sus colegas de los países limítrofes, debido al uso militar que también tendría el satélite.

Sin embargo todo ello quedó en nada. Según dice textualmente el Ministerio en el comunicado, "una vez concluido este proceso de revisión, el Ministerio ha decidido que, no obstante ser éste un proyecto muy interesante para el país, tanto en lo que se refiere a sus usos civiles y a los usos potenciales de las Fuerzas Armadas, es conveniente que la adquisición de un bien público de esta naturaleza sea discernido luego de un proceso de licitación internacional, en la cual el Gobierno de Chile espera contar nuevamente con la participación de la empresa EADS".

Con la decisión de desechar la compra del satélite en Europa, el Gobierno de Bachelet desechó el segundo de los dos proyectos más importantes heredados en Defensa de la administración de Ricardo Lagos. Y ambos con la misma empresa europea, la que ofreció y suscribió con el ex ministro de Defensa Jaime Ravinet precontratos de compra del aparato, así como la compra de aviones de transporte A400M, la que hoy estaría prácticamente desechada por la Fuerza Aérea dado su alto costo, aunque a ese respecto aún no hay una versión oficial.


¿A licitación y un control civil?

Y es que el proyecto nació apurado sin conocerse por qué. Quizás por eso llamó la atención que éste sólo se diera a conocer oficialmente a la opinión pública una vez que ya se había decidido su ejecución, se habían recibido y descartado las ofertas y se había llegado a un pre acuerdo con EADS.

El asunto llamaba la atención, sobre todo al tener en cuenta la forma en que comúnmente se realizaban las compras para las fuerzas armadas. A modo de ejemplo, en el caso de la compra de los F-16 para la Fuerza Aérea se llamó a una licitación internacional del proyecto NAC (Nuevo Avión de Combate), en el que Lockheed Martin -la que finalmente se adjudicó el contrato- pidió la autorización del gobierno norteamericano para participar junto a la también estadounidense Boeing, con el F-18 Hornet; compitiendo así con los consorcios europeos como la anglo-sueca SAAB, con el Gripen y la francesa Dassault Aviation, con el Mirage 2000-5.

A ese respecto, el ex subsecretario de Aviación y primer director de la Agencia Nacional del Espacio, Nelson Hadad, se sumó al debate por la compra, que ascendía a 38 millones de euros. Para Hadad lo mejor, antes de tomar decisiones, es generar un debate nacional donde participe el ministerio de Defensa, la Cancillería, los parlamentarios, las FF.AA., la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología y universidades para definir qué tipo de satélite se quiere y para qué.

El recién llegado ex embajador en Ecuador durante la administración Lagos recordó que desde los años ochenta que la Fuerza Aérea ha impulsado un proyecto para disponer de una sonda nacional pero siempre se hizo con la idea de acceder a nueva tecnología y participar en su construcción. En este programa estuvo el desarrollo y el lanzamiento de los FASAT-Alfa y FASAT-Bravo, ambos construidos en Chile y lanzados al espacio desde el cosmódromo ruso de Baikonur a mediados de los noventa.

"Más allá del monto de la inversión, lo importante es que este satélite sea útil para Chile y responda a los requerimientos nacionales. Para ello no podemos comprar 'cajas negras', un satélite 'llave en mano', sino tecnología que podamos incorporar a nuestros científicos y expertos para que no solamente podamos manejarlo sino también modificarlo, convertirlo y ampliarlo en sus capacidades", recalcó.

"Esto debemos mirarlo con un criterio país, como una tecnología que se integrará para contribuir al desarrollo social y económico de la agricultura, minería, agricultura y pesca. El disponer de imágenes de alta calidad permitirá incluso prevenir y combatir desastres naturales", dijo.

Pero Hadad fue más allá al plantear la forma de administración del satélite, donde quitó cuotas de participación a las Fuerzas Armadas, sin reparar en que serán éstas las que aportarán el dinero para su financiamiento. ¿Serán suspicacias por el posible uso bélico de la sonda? Quizás la eventual modificación de la Ley Reservada del Cobre -cuyas partidas extras de dinero paras las FF.AA. pueden ser ocupadas sólo en la "compra de armamento" y no en gastos operacionales ni salariales- ayude a dar con una respuesta concreta.

Por lo pronto, Hadad afirmó que "al minuto de controlar este sistema no creo que un ente militar sea suficiente. Debería actuar acá la Agencia Nacional del Espacio porque alguien deberá cobrar por los servicios y capitalizar la tecnología adquirida. Además tenemos que tener cuidado de no crear una sensación entre nuestros vecinos de que este satélite será un instrumento de espionaje", planteó.



(*) Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Chile. Corresponsal de Ejército aprobado en el Comando de Operaciones Terrestres del Ejército de Chile, con asiento en la ciudad de Concepción. Fue redactor del diario La Hora, en Santiago. Actualmente es editor periodístico de Agencia Informativa Orbe, en la capital chilena.

 


 

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