PERONISTAS ECOLÓGICOS CONTRA VERTBITSKY

 

Julio de 2006

Por Jorge Eduardo Rulli


El pasado domingo, en el diario Página 12, el periodista Horacio Verbitsky nos dedica una columna en un largo y erudito trabajo sobre las disputas por el poder y los ingresos, y coloca ese trabajo bajo el incisivo título de: ¿Existe la oligarquía? Intenta Verbitsky en ese artículo, refutar las posiciones del GRR respecto al conflicto suscitado con la prohibición de la exportación de carnes, así como las opiniones emitidas desde este programa Horizonte Sur en relación a la oligarquía vacuna. Para hacerlo, se apoya Verbitsky en los conocidos economistas de FLACSO y del Instituto de Estudios de la CTA Basualdo y Arceo, con los que coincide en una similar mirada de cómo comprender los fenómenos de la propiedad de la tierra y de cómo interpretar los estudios estadísticos.

Una primera reflexión que me suscita la extensa nota de Verbitsky y la parte sustancial que nos dedica, es el pensar que deben tener algún peso y alguna llegada nuestras reflexiones y declaraciones al respecto, y que algún nervio deben haber tocado en algún punto sensible del Poder para que semejantes pesos pesados del periodismo y de la investigación, salgan a refutar, a desmerecer o a ningunear las posiciones que hemos expresado. Me pregunto si acaso existen otros polemistas posibles que puedan ir más allá de estos tres que nos salen al cruce y que, además de sus propios y personales prestigios y capacidades, disponen, el primero de uno de los periódicos más importantes del país y formador de opinión a nivel de los sectores medios, y los otros, de la extraordinaria capacidad editorial de Basualdo y de Arceo que en gran medida financiamos generosamente desde nuestros magros sueldos y nuestros aportes al sindicato ATE, los trabajadores del Estado. Me lo pregunto y no encuentro respuestas. Y realmente me temo que han usado con nosotros, no sólo artillería pesada y perdonen las imágenes reminiscentes del lenguaje setentista, sino también, que han usado en nosotros las reservas intelectuales más importantes de que disponen…

Para comenzar, sino una respuesta al menos un comentario. Cuando refiere a nosotros, Verbitsky sin mencionarnos, nos denomina como… “ciertos ambientalistas”… y si por una parte y en relación al GRR es un indudable menoscabo y una definición más que estrecha de nuestra caracterización y actividades, que señala además por parte del autor una supina ignorancia respecto a los activismos relacionados con la ecología, en el caso en que sus referencias me implican personalmente, resultan algo más que paradójicas. Que alguien que sin haber sido nunca peronista, fuera conducción de una organización como Montoneros que, en su momento intentó conducir al Peronismo e inclusive desplazar a su líder, me denomine justamente a mi como ambientalista, a mi, que cargo esta enorme mochila emocional e histórica que me desvela y con la que tantas veces ya no sé qué hacer… porque es como un mandato que llevo de tantos linajes que quedaron en el camino… y ser apenas para alguien un ambientalista a nivel casi de la Romina Picolotti que expresa al tercer sector empresarial de la ecología, no solo me resulta risible, sino que me ejemplifica el modo esquizofrénico y de desmemoria que rige en ciertos ámbitos intelectuales.

Entiendo que lo que estamos criticando desde el GRR es en general un modo de ejercitar el intelecto, un modo tal que en este caso, y a pesar de su enorme inteligencia y capacidad lo hace quedarse muchas veces a nuestro amigo Verbitsky y a muchos otros intelectuales argentinos, en la mera superficie de las cosas, ignorando la necesaria complejidad del pensamiento en la era de la globalización, aferrados a sus esquemas de pensamiento como a maderos de naufragio en medio de la crisis oceánica de los paradigmas y en medio del tránsito civilizatorio entre dos matrices tecnológicas, la del petróleo que se repliega derrotada y las nuevas biotecnologías que se nos imponen gradualmente, acompañadas aún con los viejos y todavía para ellos, seductores ropajes del progreso de los siglos XVIII y XIX.

