MÉXICO, UN EMPATE QUE DEJA A LA IGUANA ATRAPADA EN EL HILO
 

 

Julio de 2006

Por Sabino Bastidas


Bastidas pone en foco al problema mexicano como un modelo de crisis que se extrapola a toda la región. Como en 1810 los países latinoamericanos oscilan entre la globalización machesteriana de la época –hoy concluyentemente multipolar –y las masas atrasadas que no logran seguir el paso.


El problema mexicano reproduce como la fiesta de los muertos la fatalidad de la nación socialmente fragmentada. No parece haber solución clara para ello. Los votos progresistas de la derecha mexicana capitalista son tan válidos como los socialdemócratas del partido ambulancia pero juntos -sin sumarse- no conforman un proyecto.


Se autoeliminan en un empate que cierra el futuro y reproducen una vez mas la situación que se ha dado recientemente en el Perú entre los partidarios de Ollanta y de Garcia.


Modelos de clase enfrentados y no asimilables por consenso democrático cuando la dialéctica se dispara dejan una situación de iguana atrapada en un hilo que no le permite avanzar ni retroceder hacia ninguna parte.


Probablemente el perdedor de las elecciones mexicanas sea el viejo PRI, la revolución que antecedió a la rusa pero también las guerrillas impasibles del comandante Marcos. Sirvieron para liquidar a Salinas de Gortari cuando ya la competencia capitalista lo había liquidado. Fueron funcionales a la liquidación del salinismo como en el Peru del fuyimorismo y en la Argentina del menenismo


Pero en los tres procesos ya el capital internacional les habia fríamente bajado el pulgar.


Ahora la lucha es mas dura. Es lucha de clases primarías disfrazada de partidos politicos. El marco de contención partidocratico llega al empate, es decir a la nada.


La geografía igual manda. Mexico se toca con Estados Unidos y allí seguirá exportando inmigrantes y ninguna frontera de cristal-parafraseando a Carlos Fuentes- o de balas los detendrá.


México pone en evidencia la crisis latinoamericana. No solo el continente no es un país en los términos integrativos que proponía de forma abstracta la izquierda nacional de los setenta o el iluminismo jacobino del siglo XIX. Es una multiplicidad de entidades fracturadas que están regresando al pre-Estado –Nación virreinal.


Días sin huella para América Latina en los primeros años del siglo XXI.


Cazadores de Utopías abstenerse.


Y la Argentina y Brasil erraron el tiro al cerrarle el paso del MERCOSUR.


Y la Argentina que jugó a López Obrador jugó a una mitad.


Penoso ensayo diplomático consecuencia de haber reducido toda la historia latinoamericana a salvajes unitarios y mazorqueros de aduanas de provincia.


Nueva lectura de país pobre en que el teorema es dialécticamente trivial. La riqueza del vecino, el desarrollo del vecino perjudica el propio.


Las cosas en el mundo real son exactamente al revés. Crecimiento, seguridad e intercambio se producen cuando el vecino se parece y se piensa y se imagina como nosotros.


Cuando las visiones son diferentes la guerra civil es infalible no obstante tenga la forma del narcotráfico o de la criminalidad.

 

Guerra social de muy baja intensidad, buen negocio para las empresas de seguridad privada. Y punto.


LA NOTA

Si no leemos los resultados de la elección con seriedad, no estaremos aprovechando las bondades que el instrumento pone a nuestro alcance.

"Sea cual sea el resultado final de la elección, México queda atrapado en dos proyectos de desarrollo... quien sea el presidente de México de 2006 a 2012, recibe un mandato electoral dual y contradictorio"


México amaneció el 3 de julio con la idea clara de que no tiene una idea clara de su proyecto de nación.

Amanecimos con un país que votó simultáneamente por dos programas distintos, antitéticos y contrapuestos, por dos visiones divergentes, que trazan ritmos y rutas diferentes. Sea cual sea el resultado final de la elección, México queda atrapado en dos proyectos de desarrollo. El electorado con su voto no opta y al hacerlo no establece una visión común. La diferencia de votos entre una y otra oferta, aunque permite formar gobierno, no establece un consenso sobre el futuro que quieren los ciudadanos.

