Julio de 2006
Por Rodrigo Alarcón Bohle (*) - Desde Santiago
La Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, reiteró en su visita a Perú para
la asunción a la presidencia del cuestionable Alan García, que espera
prontamente avanzar hacia la concreción de un Tratado de Libre Comercio entre
ambos países a partir del Acuerdo de Complementación Económica, que rige el
comercio entre las dos naciones del Pacífico.
El interés de Chile en ese sentido fue bastante explícito, toda vez que el país
busca desde hace ya varios años la concresión del acuerdo como una manera de
afianzar los negocios chilenos en su vecino del norte, las que pese a todo,
siempre están en la miradas ultranacionalistas que ven cómo Chile se ha ido
apoderando desde el sector privado de las áreas más críticas de la economía
peruana y ha introducido un capital exhorbitante, sobre todo en el sector retail.
Michelle sostuvo con García que "hemos tenido una extraordinaria reunión de
trabajo para llegar hacia temas en que queremos seguir avanzando y ésto es un
acuerdo de complementación económica que ha sido muy beneficioso para los dos
países y mirar si podemos avanzar hacia el tratado de libre comercio. Está todo
muy auspicioso, y esperamos poder concretarlo pronto".
La jefa de Estado se mostró muy complacida de "compartir con peruanos y peruanas
ese gran momento que ha sido esta fiesta democrática de la transmisión de un
mando, de manera impecable y que nos da una gran dimensión de lo que es la
democracia en nuestra región y sobre todo en Perú".
Esta suerte de "noviazgo" entre las autoridades de los dos países hace pensar en
un futuro prometedor en las relaciones bilaterales, por lo menos en el corto
plazo, volviéndose de todas formas bastante inciertas si se piensa en un plazo
más prolongado. Y es que pareciera que las enormes distancias entre los estados
de desarrollo relativo existentes entre Chile y Perú, con una evidente ventaja
del primero, vuelve a los chilenos bastante impopulares ante la opinión pública
de su vecino del norte.
Una suerte de envidia colectiva solapada impulsada por sectores nacionalistas de
formación militar -que en Perú no son pocos- cuyo rostro visible son los
caudillos salidos de las filas castrenses con el norte de llegar algún día a ser
la continuación del ejemplo nacionalista-revanchista antichileno llevado al
paroxismo por Juan Velasco Alvarado, artífice de la supremacía bélica peruana en
el Pacífico hasta no hace mucho y apuntalada por un entonces sofisticado
material soviético, que en cantidades exorbitantes transformó a Perú en el país
más armado de la región, con la clara intención de rescatar la "provincia
cautiva de Tarapacá y hacer retroceder a Chile hasta Valparaíso", según plantean
todavía algunos ensayos delirantes de pluma fácil en manos de dudosa reputación
e intelecto.
Esta aparente 'impopularidad' está fundamentalmente basada en el mito de que
"Chile pretende hacerse de las riquezas del Perú" invirtiendo fuertes sumas de
dineros en la economía peruana y alcanzando incluso hoy a sectores que algunos
consideran estratégicos, como es la concesión de puertos, particularmente del
Callao. Surge así una clara competencia con la larga lista de puertos
chilenos que en cuanto a infraestructura y desarrollo logístico aparecen mejor
equipados más al sur del continente, como Arica, Iquique, Tocopilla, Mejillones,
Valparaíso, San Antonio (el más grande y de mayor volumen de carga de Chile,
Talcahuano y San Vicente (ambos en el Gran Concepción), Puerto Montt y la
austral Punta Arenas, todos los cuales son punta de rieles de sus respectivos
corredores bioceánicos en desarrollo con Argentina y Brasil.
Ese sentimiento nacionalista peruano aparece como la principal piedra de tope
a la hora de comenzar un proceso de integración chileno-peruano. En este último
país, el vívido recuerdo de la derrota en la Guerra del Pacífico, librada hace
ya más de 125 años construyó en la sociedad peruana una representación social
perenne que actúa cíclicamente como ente de cohesión social. Ella es la
responsable de los eternos resquemores de parte de ese país hacia su vecino del
sur, cuestionando siempre sus intenciones y viendo en él aquellas anacrónicas
ambiciones expansionistas que estan lejos de ser parte de la política exterior
del Chile actual, más preocupado de ser un buen referente que de anexar
territorios, cuya manutención sería económicamente desquiciada parar un estado
que busca ser pequeño, pero eficiente.
Sin embargo, esa desconfianza mutua ha reinado desde los tiempos del Huáscar y
la Esmeralda y no ha dado paso a la cordialidad. Ese sentimiento es el que
amenaza hoy a un presidente que busca precisamente -según ha planteado- emular
las democracias de izquierda moderna al estilo de Chile o Brasil. ¿Lo permitirá
la oposición peruana, hoy compuesta por esos sectores nacionalistas peruanos más
cercanos al estilo populista-estatista de Chávez y Castro que de Bachelet o de
la mermada influencia brasileña?