Me estoy refiriendo a la sobrevaloración de los datos estadísticos y a una particular interpretación de la situación de la propiedad inmobiliaria de la tierra en la Provincia de Buenos Aires que viene a discutir nuestra mirada sobre los modelos hegemónicos de producción, sobre la importancia relativa que le damos a la propiedad de la tierra y al rol de los propietarios en relación al gran tema del Poder. Y una vez más, debemos recordarnos que información no es equivalente a conocimiento. Verbitsky viene a descubrir con Basualdo que el grueso de la propiedad de la tierra en la Provincia continúa en las mismas manos y que además, apenas un ocho por ciento de la tierra es trabajada en función de formas de tenencia ajenas a la propiedad. No comprendemos bien qué es lo que tanto uno como el otro pretenden haber descubierto en estos números estadísticos, pero si que la intención que llevan es la de negar los cambios que hace diez años señalamos y anticipamos, y que ellos durante ese tiempo ignoraron o invisibilizaron. Insistimos una vez más que basta salir al campo para comprobar el extraordinario y creciente grado de sojización, el despoblamiento masivo, el que se ha impuesto un modelo de agricultura sin agricultores, el que la tenencia de la tierra ya no equivale al trabajo de la tierra ni al vivir en ella y que el poder ha emigrado de manos de la vieja oligarquía a los nuevos y cada vez más poderosos Agronegocios, a las cadenas agroalimentarias y a las Corporaciones exportadoras.

Verbitsky dice refiriéndose a esos propietarios: “En 1996 dedicaban a la ganadería el 70 por ciento de sus tierras, en las que la utilización de pastos naturales supera la media provincial, y solo el 30 por ciento a la producción agrícola. Esto demuestra que el sector social fundador del Estado moderno en la Argentina, conservaba a fines del siglo XX la matriz estructural que presentaba a sus principios y que le ganó la denominación de “oligarquía”vacuna”. No disentimos con Verbitsky en ello, pero lamentamos que olvide que justamente en ese año 1996, se habilitó para su comercialización la Soja transgénica RR de Monsanto y que la situación del campo argentino en estos últimos diez años transcurridos cambió radicalmente de manera tal que, hacer un diagnóstico estructural sobre la situación de aquella época pensando que mantiene alguna vigencia resulta absolutamente descabellado. La sojización no sólo ha desplazado otros cultivos, sino que ha desplazado a la misma ganadería, empujándola a corrales de engorde donde amontonada como en chiqueros se la alimenta con granos balanceados a los que se añaden hormonas y antibióticos. Tal como dice el conocido filósofo neoagrarista Gustavo Grobocopatel de la localidad de Carlos Casares, los Agronegocios han democratizado la agricultura, dado que ahora cualquiera puede practicarla, aún sin vivir en el campo ni saber nada al respecto, sino teniendo solamente la intención de llevar adelante un negocio verde y por supuesto, el dinero necesario…

En estos momentos, estamos iniciando una etapa aún mucho, pero mucho más peligrosa, la creciente sojización alentada ahora por las campañas que presentan a los biocombustibles como la nueva panacea, pondrá inevitablemente en situación de riesgo las tierras dedicadas a proveer de alimentos a la propia población, amenazándonos con nuevas crisis alimentarias en el horizonte cercano. Pero además, podemos dar testimonios de otras gravísimas situaciones: las fumigaciones que acompañan los cultivos biotecnológicos están poniendo en grave riesgo la salud y la vida de las poblaciones de las ciudades pequeñas, amenazando con destruir los actuales habitats humanos y transformando el cáncer, los abortos y los nacimientos con malformaciones, en epidemias masivas de las pequeñas y medianas localidades que conviven territorialmente con la agricultura industrial y en especial con los sojales.

