LA APUESTA ISRAELÍ: CAMBIANDO LAS REGLAS DEL JUEGO

 

Julio de 2006

Por María Cristina Montenegro*


La guerra en el Líbano ha tocado las fibras sensibles de la comunidad internacional. Indiscutiblemente, nada resulta indiferente cuando la guerra se desata con indisolubles secuelas. Pero, más allá de la muerte y destrucción la Nueva Guerra en el Líbano preanuncia cambios en el diseño en el tablero de Oriente Próximo con consecuencias definitorias para el escenario global.

En un intento por reflexionar sobre la actual escalada bélica se cree necesario revisar el escenario atendiendo a los actores, las estrategias y las posibilidades de una salida del conflicto. Una síntesis de lo dicho es el presente análisis


La debilidad del Líbano: el ámbito propicio para la escalada de la crisis

El Líbano fue fundado en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Tres actores tuvieron sus intereses en el novísimo país: Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Los tres buscando áreas de influencia y la necesidad de neutralizar la alianza árabe con los nazis.

De constitución multiconfesional, con reparto en cuotas de poder de acuerdo a la religión de tal suerte que convirtió a ésta en una adscripción política y al ciudadano en un elemento valorado en tanto miembro de alguna de ellas. Esta suerte de fratría se acerca mucho a la concepción islámica del Estado.

Este modelo atomizado de estado llevó a varias crisis doméstica hasta la década de los 70 cuando se inició una trágica guerra civil que incluyó factores exógenos del contexto regional. El Líbano se constituyó en parte de una estrategia de acción de gobiernos de países árabes y organizaciones terroristas (palestinas y libanesas)

El retiro de Jordania y Egipto de este escenario dejó un lugar vacío que fue ocupado por fuerzas iraníes radicalizadas, con profundas motivaciones religiosas. No por casualidad el chiísmo impregna a Hizbollah. Secta que recuerda al Imán Husein y hace del martirio personal y colectivo un programa religioso de vida.

Con el final de la guerra civil, el debilitado país tuvo que recurrir al tutelaje de seguridad aportado por Siria. Los bolsones terroristas del sur provocaron a Israel a invadir el área hasta su retiro en el 2000. Como contrapartida, la esperanza era de que el Líbano fortaleciera como un estado moderno y con efectiva soberanía sobre su territorio.

La debilidad estructural del estado y de sus fuerzas armadas impidió cumplir con el compromiso de erradicar las organizaciones terroristas del sur, en los límites mismos del Israel, desde donde se organizan los atentados contra su territorio. Pero, la historia parece indicar que el retiro de las tropas israelíes fue una suerte de concesión a aquellas organizaciones que, dueñas ya del terreno, persistieron en sus ataques contra Israel. Evidentemente la retirada fue, a los ojos de aquellas, una muestra de debilidad.

Es por ello que frente a las dramáticas jornadas de julio, la Unión Europea insiste en que “ El Gobierno libanés también tiene la responsabilidad de impedir que la situación se deteriore “ urgiendo al Líbano que restablezca la soberanía sobre su territorio.


Las lecciones a aprender

En vísperas del 12 de julio, la escalada del conflicto nos pondría frente a una nueva guerra en Oriente Próximo. El secuestro de algunos soldados israelíes, el asesinato de un colono y el bombardeo masivo de cohetes sobre poblaciones de Israel, concitaría la respuesta israelí.

La permanencia de Hamás y de Hizbollah en el sur del Líbano, darían cuenta de la fragilidad del equilibrio existente en el área y, sobre todo, de la capacidad de fuego de estas organizaciones que tomaron como rehén a un país débil, que no puedo eliminar el terrorismo al sur recortando y amputando su soberanía.

Es conocida la crítica de muchos analistas respecto a la guerra que Israel lleva adelante en el Líbano. Pero existen otras razones que merecen un enfoque diferente respecto del mismo hecho. Quizás tengan mucho menos prensa pero no por ello dejan de tener consistencia a la hora de una análisis objetivo. La avanzada israelí sobre el Líbano es un esfuerzo bélico en defensa de sus ciudadanos y como un medio extremo de terminar con la impune acción de las organizaciones radicales del sur libanés. Organizaciones alimentadas por Damasco y Teherán.