No son gratuitas las declaraciones del ex candidato Ollanta Humala, el que
condicionó el apoyo de su formación política (Unión Por el Perú) al nuevo
gobierno de García a la realización de una Asamblea Constituyente (proceso que
se avecina hoy en Bolivia) para reformar el texto de la Carta Magna peruana. En
su primera aparición pública luego de tres semanas alejado de la escena
política, Humala explicó que la Asamblea Nacional de su partido acordó respaldar
al Ejecutivo de García si es que muestra voluntad de "iniciar un proceso
constituyente para buscar una nueva Constitución".
"Esta constitución es ilegal y delincuencial. Creemos que Perú necesita nuevas
reglas del juego", manifestó Humala a los medios de comunicación tras reunirse
brevemente con el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien asistió a la
ceremonia de toma de posesión de García como presidente.
Según el ex candidato por Unión Por el Perú, si el Gobierno del nuevo mandatario
trabaja para iniciar un proceso constituyente para buscar un nuevo texto
constitucional a partir de la de 1979 (año en que Perú venía saliendo de la
influencia militarista de Velasco y Morales Bermúdez), "tendrá el apoyo del
bloque nacionalista".
Humala propuso durante su campaña electoral el cambio de la Constitución
aprobada por Fujimori en 1993 para, según él, "sentar las bases de la
recuperación de los recursos naturales por parte del pueblo, que considera en
manos de las empresas transnacionales".
"Nosotros somos la oposición constructiva en el país y si queremos trabajar en
bien de la patria, pues creo que el primer punto de coincidencia con el futuro
Gobierno debe ser las reglas de juego, y las reglas de juego es la
Constitución", subrayó.
Pese a la derrota presidencial de Humala en segunda vuelta de las elecciones, su
partido Unión por Perú, de inspiración nacionalista anti-capital extranjero -pro
peruana, según él- logró situar en el Congreso a 45 congresistas, el mayor
número alcanzado por una agrupación política, aunque tres legisladores
anunciaron después su alejamiento del partido, alegando serias discrepancias
políticas. El Partido Aprista, de García, consiguió sólo 36 escaños.
Valga mencionar que Ollanta Humala, junto a su hermano Antauro, son dos ex
militares del Ejército que fueron criados en una familia patriarcal donde su
padre -Isaac- les inculcó desde pequeños el sentimiento nacionalista indigenista
antichileno, formando el Etnocacerismo, movimiento inspirado en las raíces
indígenas peruanas y en la gesta del general Andrés Avelino Cáceres, quien
combatió contra la ocupación chilena de post guerra mediante la lucha
guerrillera en las sierras del sur peruano.
A esta amenza se suman las emergentes reactivación guerrillera de Sendero
Luminoso en las zonas rurales del este del país, cuyas fuerzas continúan matando
campesinos y proclamando consignas también nacionalistas indigenistas y han
dejado expresamente clara su intención de derrocar por la vía armada a Alan
García.
Y el último factor en el melodrama que acompaña el desarrollo de Chile como un
molesto zumbido en la oreja es el presidente de Bolivia, Evo Morales. Este, pese
a que es improbable que constituya un eje con Lima, pidió al nuevo mandatario
peruano y a su pueblo ayudar a lograr la salida del país del altiplano al océano
Pacífico, para reparar un "daño histórico" inflingido por Chile.
"No sólo pedir al presidente, sino al pueblo peruano ayudarnos. He quedado muy
impresionado cuando fui a Santiago de Chile al escuchar a ese pueblo coreando
'mar para Bolivia' (grupo cuya heterogeneidad política es bastante cuestionable)
y por qué no juntos ayudarnos para reparar un daño histórico y avanzar en
conjunto", dijo Morales antes de asistir al cambio de mando.
El gobierno chileno fijó recientemente una agenda de diálogo "sin exclusiones"
con Bolivia, que incluye ese centenario reclamo marítimo, pero con apego
estricto a los tratados internacionales que ya fijaron los límites bilaterales
en 1904, según aclaró luego la Cancillería en Santiago.
¿Soportará este sorpresivo sinceramiento peruano hacia Chile estos tres factores
de riesgo o es -una vez más- un proceso de integración y confianza a plazo fijo?
Como sea, el tiempo apremia en el singular tablero sudamericano actual, por
lo que Chile ya mueve sus piezas en su principal interés: la integración
económica. Por ello es que madame Bachelet junto a su ministro de Relaciones
Exteriores, Alejandro Foxley, y al embajador en Perú, Cristián Barros, se reunió
con García en el Palacio de Gobierno, apenas un par de horas después de que éste
tomará posesión de su alto cargo.