Creemos que la interrupción brusca de las exportaciones de carnes fue una enorme torpeza y que no es cierto que se haya conseguido el objetivo de bajar el precio de la carne en el mercado interior. Si, en cambio, lo que se ha conseguido es desalentar a productores que frente a las fuertes pérdidas de suelo que generan los monocultivos intentaban retornar a la ganadería. La interrupción de las exportaciones de carnes ha consolidado el poder de los Agronegocios y ha establecido en todo caso, una pulseada política con sectores de la oligarquía que son una rémora frente a los nuevos modelos de gerenciamiento y de producciones rurales. Las manifestaciones de cuatro por cuatro en la provincia de La Pampa, las editoriales del diario La Nación y algunas disonancias discursivas de líderes rurales, no ponen en riesgo la estabilidad institucional de la República, pero permiten en cambio recrear un clima de confrontación que es útil para mantener la adrenalina política que convoca a los nuevos reagrupamientos preelectorales. Eso es todo, se trataría para los operadores políticos que juegan a las rayuelas de la política mientras perdemos las oportunidades de un momento excepcional de las relaciones internacionales, se trataría tan solo de saber elegir al enemigo más débil y de buscar el camino del tensionamiento social y de las confrontaciones de discursos que transforman en circo el ejercicio de la política. La solución no es tal como afirma Verbitsky apoyándose en Basualdo, la de aumentar las retenciones a las exportaciones, medidas que en todo caso serían solo un paliativo que permita continuar reciclando el actual modelo, a la vez que contener con planes asistenciales la pobreza y el desempleo cronificados en un país de economía decididamente agroexportadora. La solución es volver a la Junta Nacional de Carnes y en el caso del trigo, que preocupa también porque no alcanza a cubrir las necesidades nacionales y cuando se toma frente a ello como presunta solución, la misma torpe medida de impedir su exportación, la política debería ser la de volver a la Junta Nacional de Granos. Así de sencilla es nuestra propuesta: volver a instaurar la Junta Nacional de Carnes y la Junta Nacional de Granos, como en los viejos tiempos, y volver a tener políticas de Estado en el sector agropecuario, políticas que no sean generadas tal como confiesa ahora el propio Grobocopatel en el diario Clarín del sábado 24 de junio, por las mismas corporaciones de los Agronegocios y de las Biotecnologías.


Y para terminar, me pregunto ¿por qué razón, son tantos los que no pueden ver más allá de la superficie de las cosas? Por qué existe ese rechazo en tantos intelectuales a negar los modelos de rol que nos neocolonizan? ¿Por qué razón ignoran las relaciones y configuraciones que nos impone la globalización? A principio de siglo muchos pensadores se esforzaron hasta descubrir las relaciones de dependencia que determinaban el sometimiento y el coloniaje argentino. Tengo un libro de la colección “Hechos e ideas” cuyo autor es Eduardo Rumbo y que tiene por título PETROLEO Y VASALLAJE y por subtítulo CARNE DE VACA Y CARNERO, CONTRA CARBON MÁS PETROLEO. Gusto tener ese libro siempre al alcance de mi vista porque me recuerda el esfuerzo de tantos intelectuales nacionales por comprender y poner en claro a principios del siglo veinte, las ecuaciones básicas de la dependencia: CARNE DE VACA Y CARNERO, CONTRA CARBON MÁS PETROLEO. Ellos lograron ese objetivo y gracias a esa conciencia pudieron surgir luego los movimientos nacionales y populares que condujeron las luchas de nuestros pueblos. Tenemos una gran deuda con ellos y el mejor modo de ser leales a esa tradición del pensamiento nacional es la de comprender en las circunstancias actuales cuáles son ahora las particulares ecuaciones de la dependencia. Menudo desafío… Me temo que muchos intelectuales formados o acaso deformados, en sus mejores años de juventud por los manuales de marxismo vulgar de la Marta Harnecker que fueron hasta el año 72 lectura obligatoria en Montoneros, encuentren dificultades en comprender de lo qué estoy hablando. Somos conscientes que no podremos encontrar nuevos caminos de liberación si no resolvemos los problemas pendientes, los debates inconclusos, las memorias que dejamos bajo las alfombras de la historia porque todavía no podemos asumirlas... Pero no son luchas fragmentadas, hablamos de las pasteras y de las sojas y estamos a la vez tratando de resolver los viejos dilemas revolucionarios, exponemos sobre las matrices planetarias de los biocombustibles y estamos haciendo referencia a las luchas de liberación de la última posguerra y a los diversos caminos ensayados por líderes como Nasser, como Getulio o como Perón. La historia es una y necesitamos retomar el cause interrumpido de su fluir diacrónico para que las nuevas generaciones sepan, tal como nosotros supimos alguna vez, de dónde vienen, para entonces puedan saber hacia dónde se dirigen…


Grupo de Reflexion Ruralista

 


 

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