Líbano, por su debilidad congénita, no pudo cumplir con el compromiso de hace casi seis años a pesar de que los israelíes desalojaron los territorios por ellos ocupados. Esta situación parece haberse profundizado con la llegada de Hamas al gobierno palestino cuando, en pleno desarrollo del acuerdo denominado la hoja de ruta fue generando el caos en territorio palestino.


Las posiciones de los países centrales

La incertidumbre sobre el día después es un imperativo para los países tanto centrales como periféricos. El destino del mundo global a todos inquieta, sobre todo cuando de lo que se trata es la paz en una región que convoca los intereses estratégicos de los poderes ordenadores, centros de influencia y decisión.

Según como se acomoda en importancia, los países van definiendo posiciones, Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania muestran moderación pero saben que lo que se juega en esta guerra es la posibilidad de estabilizar y fortalecer a los gobiernos del Líbano y de Israel frente a las maniobras de Siria e Irán, frente a la acción de los terroristas del sur del Líbano en sus ataques a Israel.

Israel espera conseguir de Alemania alguna forma de mediación. El Frankfurter Allgemeine Zeitung hace alusión al rechazo del Gobierno alemán a las maniobras de Teherán, con posiciones inaceptables sobre el Holocausto y la existencia de Israel y el Die Welt señala que Teherán, Hamás e Hizbollá no sólo son enemigos de Israel sino que extienden su mira a toda la civilización occidental.

Francia, prevenida contra Siria, a pesar de la tradicional visión del socialismo propensa a censurar a Israel, tiene grandes compromisos con la venta de armas a Arabia Saudita. Por su parte Italia pretende un rol de mediadora en la crisis. España, Finlandia y Suecia, se muestran abiertamente en contra de Israel y condenan sus acciones.

Visto desde una perspectiva estratégica las acciones de Israel tendiente a terminar con las organizaciones terroristas en el Líbano pueden lograr que se establezca un nuevo escenario que permita llevar adelante el cumplimiento de la hoja de ruta pero también, en caso de fracasar, que continúen en el tiempo estos bolsones de incertidumbre al sur del Líbano y, de no mediar su desactivación, continuarán desestabilizando la región y, dada las manifestaciones de sus líderes proyectándose hacia el ámbito global.

Está claro que esta situación, beneficia a Hamas que insiste en negar la existencia del estado de Israel y postula un estado islámico sobre los territorios palestinos e israelíes. Esto entra en contradicción con los esfuerzos de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, que quiere llevar adelante la iniciativa de referéndum sobre si se admite o no la convivencia entre Israel y Palestina. Serio problema al interior de Palestina por la postura intransigente de Ismael Haniya, quien lidera el gobierno palestino, y que coloca en cono de sombras el proyecto de estado y el futuro de Palestina.

Por su lado Irán, que incentiva con Siria la acción de las organizaciones radicales y continúa con sus acciones confrontativas a través de la insistencia en la continuación del plan nuclear, claramente impulsada por el presidente Mahmoud Ahmadineyad.


La Guerra desde otra perspectiva

Es innegable, entonces, que la guerra del Líbano no surge de un mero capricho bélico sino de las profundas dificultades que plantea la región para la supervivencia de dos estados tras años de guerras, el fortalecimiento del Líbano y el control del terrorismo por parte de los estados que prohíjan sus actividades.

Un comentario realizado por Sami Alrabaa en el Kuwait Times reseña claramente el estado de situación. Titulado “Las fuerzas radicales juegan con fuego” señala que el comportamiento de fuerzas de Siria, Damasco, Hizbollá, Hamás son el origen del problema presente en Medio Oriente. Ellos provocan la destrucción y la miseria en la región que sólo alcanzará la paz cuando esas fuerzas sean derrotadas y desarmadas.