La democracia obliga a aceptar que quien tenga un voto de diferencia sea el ganador de la contienda. Pero, quien sea el presidente de México de 2006 a 2012, recibe un mandato electoral dual y contradictorio. Gobernará a partir de su proyecto, pero está obligado a matizar y a dar respuesta, con mucho ingenio, a una división que las campañas no crearon, sino que pusieron de manifiesto.

Existe un problema político real, al que hay que dar respuestas políticas. El ganador no puede actuar como si no existiera el otro modelo y la otra visión de país. Para ponerlo gráficamente, en 16 entidades ganó Calderón y en otras 16 López Obrador. La votación nos arroja la geografía de un México que marcha a dos velocidades.

Calderón gana en los estados del norte, en la frontera con Norteamérica, en las entidades exportadoras y de mayor desarrollo económico e industrial; López Obrador, en la frontera con Centroamérica, en los estados del sur, en las entidades expulsoras de migrantes y con menor ingreso per cápita. Tenemos un Presidente para el norte y otro para el sur. Una vez más, el viejo problema de la desigualdad y de la disparidad del desarrollo regional se pone de manifiesto.

Era lógico que la democracia en algún momento nos confrontara nuevamente con esta realidad, que no hemos resuelto. La democracia, dice Norberto Bobbio, es el poder en público. Evidencia y muestra los problemas de la política y el poder. Hoy nuestra democracia muestra, en cifras concretas de votos electorales, la complejidad de las dos visiones.

La democracia puso hoy en votos lo que hace un siglo la Revolución mostró con balas. La elección nos muestra que no hemos dado respuesta a la desigualdad social y regional que tiene el país y que ese es nuestro principal problema.

Si no leemos los resultados de la elección con seriedad, no estaremos aprovechando las bondades que el instrumento pone a nuestro alcance.

Para el México que usa internet, el de la era del conocimiento y de los servicios, que habla inglés y exporta, para los profesionistas jóvenes, los empresarios, para quienes viajan y conocen el mundo, el discurso de Calderón hizo sentido: reformas estructurales, liberalización económica de segunda generación, continuidad en las políticas económicas, estabilidad macroeconómica, responsabilidad, y graduales reformas a las políticas públicas.

Pero, para el México pobre, campesino, suburbano, subempleado, con grandes rezagos educativos y culturales, que piensa en migrar como única forma de desarrollo, con profundas carencias y necesidades, la propuesta de López Obrador sonaba atractiva: reivindicación social, un gobierno al servicio de los pobres, ayudas generalizadas, combate a la corrupción, solidaridad social y uso eficaz del Estado para matizar las desigualdades sociales y regionales.

Calderón, con cifras del PREP al corte, ronda 36.38% de las preferencias electorales y López Obrador 35.34%. Con esta cercanía, es obvio que nadie gana todo y es necesario el acuerdo político y la construcción de un gobierno de coalición y de unidad nacional. Pero, ¿cómo conciliar ambos proyectos? ¿Cómo unificar la visión de país? ¿Cómo atender simultáneamente al México de Calderón y al de López Obrador? ¿Cómo articular a un país que marcha a dos velocidades? ¿Cómo sumar las 16 entidades que votaron por uno, con las 16 que votaron por el otro?

Estamos ante un problema político y social serio, que ha sido analizado, citado, intuido y referido de muy diversas formas: la falta de un acuerdo nacional, le llaman algunos, la carencia de un proyecto de nación, otros.

Lo cierto es que, a unos años de celebrar el bicentenario, México no tiene un proyecto definido y el cambio de un partido a otro pone a la nación en riesgo de rutas todavía muy distintas.

Ninguno de los países que han despegado en las últimas décadas lo ha logrado sin establecer antes, con claridad, un modelo de desarrollo socializado, internalizado, generalizado y compartido por todos.

Tenemos que leer la magnitud del desencuentro. El ganador no ignora la fuerza de los votos que tenía el proyecto contrario. La dificultad estriba en la forma como construye los mecanismos políticos, que le permitirán conciliar y articular, desde el gobierno, ambas formas de ver la vida. Llegó la hora de los matices, pero, sobre todo, la hora de la innovación y la creatividad política.

 

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