Tras el encuentro, destacó la voluntad de ambos países por potenciar las
posibilidades que abre el Océano Pacífico como vía de intercambio comercial con
las naciones de Asia, principalmente. Agregó que "el Asia Pacífico sin duda que
abre a nuestros países, que son pequeños por separados pero grandes unidos,
tremendas oportunidades".
En este sentido, reafirmó el interés de Chile por potenciar la Comunidad
Sudamericana de Naciones como una instancia efectiva de integración regional y
aseguró "también ratificar nuestro compromiso total con la Comunidad
Sudamericana de Naciones, donde hay un conjunto importante de iniciativas
vinculadas al tema energético, por un lado, al tema de infraestructura por otro,
de conectividad, que nos permita entregar, como decía, una mejor calidad de vida
al conjunto de la América Latina y por cierto a cada uno de nuestros países".
Inclusive, la jefa de Estado confirmó lo que conversó con su homólogo en la
reunión bilateral respecto de la eventual firma de un Tratado de Libre Comercio
y la inclusión de Chile como miembro estable de la Comunidad Andina de Naciones
(CAN).
"Estamos dispuestos a tener siempre las mejores relaciones con todos los países
y además jugar este rol que Chile habitualmente ha cumplido que es ser
articulador y puente entre el Atlántico y el Pacífico", sostuvo.
Al concluir la vista digna de final hollywoodense (lamentablemente parece nunca
haber buenas segundas partes), la doctora Bachelet se dio el tiempo incluso para
fotografiarse con la gran cantidad de parlamentarios y dirigentes de todos los
partidos políticos que la acompañaron. Todos ellos coincidieron con la
mandataria en lo positivo que resultó este viaje y en el buen futuro que se
proyecta para ambas naciones....(¿?) Sólo faltaban los anillos (el energético
sería un buen ejemplo).
"He dicho que aspiro a construir la mejor relación con todos nuestros vecinos,
la mejor relación con toda la región. Nosotros somos fuertes impulsores de la
Comunidad Sudamericana de Naciones, vamos a seguir trabajando en todos los
bloques sub-regionales y regionales que se han conformado, vamos a continuar en
Mercosur, vamos a incorporarnos con mayor fuerza en la Comunidad Andina de
Naciones, donde estamos hoy día como observadores, pero estamos trabajando para
dar un paso más allá", afirmó poco antes de emprender su regreso a Santiago.
La mandataria manifestó además sentirse "extremadamente honrada de haber sido
invitada, de haber participado y, además, haber recibido muestras de gran cariño
de parte de la población del Perú, de peruanas y peruanos. Me siento honrada de
eso, y creo que es un muy buen clima para que sigamos trabajando en temas de
mutuo interés para ambos países".
Pero ese repentino acercamiento parecía no ser gratuito. Por ello, consultada
sobre un eventual distanciamiento de Argentina, que se acentúa con un mayor
acercamiento hacia Perú, la Presidenta Bachelet fue enfática en afirmar que ello
no es exacto. "Queremos también ser parte de la casa, creemos que ahí también
hay un potencial importante e interesante. Y, por cierto, a nivel de todos los
organismos y todas las instancias multilaterales dentro de la región,
continuando, sin duda, con todos los pasos que ya hemos dado como país en
términos de nuestras relaciones con la Unión Europea, con Estados Unidos y con
todo lo que hemos abierto ya, y estamos abriendo, en el ámbito del Asia
Pacífico" (¿?).
En este contexto, insistió que es un despropósito pensar en una actitud
diferente de Chile en su relación con los países vecinos. "Me parece que (eso)
es olvidar todo lo que hemos avanzado. Estamos a punto de firmar un Tratado de
Libre Comercio con Japón, estamos trabajando con Malasia, Tailandia, con la
India vamos a profundizar nuestros acuerdos. Es decir, tenemos enormes
cantidades de fortalezas en el terreno de integrar más a Chile al mundo y que,
por cierto, signifiquen fortalezas para nuestro país, en el sentido de ser
capaces de aspirar a un mercado mayor, traer inversiones, etc."
Así se mueven de nuevo las piezas del ajedrez latinoamericano, cual más
favorecido, cual menos... algo a tener en cuenta.
(*) Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la
Universidad Católica de la Santísima Concepción, Chile. Corresponsal de Ejército
aprobado en el Comando de Operaciones Terrestres del Ejército de Chile, con
asiento en la ciudad de Concepción. Fue redactor del diario La Hora, en
Santiago. Actualmente es editor periodístico de Agencia Informativa Orbe, en la
capital chilena.