El analista afirma que los grupos terroristas han dejado históricamente herencia de muerte y destrucción en distintas partes del mundo y no habrá forma de lograr la paz sino con su derrota. Los propios gobiernos árabes: Egipto, Jordania, Arabia Saudita han censurado a Hizbolá y lo consideran una amenaza para la paz en la región.

Para colmo de males, un ingrediente no menor lo constituyen los problemas intestinos dentro de las fracciones religiosas. entre chiítas iraníes ( con el liderazgo persa/ iraní, con las aspiraciones revolucionarias de Teherán) y los suníes del resto del mundo musulmán.

El imperativo de la hora pareciera orientarse por un lado, a la concreción final de un Estado Palestino y el existente Estado de Israel en seguridad y paz. Por el otro, lograr una compromiso real de Siria e Irán con la paz y la seguridad internacionales. Sin esos dos requisitos no se lograran no se podrá pretender paz y estabilidad en Medio Oriente ni impedir que sus consecuencias se expandan en el nivel global.


Hizbolla y sus objetivos

Traducido como Partido de Dios, fue fundado en el Líbano en 1982, cuando la invasión israelí expulsó de Beirut a la OLP, con el objetivo de hacer del Líbano una república islámica. Su alianza con Irán le permite respaldo económico lo mismo que su estrecha relación con Siria. Su brazo político es un grupo político con representación parlamentaria y un ministro en el gabinete gubernamental. Eso asegura la representación chiíta, el 35 % de la población libanesa. En 1983 se adjudicó el atentado que costó la vida a militares norteamericanos y franceses en Beirut.[1]

Fue la chispa que encendió la nueva guerra cuando realizó la operación contra las tropas israelíes, ubicadas en la frontera con el Líbano, dejando 8 soldados muertos y secuestrando otros dos. Con el lanzamiento de cohetes alcanzan una amplia zona hasta Haifa, la tercera ciudad más importante de Israel, prácticamente paralizando todas sus actividades. Finalmente logra que el ejército hebreo ponga pie en el sur del Líbano llevándolo a una guerra de desgaste con imprevisibles consecuencias por los daños materiales y de vidas pero también, es su objetivo, por los daños políticos y de imagen internacional que puede recaer sobre Israel.

El líder de Hizbollà, Nasrala advirtió a Israel que: “os vamos a sorprender más allá de Haifa. Fueron apenas una docena de misiles. Tenemos muchas armas más..." Dirigiéndose a los demás estados árabes les advirtió que “La Resistencia Islámica puede salvaros de una mayor intervención israelí y americana en vuestros gobiernos y vuestros países”

Creada para oponerse a la ocupación del sur del país, algunos analistas consideran que la organización podría haber perdido parte de su razón de ser tras la retirada israelí, en 2000. Un conflicto abierto podría cambiar esta situación. [2]


Israel y sus objetivos

Las acciones de Israel, dicen, cabe en cinco palabras: “Cambiar las reglas del juego”. En esta frase se resume una tragedia que inquieta al mundo por estas horas y pone a los líderes del mundo frente a mayores riesgos tanto regionales como internacionales. En ese cuadro se entremezclan, como en toda guerra, cuestiones políticas, económicas, geopolíticas y geoestratégicas. A pesar de la muerte y la destrucción, Israel ha decidido “cambiar las reglas del juego” y apostar a ganar la guerra lo más rápido posible con una derrota completa de las organizaciones terroristas del sur del Líbano. Ya no confía en los compromisos del 2000. Israel quiere expulsar a la guerrilla al norte del río Litani, y acelerar el despliegue del Ejército libanés en el sur del país en cumplimiento de la Resolución 1559 de Naciones Unidas o una fuerza de interposición internacional.

Quiere una guerra rápida y limitada por tierra para evitar demasiadas bajas y una condena, que, como efecto bumerang, se convierta en la mejor propaganda para Hizbollá. Pero esta empresa no resulta fácil dado que Hizbollà ha logrado conformar en estos seis años y con el apoyo externo una fuerza nada despreciable. Por otro lado, es cierto que la guerra no es sólo contra Hizbollà, en tiro por elevación va dirigida contra Siria e Irán. Ambos países, por el momento han tenido tibias reacciones.

Frente a este cambio en las reglas de juego Israel muestra que está decidido a apostar fuerte y el Medio Oriente eso lo saben. Pero también lo sabe la Comunidad Internacional que deberá apreciar la cuestión en sus verdaderas dimensiones en tanto tome una decisión al respecto sabiendo que hay un alto precio a pagar ya sea para ayudar al Líbano y a Israel promoviendo una solución en profundidad y comprometiendo en ello a Irán y Siria o dejar que triunfe Hizbollà.

En esto los secuestros y las vida de los soldados ya no tienen verdadera relevancia, sólo fue el detonante para una nueva guerra cuyo final amarra, quizás, el nuevo diseño del escenario mundial para el día después. Más allá de los horrores de la guerra, hay cuestiones que marcan a fuego el tablero mundial y las potencias lo saben y Naciones Unidas también.


La Conferencia de Roma

El deterioro de la situación llevó a la convocatoria de una Conferencia Internacional en Roma, 26 de julio, para que se autorice el despliegue de una fuerza multinacional bajo mandato de Naciones Unidas a fin de asistir a la población libanesa. Se expresó además la determinación de trabajar para un alto el fuego duradero y permanente.

A la reunión asistieron Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Italia, Alemania, Canadá, Rusia, Egipto, Arabia Saudita, Jordania, Turquía y el propio Líbano. hubo tres representantes de la UE, uno de la OTAN y otro de la ONU. El Secretario General de la ONU sostuvo que era necesario "encontrar un marco político de entendimiento", subrayando la necesidad de involucrar Irán y Siria para la resolución del conflicto.

La Secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, coincidió en que Siria también tiene "responsabilidad" a la hora de solucionar a la crisis, e insistió en que este país debe respetar las resoluciones de la ONU que establecen el respecto de la soberanía e independencia política de Líbano. Apoyó la creación de una fuerza internacional "bajo mandato de la ONU" para contribuir al restablecimiento de la paz y facilitar la asistencia humanitaria y afirmó que todos están de acuerdo en que lo más urgente es el cese de la violencia, pero debe hacerse "sobre la base de que sea sostenible".

La Conferencia de Roma no llegó a ningún acuerdo concreto sobre el cese de la violencia, entre otras cosas, porque Estados Unidos se ha resistido a las demandas de un alto el fuego inmediato, insistiendo en que el fin de las hostilidades sea parte de un plan más amplio para desarmar a Hizbollá. Esta postura se opone frontalmente a lo expresado por el jefe del grupo parlamentario de Hizbollá, Mohamad Raad, quien aseguró hoy que su grupo sólo acepta un alto el fuego inmediato y un canje de prisioneros con Israel a través de negociaciones indirectas.

"Cualquier otra propuesta es inaceptable", dijo el parlamentario, quien señaló que el Gobierno libanés "se comprometió a obtener un alto el fuego inmediato y total y negociaciones indirectas para un canje de prisioneros".


La Declaración Final de la Conferencia de Roma

La Declaración Final de la Conferencia de Roma sobre el Líbano, del miércoles 26 de julio, los 15 países y tres organizaciones internacionales que tomaron la parte señalan:

Los representantes de Italia, de los Estados Unidos, de Canadá, de Chipre, de Egipto, de Francia, de Alemania, de Grecia, de Jordania, de Rusia, de la Arabia Saudita, de España, de Turquía, del Reino Unido, de la Unión Europea ( Presidente del Alto Comisionado finlandés) y del Banco Mundial se encontraron hoy con los representantes de Líbano.

En apoyo de la reunión ministerial del Grupo del Contacto sobre el Líbano, que fuera establecido el 19 de septiembre de 2005, en Nueva York, el Grupo del Contacto y los otros países resolvieron expresar la profunda preocupación de la comunidad internacional referente a la situación en Líbano y la violencia con el Cercano Oriente para:

- instalar una ayuda humanitaria urgente e importante

- para discutir las medidas concretas para promover un Líbano libre, independiente y democrático que pueda asegurar el control eficaz sobre la totalidad del territorio.

El Grupo del Contacto en Líbano y los otros participantes en la Conferencia de Roma solicitaron apoyo para el gobierno libanés a fin de hacer frente a los desafíos políticos, económicos y sociales a los que debe hacer frente. En su informe señalan la determinación de un trabajo común con la comunidad internacional a fin de asegurar la ayuda humanitaria a la población libanesa y expresaron su profunda preocupación por las pérdidas humanas y de los sufrimientos, de la destrucción de las infraestructuras civiles y del creciente número de personas desplazadas.

Los participantes saludaron el anuncio hecho por Israel de la creación inmediata de corredores humanitarios en Líbano, incluyendo los vuelos humanitarios con el aeropuerto internacional de Beirut y del interior Líbano, permitiendo una entrega rápida de la ayuda, y llamado con su creación inmediata.

Sobre un alto el fuego, los participantes se manifestaron dispuestos a abocarse de manera urgente en esta materia para poner término a la violencia y las hostilidades en marcha. Este alto el fuego debe ser durable, permanente y completo. La Conferencia de Roma afirmó que la condición principal para una seguridad durable en Líbano es la capacidad completa del gobierno de asegurar su autoridad en el conjunto de su territorio.

Los participantes estiman que el marco de las decisiones internacionales representa los principios que los esfuerzos del gobierno y la responsabilidad de la comunidad internacional en su ayuda con el gobierno y de la gente de Líbano. Aquí se incluyen: la declaración del G8 del 16 de julio, las resoluciones 425, 1559 y 1680 del Consejo de Seguridad de ONU, el acuerdo nacional libanés de la reconciliación contenido en los acuerdos de Taif y el Armisticio de 1949. Los participantes invitados a un uso completo de estas resoluciones importantes del Consejo con la Seguridad de ONU y los acuerdos de Taif que permitan el despliegue de las fuerzas libanesas se armaron en todas las áreas con el país y el desarme de las milicias.

Se promueve el despliegue de una fuerza internacional en Líbano de manera urgente, bajo mandato de Naciones Unidas, para apoyar las fuerzas armadas libanesas en la creación con un ambiente seguro. La conferencia de Roma ofreció su ayuda para el renacimiento y la reconstrucción de Líbano.

Finalmente la Conferencia sostiene una solución durable en el Medio Oriente y expresa su compromiso con el pueblo libanés, Israel y en toda la región y con un trabajo conjunto con la comunidad internacional tras el objetivo una paz completa duradera. ”

Por su parte, principalísimos actores no fueron invitados a la reunión pero el Secretario General de Naciones Unidas hizo alusión a ellos cuando indicó que Siria e Irán podrían contribuir con la resolución del conflicto.


Dudas sobre el despliegue de una fuerza multinacional

Si bien es cierto que parece existir consenso respecto de establecer una fuerza multinacional en la zona de conflicto, para implementar cualquier plan que pretenda poner fin a las acciones bélicas, también es cierto que surgen dificultades a la hora de definir la situación debido a la posición de los actores. Israel desea una fuerza multinacional que combata y desarme a Hizbolla. El Líbano no parece coincidir pero quiere una fuerza que aporte ayuda humanitaria a la población civil.

Por su parte las naciones europeas han mostrado cautela al respecto aunque estaría dispuestos a contribuir en las operaciones. Alemania ha manifestado condiciones previas como el consentimiento de las partes en conflicto y la liberación de los soldados israelíes. Por su parte Francia señala que es prematuro hablar de fuerzas de paz debiendo, antes, un acuerdo de las partes para el cese del fuego

En realidad, los europeos parecen tener temor de involucrarse en las cuestiones de Oriente Próximo dada la complejidad de factores en juego y la imprevisibilidad de una ampliación de los objetivos israelíes sobre el Líbano.

Tampoco existe un consenso que incorpore a Gran Bretaña en la visión continental europea puesto que, con Estados Unidos, considera que el objetivo de guerra es derrotar a Hezbolla y erradicarlo lejos de la frontera de Israel.

Desde la perspectiva de estos últimos países, el despliegue de una fuerza multinacional no pareciera ser una cuestión de corto plazo. No parece realista pensar que Hizbolla e Israel estén dispuestos a acordar un cese del fuego a corto plazo sino, esto para el caso que el poder de fuego de las organizaciones terroristas les permita mantener las acciones. Por lo que tendría que esperarse una victoria de Israel, que el Gobierno del Líbano esté de acuerdo con esa fuerza y que se llegue a un acuerdo con Siria e Irán sobre la necesidad de estabilizar la región con el compromiso de no alimentar nuevas organizaciones terroristas.

Obviamente, esta posibilidad depende del devenir de los acontecimientos bélicos que hoy por hoy distan de anunciar un final próximo. Es probable que a ninguno de los tres actores regionales: Israel, Siria e Irán les convenga un enfrentamiento abierto en una guerra regional. El problema es si a las organizaciones terroristas se deciden a un todo o nada y arrastrar a todos a una guerra regional. Cuál sería entonces el rol de una fuerza multinacional. A no dudarlo no sería el de interposición p de mantenimiento de la paz sino de imposición de la paz. Si esto es así, cómo podría hacerlo y a qué costo?

La situación parece indicar que la diplomacia tiene un rol importante para restablecer la paz en el Líbano y evitar la ampliación de objetivos por la dinámica del proceso bélico. Es posible que Estados Unidos deba implicar a Siria en una posible redefinición del mapa regional que termine con el apoyo a las organizaciones del sur del Líbano y, junto con este, se constituyan en los estabilizadores de un nuevo orden con la contención de Irán y su intención expansiva en el contexto de los países árabes.


Conclusión

La retirada de Israel del Sur del Líbano no fue seguida por el ejercito eficaz de la soberanía libanesa en esa región de su territorio. Las acciones de las organizaciones terroristas mantuvieron el riesgo de escalada hasta su concreción con el secuestro de soldados israelíes por Hizbollah.

Pero Hizbolla y Hamas, en su conexión con Siria e Irán, parecen buscar el objetivo de establecer una nueva relación de fuerza en la región apuntando a Israel para obligarlo a una guerra de desgaste. El desgaste político doméstico e internacional, a partir del impacto psicológico por las víctimas y los daños a una amplia región del Líbano, es una carta nada despreciable en las operaciones. Israel metido de lleno en semejante pantano no tiene otra posibilidad que la de lograr una victoria rápida y el despeje de las organizaciones radicales de las fronteras del país. El Líbano, rehén de la situación, no tiene un rol menor en la salida de esta crisis, fortalecerse como estado y cumplir los compromisos asumidos hace seis años.

A pesar de su debilidad el Líbano es un país absolutamente necesario para, fortalecido, constituirse en la barrera de la expansión siria. Colaborando con sus aliados: Egipto, Jordania, [3] e Israel son los factores fundamentales para estabilizar el Oriente Próximo.

Es posible que se tenga que pensar en un ordenador de la región que tenga el visto buenos de Occidente frente a las imprevisibles consecuencias de una generalización del conflicto al resto de los países árabes. Atraer a Siria, contener la influencia iraní y respaldar la consolidación de la hoja de ruta para palestinos e israelí sería la forma en que se podría pensar en una paz más o menos estable.


*Especialista en Relaciones Internacionales.

[1] En 1996, tras la operación israelí "Uvas de la ira" contra objetivos del Partido de Dios, Hezbollah e Israel se comprometieron a dejar a los civiles de ambos bandos a salvo de sus hostilidades en la llamada "zona de seguridad". El 14 de febrero de 2000, Hezbollah estableció una alianza auspiciada por Irán con las dos organizaciones integristas palestinas Hamas y Jihad Islámica. Aunque habitualmente limita sus operaciones militares a los territorios de Israel y el Líbano, se lo vinculó con los ataques contra la embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires, en 1992 y 1994, respectivamente. Diario La Nación

[2] Diario La Nación

[3] Países árabes que firmaron acuerdos de paz con Israel
 

 


 

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